Las piñatas

22 diciembre 2010

En México es muy bonita la tradición de las piñatas durante estas fiestas navideñas, sobre todo en las famosas “posadas“.

Si bien el origen de las piñatas se remonta hasta la antigua China, me atrevo a decir que ante los ojos de un extranjero, una piñata bien podría ser un símbolo típico de la festividad mexicana. A mi me gusta decirle a mis amigos que nos visitan de otros países que no pueden considerarse 100% mexicanos hasta que no han vivido la experiencia de romper un piñata.

Ahora bien,  pocos son los que conocen la simbología cristiana de esta hermosa tradición. En efecto, romper una piñata va más allá que simplemente pasar un rato divertido descargando la furia contra una olla de barro colgada de una cuerda.

El rito católico de romper una piñata, sobre todo en diciembre, tiene el siguiente significado:

1.- Las piñatas típicas deben de ser de ollas de barro y tener forma de estrella con 7 picos. Estos picos representan los 7 pecados capitales: avaricia, gula, pereza, odio, envidia, vanidad y lujuria, mientras que el hecho de que la piñata sea de barro nos habla de lo duro que es vencer al mal, más no imposible.

2.- Para romper la piñata la persona en turno debe de tener los ojos completamente vendados. Esto representa la fe que se tiene en que Dios nos ayudará en esta enmienda.

3.- La acción de pegarle a la piñata es justamente el intento de romper con los vicios y el mal que hacen presa al ser humano. El palo representa la herramienta que Dios nos da para vencer al mal: la virtud.

4.- Durante el intento de vencer al pecado siempre contamos con el apoyo de nuestros seres queridos y es por esto que mientras intentamos romper la piñata se elevan voces que nos van indicando la dirección correcta donde esta se encuentra en forma de cánticos.

4.- Una vez que se rompe la piñata, los dulces que caen de su interior representan las bendiciones de Dios que se derraman hacia todos los hombres (no solo para quien  venció al mal en lo individual)  fruto de la acción de haber vencido al pecado.

Esta última parte en especial me encanta: “Saber que Dios está dispuesto a derramar bendiciones no solo para la persona que vence al mal, sino para todos los seres que le rodean. (La gracia de Dios se contagia).

Amigos les invito a que, como con la tradición de Santa Claus que hace un par de publicaciones mencioné, hagamos partícipes a nuestros niños del significado de esta actividad tan típica de esta época y que en especial a ellos gusta tanto.

Recuerden, el rito que es acompañado con el entendimiento de la tradición se vuelve en formación.


¿Fiestas decembrinas?

14 diciembre 2010

Ayer venía escuchando en el radio que en Estados Unidos existe una iniciativa (no tengo más información que el comentario del locutor de la radio) para que ya no se mencionen las celebraciones navideñas como tal (Christmas)sino más bien como “fiestas decembirnas”. Esto con la idea de que diciembre sea considerado como un mes de fiesta universal sin considerar credos y ni religiones.

¡No estoy de acuerdo!

Para mi diciembre es un mes especialmente cristiano y sobre todo católico. Durante este último mes del año yo pienso más en Jesucristo y en su Iglesia que en cualquier otro mes. Para mi el 24 de diciembre es una fecha que, aunque no sea científicamente exacta, me transporta en el tiempo al momento en que nació el amor más grande. Siempre antes de cenar en familia procuro hacerme de un tiempo solo para cerrar los ojos y meditar sobre el nacimiento del Salvador de la humanidad: Jesucristo.

Así, diciembre es el mes del nacimiento de Jesucristo. ¡Esto no lo podemos negar ni olvidar!

“Navidad” proviene de “Natividad” que a su vez significa “Nacimiento”.

A ver… ¿Qué parte no hemos entendido que diciembre  no es el mes de Santa Claus, ni de los regalos, ni del pavo? Es el mes del “nacimiento de Jesucristo”.

Para quienes somos fieles seguidores de Jesús, este mes implica muchas cosas, todas absolutamente ligadas con Él, el Dios hecho hombre.

Si, estoy de acuerdo en que muchos son los no creyentes que también se reúnen en torno a sus seres queridos para celebrar en estas fechas, pero eso no le quita a la navidad el motivador principal: recordar que Dios, el rey del universo, dejó de lado su grandeza y magnanimidad para nacer entre nosotros los hombres y, treinta años después, ofrecernos el milagro de amor más impresionante de la historia: su muerte en la cruz.


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