Tres consejos para ser feliz

3 enero 2013

Leyendo una revista me encuentro con un artículo interesante en el que se nos recomienda tomar tres acciones muy concretas para tener una vida más feliz. Bueno, en realidad más que acciones a realizar, son actividades para “dejar de hacer”.

Según el autor de la nota nuestra vida podría ser mucho más feliz sin tan solo nos esforzáramos por dejar de:

1.- Culpar. 

2.- Alardear.

3.- Quejarse.

Culpar: Creer que todo cuanto nos sucede en la vida es por culpa de alguien más es probablemente el hábito mental más dañino en un ser humano. Nadie es más responsable de tu propia vida y sus resultados que tú mismo.

Alardear: Vivir tratando de impresionar a los demás buscando cumplir sus expectativas es un camino seguro al fracaso. Como bien diría el comediante Bill Cosby “No conozco el secreto para el éxito, más puedo jurar que el secreto par el fracaso es tratar de quedar bien en todo con todo el mundo”

Quejarse: Definitivamente la última manera de poder arreglar un problema es llorando por su existencia. Quejarse es una actividad que requiere mucha energía y cuyos resultados son poco productivos en aras de conseguir las metas que nos proponemos.

Coincido plenamente con la idea de este artículo. Si bien no estoy seguro que dejar de culpar, alardear y quejarse nos lleven a la felicidad completa, si estoy seguro que no dejar de hacerlo es un boleto seguro a la desdicha personal.


D X D

22 junio 2011

Esta sección tiene como misión poner a la creatividad al servicio del matrimonio. Pensando en la misión que los esposos tenemos de conquistar “Día a Dia” (DxD) a nuestras esposas, sirva este espacio para exponer ideas y sugerencias creativas para llevar a cabo detalles en sus matrimonios. Siéntanse con la libertad de utilizar estas propuestas para el beneficio de su vida matrimonial o de enviar sus propias ideas a diariodeuncatolico@gmail.com

Tres preguntas clave

Escuchando una conferencia sobre crecimiento matrimonial llegaron a mi estas tres preguntas que me cautivaron de inmediato.

Se trata de tres cuestionamientos que debes realizarle a tu pareja en orden de poder amarle más. La repuesta a las mismas se convertirán en tu luz para volcar tu persona hacia el bien y la felicidad de tu ser amado.

Creo conveniente decir que una vez obtenida las respuestas a estas preguntas  la aplicación practica de las respuestas podrá requerir de un gran esfuerzo ( incluso colosal) de parte de la pareja que las aplique. Pero de lograr vencer los obstáculos que se presenten para llevarlas a cabo se estará accediendo a niveles de amor sorprendentes.

Así, las preguntas que deberán de realizarle a su pareja, en orden de amarle más, son:

1) ¿Te estoy haciendo feliz?

2) ¿Qué tengo que hacer para hacerte más feliz?

3) ¿Que tengo que dejar de hacer para hacerte más feliz?


¿Cual fiesta eliges?

27 octubre 2010

Buen video corto sobre la vocación sacerdotal…

Me quedo con esta frase…

“¿Quién le puede enseñar de felicidad al que inventó la felicidad?


Ser un buen padre

11 agosto 2010

Esta noticia de que voy a ser papá por tercera vez, me a puesto a meditar mucho en el tema de la paternidad.

No me considero en absoluto un papá perfecto (¿Quien si podría hacerlo?) pero si puedo decir que soy alguien que constantemente se cuestiona sobre cómo lo hago todos los días.

Como buen hombre (estadístico y con tendencia al rendimiento) podría pensar que debería de existir un “índice de rendimiento de la buena paternidad”. ¿Cómo sería este índice? ¿Qué tendríamos que medir para calcularlo? Sería acaso el número de horas dedicadas a un hijo en el día, o el número de hijos graduados de la universidad, o por que no mejor el porcentaje de cumplimiento de metas personales por hijo, o mejor nos vamos por la cantidad de hijos casados y felices. Mmmmm… No creo que nada de eso ayude del todo.

Creo que lo que debería de medir este índice (si es que esto pudiera ser medido) para saber si uno es un buen padre tendría que ser el “nivel de  acercamiento o alejamiento de cada hijo a su propia vocación”. Para mi eso lo diría todo.

Creo que mi labor como padre es y será lograr que mis hijos puedan realizar tanto su vocación universal como su vocación particular. Como vocación universal (que todos los seres humano tenemos por igual)  entendería que mi objetivo es acercar a mis hijos a Dios a través de acercarles al prójimo. Como vocación particular (el llamado único y especial de Dios hacia su persona) lo único que puedo hacer es ayudarles a encontrarla y motivarles y ayudarles a seguirla.

Muchos padres cometen el error de querer imponer una vocación a su hijo, no por intentar hacerles un daño, sino por tratar de ofrecerles un camino seguro que a estos mismo padres ya les funcionó en su vida. Pero esto solo conlleva a un desvío del camino personal y único y  da como resultado hijos que, aunque seguramente serán exitosos en lo profesional, no lo serán en lo vocacional y esto es una receta segura para la infelicidad.

Un hijo debe de encontrar y seguir su propia vocación, la que Dios le ha llamado a seguir. Sea cual sea que este fuere. Si reconocemos que Dios nos habla de manera particular, entonces debemos de aceptar de igual manera, que Él mismo le pide una vocación a cada ser humano que nace en esta tierra. La labor de un padre pues es ayudarle a su hijo a reconocer la verdad de esta voz.

Entender esto es mucho más fácil para una madre que para un padre, ya que la mujer nunca olvida, por su propia naturaleza, que la entrega al prójimo es la medida única de la felicidad. Los hombres solemos, en cambio, confundir erróneamente felicidad con dinero, éxito, fama o triunfo personal. (Tal vez por nuestro afán de poderlo cuantificar todo)

¿Cómo medir si somos buenos padres? ¡Imposible hacerlo numéricamente! El único indice que nos puede mostrar si estamos logrando esto o no, es leyendo el rostro de nuestros hijos. ¿Qué dice este rostro? “Estoy siguiendo mi camino de vida, mi vocación y me siento pleno por ello” o “Me siento perdido y no encuentro rumbo”. Papá, no tengas miedo, ve y pregúntale. Probablemente es la encuesta más importante que realizarás en toda tu vida.

En resumen, un buen padre es quien está ahí, no para imponerle un camino a su hijo,  sino para ayudarle a descubrir el suyo propio.


Para ser sacerdote…

17 agosto 2009

Ligado con algunos posts recientes sobre la vocación del sacerdote les paso este video con  consejos para quienes se han planteado esta posibilidad vocacional.  De los tres consejos, el último es le mejor.


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