Crecer en la adversidad

30 mayo 2013

Seguir en el camino de la fe, así como en el de prácticamente cualquier ámbito de la existencia humana, implica necesariamente momentos de subidas y otros de bajadas.

Siempre he insistido en este blog sobre la idea de no sobrevaluar o devaluar de más a las personas. Nadie es santo toda su vida, ni tampoco lo es pecador por igual.

La existencia se compone de momentos, acciones y eventos que nos ponen a prueba y que nos obligan a actuar con los recursos internos y personales con los que contamos. Si nos equivocamos, no hay más, habrá que levantarse. Si nos elevamos, cuidado, pues podremos caer más estrepitosamente.

Estoy convencido que las almas fuertes se forjan a través de las distintas crisis y pruebas que Dios nos pone en nuestros caminos.

Hoy, tras haber vivido y razonablemente superado una prueba intensa en mi fe, puedo dar testimonio de que esto, la madurez espiritual, se produce una vez que se pasa la crisis.

Si, en el momento de la tormenta esta se presenta como interminable y muy estruendosa, más no existe mal que dure cien años e invariablemente toda adversidad llega a un final. Y  justo ahí, un segundo después, aparece el entendimiento de Dios. En el preciso momento de inflexión hacia la salida de la oscuridad, la fuerza de Dios empieza a resurgir y a rellenar el alma.

Y una vez que se empieza salir de la crisis, uno termina descubriendo que su alma no es la misma que antes. Se es más fuerte, se siente más preparada y acondicionada para el futuro.

Lo vivo hoy, lo siento hoy.

Resulta difícil explicarlo con palabras, pero esto es así. Dios se vale de la oscuridad para enseñarnos a valorar la luz.


Testimonio de fe…

17 enero 2013

Hace un par de días recibí por correo electrónico el testimonio de Martín, uno de los lectores de este blog que me hace el honor de leerme desde Argentina. Sus palabras para este proyecto personal fueron por demás halagadoras, mismas que agradecí al responderle.

Sin embargo lo más valioso de su mensaje fue que en el mismo me compartió su testimonio de conversión y reencuentro espiritual con Jesús.

Después de leer su testimonio le pedí que me autorizara publicarlo para que este fuera conocido por los demás lectores del blog y pueda así servir como inspiración para muchos otros jóvenes que se encuentran en situación de angustia y búsqueda de plenitud.

A continuación transcribo las palabras que el mismo Martín me envió:

 

Para empezar y contarte un poco de mi VIDA, y por lo que he pasado, quizás la mejor manera seria empezar desde mi niñez.. 
 
Desde chico me enseñaron el camino de Dios, ademas de que mis padres me inscribieron en un colegio católico, acá en mi ciudad. Donde me inculcaron la religión como parte del aprendizaje y la VIDA.
Mis padres son personas de bien, trabajadores, humildes. Son creyentes, pero nunca se animaron a abrazar a Dios por completo. No lo llevan a la practica. Siempre tuvieron alguna duda al respecto. 
Pero a favor de eso, en ese momento, tenia a mis abuelas, que cumplían el rol que mis padres, por ahí, no podían. La parte espiritual de mi vida… 
 
A esas alturas todo parecía estar bien, no tuve que pasar por ninguna ausencia con respecto a NADA. Todo era hermoso, fácil… 
 
Mis complicaciones comenzaron cuando mis abuelas empezaron a faltarme. Lamentablemente las tuve que despedir a las dos. Fue un momento duro para mi, porque mas allá de la ausencia, tenia que encontrar la forma de sobrellevar mi vida sin esa parte tan importante de mi. Problema que tal vez, no supe afrontar de manera correcta. Tal vez me llegó el momento en el cual debía afrontar al mundo, a la vida, a todo. A ser un HOMBRE. Pero no sabia como hacer. Me sentía solo… (Es ahí, donde pienso que mis padres estuvieron ausentes, pero no los culpo por ello, pienso que debía ser así.)
 
Esos momentos son en los que estamos mas vulnerables, tal vez. Y caí. Decidí dejar de estar mal para afrontar las cosas como pudiera, (mal) recuerdo que me decía a mi mismo: 
“Yo puedo solo, nadie puede ayudarme” esos engaños me iba haciendo. En ese momento estaba integrado a un grupo de “amigos” 
(vas a entender mas adelante en el relato porque entre comillas, aunque ya te hagas alguna idea.) que no era de los que mejores me podrían aconsejar… 
 
Hasta acá bastante bien… 
 
Pero hasta que un día uno de mis “amigos” nos convenció de que probáramos cierta sustancia. (no es importante aclarar) nos dijo que eso nos ayudaría a sobrepasar todos los problemas, que iba a estar bueno. Que íbamos a poder “conquistar el mundo”, hasta ese punto nos hizo “creer”.
 
Y yo, por mi parte, por falta de criterio, accedí. Al principio, no estaba mal. Me ayudaba a olvidar los problemas, y por un tiempo corto me sentía “BIEN”. Aunque sabia muy en el fondo que no era la solución correcta a los problemas, pero me dije a mi mismo: “No importa, hacelo!” Y justo cuando pensaba que mi vida había encontrado la tranquilidad y el bienestar, me extravié. 
Recuerdo muy pocas cosas de esos momentos. Fueron muy tristes. Muy tristes. Así estuve por mas de 2 años. Perdiendo mi VIDA. Perdiendo el tiempo. Tenia muchísimos problemas, me relacionaba con muy poca gente ademas de mis “amigos”. Mi familia era un desastre, mis padres perdieron el control de todo, y se perdieron conmigo. Nadie podía ayudarnos. 
Estábamos solos. Y así, yo, quería estar. Me controlaba toda la angustia que sentía. Y no podía salir… 
 
Hasta que un día, acostado en la cama de mi habitación llorando, trate de entender porque de mi malestar, trate de racionalizarlo. Pero no tenia lógica. Nada parecía tenerlo. 
Y fue este, el punto mas bajo que he llegado, y precisamente en ese momento, en 2 segundos, (porque no me llevo mas que eso) decidí CAMBIAR. Y desde ahí, todo ha sido enmendar, corregir y mejorar… 
 
Llame a mi papa, y le conté lo que me estaba pasando, fue un golpe muy duro para mi VIEJO querido… 
Pero entre lagrimas, juntos, en ese momento lo decidimos. La noche siguiente hablé con los chicos sobre lo que había decidido. Y ellos me respondieron diciendo que “estaba mal de la cabeza”, que estaba “equivocado“, “que no iba a poder”. Desde ese día no los he vuelto a ver. No era nada alentador, más solo me sentía, pero sabia que era el comienzo de algo nuevo…
 
Después de eso, pase creo dos días bien, y al tercero caí de vuelta en una melancolía muy profunda. (nunca volví a consumir, desde aquel punto, pero sabia que tenia un largo camino por delante.) 
Y ahí fue el momento de re-encuentro con Él: “¿Qué? Señor, por favor! porque tanto amor hacia mi, sino lo merezco”. Después de ese momento hermoso, nunca perdí el enfoque en alcanzarlo. 
Lo único que me mantenía con Vida en ese momento era la esperanza de llegar a Él. Me sirvió para lo que después venia, (esta parte prefiero saltearla, pero alcanza con decir que esas noches que siguieron fueron muy difíciles…) 
estuve así por casi dos semanas. Y después de pasar por eso no he dejado de CRECER. Me enseño muchísimas cosas estando a solas con él. Me dio un rumbo, me hizo ver todo lo que había hecho, me enseño a asumir las cosas, a valorar lo tengo. Me enseño a perdonar y olvidar. Y me mostró la forma de poder enmendar todo lo que había hecho. Y poco a poco fui encontrando la forma de salir… 
 
Eso fue el principio de todo. El principio de mi VIDA. Volví a nacer de nuevo. Así fue… 
 
Unos días mas tarde, llegó a casa una visita inesperada, mi MADRINA, esa mujer con todas las letras, adoradora de Dios y seguidora de todos sus pasos, vino a visitarme. Con el objetivo de cumplir con su rol…
 
Y entre ella y un allegado a la familia (que también ha tenido sus pruebas), me convencieron (no recuerdo que haya sido difícil) de que fuera a un retiro espiritual que se hace casi todos los fines de semana, en un pueblo cerca de mi ciudad. 
Allá fui. 
Recuerdo haber llegado esa noche, todos hablaban, todos estaban FELICES, y yo ahí solo, callado, pero atento. Esperando lo que iba a pasar. No sabia lo que iba a pasar, tenia miedo. Mucho miedo. Y cuando tuve ese encuentro personal con él, fue el hecho justo que me termino de mostrar el camino, asegurarme por donde tenia que ir. Y termino de convencerme que lo que estaba haciendo era el camino correcto. En ese punto, no había marcha atrás… 
 
Y bueno, después de volver de ese retiro, mi vida no ha vuelto a ser como antes. Por esos momentos fue el de plantear lo que iba hacer el resto de mi VIDA,  estaba en mi segundo año de la carrera que había elegido tiempo atrás, y me preguntaba en ese momento, si seguir los pasos de Dios significaría dejar todo lo que había hecho hasta ese momento. Me decía: “Me gustaría ser Diseñador Gráfico” pero a la vez pensaba:
“Mm.. No me imagino eso, siguiendo a Jesús”. Y en esos días, una noche de esas, estaba divagando por Internet y no recuerdo como, pero llegue a tu blog. Y ahí termine de entender el propósito de Dios, para conmigo.
Ahora tenia la seguridad de a donde quería llegar, de quien quería ser…
 
Ahora estoy de vacaciones, disfrutando de los días que me quedan antes de ponerme de nuevo con los estudios, pero mientras, disfruto mucho leyendo LA PALABRA DE DIOS, y ademas, estoy leyendo el libro que recomendaste en una publicación, “Inteligencia Emocional”, me encanta. Dedico gran tiempo de mi día a leer. A aprender, a prepararme para todo lo demás. Y nada en medio de esto, quiero decir que no he vuelto a hacer nada de lo que hacia, mi familia esta mas unida que nunca. Dios nos bendice TODOS los días. Y estamos muy felices, con muchas ganas de empezar a VIVIR, de disfrutar de todo lo que Dios me regala y de encontrarlo en cada cosa que hago. Nada, terminando, quiero contarte que mi VIDA ha empezado a ser VIDA, después de conocerlo. Así es el amor de Dios, así lo siento YO. Que después de haberte equivocado y haber hecho todo mal, te recibe, te perdona, te sostiene, te cuida y te guía. Eso, es un AMOR infinito… 
 
Gracias por tu tiempo! Un abrazo grande desde Argentina. 
Martín.
—-
Le incité a Martín a que buscara ayudar a otros jóvenes que, al igual que él, han vivido momentos de dificultad espiritual. Una vez que uno recibe una bendición de Dios es nuestra tarea compartirla con los demás para multiplicar el alcance del amor que nos da.
Queridos lectores, si alguien tiene un testimonio de fe que deseen compartir por este medio no duden en contactarme a contacto@joseluisdamian.com 

Este hogar es Católico

19 julio 2012

En México suele ser común encontrar en muchas comunidades imágenes como esta que pretenden dejar bien claro la postura de fe católica de la familia que habita dicha casa.

Yo, personalmente, la muestro en las afuera de la ventana que da a mi calle.

Les invito a que puedan descargarla o crear una propia en la que puedan demostrarle al mundo lo mucho que abrazan su fe.


Estar enojados con Dios…!!!

20 enero 2012

¿Alguna vez se han sentido enojados con Dios?

Yo si… lo reconozco.

Me atrevería incluso a decir que pocas son las personas que no hayan pasado por esta situación.

Para tranquilidad de todos… ¡Es natural que pueda suceder!

Yo he incluso entrado a una Iglesia para verborrear de manera desenfrenada reclamos y enojos contra Dios quien, según yo, no actúa en mi favor.

Si, es muy penoso reconocerlo,  pero prefiero testimoniar mi fe desde una postura plenamente humana y sincera y no haciéndoles creer que por que tengo un blog sobre catolicismo y religión soy el hombre más santo del universo… (¡Soy un simple y falible ser humano!)

Pues si… ¡yo he estado enojado con Dios!

Le he cuestionado y le recriminado…

¿Por que diablos no me cumple lo que pido?

¿Por que no me aprovecha mejor?

¿Por que si procuro rezar y rezar muchas veces, el mundo sigue igual sin cambio aparente?

¿Que acaso no puede agradecerme de regreso lo que hago en su favor?

 

En conclusión: ¡Me enoja que Dios aparezca pasivo ante lo que me sucede en el mundo!

(¿Qué duro verdad?)

Recuerdo que hace tempo mi hermana me comentaba que una de las cosas que más le han llamado la atención en sus múltiples visitas misioneras a los reclusorios de mujeres en nuestro país (lo ha venido haciendo desde hace más de 5 años) es que Dios es una figura muy presente dentro de los centros penitenciarios.

Pero sucede que esta presencia de Dios en los reclusos suele venir acompañada de coraje y reclamo hacia su persona.

Me dice que es muy normal encontrarse con gente enojada con Dios dentro de las cárceles. Enojadas con Él por la situación que viven, por una posible injusticia, por el aislamiento de sus familias, en fin… por cientos de posibles razones muy válidas (créanmelas mías son verdaderas idioteces en comparación con las suyas)

Están enojadas con Él, pero al final de cuentas le tienen presente” reflexionaba yo al respecto.

Y es que me parece sorprendente lo mucho que Dios… ¡aguanta vara! (expresión que usamos los mexicanos para querer decir que alguien es capaz de resistir presión de parte de un tercero sin perder la compostura).

En esos momentos, cuando nos enojamos con Él,  Dios no se centra en nuestras palabras sino en el dolor de nuestro corazón que está detrás de ellas. Jesús, con tal de que le des entrada en tu corazón, aguanta hasta una muerte en cruz.

A veces incluso siento que dice “prefiero que me escupas a mi antes que a tu prójimo. Hazlo… yo te sigo amando”

Dios resiste, escucha y sigue abriendo los brazos. Afortunadamente jamás responde como nosotros lo haríamos. No nos insulta de regreso ni nos da la espalda.

Y es precisamente esa NO AGRESIÓN de su parte la que debilita nuestro enojo, la que nos hace darnos cuenta que estamos gritando solos y que nuestro coraje con Él es un sinsentido.

A mi me pasa…

Siempre acabo regresando a Él… arrepentido y con la cola entre las patas.

¡Perdón mi Dios! Perdón por no haber entendido que tus tiempos no son mis tiempos. Perdón por haberme desesperado y sobre todo por haber perdido por un momento la esperanza.

Y entonces… ahí está Él, listo para recibirme de regreso sin condicionarme nada… ¡dándome la lección de amor más grande de mi vida!

Para concluir deseo volver a repetir la reflexión que probablemente más he promulgado en la historia de este Blog…

“La santidad no es un asunto de perfección… sino de perseverancia

Cuando fallamos nos enfrentamos duramente con nuestra humana realidad, somos falibles. Pero cuando nos levantamos del error, nos acercamos más y más a la santidad que tanto ansía nuestro corazón.


¡Salta!

18 agosto 2011

Varias veces he reflexionado sobre lo que significa tener fe. Trato de profundizar mentalmente en lo que significa creer si ver.

De todas, la imagen que más me conmueve, es en la que me imagino parado al borde de un precipicio cuyo fondo es imposible de visualizar a simple vista. Parado ahí, en el borde del acantilado, internamente surge desde mi corazón una voz que me dice… “¡Salta!”

Ante dicha situación me cuestiono de donde puede venir dicha voz interior… “¿Por que alguien en su sano juicio tendría la motivación de saltar al vacío?” 

Mi imaginación sigue. Parado aún junto al precipicio, dudando de las indicaciones que mi corazón me dicta, decido que debo cerrar los ojos y, sin razón lógica aparente… ¡saltar al vacío!

En este ejercicio de imaginación no he podido descifrar lo que sucede después de haber saltado… ¿Me salvo? ¿Muero? Por alguna razón, pareciera que  saberlo no es relevante para mi reflexión sobre la fe ¿Por qué? Por que cuando se actúa por fe, no se consideran las consecuencias, solamente el amor a la acción misma.

En serio, varias veces me he encontrado a mi mismo cerrando los ojos y llevándome imaginariamente a ese acantilado, y siempre, en cada ocasión siento surgir la misma pregunta en mi interior… ¿En verdad saltaría?

Hace dos domingos el evangelio  reflexionaba sobre la duda que tuvo Pedro cuando Jesús le invitó a ir hacia Él caminando sobre las aguas. Pedro, a pesar de haber comprobado en los pasos iniciales que la petición “ilógica” de Cristo se volvía “lógica” por medio de la fe, al sentir las olas y el aire…. ¡Dudo y cayó al agua! A lo que Cristo le replicó… “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”.

Para nosotros es fácil juzgar a Pedro, argumentar que si nosotros hubiéramos estado ahí viendo a Cristo convocarnos a ir hacia Él, seguramente habríamos llegado hasta su presencia caminando sobre las aguas. Pero… ¿en verdad sería así?

Yo no miento cuando digo que aún en el ejercicio mental del precipicio que recién les platiqué, siento duda, miedo y temor. Siento que si llegara el momento de saltar… ¡Saltaría con mucho miedo! pero al final… ¡acabaría haciéndolo!


Recomendación de blog

16 agosto 2011

Recién encontré el blog del padre Alejandro Ortega ,LC. Este sacerdote fue uno de mis maestros de catecismo durante la primaria.

Siempre he admirado y gozado su manera de predicar. La manera en cómo nos acerca a la palabra de Jesucristo es por demás efectiva. Siendo un gran estudioso de la religión, no se pierde en teologísmos complejos ni en palabrería innecesaria.

En su blog, publica cada domingo su reflexión sobre el evangelio correspondiente a ese día y lo hace de una manera bastante accesible para todos. Es fácil entender el evangelio a través de sus reflexiones.

El padre Alejandro ha trabajado por muchos años en la evangelización de jóvenes y niños y como tal nos habla, como jóvenes en la fe.

Les comparto el link de su blog para que puedan beneficiarse de sus frases y de la publicación de sus homilías dominicales.

Blog del padre Alejandro Ortega


Morir por la fe

9 agosto 2011

Recuerdo que cuando estaba en la escuela preparatoria, por ahí de mis 16 o 17 años, un sacerdote nos explicaba que una de las motivaciones más fuertes que podemos tener los católicos para creer y asegurar que nuestra fe es cierta (es verdadera) proviene de los enormes testimonios de mártires que tenemos en nuestra Iglesia Católica.

¿Qué podría llevarte a entregar tu vida, lo más valioso que tienes en esta tierra, de no ser por algo en lo que verdaderamente crees con todo tu corazón? 

Nadie, en su sano juicio, se dejaría matar por una causa que fuera falsa o mentirosa. Nadie entregaría su propia vida por algo cuyo valor no ha sido demostrado.

Entonces nos preguntamos… ¿Por qué es que la Iglesia Católica tiene entre sus filas a tantos y tantos mártires santos? ¿Por que Cristo, el primer mártir de la nueva era,  aceptó la muerte a cambio de la defensa de su causa?

Aceptar morir por la libertad de su país, hizo que Mohatma Gandhi nos demostrara cuanto creía en este valor.

Morir por la libertad de los derechos del pueblo negro, hizo que Martin Lither King Jr., demostrara hasta que grado él creía en su discurso de igualdad y equidad.

Al morir Cristo clavado en la cruz, le demostró al mundo cuanto amó y creyó en la verdad que Él mismo nos vino a revelar.

Y así… toda persona que muere por una causa lo hace sabiendo que su trágico desenlace vendrá a confirmar la misma verdad por la que muere.

Así, si la Iglesia Católica cuenta entre sus filas a millones y millones de mártires, entre ellos a prácticamente todos los primeros apóstoles de Jesús cabría cuestionarnos profundamente…

¿Qué sabían ellos, los mártires católicos, que les llevó a aceptar la posibilidad de dicho destino y aún así haber seguido predicando contra la adversidad?

La razón solo puede ser una.

Quien decide que va a morir por una causa, solo lo hace si dicha causa es, fuera de toda duda… la verdad.


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