Lo juro por Dios (XIV)

8 abril 2013

Estoy saliendo de un periodo oscuro.

Lo reconozco… Los últimos días han sido de un descuido total en la materia de esta juramento.

Por diversos motivos que no vale la pena listar, he retrocedido en mi objetivo de adelgazar.

Lo siento como una dura caída de la que me ha costado reponerme.

Más siempre supe (pues así lo he sostenido a lo largo de este blog) que evitar las caídas es imposible, por lo que el éxito radica, más que en no tropezar, en levantarse las veces que sean necesarias para llegar a donde se quiere a como de lugar.

Hoy en mi mente resuenan las palabras más sabías que mi padre me ha dicho jamás: “Es mucho más importante la constancia que la inteligencia“. Por eso hoy me levanto nuevamente y sigo adelante.

Resulta que he ganado dos kilos de peso (104 kg) lo que implica un retroceso de la inercia que había logrado. Dejé por completo de hacer ejercicio y descuidé casi por completo mi disciplina calórica.

Afortunadamente mi iniciativa de dejar por completo el refresco durante la Cuaresma fue todo un éxito y esto me ayudó a no deprimiré del todo.

Ya me queda claro que a mi el diablo me tienta por la boca y es ahí en donde le tengo que vencer.

No voy a claudicar, llegaré a la meta y le demostraré que con un hijo de Dios no se debe meter.

Bien, pues así es el andar humano, con alzas y bajas. Nadie, ni el Papa, es plenamente perfecto las 24 horas del día en su fe. Los múltiples correos y mensajes que recibo de parte de los lectores de este blog lo confirman una y otra vez. La vida de un católico es una eterna lucha en donde el enemigo principal suele ser uno mismo y en esta guerra, a veces ganamos y a veces perdemos.

Ok… Basta de palabras y sigamos adelante. Aún tengo dos meses por delante para demostrarme a mi mismo que sí puedo cumplir mi promesa.


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