Tradición

24 marzo 2015

Ultimamente he meditado mucho sobre el tema de la tradición, entendiendo como tal el valor que podemos hacer los seres humanos a los elementos que, constituidos en nuestro pasado, le dan sustento y sentido al presente.

En el ámbito religioso la tradición suele ser algo fundamental a procurar ya que es en el pasado en donde se ubican la mayoría de los rasgos que le dan identidad a una propuesta de fe sólida.

Por ejemplo, los católicos encontramos en la tradición  judeo cristiana la explicación de cada aspecto de nuestra cultura y vocación hacia Jesucristo. Los judíos por su parte, tienen en el antiguo testamento toda la riqueza histórica que veneran en la actualidad y de igual forma los musulmanes se basan en la tradición histórica vertida en el Corán para conformar su filosofía de vida actual.

Así, la tradición histórica debe ser respetada y observada con gran gratitud no solo por cuanto tiene de riqueza antropológica y cultural, sino por que además representa el origen de lo que vivimos hoy.

Desde luego que existirán siempre corrientes que busquen sepultar lo que se hizo en el pasado para dar lugar exclusivamente a lo que se tiene que hacer en el futuro, lo que a mi parecer implica un gran peligro.

Si bien el pasado es un punto de referencia que debe de evaluarse y, en ciertos casos, corregirse, me parece que en lo general más bien debe de defenderse y conservarse.

El pasado nos da identidad y certeza.

Mi fe, por ejemplo, está construida y protegida por siglos y siglos de pasado. Cada vez que me acerco a las vidas de los hombres que nos dieron historia así como a los ritos que se han preservado a pesar del paso del tiempo, puedo estar cierto de que existe riqueza en lo que valoro en el presente.

Edificar sobre lo que ya se sabe probado, sobre lo que ha logrado pasar la prueba del tiempo es garantía de solidez.

Es muy de la juventud querer hacer caso omiso de lo que los viejos defienden, más cuando uno comienza a dejar esa etapa desbocada de la vida y comienza adentrarse más bien en la segunda, es que el pasado empieza a verse con mayor reverencia.

Es por eso que no debemos castigar o juzgar a aquellos religiosos que defienden la tradición y los ritos históricos dentro de un movimiento religioso, antes bien sugiero acercarnos más a su sabiduría y visión para lograr apreciar el valor real que el pasado aporta a nuestro presente.


Vocación y profesión… algo de mi experiencia.

19 julio 2013

Uno de los temas más recurrentes de este blog es el que trata sobre aspectos de vocación.

Este tema es particularmente sensible en mi persona pues durante varios años de mi vida me sumergí en una profunda crisis vocacional, que me llevó a darme cuenta lo mal que hice mi elección de carrera profesional en la universidad.

Para quien aún no lo sepa, yo soy arquitecto de profesión, al menos eso es lo que testifica el título universitario que tengo colgado en la pared de mi casa. Más jamás en mi vida he construido obra o edificio alguno, pues ya entrado en mis estudios de licenciatura me desencanté de esta disciplina, no por ser desagradable sino más bien por no estar en coherencia con mi verdadera vocación, misma que descubrí años después de haber egresado de la universidad.

Mi crisis profesional post universitaria, me llevó a cuestionarme lo que debí de haber elegido como una carrera universitaria una vez que supe que arquitectura no era la opción. El asunto es que no me fue fácil dilucidarlo.

Si bien me quedaba bastante claro que Arquitectura no había sido una buena elección de carrera… ¿cual entonces si hubiera sido? No lo sabía. De hecho, esa es la razón por la que me decidí perseverar en dicha licenciatura, aunque supiera que de cualquier forma no encontraría respuestas claras ahí.

Hoy, que dedico gran parte de mi tiempo a asesorar a jóvenes en materia de orientación vocacional y que ya cuento con una trayectoria profesional mucho más rica en experiencia que hace 15 años cuando  tuve que elegir una carrera, me vuelve a surgir la misma pregunta… ¿que debí de haber estudiado?

Tomándolo como un ejercicio que me ayuda a clarificar lo que debió ser en su momento (ahora que he descubierto mi verdadera vocación) y sin querer asumir que me arrepiento de mi pasado, sino más bien entendiendo que este me ha ayudado a crecer a cada instante, hoy tengo la siguiente lista de posibles carreras que hubiera elegido en vez de Arquitectura (no necesariamente en orden de preferencia):

1.- Psicología

2.- Filosofía

3.- Ciencias religiosas

4.- Antropología

5.- Sociología

6.- Psiquiatría

7.- Desarrollo humano (no se si exista una licenciatura con este nombre, más yo la elegiría)

Lo que se puede observar de esta lista es que tengo una clara tendencia hacia las ciencias humanas más que a las artísticas, tecnológicas o económicas. Siempre lo supe, esa es mi vocación, la de humanista.

Habiendo descubierto eso tampoco estoy tan descontento de haber estudiado la carrera que elegí ya que la Arquitectura es una disciplina con una gran carga humana y social. Sin embargo hoy estoy consciente que no era necesario haber tenido que pasar por el estudio de la edificación de casas, si más bien me pude haber ido directamente a estudiar a profundidad  todo lo referente a la edificación de hombres.

Igualmente soy consciente que a la edad que un joven tiene que elegir carrera, no suele contar en su interior con los recursos suficientes para defender su llamado vocacional, y se deja influir por demasiado ruido externo que en muchas ocasiones solo crea frustraciones y desánimos futuros. Eso fue lo que ocurrió en mi caso. Yo me creí que en verdad era más importante optar por una carrera de las típicas, que ofreciera cierta seguridad económica, más que por hacer caso de lo que en verdad me dictaba mi corazón.

Sin embargo, el haber sido partícipes de una decisión apresurada o incompleta en el ámbito profesional, no significa en lo absoluto que todo se haya perdido. En mi caso, el haberme dado cuenta de esta cuestión es lo que me llevó a dejar mis dudas de lado, y junto con ellas una posible carrera como arquitecto, y optar años más tarde por mejor seguir mi vocación.

Al día de hoy, mi biblioteca y mi escritorio, se encuentran repletos por obras, trabajos y textos en cada una de las disciplinas que anteriormente enlisté como posibles opciones profesionales. Si, es verdad que no tengo un título académico que me avale como psicólogo, como filósofo o como humanista, pero eso no significa que no pueda valerme por mi propia cuenta de dichas disciplinas, estudiarlas y usarlas para crear valor en el mundo.

Hoy, vivo de ellas, mi profesión es la de coach y formador. Mis trabajos, todos, han estado siempre relacionados con la industria educativa y el desarrollo de talento. No tengo un título académico que lo avale, pero si cientos de resultados en clientes que me han buscado para ayudarlos a crecer como personas y a desarrollar recursos internos para conseguir resultados.

Con esta publicación, lo único que pretendo tratar de decir es que la vocación siempre se puede vivir, sin importar si se tiene credenciales formales provenientes de una una escuela o universidad. Si se trabaja en discernir la propia vocación previo a ingresar a la universidad, mucho mejor, pero si este ejercicio se tiene que realizar después de haber concluido la etapa escolar, no importa, siempre ofrece luces importantes de lo que se ha de hacer.

Como suelo exponerles a los jóvenes que participan de mis asesorías vocacionales…

“La vocación es aquello que ha de suceder en tu vida, con universidad, sin universidad o a pesar de la universidad…”

La vocación, una vez descubierta, no te dejará en paz, hasta que le hagas caso, hasta que seas sincero con ella y, por ende, contigo mismo.


A %d blogueros les gusta esto: