El momento exacto

7 noviembre 2013

Es un hecho, como católicos enamorados de Cristo, sentimos una enorme necesidad de salir al mundo y proclamar su evangelio, sin embargo, lamentablemente la respuesta que muchas veces recibimos a nuestros esfuerzos no siempre es la más optimista ni la más abierta.

Podemos convocar, invitar y predicar de muchas formas el mensaje de Dios a los hombres, pero puede suceder que los resultados a esta actividad apostólica no sean del todo optimistas.

Y es que sucede que, si bien Dios nos pide que nos hagamos presentes ante el mundo anunciando su palabra, también es un hecho que Él mismo respeta el tiempo y el momento que cada persona tiene para poder abrirse de corazón a Él.

Como en cualquier ámbito de la vid humana, la primer condicionante que se requiere para tocar un corazón humano es que este tenga cierta disposición para querer ser tocado, y es imprescindible respetar el proceso de cada hombre en que esto puede suceder.

Si, Dios a través de nosotros como medios, toca a la puerta de millones de almas, sin embargo las puertas solo pueden ser abiertas desde su interior y las llaves están exclusivamente en posesión de cada ser humano que, en pleno uso de su libertad, decidirá si abre o no al llamado.

Dado que esto es así, se requiere que se junten dos elementos para que una conversión espiritual se produzca: en primer lugar, alguien que replique el llamado de Dios y, en segundo, alguien que esté listo para recibir dicho llamado, aunque este último no necesariamente esté consciente de esta propia condición en su persona.

Así, el llamado que tenemos los católicos no es a forzar la cerradura de la puerta humana ajena en pos de lograr la entrada de Dios en ella, sino más bien nuestro deber es hacernos presentes permanentemente y delicadamente a la espera de que Dios disponga el momento exacto en que dicha puerta puede ser entreabierta en búsqueda de aire, luz y nueva vida.

En ese momento exacto, y sólo en ese momento, debemos de estar preparados para presentar a Cristo.

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El Papa Benedicto en Twitter

29 diciembre 2012

Recién el mundo digital tuvo la noticia de que ahora los católicos podremos seguir al Papa Benedicto XVI a través de su cuenta oficial en Twitter.

Desde el papado de Juan Pablo II ya se nos instaba a los católicos a aprovechar las enormes posibilidades de los medios digitales como herramienta de evangelización.

Pues bien nuestro líder espiritual se nos une en esta iniciativa a través de la cuenta:

@pontifex (inglés)

@pontifex_es  (español)

Por medio de ella podemos empezar a seguir algunos twit´s que seguro nos mantendrán informados y motivados en el seguimiento de nuestra hermosa fe católica.

Al día de hoy la cuenta ya es seguida por cerca de 1,330,000 seguidores y estamos seguros que en no pocos meses el número crecerá exponencialmente.

El primer Twitt publicado por Benedicto XVI fue:

“Queridos amigos, me uno a vosotros con alegría por medio de Twitter. Gracias por vuestra respuesta generosa. Os bendigo a todos de corazón.”

¡Bienvenido a Twitter querido Papa!


Caminar…

30 julio 2012

Hace más o menos un año me entró la loca idea de dejar de usar tanto el automóvil para dirigirme, en su lugar, caminando desde mi casa hasta mi oficina.

Y digo que es una idea loca pues no es normal que en mi ciudad alguien camine alrededor de 12 kilómetros todos los días (6 de ida y 6 de regreso) para trasladarse de un lugar a otro.

Si, mucha gente se puede ver caminando en las calles de la ciudad de México, pero la mayoría lo hacen para dirigirse a una estación de transporte público que los acercará a su destino.

Yo no, yo llego hasta mi destino… ¡caminando!

Me fascina caminar. Yo creo que en parte es porque, haciéndolo, libero mucha de la ansiedad que siempre he mostrado desde joven. Mi esposa me dice que voy a acabar haciéndole hoyos al piso de tanto que muevo el pie cuando estoy sentado.

Pero, bueno… ¡así soy!

Y es que eso de caminar toda la distancia que separa a mi casa de mi oficina, al principio me parecía muy descabellado y retador. Hoy, un años después ya no lo es en absoluto. No siento que la hora que paso caminando me pese como antes. Es más, hasta he llegado a creer que muchos de los automovilistas que me ven pasar enfrente de sus coches cuando esperan avanzar en medio del horrible tráfico, me han de envidiar. Podría apostar que puedo llegar a alcanzar en ocasiones una velocidad promedio más rápida que la de ellos.

Y pues si, en mi familia ya saben que yo soy… ¡El que camina!

Mi esposa ya no se extraña cuando encuentra mi auto aparcado en el mismo lugar de siempre en el garage por varios días. Ya sabe que si eso sucede es por que yo ando a pie en algún lugar de la ciudad.

Y es que me resulta increíble que lo anormal hoy en día sea caminar, siendo que hace apenas unos 120 años aproximadamente lo extraño era justo lo contrario, tener un vehículo personal para poderse mover dentro de un rango relativamente grande en una comunidad. (Bueno, tampoco es que me extrañe por igual que ya no andemos en caballos. ¡Viva la tecnología!)

Pero lo más maravilloso de todo es que el tiempo que me doy para caminar lo aprovecho enormemente para  meditar, reflexionar e incluso rezar uno que otro rosario.

Me encanta ver la cara que ponen muchos peatones cuando ven a una persona común y corriente con un rosario en la mano y hablando consigo mismo a lo largo del camino. Si fuera alguien vestido de sacerdote se podría entender, pero… ¿Un hombre de traje y camisa con un rosario en la mano en medio de una ciudad moderna? ¡Vaya que eso si es raro!

Y entonces resulta que he descubierto que  provocando esta pequeña perturbación en la gente en medio de su actuar cotidiano, puedo evangelizar también. Alguno que otro seguro se cuestionará su propio actuar al verme actuar a mi, por lo tanto, lo seguiré haciendo. En algo aprovechará Dios esa situación.

Caminar es una de mis grandes pasiones y doy gracias a Dios todas la mañanas que me permita tener ese tiempo especial con Él de esa preciosa forma.


Hablar de Dios…

17 mayo 2011

Debo reconocer que hablar de los temas de Dios exige un gran compromiso y responsabilidad, pues se está tocando lo que ha sido y será probablemente el tema más comentado de la historia.

Pero no por eso debemos de frenar nuestras opiniones e ideas al respecto. Al contrario, yo les invito a que hablemos de Dios… no importa nuestro nivel de conocimiento sobre el tema, lo importante es que tengamos siempre la voluntad de tener a Dios en nuestra boca.

Como decía el beato Juan Pablo II “No tengáis miedo a Cristo”.

Católicos del mundo… hablemos más de Dios y de nuestra Iglesia… ¡Sin pena y con mucho ánimo!


12 hombres…

1 junio 2010

Piensa por un momento en lo siguiente…

Israel, la tierra donde hace dos mil años Jesús predicó el evangelio, es apenas un pequeño pedazo de tierra que suma a lo mucho un área de 22,145 km 2.

Esto quiere decir que, comparado con la superficie total de la tierra 510, 000, 000, 000 de km2, el área de terreno que Cristo recorrió durante su vida pública en que predicó su mensaje no fue más del 0.000004 % del total del planeta. Esto podría sonar obvio, pero para una persona que vivió en una época en que la gran mayoría de las personas pasaban su vida entera en una sola región, recorrer tal territorio era toda una proeza.

Sin embargo, dicha superficie no deja de ser una región minúscula del planeta.

Lo mismo nos lleva a pensar que las personas que pudieron haber escuchado de viva voz el mensaje del Maestro, aunque si fueron numerosas, seguramente no representaron significativamente mucho al número total de habitantes que en aquel momento vivían en el planta.

Se piensa que en el año cero de nuestra era, la población mundial alcanzaba unos  350,000,0000 de habitantes en todo el planeta. Así, suponiendo que Jesús logró hablar y predicar  a unos 3,000 personas durante sus tres años de vida pública (suposición completamente mía) entonces esto daría como resultado que Jesús llevó su mensaje a solo el 0.0008 % de la población mundial de esa época.

¿A donde voy con todo esto?

Verán…

Si bien en vida Jesús tuvo un rango de acción bastante acotado para poder predicar, el día de hoy su mensaje, además de haber perdurado la prueba del tiempo, es probablemente el concepto más difundido en el planeta. Independientemente de si una persona es o no es cristiana, el nombre de Jesús Cristo es por mucho uno de los más conocidos a nivel mundial.

¿Qué logró que el nombre de Jesús saliera de unos cuantos Km 2 a la redonda de Israel y se esparciera por todo el mundo a lo largo de 2,000 años de historia?

¿Cómo pasó dicha verdad de ser predicada en tan solo una pequeña porción de tierra a prácticamente casi cubrir toda la superficie del planeta?

La respuesta está en la labor que hicieron 12 hombres: los apóstoles.

Estos 12 hombres, que fueron elegidos por Cristo mismo, fueron los responsables de multiplicar exponencialmente el mensaje.

Y para muestra de esta proeza de comunicación solo falta acercarse a leer lo que el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra en cada línea de su contenido. En él podemos ver a doce hombres recorriendo  cientos de regiones del mundo, movidos por una pasión inconmensurable y llenos de pasión por su labor, y quienes fueron los encargados de replicar la voz original de su Maestro.

Fueron precisamente los doce apóstoles de Jesús, quienes contagiaron a otros cientos de discípulos en otros lugares del mundo y quienes a su vez, movidos por la misma fiebre de amor, contagiaron a otros tantos. Y así sucedió esto sucesivamente en el tiempo hasta que hoy, ese mismo mensaje llegó a nosotros.

Así de fuerte e impactante debió de haber sido ver morir y resucitar a Jesús, como para que sus discípulos decidieran aventarse a emprender tal empresa misionera. Pero también así de fuerte debió de haber sido dicha labor misionera de parte de ellos como para que el movimiento que iniciaron hace 2,000 años  haya llegado intacto hasta nuestros días.

Tan fuerte que permitió que Jesús sea hoy la figura más conocida del planeta.


La educación de un católico

21 mayo 2010

Recuerdo que hace tiempo  dialogaba con un vecino sobre su fe.

Este amigo decía que aunque él decía ser católico, la verdad es que no era practicante de dicha religión en lo absoluto.

Al indagar en sus razones para expresar tal posición me contestó:

“La verdad es que a mi me enseñaron a ser católico un poco a la fuerza, ya que tanto en mi familia como en mi escuela era la norma más usual, pero cuando tuve la oportunidad de elegir por mi mismo pues ya no le vi tanto caso seguir con dicha imposición”

Después de dialogar otra rato  más con este amigo, caí en cuenta de que su afirmación describía claramente lo que actualmente sucede con millones de personas en el mundo que, aunque dicen ser católicos, en la realidad y en la práctica no lo son.

¿Que pasa? ¿Qué estamos haciendo mal para que esto suceda así?

Si bien, la libertad del ser humano es la principal fuente de responsabilidad de nuestros actos, no podemos dejar de lado que los hombres también somos el resultado del contexto y el ambiente en que fuimos formados.

Por lo mismo, a mi parecer la respuesta a esta cuestión de incoherencia espiritual pasa en gran medida por la siguiente vía: La educación católica en el mundo.

Si algo definitivamente podríamos hacer mejor los católicos es educar, justamente, a nuestros  mismos católicos.

¿Cuantos de ustedes no quisieran haber sido enseñados y capacitados mucho mejor en su fe? Eso considerando que tuvieron acceso a dicha educación, pues la mayoría de personas en el mundo jamás escucharon hablar de Dios en sus escuelas ¿Cuantos de ustedes, al igual que mi vecino, sintieron que la religión les fue impuesta más que enseñada?

Muchos de los católicos que fuimos educados precisamente en escuelas católicas, supimos lo que es aprender catecismo y religión por la vía tradicional de enseñanza. Un profesor  (catequista) te expone verbalmente todo lo que debes saber sobre tu religión entregándote libros y decenas de hojas con dicha información. Te pide que te aprendas todos los conceptos recién explicados de memoria para luego, en una evaluación, preguntarte si te pudiste aprender dicha información correctamente. Si pasas el examen contestando en tiempo y forma a las preguntas que se te hicieron, entonces se asume que ya estás preparado para ser un gran católico en el mundo.

¡Nada más falso! ¿Quien se ha enamorado de su pareja leyendo un libro sobre ella? ¿Quien aprendió a andar en bicicleta sentado en una banca escuchando a un experto leer cientos de diapositivas de Power Point sobre  “cómo manejar en bicicleta sin caerse”? ¡Nadie!

Nuestro sistema educativo tiene muchos vicios y errores de por sí (algún día platicaré de esto), por lo que no podemos confiarle solo a este sistema la formación y el desarrollo de nuestros niños y jóvenes católicos.

Además de aquel vecino, en mi vida he conocido a muchas personas que piensan igual que él. La imposición de la educación católica y el método de enseñanza que se utilizó para inducirlos a la fe los alejo más que de lo que los debió de haber acercado a conocer y practicar profundamente su religión.

¿El resultado? Un montón de personas desencantadas con la práctica de su espiritualidad pues… ¡No la comprenden!

Por eso mismo, me atrevo a decir nuevamente que parte de la culpa de dicho catolicismo ligero la tiene la manera en que hemos educado a nuestros católicos en el mundo.

Pero si no es así ¿entonces cómo debemos hacerlo?

Para mi todo se centra en educar y enseñar primero el principio rector de nuestra fe: el amor.

No puedes pretender entender a Jesús, a María, los hechos de los apóstoles, la Biblia, la pasión del calvario, la resurrección, los sacramentos, el sacerdocio, la doctrina, la vida de los santos, la posición de la iglesia, los milagros del Maestro ni ninguna de las palabras de ningún catecismo católico, si primero no comprendes  cabalmente lo que dio lugar a todo esto: el amor.

“El eje rector y fundamental del catolicismo es el amor”. Punto.

Por el amor fuimos creados y por el amor deberemos de morir.

Enseña a amar y en automático estarás enseñando la mejor y más fundamental de las doctrinas católicas. Así de sencillo.

Pero… ¿cómo se enseña a amar? ¿En que curso o institución educativa se aprende “Amorología” ?

A amar se aprende amando. No hay más.

¿Quieres que un niño entienda el amor de Dios? Enséñalo primero a amar a su hermano.

¿Quieres que un joven comprenda el sentido de los sacramentos? Llévalo primero a sacramentar su vida en el prójimo.

¿Quieres que una jovencita haga suyo el valor de la oración? Llévala primero a rezar con sus acciones.

¿Quieres que tu vecino capte la doctrina del catolicismo? Pídele primero que te ayude a sacar adelante el problema de tu otro vecino más necesitado.

¿Quieres que aquel director de empresa que se dice ser católico actúe como tal? Amalo escuchándole como persona y luego pídele que lo haga con su gente por igual.

¡Es el amor! ¡El catolicismo se enseña por la vía del amor!

Si al igual que yo, eres formador de personas, y te toca capacitar a los futuros católicos del mundo te propongo una cosa: ¡Deja de enseñar hablando y comienza a formar actuando!

Lleva a tus alumnos, hijos, aprendices o pupilos primero a acercarse al prójimo antes de hablarles de Jesús. Explícales que la primer lección que un católico debe de aprender es que, por sobre todas las cosas, el amor al prójimo es lo más importante.

Amigo catequista… lleva a tus alumnos a hacer labor social, a recolectar víveres para los más necesitados, propónles que levanten la basura de la colonia, indícales que de tarea deben de pedir perdón a un familiar o amigo, llévalos a un comedor público para indigentes, diles que organicen una actividad económica para ayudar a pagar la operación de un enfermo, inscríbelos en una organización altruista, organiza un concurso para premiar al que más ayuda. En pocas palabras, invítales a practicar el amor desinteresado. Una y otra vez.

No necesitas de un salón de clases, cuadernos, lápices ni Power Point. Mientras tengas acceso a un “prójimo” puedes enseñar a amar.

Una vez que estos chicos tengan en su corazón bien clavada la espina del amor como fuente de vida, entonces si, podrás proceder a explicarles quién ha sido la persona que más ha amado en la historia de la humanidad, quien es ese Dios del que emana ese amor que tanta felicidad les produce, quien es María la maestra del amor maternal, por qué los sacerdotes viven en celibato, por qué no estamos de acuerdo en la despenalización del aborto ni de la anticoncepción, etc…

Una vez que le has enseñado a un hombre a amar, entonces si… podrás  hablarle todo lo que quieras de Jesús y de su amada Iglesia, que estoy seguro que lo entenderán en su totalidad.


Evangelizar en la red

23 enero 2010

“Los sacerdotes son llamados a proclamar el evangelio por medio del uso de la última generación de recursos audiovisuales, imágenes, videos, elementos de animación, blogs, sitios web”.

Estas son las palabras del Papa Benedicto XVI en el día mundial de las telecomunicaciones.

No puedo estar más convencido de que la nueva evangelización del siglo XXI tendrá como gran impulsora el Internet y todas sus crecientes posibilidades.

Es chistoso, pero así como he decidido predicar la palabra de Cristo por este medio, también resulta que, de manera indirecta, acabo predicando sobre el uso del Internet y las nuevas tecnologías.

Personalmente me encanta cada vez que encuentro un nuevo blog de un sacerdote, de un movimiento religioso o simplemente un laico tratando de hacerse camino para hablar de Dios.

¡Católicos del mundo a tomar el Internet para Dios!


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