Vocación

25 julio 2012

Si alguno de ustedes me ha regalado el enorme favor de acompañarme en este proyecto desde hace tiempo, sabrá que existe un tema que me causa especial inquietud… El tema de la vocación.

Y es que personalmente he sabido lo que es sufrir una crisis vocacional severa que me ha llevado continuamente a querer replantearme lo que debo hacer en la vida.

He leído libros sobre vocación (pocos verdaderamente reveladores), he navegado obsesivamente en internet para buscar alguna fuente que me pueda dar pistas de por donde investigar, he preguntado a personas sobre el tema, he sido testigo de casos de éxito y de no tanto, en fin… “Vocación” es una de esas palabritas que cada vez que la escucho me patea el intelecto y me pone a tratar de escuchar y aprender todo lo que pueda.

Es más…

A tal nivel es mi interés por el tema que he  sondeado la posibilidad de ingresar a estudiar un Doctorado en Humanidades con el único propósito de ver si puedo descubrir algo revelador en la materia.(Si, soy un nerd… lo se y me encanta)

De principio me gustaría compartirles algunas inquietudes que, en forma de pregunta, han rondado mi cabeza una y otra vez desde hace muchos años y a las cuales he tratado de dar respuesta sin llegar a ninguna conclusión definitiva.

Me encantaría poder conocer sus opiniones al respecto…

¿Existe una vocación como tal en el ser humano?

¿Existe un llamado que, por sobre otros, debamos de escuchar y atender de manera apremiante?

¿Es la vocación una cuestión divina (un llamado de Dios) o es una necesidad meramente humana?

De ser así…

¿Existe una manera o metodología concreta para poder encontrar la propia vocación?

¿Qué debería de hacer nuestro sistema educativo para poder promover más el encuentro de la vocación en nuestro jóvenes?

¿Que tan relevante puede ser trabajar en un tema así para la humanidad?

 

Me encantaría poder tener comentarios y aportaciones de parte de ustedes estimados lectores. ¿Cómo les ha ido con relación a su vocación?

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Perseverar…

11 noviembre 2011

Hace casi año y medio, cuando recién iniciaba mis estudios de maestría uno de los profesores de la institución me hizo el siguiente comentario:

“José Luis, al final quienes concluirán exitosamente este programa académico de alta exigencia no serán los más inteligentes, sino los más perseverantes…”

Y vaya que ha tenido razón este hombre.

Soy un amante desenfrenado de todo lo que implique estudiar, leer, analizar, investigar y me considero alguien con la suficiente capacidad mental para soportar grandes cargas académicas. De hecho, desde que concluí mis estudios universitarios hace 8 años jamás me he separado de la aulas. Mi esposa me hizo notar la otra vez que siempre me identifica inscrito en un curso o programa académico.

Pero debo de reconocer que estudiar no me vuelve precisamente un hombre más listo… no es eso lo que quiero lograr con dicha actividad. Lo que en realidad quiero es ser perseverante en la meta que me he impuesto de “formar e inspirar a quienes pueden hacer en el mundo la diferencia”.

Soy formador por vocación, y por lo tanto todo el tiempo estoy al acecho de aquellas ideas, herramientas, tecnologías o lo que sea que me permita cumplir más eficientemente esta función.

Es como si por un lado tuviera una gran sed de aprender cosas nuevas, pero por el otro lado me quemaran las ansias por compartir inmediatamente ese aprendizaje con alguien más.

Siempre que estoy estudiando o aprendiendo algo me digo a mi mismo: “Esto lo tiene que saber el mundo entero…”

Ya tan solo me faltan 6 meses para concluir esta Maestría (la segunda, de hecho… je je je) y ya me vienen a la mente ideas de cursos, seminarios y conferencias que voy a poder armar usando todo el aprendizaje que he recibido de la misma.

En fin…

Dios me ayuda a ser perseverante en lo que sabe que mejor aprovecho para su propia causa: la formación.


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