¿Debe la Iglesia meterse en los asuntos públicos?

8 agosto 2011

En México, y me imagino que en todo el mundo, la Iglesia empieza a ser fuertemente criticada por atreverse a fijar una postura en casi todos los temas que afectan el desempeño político de los distintos gobiernos.

Con el argumento de la defensa de un estado laico (que rige igual para todas las creencias) los críticos de la Iglesia le piden que no se inmiscuya en temas que serían de incumbencia solo de gobernantes y gobernados. (Ej: La promulgación de leyes contra la vida, la supuesta defensa de los derechos de ciertas minorías)

La pregunta que me surge es la siguiente:

¿Debe la Iglesia opinar sobre los asuntos públicos?

Mi respuesta es… desde luego.

¿Qué más necesitado de orientación moral puede existir que la promulgación de leyes que regirán la convivencia de las sociedades? Si la estipulación de una ley es algo que acabará por afectar el comportamiento de un individuo, se esperará que esta ley esté apegada a la ley natural de Dios, misma que la Iglesia ha defendido siempre.

Claro, siempre me orientaré  más por preferir antes que una posición de conflicto entre Iglesia y Estado, una postura de cooperación y consejo mutuo. Una a otra se podrían aportar mucho si se permiten escuchar lo que cada una tiene que decir. Al final de cuentas tanto Iglesia como estado son de las instituciones más antiguas en la historia de la humanidad, por lo tanto, algo han de saber sobre como hacer las cosas.

Sin embargo, la ventaja que tiene la Iglesia por sobre el estado es que la primera acumula y reflexiona su experiencia de humanidad a cada año que pasa, nuestra Iglesia se va volviendo más sabia, mientras que la postura del estado depende en gran medida de la idiosincracia y la individualidad del gobernante en turno.

La Iglesia evoluciona lentamente conforme aprende más y más de la misma humanidad a la que orienta, mientras que en el otro lado, todos hemos visto como los estados a lo largo de la historia se reformulan y se replantean de manera completamente distinta al gusto de quien llega al poder.

Es por eso que si bien la Iglesia no tiene el carisma de gobierno de naciones, si que lo tiene en la orientación moral de la vida cotidiana y social del mundo. Por lo mismo es perfectamente entendible que fije una postura que servirá de marco de referencia ante las distintas preocupaciones humanas.

¿Quien mejor que la Iglesia para decirnos cómo actuar ante la nueva ola de investigación genética? ¿Qué otro referente moral más adecuado que la religión para ofrecernos luz sobre cómo actuar ante las nuevas posibilidades de acceso casi ilimitado a la información vía el Internet? ¿Quien mejor que nuestra Iglesia para indicarnos cómo debe de ser el modelo de familia al que los seres humanaos con vocación debemos de aspirar? ¿Quién mejor que la Iglesia para ayudarnos a alinear nuestra conducta con los designios del Creador?

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Obama con el Papa

10 julio 2009

Ahora que recién concluye la visita del presidente Barack Obama al Vaticano en donde se entrevistó con el Papa Benedicto XVI las noticias empezarán a emitir un sin fin de opiniones de manera inmediata(Como es habitual).

Yo me centro en un detalle muy particular…

Según dice la nota de la agencia Reuters que se publica en la versión online del periódico Reforma, cuando concluyó la audiencia entre los dos jefes de estado, el Papa le obsequió al presidente norteamericano dos libros: “Una copia en cuero blanco de la primer encíclica social  del pontífice publicada el martes pasado (Caritas in veritate)  asi como un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe “Dignitas personae” sobre los problemas de la bioética en donde se reitera el rechazo de la Iglesia al aborto y a la investigación con células madre.” 

¿Un regalo para el mero cumplimiento del protocolo? No lo creo.

El hecho de que Barack Obama haya recibido de manos de nuestro líder de la Iglesia este último documento no es algo sin fundamento, ya que es justamente la posición pro despenalizadora del aborto del mandatario estadounidense la que le aleja del principio de defensa de la vida que ha promulgado una y otra vez religión.

Así, la entrega de estos documentos de parte de Benedicto XVI a Obama me recordó mi época de estudiante universitario en donde algún profesor me recomendó acudir a consultar un libro bajo la premisa de “jovencito… nadie ama lo que no conoce”.


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