Actuar en consecuencia

30 junio 2011

Acabo de leer esto…

“Para tener un mejor cuerpo: supón que has sufrido un infarto y vive en consecuencia.
Para tener una mejor mente: supón que la vida media de tu profesión es de dos años y vive en consecuencia.
Para tener un mejor corazón: supón que los demás pueden oír lo que dices todo el tiempo y vive en consecuencia.
Para tener un mejor espíritu: supón que cada tres meses te encontrarás cara a cara con Dios y… vive en consecuencia”

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La tentación

1 julio 2010

Hoy quiero hablar sobre la tentación, o lo que es lo mismo… “¡Ah cómo molesta el diablo!”

La tentación es ese sentimiento que nos viene en múltiples ocasiones que nos incita a desobedecer la voz de nuestra conciencia.

Es pues la voz que nos invita a hacer algo que va en contra del bien y la verdad, o lo que es lo mismo, en contra de Dios.

Recordemos la imagen de la serpiente que incita a Adán y a Eva a comer el fruto prohibido. Pues eso es justamente la tentación, algo que nos atrae a realizar lo prohibido.

Pero aquí vale la pena aclarar lo siguiente:  ser tentado ha realizar algo indebido no es malo, ceder ante tal tentación, si lo es.

Y esto es algo que definitivamente nos será de gran utilidad aclarar pues muchas veces nos podemos sentir culpables de experimentar tendencias indebidas que nos aquejan a lo largo de nuestra vida.

Tranquilo, el ser humano, por su propia naturaleza caída, siempre estará tentado a comer desordenadamente, cometer actos impuros, beber en exceso, perjurar contra el enemigo… en fin, el ser humano es un manojo de tentaciones constantes.

Pero repito, sentir el llamado a hacer algo indebido no es lo incorrecto, llevar a cabo dicha acción cediendo ante la tentación, si.

Sin embargo cuando la tentación es recurrente, si que existe un problema que vale la pena considerar y poner especial atención.

Si eres una persona que constantemente estás siendo tentado a cometer un determinado pecado, puedes asegurar que algo no está debidamente ordenado en tu vida. ¡Debes pedir ayuda! (Profesional y espiritual)

Y en este sentido no existe mejor ayuda que la del mismo Cristo…

Recordemos que Él mismo  fue tentado en el desierto. Pero fue justamente ahí cuando nos demostró cómo vencer a la tentación: Con firmeza y decisión.

Carlos Llano Cifuentes, uno de mis autores preferidos, nos dice en su libro “La formación de la Inteligencia, la voluntad y el carácter” que el ser humano tiene que aprender a controlar principalmente sus tendencias desordenadas a “comer” al “placer sexual” y  a “enojarse”. Haciéndolo, estará formando su carácter de una manera correcta.

Yo te invito a lo siguiente…

Mira la tentación como un reto espiritual, como un grito del enemigo que te quiere poner a prueba. Si logras vencerla, habrás ganado una batalla más en el camino de tu salvación y de paso te  estarás convirtiendo en un gran soldado espiritual de Dios.

Cada vez que te sientas tentado a pecar, cierra los ojos, invoca la ayuda de María, la madre de Dios… deja pasar unos segundos y aléjate de la fuente de la tentación. (Si tu casa está llena de revistas indecentes, de comida chatarra, de malas amistades, etc. no te extrañes que la tentación, con todas sus consecuencias indeseables, sea parte de tu día a día)

Pero… ¿por qué acudir a María? Por que Dios dispuso que fuera justamente ella la que tuviera la fuerza necesaria para ayudarnos en esas ocasiones especiales de tentación.  El demonio, el gran tentador, le teme a la virgen María más que a nadie en el mundo. Cada vez que ella llega, él se va.

¿Que acaso no es ella, María, nuestra madre del cielo?

Pues bien… te invito a que no te sientas mal por ser tentado, antes bien, considérate privilegiado de tener una oportunidad de demostrarle a Dios cuanto le amas.

Si la tentación te llega, levanta la cara al cielo y repite lo siguiente: “Va por ti Jesús” y disponte con firmeza y voluntad indomable a vencer al enemigo.


Jesús en el desierto…

5 febrero 2010

Uno de mis pasajes favoritos del evangelio es la estancia por 40 días y 40 noches de Jesús en el desierto. Ayer haciendo mi acostumubrada reflexión evangélica me encontré con este pasaje tan lleno de vida, humanismo y enseñanza.

A continuación transcribo la cita evangélica y posteriormente les comparto mi reflexión al respecto… (Mt, 4,1-11)

” Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
Él respondió y dijo:
Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,
y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está -A sus ángeles mandará acerca de ti y e
n sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra-
Jesús le dijo:
Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
Entonces Jesús le dijo:
Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”

Este pasaje nos relata cómo Jesús, llevado por el Espíritu Santo se dirigió al desierto a ayunar y a orar ¿Para qué? ¿Era necesario? ¡Desde luego que sí!

Jesús en su condición de hombre quiso, antes que conquistar al mundo para Dios, conquistarse primero a Él mismo para su Padre. Jesús quiso primero dominarse a sí mismo para luego poder salir a cumplir su misión de cruz.

Al pasar 40 días y 40 noches de ayuno Jesús logro sobreponerse a lo terrenal, a lo carnal y a lo puramente superficial. Quien ha hecho ayuno alguna vez, sabrá lo mucho que forja esta actividad el carácter y si además acompañamos el ayuno con oración (tal cual lo hizo Jesús) entonces nuestro espíritu crecerá y se fortalecerá por sobre el cuerpo.

Así, como era de esperarse,  Jesús alcanzó un punto máximo de debilidad física y “tuvo hambre”… Aquí es en donde el diablo, invariablemente entra en escena en nuestras vidas. Cuando más deseosos estamos de lo carnal (por que somos humanos) es cuando más propensos somos de ser tentados.

Las tentaciones de Jesús ocurrieron en orden ascendente…

Primero el diablo lo tentó en el nivel más simple de nuestra condición humana: el cuerpo. Eta tentación tuvo lugar a ras de tierra, en donde están las piedras. Queriendo aprovecharse del hambre que sentía Jesús, le invitó a convertir estas en pan. Jesús lo pudo haber hecho, pero estaba ahí, en el desierto,  no para demostrar su grandeza como Dios sino como ser humano. Hermosa apelación le dijo Jesús “No solo de pan vive el hombre… sino  de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Y es verdad. Jesús en el desierto, si bien no se alimentó de pan, si lo hizo de oración que es el alimento del espíritu.

Habiendo sido derrotado al intentar provocar a Jesús en el cuerpo, ahora el diablo quizo tentarle en un elemento superior: la razón. Dicha tentación se llevo en un punto más alto (sobre el pináculo del templo) pues la razón es, de hecho, más alta que el cuerpo. Aquí el templo representa justamente  la inteligencia del hombre. Inteligencia que el ser humano ha utilizado para edificar y construir templos a lo largo de la historia. Entre más hermoso el templo más gala se hace de la mente que lo edificó. La arquitectura es el portento de la mente humana. Así, para esta tentación, el diablo utilizó la lógica de las escrituras. “Si está escrito es por que sucederá”. Una vez más, al igual que el templo, la lógica es un símbolo más de la razón y la inventiva humana. Pero Jesús, habiendose preparado en cuerpo y mente en el desierto, le volvió a responder utilizando la misma lógica que su tentador: “Escrito está también: no tentarás al Señor tu Dios”. Así pues, en la tentación de la razón, la mente de Jesús se sobrepone a la mente del diablo.

Y es entonces cuando el demonio, al verse derrotado en el campo del cuerpo y el de la mente, decide provocar la caída del elemento más alto de todos: El espíritu. Para esto, lleva a Jesús a la montaña más alta. Aquí, la montaña, representa el punto más elevado de la naturaleza creada por Dios: el alma. Si bien el templo (la razón) es construida por el hombre, la montaña (el espíritu) es creada por Dios. Así, el diablo quiso subir al nivel más alto posible esperando que la caída fuera igual de grande. Y habiendo hecho esto, para tentar a Jesús el maligno apeló a dos de los elementos más peligroso para el espíritu humano: la codicia y la soberbia. El diablo, en su soberbia, quiso que Jesús le adorase esperando que el Maestro se dejara llevar por la codicia. Pero una vez más, habiendo preparado su alma al igual que su cuerpo  y su mente en la oración y el ayuno, Jesús le responde de manera definitiva y tajante (tal y como se debe de responder a las tentaciones del alma): “¡Vete, Satanás! Porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”

Es entonces cuando el diablo viendo que el cuerpo, la mente y el el espíritu de Jesús son infranqueables, se retira y le deja en paz a la merced de los ángeles que comenzaron a servirle. Es importante hacer notar que los ángeles que el diablo advirtió le vendrían a ayudar, solo aparecieron después del triunfo personal de Jesús sobre el mal, no antes. Es decir, el esfuerzo por alcanzar el bien es responsabilidad nuestra no de Dios. ¡Hermoso cierto!

Después de este pasaje, volveremos a saber de varios encuentros de Jesús con demonios, pero ahora de una manera muy diferente: Jesús los expulsa de los cuerpos que estos poseen y estos, ahora, le temen como a nadie. Jesús derrotó  a Satanás en el desierto y eso los demás demonios no lo olvidarán jamás.

Lo que me encanta de este pasaje evangélico es que Jesús no hace uso de su condición divina para sobreponerse a las tentaciones. Es capaz, desde su esencia humana (débil al igual que la de todos nosotros) de vencer al príncipe del mal. No fue Dios quien venció al demonio en el desierto, fue un ser humano. Y eso me deja en claro que, al igual que Jesús, nosotros también lo podemos hacer.

Ser tentado no es malo, dejarse llevar por la tentación y actuar en consecuencia sí que lo es.

Aquí lo importante es entender que Jesús se preparó para ese momento. No fue ninguna fuerza extranormal la que le ayudó a salir avante de las tres tentaciones. Fue el caracter que se forjó en el ejercicio del ayuno y la oración ¡Así se prepara el alma!

Cuantas veces no hemos dejado nuestro cuerpo, nuestra mente y, peor aún, nuestro espíritu a la deriva sin formación. Para esto sirve la oración… para esto sirve el amor…. para esto sirve el ayuno… para formar y forjar nuestra alma.

Al Jesús que encontramos en el desierto es uno de los más hermosos de todo el evangelio pues nos enseña, en todo su esplendor, la hermosura misma del potencial  humano cuando este está lleno de Dios.

Pues bien… espero que les pueda servir esta breve reflexión de un pasaje verdaderamente enriquecedor de la vida de nuestro Señor Jesucristo que en lo personal a mi me ha cambiado mi manera de entenderme y entender más a nuestro Salvador.


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