Dudas y respuestas de nuestra fe

10 abril 2013

Recién me ha llegado el siguiente correo:

“Hola soy una joven española que sigue la palabra de Dios, soy católica. En España muchos jóvenes, por desgracia, no creen en el camino de la verdad de Jesús. Muchos de ellos me hacen cuestiones que a veces me cuesta contestar debido a que mis respuestas, según ellos, se basan en la fe y no en razonamientos lógicos. Por lo mismo, quisiera externarle algunas de estas cuestiones para que me oriente en cómo contestar. Por ejemplo dicen que si Jesús lo puede todo ¿por qué permite que niños pequeños enfermen o mueran por alguna enfermedad o muerte causada? o ¿ por qué un católico enfermo utiliza la ciencia contra la cura del cáncer y no un rosario?. Espero vuestra respuesta, me serviría de gran ayuda, mil gracias. Que Dios os bendiga!!”

¿Por qué Dios permite que niños se enfermen o mueran?

Antes que nada habrá que responder diciendo que ni la enfermedad ni la muerte son males del todo y mucho menos causados por una razón espiritual.

Cuando Dios creó al hombre le hizo bajo unas reglas naturales buenas, así si un ser humano se enferma no es por que Dios así lo quiera, deseando con esto el sufrimiento de la persona, sino más bien por que la debilidad física, mental y espiritual del hombre es completamente natural. Y esto, aunque parezca contrasentido, es bueno y perfecto en el plan de Dios.

La enfermedad, al ser un proceso natural también suele traer consigo muchos bienes a quienes la padecen. Por ejemplo, cada vez que nuestro cuerpo es puesto a prueba por una enfermedad, este se vuelve más fuerte y se prepara para resistir mejor otras contingencias vitales.

También existen muchos casos en donde alrededor de una enfermedad grave como el cáncer o el sida, las familias se unen de sobremanera para acompañar al enfermo en su calvario. Es decir, Dios permite la enfermedad (más no la provoca) pues esta es parte del proceso natural de la existencia y el crecimiento humano y a través de ella pueden venir grandes bienes a quienes están espiritualmente preparados para provocar dichas gracias.

El mismo Jesucristo sufrió en carne propia una agonía corpórea similar, y me atrevería a decir mucho mayor, que la que experimentan enfermos terminales. Es más, valdría decir que su dolor y sufrimiento fueron tales que le llevaron a morir. Pero justo ahí, en donde los hombres solo vemos dolor, angustia y muerte, Jesús nos enseñó que su estas tan solo eran pasos necesarios para un bien mucho mayor: nuestra salvación.

En resumen, Dios no enferma ni mata a la gente. Tanto la enfermedad como la mortalidad son dos procesos naturales en la vida de todo ser humano que, vistos desde una perspectiva cristiana, pueden ser generadoras de grandes beneficios físicos y espirituales para quienes las enfrentan.

Hace una semana mi abuelo falleció producto de una larga y dolorosa convalecencia y hoy puedo decir que sus familiares, quienes no pudimos hacer humanamente ni médicamente nada más que acompañarle en su agonía con oración y presencia, nos unimos y nos abrazamos más que nunca.

Como católico estoy convencido que la enfermedad de mi abuelo que le llevó a la muerte fue un proceso necesario y natural para que él hoy ya se encuentre en presencia de Dios.

¿Por qué los católicos confiamos en los doctores y la ciencia y no en el rosario y la oración para curarnos?

Pues, de hecho, confiamos en ambos.

Si bien la oración no es una herramienta destinada a curar, pues su fin principal es la de ponernos en contacto con Dios ejercitando nuestra voluntad para ajustarse a la de Él y no viceversa, si se sabe que esta puede crear beneficios físicos interesantes.

Ahora, si bien podemos pedir a Dios a través de la oración que nos asista con gracias especiales para sobrellevar una determinada enfermedad, no necesariamente eso significa que nos curaremos solo con esta acción.

La ciencia y la medicina son el medio que Dios mismo ha dispuesto para que la salud llegue a los hombres. Dios creo las leyes naturales que rigen el universo y el cuerpo humano, los hombres a través de la ciencia médica tan solo vamos descubriendo poco a poco dichas leyes, lo cual nos permite actuar en favor de la salud.

Por esto mismo, dado que el entendimiento del ser humano es limitado, limitada también es su capacidad para curar todo mal físico. Y es justamente en estas situaciones en donde acudir a la ayuda de Dios suele ser muy valioso.

Ciencia y fe no son cuestiones opuestas. Muchos médicos y científicos dicen que entre más investigan y descubren las leyes que rigen el universo, más convencidos están que estas fueron creadas por una inteligencia superior.

Así, cuando nos enfermamos, los católicos, como cualquier ser humano, acudimos al doctor pues es a través del conocimiento que ellos tienen de las leyes naturales (creadas por Dios) que nos podemos curar de la mayoría de las enfermedades que nos acontecen. Más también acudimos a la oración pues esta se complementa con la primera para brindarnos luz, entendimiento y fuerzas especiales para sobreponernos en situaciones en las que la capacidad humana es limitada.

Así, concluiría diciendo que los avances de la ciencia médica son maravillosos y muy deseables, pero si además complementamos esta evolución técnica con un correcto desarrollo espiritual, estaremos preparados para llegar al cielo en el momento en que esto acontezca (sea por enfermedad, muerte natural o accidente).

Manda tus dudas de fe y vida a diariodeuncatolico@gmail.com para que juntos, lectores y un humilde servidor, podamos tratar de conocer la verdad de nuestra fe católica.

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Don Fernando

25 marzo 2013

Este fin de semana mi abuelo Fernando se nos fue al cielo.

Tras una larga agonía en la cual todos sus familiares estuvimos al su alrededor, el Señor decidió el pasado 23 de marzo que era momento de llamar a su gloria a quien fuera en vida un ejemplo notable de fortaleza y resistencia.

Mi abuelo siempre vivió con el temple militar tatuado en su carácter pues era capitán jubilado del ejercito mexicano y como tal aprendió que el servicio a la patria era el más alto honor.

Hombre extremadamente fuerte físicamente, vivió alejado de toda medicina tradicional pues argumentaba no confiar en los doctores. Y contrariamente a lo que podría pensarse su vida fue un testimonio de salud y longevidad.

Falleció a los 95 años y jamás le recuerdo con una gripe o calentura en su persona. Las dos únicas razones por las que acudió a un hospital en su vida tuvieron que ver con dolencias y heridas ya de por sí insoportables (una operación de vesícula y la fractura de una pierna), pero de ahí en fuera mi abuelo acostumbró a su propio cuerpo a resistir por sí mismo cualquier embate de dolor y enfermedad.

Hace un mes le ingresamos al hospital para que un doctor pudiera revisarle un nuevo tumor que le brotó en una mano, más él insistió en salirse y regresar a su casa, lugar donde quería pasar sus último días. Respetando su voluntad los doctores y sus familiares así lo hicimos. Ahí, aún con su cuerpo debilitado y gastado por la edad, pasó 11 días dándonos muestras de resistencia y lucidez sobre humanas… (Los doctores nos se explicaron cómo era posible que tuviera tal resistencia)

Así era él, fuerte y resistente ante la vida.

Cuenta mi mamá que en cierta ocasión mi abuelo se perdió un mes en la sierra cuando fue enviado a cumplir cierta consigna militar y cuando estaban a punto de darlo por perdido y muerto regresó sano y salvo a casa por sus propios medios.

Hombre fuerte, recio y firme para con su propia persona, con sus nietos fue todo lo contrario. Siempre lo recordaré como un ser simpático, platicador y muy complaciente. En mi caso, una vez llegó a echarse la culpa para encubrirme ante mi mamá pues con una pelota de fútbol rompí un cristal de su casa.

En lo que respecta a su fe mi abuelo se mostró fervoroso de la Virgen de Guadalupe, la cual siempre le acompañó en todo momento pues guardaba una imagen de ella debajo de su gorra militar (lo que publiqué anteriormente). De hecho él atribuyó a esta costumbre de fe el que en más de una ocasión la Virgen de Gaudalupe le hubiera salvado la vida en el ejercito. Cuenta que una vez se vio rodeado por una comunidad alebrestada en su contra y que cuando él se quitó la gorra para tratar de dialogar con ellos toda la gente se arrodillo al ver que tenía una imagen de la Virgen dentro de su gorra y le dejaron ir.

En fin, seguro que una vida de 95 años daría para publicar un blog y varios libros por sí mismos, más me gustaría tan solo decir que mi abuelo fue un gran hombre, servidor de su patria, su familia y su fe. Yo me llevó en mi corazón los gratos y riquísimo recuerdo de un hombre que me amó y me cuidó mucho y le agradezco a Dio que me haya permitido hacer lo mismo por él en sus últimos días de vida.

El capitán Fernando ya no está con nosotros, más mi corazón se encuentra tranquilo y en paz al saber que ahora su espíritu está en presencia del Creador y de su Virgencita amada.

¡Gracias abuelín, ya nos volveremos a encontrar en el cielo para volver a ver el fútbol juntos otra vez!

 


El valor de lo que no se quiere

2 agosto 2010

Tengo a mis dos hijos enfermos esta semana. Ambos tienen temperatura, tos y mucha gripa. Las noches que mi esposa y yo (sobretodo ella) estamos pasando han sido francamente agotadoras.

Llevamos un par de días teniendo que levantarnos varias veces en la madrugada para intentar calmar los ataques de tos y el vómito que esta misma les provoca a alguno de mis dos hijos. Ha sido muy cansado y hasta cierto punto desesperante. Pareciera que por más que les damos medicina, cariño y descanso durante el día, las noches siguen siendo complicadas.

Nos dice el doctor que debemos de tener mucha paciencia pues las de los bronquios, son infecciones que lleva tiempo sanar.

No es fácil tener paciencia, pues nadie quiere  a sus seres queridos pasándola mal, y más si son tus hijos los que tienen los problemas en cuestión. Uno nunca quiere que la enfermedad toque a la puerta de su hogar.

Pero desafortunadamente es poco lo que el hombre puede hacer ante la enfermedad por evitarla al cien por ciento. Somos naturalmente frágiles y con esa condición hemos de vivir hasta que esta misa nos lleve a la muerte.

Pero es precisamente en “aceptar” con entereza y fe lo que no se quiere pero es inevitable, que el alma se empieza a fortalecer como resultado de dicha aceptación. No está en nosotros decidir si obtendremos todo lo que queremos en la vida. De hecho, Dios permite en nuestra vida solo lo justo y necesario, no más y no menos. La salud y la falta de ella  son condiciones que debemos de aceptar con todas sus implicaciones.

Esto es parte de la vida,  aprender a aceptar lo que no está en nosotros provocar o decidir.

La enfermedad, si bien puede dañar el cuerpo, bien llevada con la ayuda de la fe produce el efecto contrario en el espíritu, tanto de quien la recibe como de quienes le acompañan: embellece y dignifica.

Mi esposa es una muestra de ello. Desvelarse por nuestros hijos, levantarse a monitorear su temperatura, calmar su llanto, ofrecer medicamentos a la hora indicada, son acciones que, si bien le desgastan físicamente, me hacen encontrarla más hermosa en su alma.

Los ojos de una madre que no duerme por sus hijos pueden verse fatigados, pero su mirada jamás recibirá daño alguno. Sus brazos podrán debilitarse, pero su abrazo se volverá cada vez más tierno. Sus piernas podrán resentir el cansancio en sus músculos, pero sus pisadas se volverán cada vez más firmes en la dirección correcta.

Esto nos lo enseñó Jesús, a quien los hombres le destrozamos el cuerpo pero jamás pudimos destrozarle el alma. Al contrario, entre más nos esforzábamos por castigar su físico, más bello y digno resplandecía su espíritu. Por lo mismo la figura de Jesús nos resulta tan brillante, pues Él aprendió a aceptar lo que no se quiere pero si tiene valor, como la muerte.

Señor, el corazón de mi esposa y el mío está cansado pero no así nuestro amor, el cual crece en la medida que nos das la oportunidad de pensar menos y menos en nosotros mismos y más y más en nuestros hijos. ¡Gracias por el darnos la oportunidad de amar!


La influenza en México…

27 abril 2009

Nuestro país está pasando estos días por una prueba bastante difícil que calará nuestra capacidad de organización social. Desde hace unos días, se ha desatado un brote de “influeza porcina” en algunas de las principales ciudades del país y hoy por la mañana, acaban de decretar a nivel nacional el paro de muchas actividades (escolares sobre todo). Al momento en que escribo estas líneas, las autoridades reportan el deceso de aproximadamente 150 personas por esta causa.

Este tipo de eventos nos obligan a reflexionar sobre nuestra condición de debilidad ante los fenómenos naturales y biológicos. Dios creó al hombre, pero en su diseño no le ha concedido la inmunidad total. Somos hombres y como tal debemos de entender nuestras limitaciones.

Una oración por que todo termine pronto y con el menor daño humano posible.


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