Jesús, Business Coach (lección 4)

21 abril 2012

Lecciones empresariales de Jesús, el CEO más exitoso de la historia y de la Iglesia Católica, el caso de exito organizacional más antiguo y relevante del planeta.

Hace un par de días me pidieron que dictara una conferencia ante un grupo de colaboradores de una empresa.

Dicha conferencia llevaba como título “Rentabilidad y Valores”.

¿Pero cómo? ¿En verdad son compatibles la rentabilidad y los valores? ¿Que acaso no hay que ser corrupto y deshonesto para poder ganar dinero?

A continuación un pequeño extracto de lo que me permití exponer en dicha conferencia.

– El objetivo de toda organización no es la rentabilidad per se. La meta última que toda empresa tiene es la de perdurar en el tiempo. Desde luego la rentabilidad económica es una condición más que imprescindible para lograr esto… más no la única.

– Si estudiamos las empresas que han logrado esa meta es decir, perdurar en el tiempo, encontraremos que no todo el tiempo la rentabilidad fue máxima y óptima. Muchas de ellas incluso han tenido épocas de terribles crisis financieras. Aun así hoy siguen vivas.

– Jim Collins en su libro “Empresas que perduran” muestra su estudio de 18 empresas que han perdurado por lo menos 50 años  y que además, son altamente reconocidas en el mundo: Walt Disney, 3M, Marriot, Phillip Morris, Hewlet Packard, Sony, American Express, Merck, Ford, entre otras.

– Jim Collins llega a la conclusión de que perseguir la mera maximización de las utilidades no es el motor principal que inspira a estas compañías visionarias y perdurables. Logran muy buenos resultados económicos, desde luego, pero como medio para lograr un fin superior.

– Lo que si las mueve, explica Collins, es poseer una cultura organizacional casi obsesiva de apego a ciertos valores y creencias que las transforma en culto para quienes laboran en ellas.

– Si bien la rentabilidad es una necesidad para sobrevivir en el corto plazo, el apego a una ideología central marcada por unos valores concretos es lo que fundamenta la viabilidad de la empresa en el largo plazo.

– Collins concluye en su libro, que los grandes líderes empresariales son aquellos cuyo legado más importante no es otro que el diseño de la empresa misma, más allá del resultado económico que obtuvieron.

– Dirigir una empresa es, en muchos sentidos, muy similar a educar a tus hijos. Nadie puede predecir cual será la rentabilidad económica que tanto la empresa como tus hijos serán capaces de generar en los próximos cincuenta años, pero sin lugar a dudas si puedes asumir cuales serán los valores que guiarán su propia existencia.

– Educar hijos y construir organizaciones para el futuro es trabajar bajo la siguiente premisa: Formar hoy para lograr independencia mañana. Por esta razón, suelo decir que la variable crítica  del liderazgo es preparar la propia retirada. Un líder que es consciente de que tarde o temprano se tendrá que hace a un lado para dar lugar a un sucesor o sucesores, asumirá una postura de formador y maestro desde el primer momento de su responsabilidad.

– Construir en valores (una empresa, una organización o una familia) es la única manera de posibilitar la preservación de dicha construcción en el futuro. Lograr rentabilidad es el  oxigeno para respirar, los valores son el sentido para qué seguir haciéndolo.

Ahora, en este mismo sentido,  me permito hablar de la organización más perdurable de la historia: nuestra Iglesia Católica.

¿Por qué, generación tras generación, esta organización religiosa sigue viva? ¿Es acaso un tema de rentabilidad?

Yo opto por pensar que más bien es por un tema de valores y cultura.

La Iglesia sigue y seguirá en el tiempo pues nosotros, los católicos (sus colaboradores y trabajadores),  la mantenemos viva. Y es que esta institución ha conseguido fomentar en nosotros hacia ella, el valor más importante de todos: el amor.

El amor es el valor por excelencia. Cualquier organización que cuente con trabajadores que estén perdidamente enamorados de ella, podrá presumir de solidez y futuro.

¿Qué organización tiene colaboradores dispuestos a dar la vida por ella y por su subsistencia? Yo solo conozco dos: la religión y la familia. Nadie, por muy buen ingreso que reciba de su empresa, moriría por ella. Sin embargo, sin necesidad de recibir un solo peso de tu esposa, hijos o Dios estoy seguro que bien valdría la pena hacerse a un lado de este mundo por su causa.

Jesús no nos pidió a los católicos… “hagan de mi Iglesia un asunto sustentable y rentable”. Él tan solo nos puso el ejemplo de los valores que, quienes le habríamos de seguir, deberíamos de procurar y vivir, siendo el amor el principal de todos (¡Y es que cómo no dar la vida por quien si la dio por nosotros!)

Así, esta es la importancia de los valores en las organizaciones. Son los que las mantienen vivas en el tiempo, principalmente en épocas de crisis. Una empresa con valores sólidos y bien arraigados en la mente de su gente, estará mejor preparada para sortear dificultades pues, de hecho, pareciera que los valores son herramientas diseñadas por Dios especialmente para esos momentos… los difíciles.

Por esto mismo, la rentabilidad y los valores no son mutuamente excluyentes. De hecho, ambos se complementan bastante bien en las organizaciones más emblemáticas del planeta, esas que admiramos no solo por ser altamente productivas y redituables para sus inversionistas, sino también por que contribuyen a hacer de este un mejor lugar para vivir.

Anuncios

Riqueza…

25 septiembre 2011

Hace tiempo encontré una estadística en un periódico que dice lo siguiente..

“Al 62% de los mexicanos nadie les enseñó a utilizar su dinero”

En esta misma encuesta se lee que…

20% aprendieron de su mamá

14% aprendieron de su papá

6% aprendieron de otro familiar

1% aprendieron de algún amigo

1% aprendieron de un maestro

 

¡Que números tan terribles!

¿Cómo puede ser que a los mexicanos se nos deje tan a la deriva en término financieros?

O más bien pregunto…

¿Cómo es posible que los mexicanos no nos ocupemos de temas tan importantes como el dinero?

He llegado a escuchar que la culpa de esta situación la tiene en parte la Iglesia Católica, la cual promueve una idea de no acumulación de bienes, y por ende la provocación de la pobreza en el mundo.

¡Falso! ¡Completamente falso!

Nunca me ha gustado el paradigma que se suele tener de que para se católico se tiene que ser pobre. ¡Nada más equivocado!

Una cosa es que la Iglesia Católica se sienta especialmente cercana a los pobres y otra que la Iglesia Católica promueva el ser pobre. Que los pobres se sientan cobijados por la Iglesia es solo un indicativo de la vocación humanista de esta última. En la Iglesia nadie promueve la pobreza como el único medio de la salvación.

Un sacerdote que hace votos de pobreza los hace por elección propia, por amor, y no por obligación. Nadie en nuestra Iglesia obliga a alguien a no tener dinero.

Por eso es un error pensar que  el catolicismo y la generación de riqueza económica son términos antagónicos.

Basta poner los siguientes ejemplos:

– La Iglesia católica orienta e inspira muchas de las escuelas más prestigiosas de negocios en el mundo.

– La Iglesia católica fomenta la prosperidad económica como objetivo de las naciones. La erradicación de la pobreza es una meta de la Iglesia católica.

– En la encíclica Rerum Novaron, el Papa Leon XIII defendió a finales del siglo XIX el derecho de los empresarios a formar empresas y recibir utilidades de las mismas. (Aquí pueden leer dicho documento)

– La Iglesia católica es una precursora importante de la defensa de la propiedad privada como un derecho natural humano. Fue la Institución religiosa que más se opuso a la ideología represora comunista que abolía todo capital privado.

¡Claro! Lo que sucede es que aunado a esa defensa del talento empresarial siempre vendrá de la mano, con igual fuerza, la defensa a la justicia social (el derecho a generar riqueza viene con una obligación de hacerlo de forma justa y honrada, velando siempre por los intereses de quienes participan en dicha empresa y los de la sociedad que lo permite)

Me intriga que los mexicanos no nos animemos a hablar de dinero con la misma naturalidad que lo hacen otras nacionalidades.

Me intriga de igual manera que no nos atrevamos a aprender cómo se genera la riqueza en el mundo por temor a perder valores y principios.

(¡No! No todo el que es rico es malo, como tampoco todo el que es pobre es bueno.)

Yo mismo he estudiado cursos empresariales y de negocios para atender esta vocación en mi. Soy emprendedor y siempre estoy tratando de buscar nuevas formas de crear riqueza tanto económica como social (de hecho, esta es la clave… crear riqueza económica para crear de la mano riqueza social).

Productos de dicha preocupación es que desarrollé la conferencia Riquezaen donde me permito exponer fundamentos básicos de creación de valor económico y social en el mundo. A los que participan de esta charla y quienes acuden a mis asesorías personales les hablo de temas económicos, de planeación financiera, de principios empresariales, de innovación y creatividad en los negocios. Claro… desde luego que también les hablo de responsabilidad social, de desarrollo de talento, de desarrollo humano.

Amigos católicos del mundo…

les invito a no dejarse llevar por ideas erróneas de lo que supuestamente significa ser católico.

Y es más, les invito a que emprendan la búsqueda de la generación de valor en el mundo. Emprendan nuevas ideas, nuevos negocios.

Quien genera riqueza con justicia, genera fuentes de empleo, quien genera fuentes de empleo ofrece dignidad y prosperidad… y quien ofrece dignidad y prosperidad… ese… ¡es un católico en toda la extensión de la palabra!


A %d blogueros les gusta esto: