Lo juro por Dios (XV)

25 abril 2013

Pues bien.

Todo parece indicar que mi cuerpo no responde tan rápidamente como yo pensé a mis exigencias físicas y alimenticias.

Estoy a mes y medio de llegar a mi fecha límite y aún estoy muy lejos de alcanzar el nivel deseado.

Reconozco que en ciertos momentos me desespero y quiero tirar la toalla, pero una promesa es una promesa y quiero morir en la raya en el camino de cumplirla. Máxime si es a Dios a quien tengo de testigo.

He decidido utilizar lo que me queda de tiempo para iniciar un programa detallado y bastante exigente de ejercicio completamente enfocado en la quema de calorías.

Mi alimentación está relativamente bien controlada pero si, definitivamente el ejercicio es los que me ha fallado.

¡Vamos José Luis, tú puedes!


Lo juro por Dios (XI)

1 marzo 2013

No he resistido mucho la tentación y me he subido a la báscula el día de ayer (jueves), rompiendo con mi tradición de pesarme solo los lunes.

Lo que sucede es que necesitaba ver si las nuevas medidas implementadas (control estricto de calorías y ejercicio) estaban dando resultado o definitivamente tendría que volver a replantear mi estrategia.

¿Los resultados?

¡Maravillosos! Resulta que la báscula a marcado 103.6 kg lo que implica una reducción considerable de casi 1.5 kg con respecto al lunes anterior.

Parece que he encontrado el catalizador de este proyecto. Resulta que el conteo y control estricto de calorías es la llave que abre la puerta de la pérdida de peso de manera significativa.

Una lectora me ha escrito para recomendarme que tenga mucho cuidado con excederme en la ingesta mínima de calorías pues podría dar como resultado una descompenzación de mi cuerpo, comentario que desde luego agradecí y tomé en consideración.

Lo interesante de este sistema de conteo de calorías es que no implica precisamente que te quedes con hambre. De hecho resulta que puedo comer bastante balanceado y suficiente si simplemente equilibro los alimentos (Leer las calorías que contiene cada alimento te ayuda a hacerlo)

Para el próximo domingo me he inscrito en una carrera de 5 km lo que me mantiene igualmente motivado en lo referente al ejercicio, pues no solo se trata de hacerlo rutinariamente al llegar a casa, sino también de divertirse en una actividad de grupo.

¡Por fin empiezo a ver la luz!


Caminar…

30 julio 2012

Hace más o menos un año me entró la loca idea de dejar de usar tanto el automóvil para dirigirme, en su lugar, caminando desde mi casa hasta mi oficina.

Y digo que es una idea loca pues no es normal que en mi ciudad alguien camine alrededor de 12 kilómetros todos los días (6 de ida y 6 de regreso) para trasladarse de un lugar a otro.

Si, mucha gente se puede ver caminando en las calles de la ciudad de México, pero la mayoría lo hacen para dirigirse a una estación de transporte público que los acercará a su destino.

Yo no, yo llego hasta mi destino… ¡caminando!

Me fascina caminar. Yo creo que en parte es porque, haciéndolo, libero mucha de la ansiedad que siempre he mostrado desde joven. Mi esposa me dice que voy a acabar haciéndole hoyos al piso de tanto que muevo el pie cuando estoy sentado.

Pero, bueno… ¡así soy!

Y es que eso de caminar toda la distancia que separa a mi casa de mi oficina, al principio me parecía muy descabellado y retador. Hoy, un años después ya no lo es en absoluto. No siento que la hora que paso caminando me pese como antes. Es más, hasta he llegado a creer que muchos de los automovilistas que me ven pasar enfrente de sus coches cuando esperan avanzar en medio del horrible tráfico, me han de envidiar. Podría apostar que puedo llegar a alcanzar en ocasiones una velocidad promedio más rápida que la de ellos.

Y pues si, en mi familia ya saben que yo soy… ¡El que camina!

Mi esposa ya no se extraña cuando encuentra mi auto aparcado en el mismo lugar de siempre en el garage por varios días. Ya sabe que si eso sucede es por que yo ando a pie en algún lugar de la ciudad.

Y es que me resulta increíble que lo anormal hoy en día sea caminar, siendo que hace apenas unos 120 años aproximadamente lo extraño era justo lo contrario, tener un vehículo personal para poderse mover dentro de un rango relativamente grande en una comunidad. (Bueno, tampoco es que me extrañe por igual que ya no andemos en caballos. ¡Viva la tecnología!)

Pero lo más maravilloso de todo es que el tiempo que me doy para caminar lo aprovecho enormemente para  meditar, reflexionar e incluso rezar uno que otro rosario.

Me encanta ver la cara que ponen muchos peatones cuando ven a una persona común y corriente con un rosario en la mano y hablando consigo mismo a lo largo del camino. Si fuera alguien vestido de sacerdote se podría entender, pero… ¿Un hombre de traje y camisa con un rosario en la mano en medio de una ciudad moderna? ¡Vaya que eso si es raro!

Y entonces resulta que he descubierto que  provocando esta pequeña perturbación en la gente en medio de su actuar cotidiano, puedo evangelizar también. Alguno que otro seguro se cuestionará su propio actuar al verme actuar a mi, por lo tanto, lo seguiré haciendo. En algo aprovechará Dios esa situación.

Caminar es una de mis grandes pasiones y doy gracias a Dios todas la mañanas que me permita tener ese tiempo especial con Él de esa preciosa forma.


A %d blogueros les gusta esto: