¡Que mala pata!

15 junio 2010

El sábado pasado se celebró el “Día de la familia” y por lo mismo mis esposa y yo asistimos al convivio que la escuela de mis hijos organizó por tal motivo.

La pasamos muy bien. Sembramos  arbolitos, comimos pan dulce, jugamos con animalitos de granja, conocimos a otros padres de familia, jugamos y corrimos en el bosque, me desgarré el ligamento del pie,.. en fin todo lo que se pudiera esperar de una salida familiar al campo.

(¡Un momento! ¿Acaso dijiste “me desgarré el ligamento del pie”?)

Si… me desgarré el ligamento del pie. Tal y como lo oyeron.

Participando en una de las actividades físicas que organizaron en el campo y que implicaba correr de un lugar a otro, de pronto mi tobillo decidió que intentaría doblarse más de lo que normalmente lo hace un tobillo normal sin avisarme. Cuando esto sucedió el dolor me hizo detenerme y no poder seguir más.

Tuve que terminar el convivio visiblemente lastimado y viendo cómo mi esposa tomaba mi lugar en todas las actividades.

Resultado de dicha lesión, estoy ahora escribiendo desde la cama de mi casa con mi tobillo inmovilizado y con un par de muletas a un costado mismas que utilizo para trasladarme de un lugar a otro.

¡Qué mala pata! Ahora tendré que quedarme a ver toda la semana el mundial de fútbol en casa (muchos amigos ya se preguntan si no me lesioné a propósito)  y a dejarme consentir por una de las mejores enfermeras que el mundo ueda conocer: mi esposa. ¡Ni modo! ¿Qué le vamos a hacer?

Los seres humanos no estamos exentos de lesiones… eso es obvio. Pero si estas vienen por haber estado disfrutando a la familia, como que se soportan más. ¡En serio!

¡Viva la familia!

Como decía la Madre Teresa de Calcuta: ¡Amemos hasta que duela! (Pues como que yo me lo tomé muy en serio)


Chile, Haití y… México.

6 marzo 2010

Son impresionantes las imágenes que hemos visto de la manera en que un terremoto devastó Haití. Apenas nos estábamos reponiendo de esa noticia cuando ahora la naturaleza nos obligó a dirigir la mirada a Chile. Edificios caídos, olas gigantescas inundando las playas, personas durmiendo en los jardines por temor a las réplicas del sismo, compras de pánico, militares cuidando las calles. ¡Vaya que esto no es nada agradable!

Con esto no dejo de recordar el terremoto que la ciudad de México sufrió en 1985, y que sentó un precedente social y cultural en nuestro país. No lo hemos olvidado ni lo podremos olvidar jamás.

Recuerdo que yo me preparaba para asistir al colegio cuando mi mamá se percató que la puerta del coche, que estaba abierta, se movía de una manera muy extraña. Inmediatamente dirigimos la mirada a las lámparas que colgaban del techo y ratificamos que el movimiento era producto de un sismo bastante potente que estaba tomando lugar  en ese momento. Nos pusimos debajo del marco de una puerta y esperamos, llenos de angustia, que el fenómeno terminara pronto. Cuando así sucedió, recuerdo que mi mamá nos dio a mi hermana y a mi una cucharada de azúcar para calmar los nervios. ya un poco más calmados en la familia, mi mamá nos llevó al colegio sin la menor idea de la magnitud de lo que había sucedido en otros puntos de la ciudad.

Al llegar a colegio, este nos recibió  sin ninguna objeción (tampoco habían valorado aún la magnitud del problema) y recuerdo que todo se reducía a rumores y anécdotas de lo que cada quien había sentido esa mañana. Como ere de esperarse, al irse conociendo minuto a minuto durante el día la gravedad del desastre provocado por el sismo, se dio el aviso de que el día siguiente no regresaríamos a clases hasta nuevo aviso.

A mi a a mis familiares no nos pasó nada, gracias a Dios, pero lamentablemente cientos de miles de mexicanos no pueden decir lo mismo. Aquel día el Señor llamó a 40,000 almas a su lado. Prácticamente todo la región aledaña al centro histórico de la ciudad se vino abajo.

Es ante estos momentos que se suele escuchar “¿Por qué Dios lo permitió?” o “¿Esto no es justo?“. Y en efecto… la justicia humana nunca lo podrá entender. Nuestro instinto de supervivencia nos lleva a proteger  y valorar la vida (ojalá  así fuera en todos los casos) y todo aquello que la pone en riesgo nos resulta inconcebible e injusto. Pero es en la oscuridad en donde mejor se percibe una luz, por muy pequeña que esta sea. Es en la tragedia en donde mejor se valora el heroísmo. Es en la enfermedad cuando más queremos buscar al médico y ¿no es acaso Jesús el mejor doctor del mundo?

Como siempre sucede gracias a la increíble adaptabilidad del ser humano, México salió adelante del sismo del ´85, como estoy seguro que Haití y Chile también lo harán.  Hoy, estas imágenes nos hacen recordar con dolor pero también con el alivio de que sí pudimos sobreponernos.

¿Cómo lo logramos? Por la gente, al final siempre es la gente, el amigo, el desconocido, el vecino o el familiar… Al final es el prójimo el que hace la diferencia. Eso aprendimos en 1985. No hay gobiernos que funcionen mejor que el amor del prójimo por el prójimo. Punto.

Quienes pusieron sus manos, aún sin ser expertos, para levantar escombros, quienes ofrecieron sus casas y alimentos para apoyar a los voluntarios, quienes organizaron los equipos de rescate, quienes cavaron entre los escombros con la esperanza de encontrar vidas… ellos hicieron la diferencia.

Elevo mis oraciones por Chile y por Haití. Dios está con ustedes… no lo duden.


Dios existe…

10 noviembre 2009

Una amable lectora de este blog nos comparte esta hermosa historia de amor…

straus“La breve vida de una niña devota católica en Seattle, Washington, ha permitido el retorno a la Iglesia de muchos católicos y la conversión de al menos diez estadounidenses. El testimonio de fe que dio al luchar contra un doloroso cáncer ha dado numerosos frutos e incluso ha permitido la fundación de una organización dedicada a apoyar a familias con miembros enfermos.

Gloria Strauss nació en 1996, tenía seis hermanos y llevó una vida completamente normal hasta cumplir los 7 años de edad. Era amable, alegre, cariñosa y muy piadosa. Gustaba mucho del rezo del Rosario.

En una entrevista con CatholicNewsAgency.com, su padre Doug Strauss, recordó que en el año 2003 Gloria recibió un accidental golpe de pelota en el rostro y cuando la lesión desapareció quedó un bulto sospechoso.

Los médicos le diagnosticaron un cáncer avanzado conocido como neuroblastoma y le dieron entre tres meses y tres años de vida. Gloria fue sometida a una cirugía y recibió tratamientos de quimioterapia.

Un columnista del Seattle Times se interesó por la historia de la familia y su primer artículo atrajo a muchos lectores. El caso llegó a medios de todo el país, uniendo a miles de personas en una gran cadena de oración.

Cuando la salud de Gloria empeoró en el año 2007, la familia empezó a recibir a decenas de personas en su casa para rezar el Rosario y entonar canciones religiosas con la niña. Cuando aumentó la afluencia de personas, cinco miembros de la comunidad abrieron sus hogares para continuar con las oraciones.

Gloria fue sometida a nuevas sesiones de quimioterapia e incluso intentaron un trasplante de células madre extraídas de su propia médula. Ante el dolor de su hija algunos cuestionaron a su padre sobre la “calidad de vida” que llevaba la menor.

Doug Krauss estaba confundido y decidió preguntarle a Gloria si tenía “calidad de vida”. La niña le respondió: “¡Sí papá!” y emocionada añadió que muchas personas estaban empezando a rezar a causa de su enfermedad.

“Ella nos enseñó a todos la manera de llevar una cruz. Nos dio como regalo su propio compromiso en una relación constante con Dios a través de la oración. Ella siempre dijo, ´sí´”, recuerda Doug.

El testimonio de Gloria atrajo a personas de todas las religiones. “Todo el mundo sabía que somos católicos –no tuvimos que profesar nuestra fe– y queríamos oraciones de todos”, señaló.

El cáncer siguió avanzando y la pequeña Gloria falleció el 21 de septiembre de 2007. Tenía once años.

Más de tres mil personas asistieron a su funeral, la familia empezó a recibir historias de cómo el testimonio de su hija había cambiado vidas y tiene conocimiento de al menos diez personas que se convirtieron al catolicismo por conocer la historia de Gloria. Una familia de luteranos que compartió un campamento con la familia Strauss decidió convertirse al catolicismo antes de la muerte de la niña. Gloria supo de esta conversión y manifestó su alegría.

Con la ayuda de un empresario local, la familia Strauss inició una organización en memoria de su hija. Se llama Gloria´s angels y se dedica a asistir a familias que tienen algún miembro con una enfermedad grave.”

Es una condición natural de nuestro ser conocer lo que es el sufrimiento a lo largo de nuestra vida. Dios quiso que fuera así ¿Por qué?

Para atreverme a profundizar en esta cuestión apelaré a parte del pasaje evangélico según San Juan que publiqué en los pasados días. Este texto bíblicopor sí mismo nos da algo de luz para encontrar la respuesta a esta cuestión:

Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: “Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”Respondió Jesús: Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios .Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, “soy luz del mundo”. Dicho esto, Jesús sana al ciego de nacimiento, que es llevado ante la autoridad religiosa que no quiere reconocer  que el antes ciego ahora puede ver. Llaman a los padres del que había recobrado la vista y dan testimonio “Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.  Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo”.  Sus padres decían esto por miedo a ser excluidos de la comunidad.”

Juan IX: 1-9

Me parece que está muy claro… Dios se manifiesta a través del sufrimiento, a través de la desgracia, a través del dolor que aqueja al hombre. Cuando un incidente repentino nos obliga a cambiar el rumbo de nuestras vidas, lo primero que se nos ocurre preguntar es: “¿Por qué a mi Señor? ¿Qué he hecho yo para ser castigado así?”

A mi me gusta pensarlo de manera diferente: “¿Qué he hecho yo Dios para que te hayas fijado en mi como instrumento tuyo?”.

Cuando nos encontramos con el sufrimiento en nuestras vidas, Dios nos está diciendo a través de este: “Escúchame y déjame actuar a través de ti”.

Así como un doctor se justifica en la enfermedad, pues así Dios se entiende mejor en el dolor.

El pasaje evangélico de Juan nos lo dice de manera clara: “(el dolor) …es para que se manifiesten en él las obras de Dios”.

Esto puede no ser fácil de entender, sobre todo para quien se encuentra perturbado por el dolor de un momento difícil, pero si tenemos la fortaleza espiritual necesaria (previamente ejercitada) para escuchar a Dios en la desgracia, seremos capaces no solo de entender nuestro dolor, sino de permitirle al Creador hacerse presente a través de nosotros ante los demás.

Y eso, desde cualquier perspectiva, más que una desgracia…. ¡Es un orgullo!


El pretorio

25 julio 2009

Una de mis canciones favoritas es “El pretorio” que canta Jaire, uno de los grupos de música católica más famoso de nuestro país.

Y me gusta en especial esta canción por que me provoca sentir muy de cerca el dolor y el amor (unidos en uno solo) que Cristo debió de sentir cuando  caminaba rumbo a la cruz.

En el siguiente video pueden escuchar la canción completa acompañada con imágenes de la película “La Pasión de Cristo”…

Les recomiendo que pongan atención en cada palabra y párrafo de la canción. ¡Es sublime!

No puede ser maldito, aquel que en su dolor exclama con un grito… ¡Perdónales Señor!


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