Dirigir y liderar

15 diciembre 2012

A ver si logro transmitir el siguiente mensaje que me tuvo meditando varias horas el día de ayer…

¿Qué es lo que define a un gran Director de empresas?

Si, ya se que existen millones de libros y teorías al respecto de este tema, sin embargo me veo en la obligación de tratar de concentrar todas ellas en una definición por demás simple y explicativa para poder profundizar verdaderamente en la materia.

En este sentido, la gran habilidad que debe de tener todo buen director general de cualquier organización es la capacidad de mover. Efectivamente, un director lo que hace es mover a un organismo llamado empresa de un punto actual A a un punto deseado B. Así pues dirigir, en última instancia, significa mover (no se puede entender el término dirección sin el concepto de movimiento atado al mismo).

Ahora bien…

¿Qué diferencia existe entre dirigir y liderar?

Tomando la misma definición previamente expuesta, diremos que mientras dirigir implica simplemente  mover, liderar significa mover correctamente. Un director es aquel capaz de mover la voluntad de una organización de un punto A a un punto B pero un líder es quien además, se asegura que ese punto B al que nos dirige, es bueno y correcto, es decir, apegado a principios universales.

En este sentido, podríamos decir que Hitler era un gran e indiscutible director, pues logró hacer que toda una nación se moviera en la dirección que él se propuso, más nos cuesta trabajo anclar a este hombre el mote de líder, pues sabemos que algo en su actuar no concuerda con lo que otros hombres si han hecho por su gente y que es mucho más admirable y digno de replicar.

En el mundo de los negocios conocemos un sin fin de directores, es más, no puede existir organización alguna sin que esta tenga nombrado por lo menos a alguien que funja este rol. Más no podemos igualmente decir que todos estos directores son líderes por igual, pues aunque pueden ser excelentes en su labor de movernos en la dirección que se proponen (dar resultados), no todos ellos nos hacen sentir que dicha dirección es la correcta y buena.

Un líder no solo te lleva a un determinado lugar por medio de su influencia, sino que además hace que llegues a dicho destino por que te enseña que dicho lugar es bueno en sí mismo. (“Sígueme no por que yo lo digo, sino por que estar ahí es bueno”)

Incluso podrá ser que él no logre llegar a la meta prometida, pero hace tanto hincapié en la bondad misma de esta, que aún ante su ausencia sus seguidores haremos todo por llegar.

Todo líder es un buen director, más lamentablemente no todo director es un buen líder.

Jesús, el líder por excelencia, sigue moviendo a millones de personas del punto A (el pecado) hacia el punto B (el bien y la verdad) aún sin estar corporalmente presente. Y esa es la prueba más contundente de su liderazgo.


Saber escuchar

25 mayo 2011

Generalmente se le ha concedido al “saber hablar” un lugar privilegiado dentro de las habilidades directivas y profesionales por excelencia. Saber transmitir mensajes hacia nuestros colaboradores de manera eficaz ha sido una característica reconocida entre los líderes que estudiamos.

Sin embargo, precediendo a dicha habilidad, podemos encontrar una de mucho mayor relevancia: “El saber escuchar”.

Saber hablar tiene la importancia de poder introducir en la mente de los demás lo que está en la nuestra. Saber escuchar, por el otro lado, implica saber introducir en nuestra propia mente lo que proviene de la de los demás.

A mi me gusta decir lo siguiente… “Un gran orador, para serlo, requiere ser primero un gran escucha, pues solo así, sus palabras tendrán la carga justa de  valor hacia lo que los demás quieren escuchar”.

Es decir, si bien la palabra es el medio más simple y eficaz de ofrecer aliento y apoyo al prójimo, es nuestra habilidad de saber “escuchar” la que hará que las palabras que ofrezcamos tengan el poder necesario para ayudar.

De entender lo que el otro realmente necesita, parte el poder ayudarlo con efectividad.

Si solo nos limitamos a expresar nuestro punto de vista sin entender cual es la verdadera postura del otro, corremos el riesgo de que nuestras palabras se las lleve el viento y no sirvan de nada.


A %d blogueros les gusta esto: