El protagonista

20 febrero 2013

Ayer leía en las redes sociales una frase que me parece oportuno compartirles en estos tiempos de renovación papal.

La frase decía más o menos así:

“La retirada del Papa Benedicto XVI del trono de San Pedro nos enseña una cosa: ¡que Dios es el único protagonista!”

Creo que esta frase resume todo lo que se podría decir son respecto a si un Papa se puede o no retirar de su puesto. La historia de la salvación tiene uno y solo un protagonista indispensable: Jesucristo. Todo lo que suceda fuera de Él, es perfectamente revocable y prescindible.

Que el Papa haya optado por hacerse a un lado para dedicar sus último años de vida a la oración y el estudio, no significa otra cosa que su deseo plenamente humano de devolver lo que en realidad le había sido prestado y conferido por Dios.

Hombres nacen y hombre mueren, gobernantes llegan y gobernante se van, más Dios y su Iglesia perseveran para siempre.


Temas incómodos

7 febrero 2013

Hace un par de semanas participé en un grupo de oratoria en donde a los asistentes se nos invitaba a preparar un discurso de 4 a 6 minutos en el que hablaríamos sobre nosotros mismos. Era más bien un discurso de presentación personal en el que deberíamos de comentar principalmente nuestros intereses y pasiones.

Al tocar mi turno, yo inicié diciendo que como parte de mi persona lo más importante que pudieran conocer sobre un servidor era mi pasión por conocer y hablar de Dios.

“Si me interesa la oratoria, es por que la quiero utilizar para hablar de Dios” comenté.

Acto seguido procedí a explicar el por que de mi decir y, desde luego, a expresar otras cosas sobre mi.

Al finalizar cada discurso, uno de los participantes fungiría como evaluador  y tendría la tarea de ofrecernos una crítica sobre nuestro discurso.

En general los comentario que recibí por mi forma de hablar en público fueron bastante positivos más un asunto le  resultó un tanto incomodó al evaluador de mi participación: El tema de Dios.

Me dijo algo así como…

“Trata de cuidarte al tocar temas religiosos y políticos ya que pueden incomodar a muchas personas. Te sugerimos ser muy cuidadoso al respecto…”

¿Cuidadoso? ¿De Dios? ¿Como por que habría de incomodarle a alguien que se hable de Dios?

Dios no es un tema difícil ni espinoso. Intrigante y complejo tal vez, pero jamás malo.

Una vez que hube recibido mi retroalimentación por parte del mencionado evaluador, agradecí su apoyo y le dije:

“No te preocupes, afortunadamente tengo un antídoto para no incomodar ni hacer sentir mal a las personas al tocar este tema: ¡No atacar ni criticar!”

Dios es un tema maravilloso y, de hecho, me encanta decir que es mi tema, a lo que me dedico y para lo que vivo.

Cuando hace un par de semanas escribí que mi propósito para este año consistía en ser más descaradamente católico, lo que quise decir fue justamente que me propondría hablar más y más de Dios y de su Iglesia, sin miedo y sin ataduras.

Juan Pablo II nos lo dijo cientos de veces en sus muchos y fenomenales discursos: “¡No tengan miedo a Cristo!”

Desde luego entiendo que muchas personas tiene una opinión diferente sobre Dios y a la Iglesia de la que yo tengo y no está mal, al contrario, permítanles expresarse con toda libertad.

Meditar, discutir e incluso debatir sobre Dios no puede ser malo. Si el ánimo entre los que dialogan se basa en encontrar la verdad y no imponerla, no tienen nada que temer.

En fin, yo seguiré hablando de Dios en mis conferencias y actividades diarias, y esto no significa que cada seminario que ofrezca o cada taller que imparta se convierta en una catequesis de moral y religión, pero sucede que dado que Dios decidió hacerse hombre hace más de dos mil años, a partir de ese momento hablar de cualquier tema humano es, en cualquier forma, hablar de Dios.


Recuerdos personales sobre el Rosario y mi vida escolar

31 enero 2013

Unknown

 

Recuerdo que cuando era muy niño y me encontraba cursando la primaria siempre tenía la costumbre de rezar un rosario un día antes de que iniciaran las clases. Descolgaba uno que siempre me acompañaba en la cabecera de mi cama y me ponía a orar meditando y pidiéndole a mi madre del cielo varios asuntos, para mi de alta importancia en esos momentos.

Recuerdo haber estado recostado en mi cama mirando al techo, sujetando el rosario en la mano y siguiendo en él cada uno de los Padrenuestros y Aves Marías pidiendo cosas como:

“Por favor María, ayúdame a que tenga un buen año escolar”

“Por favor María, que el primer día de clases sea tranquilo”

“Por favor María, que a los encargados de hacer el listado escolar no se les bote la canica y crean que lo mejor para mi madurez es ponerme en un salón diferente al de mis amigos…”

“Por favor María si alguno de mis amigos es cambiado de salón y alejado de nosotros, sus compañeros, dale fuerza para hacer nuevos…”

También recuerdo que cierta vez, cuando se acercaba el día en que todo mi salón demostraría públicamente a nuestros papás lo aprendido durante el ciclo escolar, yo elaboré un dibujo de una cruz en una hoja y le puse una petición que decía más o menos así “Dios, que me vaya bien durante mi clase pública” lo doblé y acto seguido me puse a rezar un rosario para amarrar bien dicha encomienda al cielo.

Al parecer Dios siempre me escuchó en lo que le solicité a través de mis oraciones con el rosario pues, hoy que hago un recuento de mi vida escolar, siempre me consideré bendecido en la materia. No tuve grandes dificultades académicas, mantuve siempre un grupo cercano y unido de amigos y en las clases y concursos públicos siempre ocupé buenos lugares.

Desde pequeño y hasta la fecha, siempre he sido gran devoto del rosario. Su oración me ha soportado en muchos momentos de mi vida y por eso, como mencioné en la entrada anterior, siempre cargo con uno en mi mochila.

Para mi, rezar el Rosario es acercarme a Dios a través de la forma en que a Él más le gusta: vía su mamá.

¿Por que es tan efectiva la oración del Rosario?

Por que cada petición hecha a Dios por conducto de su madre lleva el doble de peso, pues se hace utilizando y aprovechando las influencias que ella tiene con Él.

Digamos que hablar con María es como hablar con Dios pero al doble de intensidad.

 


Mi palabra favorita

23 enero 2013

Si tuviera que elegir una palabra favorita sin lugar a dudas sería “Dios”.

Si, ya se que esta es la respuesta que se esperaría de un católico declarado como yo, más no solo la escogería por eso.

La palabra tiene una fonética hermosa ya que es un monosílabo que se pronuncia en un solo golpe de voz, no requiere mucho esfuerzo el decirla.

Además empieza con la letra “D”, misma que se utiliza para escribir palabras igualmente hermosas como Día, Dar, Divino, Detalle, Diluvio.

Y qué decir de su significado. Dios es un término repleto de historia, lleno de antigüedad y cargado de toda la experiencia humana.

Estoy seguro que si bien no fue precisamente la primer palabra en inventarse, si que ha de haber sido de las primeras en generar más controversia y diálogo entre los primeros hombres que se empezaban a comunicar en aquella época de cavernas.

Yo estoy acostumbrado a escribirla siempre en mayúscula (Dios) en muestra de admiración, fe y respeto por el sustantivo propio que es, a menos claro está que me refiera a un dios no único ni verdadero (dios).

Si, Dios es una palabra muy hermosa, pues en su simplicidad encierra también su poderío. Es fácil de decir más compleja de entender.

Que bueno que los hombres escogimos la palabra “Dios” para referirnos al Creador, al Todopoderoso. Pudimos haber elegido otras palabras igualmente bonitas y sencillas como “Didi”, “Ladá” o “Tropi” pero por alguna razón nos inclinamos por “Dios” y yo estoy muy agradecido por que así fue.


Si Dios existe…

27 diciembre 2012

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La lotería celestial…

7 diciembre 2012

Imaginen la siguiente situación:

Estás sentado frente a tu escritorio de trabajo meditando sobre la infinidad de asuntos que tienes que resolver a lo largo del día, la semana e incluso el mes que se te viene a continuación.

Tareas, pendientes, compromisos y decenas de problemas ocupan tu mente y tu agenda.

De pronto, de manera misteriosa, el ordenador mediante el que trabajas se apaga súbitamente, las personas que te rodean desaparecen mágicamente y un silencio estricto llena tu alrededor. Desde luego que te sorprendes por lo que observas y comienzas a girar tu cabeza de un lado a otro en busca de pistas que te indiquen qué está sucediendo.

Tras un minuto de incertidumbre y quietud, una luz excesivamente brillante empieza a aparecer en lo alto de tu oficina, misma que se empieza a hacer cada vez más grande y brillante conforme se acerca a ti. No puedes más que observarla sorprendido y  el misterio que te provoca su aparición  te paraliza por completo. Es preciosa.

Después de un par de segundos la luz ha crecido tanto que su intensidad abarca toda el área y no te permite ver nada que no sea su energía.  Es intensa, más te empiezas a percatar que para nada es molesta. Extrañamente, a pesar de su fuerza, puedes mantener los ojos abiertos en dirección de su punto de origen. Tan solo quieres descubrir qué puede estar ocasionando dicha radiación.

Entonces, cuando la gran luz deja de crecer, pues ha llenado con su energía todo el ambiente, se escucha una dulce voz cuyo origen es difícil precisar. La voz te dice lo siguiente:

“Dios te ha bendecido y desea otorgarte cualquier cosa que tú le pidas… ¡Cualquiera!  Tan solo necesitas invocarlo y se te concederá…¿Qué necesitas?”

Habiendo escuchado dicho llamamiento logras entender que se te ha concedido una oportunidad divina y que eres un ser privilegiado en la faz de la tierra. Dios te ha elegido para darte un gran regalo, mismo que tan solo tiene que solicitar y …¡Listo! Será concedido de inmediato.

Llegado este punto tan solo restaría reflexionar:

¿Qué le pedirías a Dios?

Continuará…


Dios juez

2 julio 2012

Una de las imágenes más recurrentes en la espiritualidad cristiana es la de “Dios juez”.

Incluso, una de las pinturas más famosas de Miguel ángel durante el renacimiento lleva como temática justamente este concepto: El juicio final.

Por lo mismo, la idea de que Dios está al ojo de nuestras acciones para criticar o juzgar es muy fuerte y recurrente entre los creyentes.

Fuerte en cuanto a que pareciera que provoca un enorme peso en la consciencia de muchas personas  y recurrente por que nos viene acompañando desde el inicio de los tiempos.

Y si bien Dios efectivamente es el gran juez del universo, no creo en lo absoluto que su criterio para hacerlo sea en algo parecido a la forma de juzgar de los humanos. Esto, para mi, es fundamental y revelador, pues solemos creer que Dios nos acecha, califica y observa en la misma manera que nosotros lo hacemos con Él o con nuestro prójimo.

Está claro que el ser humano es un ser juicioso y crítico por naturaleza pues, como dice Carlos Llano, no vemos el mundo como es, sino como somos. Nuestra historia, nuestro contexto, nuestras experiencias, provocan que jamás podamos ser cien por ciento imparciales a la hora de afrontar la realidad. Por esto, nuestros juicios suelen ser muy falibles y erráticos y esto suscita que nos equivocamos más de lo que quisiéramos.

Pero en el caso de Dios esto no es ni será así…

Me gusta decir que no estamos ni cerca de verdaderamente comprender cómo es el juicio de Dios. No tenemos ni una cercana idea de cómo le hará Dios para emitir su juicio sobre nuestro actuar en el momento final de los tiempos. Si sabemos que el amor es un gran marco de referencia y Él mismo se encargó de hacérnoslo saber cuando se encarnó en la figura de Jesucristo. Sin embargo, aún sabiéndolo, no hemos logrado asumirlo del todo.

Por obvias razones pues, me resultaría imposible tratar de explicar cómo es que juzga Dios (no lo se). Pero si puedo invitarles a que no nos equivoquemos en creer que sea tal y como nosotros lo hacemos, y esto nos debe de quitar un gran peso de encima pues, como ya mencioné anteriormente, Dios no nos ve con lo mismos ojos con que nosotros le vemos a Él.

En conclusión, si bien el amor es el gran marco de referencia para entender la perspectiva de Dios, los seres humanos aún estamos muy lejos de poder entender y mucho menos sentir este amor que Dios tiene hacia sus creaturas.

Es por eso que verdaderamente podemos creer que Dios nos ama como jamás nadie podrá amar en la historia universal.


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