La libertad es perfecta

2 febrero 2013

De entre todas las creaciones de Dios, la idea de la libertad humana es impecablemente perfecta.

Es más, es tan exacta y buena que ni su mismo Creador, Dios, se permite trastocarla.

Muchos son los que se cuestionan por qué Dios no impide el mal en el mundo, siendo que al ser Él todopoderoso no tendría problema alguno en intervenir a cada instante que un hombre estuviera por cometer un acto ilícito.

El asunto es que Dios si tiene un problema con esto.

Por sobre todos los valores que Él mismo ha creado, el de la libertad humana es el que más se ha jurado no tocar, ni cambiar ni mucho menos abolir.

Pero… ¿Por qué?

Sucede que Dios sabe que la libertad es la condición humana indispensable para que el amor florezca. Sin libertad no hay voluntad y sin voluntad es imposible el amor, ya que este se define justamente así, como un acto de voluntad.

El amor obligado no lo es en realidad.

Por lo mismo, el amor requiere de la libertad y, dado que Dios es amor, Dios mismo está anclado a la libertad.

Así que Dios sabe que aunque esta condición en múltiples ocasiones le juega en contra cuando el ser humano le da la espalda por propia voluntad, lo prefiere así antes que de otra manera, pues es en esta misma libertad de actuar como le plazca que el hombre puede decidir igualmente amar a plenitud.

Si, definitivamente es tentador pensar en exigirle a Dios que debería de intervenir para evitar el mal cada vez que este se presente, pero al igual que un padre desea la independencia y la libertad de su hijo para que este llegue por su propia cuenta al bien y la verdad, así también Dios respeta la voluntad que cada creatura tenga para él y su prójimo.

En serio, que el hombre sea libre (de insultar o amar a Dios) es perfecto, aunque sea difícil de comprender.

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