No me pregunten cómo pero así fue…

23 julio 2012

Les platico que desde hace un tiempo tenía una gran angustia interior. Una de esas espinas que sabes que mientras no logres sacar de tu interior no puedes avanzar en el camino correcto. Era como un asunto que no me permitía pensar claramente y a todas leguas me estaba llevando a caminos desconcertantes.

Dicha cuestión me estaba haciendo sentir débil emocional y físicamente. Es como esas tormentas que, con el tiempo si se les permite crecer, se convierte en huracán y aunque uno sabe que pasará en cuestión de tiempo, mientras toca tierra causa mucho desastre y ruido.

Pues bien, así estaba hace un par de días hasta que decidí intentar nuevamente lo que siempre hago cuando estoy en este tipo de situaciones: ir con el jefe mayor (El chief).

Así que me di un tiempo y terminé sentado en una Iglesia, en la cual se estaba llevando a cabo una misa.

Mientras la liturgia seguía su curso, yo comencé a rezar y a pedirle a Dios que me socorriera pues sentía que por mí mismo no estaba pudiendo ganar dicha batalla interior.Incluso llegué a sentir coraje.

Pasaron unos minutos y llegó el momento de la misa en que se pide la limosna, así que como es usual, dos personas se levantaron, tomaron las canastillas en donde se pide esta y comenzaron a pasar por entre las bancas del templo para solicitar la personal donación.

Al ver que esto sucedía, metí mi mano en la bolsa de pantalón en busca de mi cartera y me dispuse a tomar un billete de $20 pesos (aprox 1.5 usd) para depositarlo como ofrenda. Yo tenía en mi poder varios billetes que en total sumaban aproximadamente $1,500 pesos (aprox $115 usd) pero escogí, de entre todos esos, el de menor denominación.

Sin embargo, justo en ese momento un pensamiento muy singular abordó mi mente: “¿Y si lo entregó todo?”

– ¿¿¡Tooodo! ??– Me respondí a mi mismo.

Si… ¿Y si das no solo el billete de $20 pesos sino todos los que tienes en la cartera?

La persona que recogía la limosna se acercaba cada vez más y más a mi lugar. Yo ya no estaba concentrado en mi rezo sino en la idea disruptiva que yo mismo me había provocado.

No me pregunten cómo pero en el momento en que la canasta de la limosna se puso frente a mi, sin dudarlo, tomé todos los billetes que estaban en mi cartera y los entregué sin más.

La persona que recogía la limosna no se percató de la cantidad de dinero que entregué pues el recipiente en el que se deposita tiene una forma de saco que permite meter la mano hasta el fondo del mismo sin dejar expuesta la cantidad que se está recolectando.

Así fue… entregué todo el dinero que tenía previsto para usarlo en muchas otras cuestiones diciéndome a mi mismo: “Me abstendré de ellas, no pasa nada”.

Acto seguido, me quedé mirando mi cartera literalmente vacía. Lo había entregado todo.

Pero algo brincó en el interior de la misma. Resulta que hace varios meses había guardado dentro de ella, en un compartimentos casi oculto, una pequeña hojita que me había encontrado en alguna otra Iglesia con la siguiente inscripción:

“¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?

Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te abandones en mi todo se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada  como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma JESÚS, YO CONFÍO EN TI.

Evita las preocupaciones y angustias y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después. No estropees mis planes, queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad. Abandónate confiadamente en mi. Reposa en mi y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente JESÚS YO CONFIO EN TI.

Lo que más daño me hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices JESU YO CONFIO EN TI no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo. YO TE AMO.

Si crees que las cosas empeoraron o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos el alma y confía. Continua diciéndome a toda hora JESÚS YO CONFIO EN TI.

Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. CONFIA SOLO EN MI.

Así que no te preocupes, echa en mi todas tus angustias y duerme tranquilamente. Dime siempre JESÚS YO CONFIO EN TI y verás mi gran misericordia. Te lo prometo por mi amor.

Amén”

Admirado de haberla vuelo a encontrar, tomé esta hojita entre mis manos y la leí una y otra vez. Recé leyendo cada una de las palabras que decía esta oración tratando de tomar plena consciencia de lo que trataba decir cada frase. Me dejé de preocupar por el dinero que ya no tenía en mi cartera y me di cuenta que tal vez este me había estado estorbando para poder llegar a algo más valioso que igualmente se encontraba ahí mismo, la petición de Dios hacia mis de que no me preocupar más, que ahora él se encargaría de todo.

La misa prosiguió y yo seguí con ella.

Al terminar el ritual y tras las palabras de gracias finales,  sentí otro impulso similar al que había experimentado con el del dinero…

-“¡Confiésate!”-

Y  sin pensarlo más, acudí a la sacristía para alcanzar al sacerdote que había celebrado la misa y le pedí que me confesara. Así lo hizo.

Al terminar regresé a casa y seguí con mis actividades cotidianas.

No me pregunten cómo ni por qué, pero el sentimiento de angustia que originalmente me había llevado a pedir ayuda a Dios… ¡Desapareció!

Comencé a sentir como una nueva fuerza para sostenerme por mi mismo ante el embate de lo que anteriormente era producto de mi debilidad.

La espina se había salido de mi corazón y yo parecía estar sanado. No es que mis problemas todos se hubieran solucionado, pero si me daba la impresión de que ahora contaba con un nuevo ímpetu para afrontarlos. A partir de que salí de esa confesión, me sentí mucho más preparado para luchar nuevamente.

Me gusta pensar que esa es la magia de Dios. Respondiéndonos en una mayor medida que nuestra propia respuesta hacia Él. Yo decidí en un momento entregarlo todo y Él me respondió de regreso. Así es Él, jamás se deja ganar en generosidad.

Estoy contento de saber que el dinero que di se ha de estar usando en alguna obra que Dios dispondrá mejor que yo. Tal vez mi angustia fue un medio para llevar un recurso a quien más lo necesitaba. No lo se. Lo que si me queda claro es que esta oración que volví a reencontrar en mi cartera es muy cierta, probablemente la más cierta de todas.

De hecho, tan convencido estoy de eso que llevo varios días rezando únicamente a la voz de: JESÚNS YO CONFIO EN TI.

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Jesús, Business Coach (lección 4)

21 abril 2012

Lecciones empresariales de Jesús, el CEO más exitoso de la historia y de la Iglesia Católica, el caso de exito organizacional más antiguo y relevante del planeta.

Hace un par de días me pidieron que dictara una conferencia ante un grupo de colaboradores de una empresa.

Dicha conferencia llevaba como título “Rentabilidad y Valores”.

¿Pero cómo? ¿En verdad son compatibles la rentabilidad y los valores? ¿Que acaso no hay que ser corrupto y deshonesto para poder ganar dinero?

A continuación un pequeño extracto de lo que me permití exponer en dicha conferencia.

– El objetivo de toda organización no es la rentabilidad per se. La meta última que toda empresa tiene es la de perdurar en el tiempo. Desde luego la rentabilidad económica es una condición más que imprescindible para lograr esto… más no la única.

– Si estudiamos las empresas que han logrado esa meta es decir, perdurar en el tiempo, encontraremos que no todo el tiempo la rentabilidad fue máxima y óptima. Muchas de ellas incluso han tenido épocas de terribles crisis financieras. Aun así hoy siguen vivas.

– Jim Collins en su libro “Empresas que perduran” muestra su estudio de 18 empresas que han perdurado por lo menos 50 años  y que además, son altamente reconocidas en el mundo: Walt Disney, 3M, Marriot, Phillip Morris, Hewlet Packard, Sony, American Express, Merck, Ford, entre otras.

– Jim Collins llega a la conclusión de que perseguir la mera maximización de las utilidades no es el motor principal que inspira a estas compañías visionarias y perdurables. Logran muy buenos resultados económicos, desde luego, pero como medio para lograr un fin superior.

– Lo que si las mueve, explica Collins, es poseer una cultura organizacional casi obsesiva de apego a ciertos valores y creencias que las transforma en culto para quienes laboran en ellas.

– Si bien la rentabilidad es una necesidad para sobrevivir en el corto plazo, el apego a una ideología central marcada por unos valores concretos es lo que fundamenta la viabilidad de la empresa en el largo plazo.

– Collins concluye en su libro, que los grandes líderes empresariales son aquellos cuyo legado más importante no es otro que el diseño de la empresa misma, más allá del resultado económico que obtuvieron.

– Dirigir una empresa es, en muchos sentidos, muy similar a educar a tus hijos. Nadie puede predecir cual será la rentabilidad económica que tanto la empresa como tus hijos serán capaces de generar en los próximos cincuenta años, pero sin lugar a dudas si puedes asumir cuales serán los valores que guiarán su propia existencia.

– Educar hijos y construir organizaciones para el futuro es trabajar bajo la siguiente premisa: Formar hoy para lograr independencia mañana. Por esta razón, suelo decir que la variable crítica  del liderazgo es preparar la propia retirada. Un líder que es consciente de que tarde o temprano se tendrá que hace a un lado para dar lugar a un sucesor o sucesores, asumirá una postura de formador y maestro desde el primer momento de su responsabilidad.

– Construir en valores (una empresa, una organización o una familia) es la única manera de posibilitar la preservación de dicha construcción en el futuro. Lograr rentabilidad es el  oxigeno para respirar, los valores son el sentido para qué seguir haciéndolo.

Ahora, en este mismo sentido,  me permito hablar de la organización más perdurable de la historia: nuestra Iglesia Católica.

¿Por qué, generación tras generación, esta organización religiosa sigue viva? ¿Es acaso un tema de rentabilidad?

Yo opto por pensar que más bien es por un tema de valores y cultura.

La Iglesia sigue y seguirá en el tiempo pues nosotros, los católicos (sus colaboradores y trabajadores),  la mantenemos viva. Y es que esta institución ha conseguido fomentar en nosotros hacia ella, el valor más importante de todos: el amor.

El amor es el valor por excelencia. Cualquier organización que cuente con trabajadores que estén perdidamente enamorados de ella, podrá presumir de solidez y futuro.

¿Qué organización tiene colaboradores dispuestos a dar la vida por ella y por su subsistencia? Yo solo conozco dos: la religión y la familia. Nadie, por muy buen ingreso que reciba de su empresa, moriría por ella. Sin embargo, sin necesidad de recibir un solo peso de tu esposa, hijos o Dios estoy seguro que bien valdría la pena hacerse a un lado de este mundo por su causa.

Jesús no nos pidió a los católicos… “hagan de mi Iglesia un asunto sustentable y rentable”. Él tan solo nos puso el ejemplo de los valores que, quienes le habríamos de seguir, deberíamos de procurar y vivir, siendo el amor el principal de todos (¡Y es que cómo no dar la vida por quien si la dio por nosotros!)

Así, esta es la importancia de los valores en las organizaciones. Son los que las mantienen vivas en el tiempo, principalmente en épocas de crisis. Una empresa con valores sólidos y bien arraigados en la mente de su gente, estará mejor preparada para sortear dificultades pues, de hecho, pareciera que los valores son herramientas diseñadas por Dios especialmente para esos momentos… los difíciles.

Por esto mismo, la rentabilidad y los valores no son mutuamente excluyentes. De hecho, ambos se complementan bastante bien en las organizaciones más emblemáticas del planeta, esas que admiramos no solo por ser altamente productivas y redituables para sus inversionistas, sino también por que contribuyen a hacer de este un mejor lugar para vivir.


Iglesia y pobreza

29 febrero 2012

Hoy quiero platicar sobre el tema de la pobreza.

Alguna vez Carlos Marx el ideólogo del socialismo dijo que la religión era el opio de los pueblos,  con lo que quería dar a entender que la creencia en Dios y el ordenamiento de la conducta hacia esta creencia, era la causa de que existiera malestar y poco desarrollo económico en el mundo.

Me parece que existe en esta idea un error de correlación semántica (no se si este último termino exista pero se me ocurrió que sería interesante usarlo)

Veamos…

¿Los pueblos son pobres por que la religión está presente en ellos? o ¿La religión está presente principalmente en los pueblos pobres?

Aunque parezcan reiterativas ambas cuestiones no lo son y en realidad, diferenciarlas es fundamental para comprender el papel de la religión y su relación con los pobres.

No es que las naciones desfavorecidas lo sean por ser altamente religiosas. Si esto fuera cierto, países como Estados Unidos y Japón tendrían que mostrar índices de pobreza considerables. Ambos países muestran tasas bastante altas al medir de pertenencia de sus pueblos a alguna creencia religiosa.

Bastará con mencionar que la constitución misma de los Estados Unidos está referida a Dios (“In God we trust”). Todo nuevo presidente de los Estados Unidos toma protesta afirmando hacer valer la constitución postrando una mano sobre una Biblia.

Ahora bien, definitivamente si es cierto que si uno observa a las naciones más desfavorecidas económicamente en el mundo seguramente acabará encontrando que la Iglesia Católica está completamente inmersa en ellas tratando de hacer algo al respecto.

Muchas religiones, pero principalmente la Católica, tienen programas de asistencia social regados por todo el mundo.

Cientos de sacerdotes, monjas y colaboradores llegan año con año a las comunidades más pobres del mundo buscando llevar una luz a de esperanza a quienes más lo necesitan.

Y seguro se preguntarán…

¿No sería mejor que la Iglesia a los pobres del mundo les lleve dinero más que palabras de fe?

Lo hace, pero quien dice que la Iglesia posee millones para repartir. Y si los tuviera ¿Son la repartición y el subsidio deliberado la mejor manera de erradicar la pobreza en el mundo? El modelo socialista ya demostró completamente que definitivamente no lo son. De hecho, estos sistemas solo generan más pobreza y coartación de la libertad.

Un principio fundamental en temas de asistencia dicta que “nadie da lo que no tiene“, lo que nos llevaría a decir de igual forma,  puesto en positivo,  que “Podemos dar solo lo que tenemos”.

Así, la Iglesia Católica regala a borbotones lo que más tiene… “un modelo de esperanza y conciliación”.

Por eso, la correlación que existe entre pobres y religión no es directamente proporcional sino más bien paralelamente colaborativa (otro terminujo que no se si exista pero  que usé por que creo que suena interesante), es decir… allí donde por causas del egoísmo y la avaricia humana se generan desigualdades en el mundo… ¡Ahí estará la Iglesia Católica tratando de auxiliar a los más afectados!

Las religiones no producen pobreza, más bien la tratan de erradicar en donde es más extrema… ¿cómo ? llevando un mensaje de amor.

La religión no produce pobreza, como tampoco produce riqueza económica. No es el sentido de la misma.

Quienes asumimos un compromiso religioso con alguna religión, en mi caso con mi amada Iglesia Católica, no lo hacemos con la idea de que esta adhesión nos generará algún beneficio económico. El fruto de esta acción es meramente espiritual.

Ricos y Pobres, ambos necesitamos de Dios. La Iglesia, con sus enseñanzas y su doctrina, trata de ayudar promoviendo que los primeros (10% de la población mundial) volteen a ver a los segundos  y decidan hacer algo por ayudarles en su situación.

Pero la Iglesia también acude directamente a las personas en extrema pobreza (900 millones de personas en todo el mundo) y si bien no puede resolverles el tema económico (nadie lo podría hacer por sí mismo), si intenta ofrecerles el pan que más alimenta la dignidad humana… ¡El amor!

En conclusión…

Quien crea que la Iglesia es dueña de una gran riqueza económica, está equivocado. Los valores que uno ve en las Iglesias o en el Vaticano mismo como obras de arte, monumentos, templos, reliquias, son herencia del patrimonio de la humanidad. La Iglesia Católica simplemente es la encargada de velar por la preservación de las mismas.

Por todo lo anterior, no nos confundamos al creer que la pobreza es producto de una vida espiritual intensa. De hecho, el no tener esa espiritualidad en la propia vida interior es lo que genera la pobreza más aberrante de todas… ¡La falta de sentido en la vida!


Riqueza…

25 septiembre 2011

Hace tiempo encontré una estadística en un periódico que dice lo siguiente..

“Al 62% de los mexicanos nadie les enseñó a utilizar su dinero”

En esta misma encuesta se lee que…

20% aprendieron de su mamá

14% aprendieron de su papá

6% aprendieron de otro familiar

1% aprendieron de algún amigo

1% aprendieron de un maestro

 

¡Que números tan terribles!

¿Cómo puede ser que a los mexicanos se nos deje tan a la deriva en término financieros?

O más bien pregunto…

¿Cómo es posible que los mexicanos no nos ocupemos de temas tan importantes como el dinero?

He llegado a escuchar que la culpa de esta situación la tiene en parte la Iglesia Católica, la cual promueve una idea de no acumulación de bienes, y por ende la provocación de la pobreza en el mundo.

¡Falso! ¡Completamente falso!

Nunca me ha gustado el paradigma que se suele tener de que para se católico se tiene que ser pobre. ¡Nada más equivocado!

Una cosa es que la Iglesia Católica se sienta especialmente cercana a los pobres y otra que la Iglesia Católica promueva el ser pobre. Que los pobres se sientan cobijados por la Iglesia es solo un indicativo de la vocación humanista de esta última. En la Iglesia nadie promueve la pobreza como el único medio de la salvación.

Un sacerdote que hace votos de pobreza los hace por elección propia, por amor, y no por obligación. Nadie en nuestra Iglesia obliga a alguien a no tener dinero.

Por eso es un error pensar que  el catolicismo y la generación de riqueza económica son términos antagónicos.

Basta poner los siguientes ejemplos:

– La Iglesia católica orienta e inspira muchas de las escuelas más prestigiosas de negocios en el mundo.

– La Iglesia católica fomenta la prosperidad económica como objetivo de las naciones. La erradicación de la pobreza es una meta de la Iglesia católica.

– En la encíclica Rerum Novaron, el Papa Leon XIII defendió a finales del siglo XIX el derecho de los empresarios a formar empresas y recibir utilidades de las mismas. (Aquí pueden leer dicho documento)

– La Iglesia católica es una precursora importante de la defensa de la propiedad privada como un derecho natural humano. Fue la Institución religiosa que más se opuso a la ideología represora comunista que abolía todo capital privado.

¡Claro! Lo que sucede es que aunado a esa defensa del talento empresarial siempre vendrá de la mano, con igual fuerza, la defensa a la justicia social (el derecho a generar riqueza viene con una obligación de hacerlo de forma justa y honrada, velando siempre por los intereses de quienes participan en dicha empresa y los de la sociedad que lo permite)

Me intriga que los mexicanos no nos animemos a hablar de dinero con la misma naturalidad que lo hacen otras nacionalidades.

Me intriga de igual manera que no nos atrevamos a aprender cómo se genera la riqueza en el mundo por temor a perder valores y principios.

(¡No! No todo el que es rico es malo, como tampoco todo el que es pobre es bueno.)

Yo mismo he estudiado cursos empresariales y de negocios para atender esta vocación en mi. Soy emprendedor y siempre estoy tratando de buscar nuevas formas de crear riqueza tanto económica como social (de hecho, esta es la clave… crear riqueza económica para crear de la mano riqueza social).

Productos de dicha preocupación es que desarrollé la conferencia Riquezaen donde me permito exponer fundamentos básicos de creación de valor económico y social en el mundo. A los que participan de esta charla y quienes acuden a mis asesorías personales les hablo de temas económicos, de planeación financiera, de principios empresariales, de innovación y creatividad en los negocios. Claro… desde luego que también les hablo de responsabilidad social, de desarrollo de talento, de desarrollo humano.

Amigos católicos del mundo…

les invito a no dejarse llevar por ideas erróneas de lo que supuestamente significa ser católico.

Y es más, les invito a que emprendan la búsqueda de la generación de valor en el mundo. Emprendan nuevas ideas, nuevos negocios.

Quien genera riqueza con justicia, genera fuentes de empleo, quien genera fuentes de empleo ofrece dignidad y prosperidad… y quien ofrece dignidad y prosperidad… ese… ¡es un católico en toda la extensión de la palabra!


Bendecir el dinero

5 abril 2011

Estoy esperando en la fila de una tienda a que me entreguen cierto producto que acabo de comprar. En eso estoy cuando volteo mi rostro y veo que un hombre toma unos billetes en sus manos y se persigna con ellos.

¡Me encanta ver ese detalle!

Es igual que el futbolista que antes de entrar al terreno de juego se arrodilla, toma un puñado de pasto y hace con este la señal de la cruz.

¡Increíble ver la devoción convertida en hábito!

¡Fascinante cuando incorporamos a Cristo así en nuestras vidas!


El dinero y la felicidad

21 julio 2010

Uno de los grandes tópicos teológicos y filosóficos es aquel que discute la relación que existe entre  la generación de riqueza con el logro de la felicidad y la santidad.

En el mismo evangelio podemos leer que Jesucristo dice que “será más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos”. ¡Muy fuerte! ¿No lo creen?

¿Esto debería de implicar que renunciemos a toda posibilidad de generar riqueza? ¿Esto quiere decir que ser rico es malo y ser pobre es bueno? ¿Quien logra amasar grandes fortunas está condenado al infierno?

Lamentablemente muchas de las respuestas a estas preguntas suelen tener más un tinte medievalista que realista. El marxismo, por ejemplo, es una de esas terribles consecuencias producto de una radicalización en la interpretación de estos mensajes.

Analicemos un poco más a fondo la relación del dinero con la felicidad.

En su libro “La nueva felicidad. Lecciones de una nueva ciencia” el autor Richard Layard demuestra cómo el dinero sólo produce verdadera satisfacción y emoción cuando, al obtenerse, le permitirle a la persona salir inmediatamente de la pobreza. En cambio, cuando esta misma riqueza es generada por alguien que ya goza de cierta comodidad financiera, el grado de satisfacción obtenida es significativamente menor. En pocas palabras, el dinero solo produce felicidad  cuando este sirve para transformar radicalmente la calidad de vida de la persona que lo genera. Después de este punto, esta felicidad empieza a verse disminuida.

Si uno tiene la oportunidad de volverse rico, llegará un punto en que la generación de más y más riqueza ya no impactará significativamente en nuestra vida emocional, dado que el aumento en la calidad de vida que podemos seguir generando como consecuencia de esta obtención de riqueza ya no representará la oportunidad de alcanzar el estado de  bienestar mínimo indispensable para todo ser humano, sino simplemente el aumento de las posesiones materiales.

En este punto, en que el dinero ya no es un medio para obtener bienestar, sino simplemente para obtener bienes materiales, la relación dinero-felicidad deja de ser directamente  proporcional.

¿Cómo leer este esto?

Mientras el dinero esté al servicio de “El bien” en la persona, este producirá felicidad (satisfacción de estar en el camino correcto). Pero cuando este deja de cumplir dicha función (se puede llegara convertir en un problema para la felicidad).

¿Cómo entender entonces la relación Riqueza Económica – Felicidad? O más complejo aún, ¿con la santidad? ¿Pueden los ricos ser santos?

Desde luego que si. Recordemos que Jesus dijo que era “difícil” lograr la santidad de un rico, más no “imposible”.

Y como siempre resulta en el cristianismo, la clave está en “El Prójimo”.

El “Bien” al que nos referimos debe  de estar ligado la generación de riqueza es “El bien del prójimo”. Si acaso los seres humanos tenemos todo el derecho del mundo de poder usar nuestras capacidades y talentos para generar toda la riqueza que podamos de manera ética, no no es dado el derecho de hacer lo que queramos con ese dinero.

Si bien el camino de la riqueza puede resultar en más y mejores medios para sobrellevar la existencia en la tierra, también es un camino más propenso para perder el centro del alma.

Si por hacer más y más dinero, resulta que perdemos nuestro objetivo último que es “El Prójimo” entonces estaremos oscureciendo el alma a causa del dinero. Pero si por el otro lado, como consecuencia de hacernos de una gran fortuna, reconocemos que esta viene permitida por Dios y como tal respondemos ayudando a construir su Reino en la tierra con dicha fortuna, pues entonces puedo estar tranquilo de que mi camello si estará pasando por el ojo de la aguja.

En conclusión, no nos confundamos tanto. El secreto está en analizar que tanto la generación de riqueza nos acerca o nos aleja más de Dios a través del amor al prójimo. Punto.

Si el dinero te acerca más y más a Él, haz tanto dinero como puedas. Pero si el dinero te aleja del Creador de todo el universo, entonces más te vale que te vayas deshaciendo ahora mismo de tus monedas y billetes.

No somos poseedores de la riqueza en la tierra, simplemente administradores de la misma y como tal habremos de rendir cuentas sobre la manera en que la invertimos.  Y si no me crees, respóndeme a la siguiente pregunta… ¿Cuanto de ese dinero te podrás llevar a la otra vida? y en cambio ¿Cuantas almas beneficiadas abogarán por ti en el momento de rendir cuentas en la otra vida?

Así como para viajar al extranjero sueles necesitar de hacerte de dólares para tenerlos como moneda de cambio, en el cielo, la moneda de cambio solicitada se mide en “almas llevadas a Dios”.


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