Ser católico…

26 enero 2013

La primer entrada que publiqué en este blog en e 2009 llevaba como título el mismo que precede la publicación de hoy: “Ser Católico”.

Y es que en este año que estoy iniciando me ha surgido mucho la inquietud de meditar y reflexionar sobre mi llamado a pertenecer a la Iglesia.

A veces me pregunto ¿qué sería de mi si jamás nadie me hubiera hablado de Cristo, de la historia de la salvación y de la Iglesia que administra y vela por la santidad de los que hemos creído en la buena nueva?

¿Qué hubiera pasado si mis papás hubieran vivido en otro país? ¿Que hubiera sido de mi fe si yo no hubiera conocido a Dios en esta época?

En fin, no llegaré a ningún lado por andar cavilando en lo que pudo ser. Sin embargo una idea me resulta muy positiva de esta reflexión.

Si yo, por azares del destino, no hubiera tenido la oportunidad de encontrarme con la iglesia católica, estoy seguro que la Iglesia, valiéndose de todo su poder de evangelización y apostolado, me hubiera encontrado a mi.

Por eso es importante que los católicos asumamos el indelegable rol de apóstoles de Jesús, pues existen millones de personas en el mundo que, habiendo nacido o crecido lejos de un ambiente cristiano, no han recibido aún la noticia de Jesús en sus vidas.

Ser católico es ser mensajero y jamás podremos descansar hasta que Cristo llegue a todos los rincones de la tierra.

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Conferencia vocacional

26 febrero 2010

Hoy en la mañana impartí una conferencia sobre orientación vocacional a jóvenes preuniversitarios del colegio Mano Amiga.

Si hay un tema que me remueve las entrañas es justamente el de la vocación. ¿Cómo elegir bien el destino que nuestra vida ha de tomar? ¿Cómo sentirme plenamente satisfecho con mi trabajo y con mi vida? ¿Estoy haciendo lo que quiero o lo que creo que quiero?

Soy un convencido de que si algo hemos hecho mal como sociedad es orientar vocacionalmente a nuestros jóvenes. Las escuelas de nivel preparatoria o bachillerato no hacen lo suficiente por ayudar a nuestro jóvenes en esta decisión de vida tan importante y se espera que ellos solos resuelvan sus dudas con respecto a lo que les espera por el resto de sus vidas.

En el mejor de los casos (el cual no es el mejor en realidad) se le deja esta tarea a los psicólogos, esperando que por medio de la aplicación de tests y cuestionarios vocacionales se les pueda orientar de manera eficiente con respecto a qué hacer en la Universidad. ¡Nada de eso! La orientación vocacional nada tienen que ver con pruebas en papel y análisis psicométricos.

Antes que nada vale la pena mencionar que la vocación como tal, es un llamado de Dios al ser humano. Por lo tanto, no se puede elegir. La vocación no se elige, se descubre. Podremos elegir nuestra profesión, pero no nuestra vocación, por que evidentemente no son lo mismo.

Como ya comenté, la vocación es el llamado particular de Dios al hombre en la tierra, tu razón de ser y de estar en este mundo. Aquello que solo tu le puedes aportar al bien de la humanidad. Tiene que ver con tus talentos y tus pasiones, no con la carrera universitaria que decidas estudiar. Hablar de vocación es hablar de algo mucho más trascendental que una simple lista de materias que estudiar en una licenciatura. La vocación, incluso aunque decidas no estudiar la universidad y ninguna profesión en particular, está ahí, es tuya y nunca se va. Y si pones la suficiente atención al llamado de tu vocación, verás que por más que intentes no podrás dejarla a un lado nunca.

Conozco de una estadística que dice que el 85% de los jóvenes universitarios a punto de terminar su licenciatura se muestran inconformes con la decisión de carrera que eligieron. ¡85% de inconformidad  es muchísimo! Algo está sucediendo que no está bien.

La respuesta es clara: Si la profesión es solo un medio para seguir el llamado de la vocación, entonces  escoger una carrera (profesión) sin conocer el objetivo (vocación) es inútil.

¿Comprenden lo que les intento decir? Primero hay que trabajar en descubrir el sentido último de nuestra existencia para luego decidir cual camino queremos tomar para llegar a él.

Si encuentro que mi vocación es ser defensor social entonces podré saber con certeza que la profesión de abogado es para mi. Si descubro que mi llamado es ser formador de hombres, entonces podré asumir que la pedagogía es para mi. Si mi vocación es la de narrar historias, entonces puedo pensar en estudiar comunicación o cine puede ser una buena opción. ¿Que llamado tengo en este mundo?

Así, el discernimiento vocacional precede a la elección profesional. Esto es algo que no hemos entendido y nos hemos vendido la idea de que la única vocación posibles es la de trabajar y ganar dinero… El trabajo y el dinero son una consecuencia no un fin.

Parte de la labor que hago es predicar este mensaje en conferencias y dialogos con personas que necesitan encontrar rumbo. Yo en lo personal me vi enormemente beneficiado de que Dios me dejara descubrir mi vocación incluso tiempo después de que me di cuenta de que erré mi elección de carrera (estudié arquitectura).

Hoy se que mi vocación no es construir casas sino seres humanos y a eso me dedico en cuerpo y alma. Mi profesión de entrenador de talento creativo (misma que no se enseña en ninguna universidad) me permite estar en sintonía con mi verdadero llamado vocacional: formar talento.

Soy un convencido de que si en las escuelas y en las familias habláramos más de vocación y menos de profesión le haríamos un bien al mundo. Habría más gente haciendo lo que verdaderamente está llamada a realizar.

Aqui les paso la foto del excelente grupo de alumnos con los que dialogué en el día de hoy. Estoy seguro que ellos serán los talentos que cambiarán el mundo. Si ellos lo creen de si mismos, yo también.

(El loco vestido de naranja soy yo subido en una silla)


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