Vocación y profesión… algo de mi experiencia.

19 julio 2013

Uno de los temas más recurrentes de este blog es el que trata sobre aspectos de vocación.

Este tema es particularmente sensible en mi persona pues durante varios años de mi vida me sumergí en una profunda crisis vocacional, que me llevó a darme cuenta lo mal que hice mi elección de carrera profesional en la universidad.

Para quien aún no lo sepa, yo soy arquitecto de profesión, al menos eso es lo que testifica el título universitario que tengo colgado en la pared de mi casa. Más jamás en mi vida he construido obra o edificio alguno, pues ya entrado en mis estudios de licenciatura me desencanté de esta disciplina, no por ser desagradable sino más bien por no estar en coherencia con mi verdadera vocación, misma que descubrí años después de haber egresado de la universidad.

Mi crisis profesional post universitaria, me llevó a cuestionarme lo que debí de haber elegido como una carrera universitaria una vez que supe que arquitectura no era la opción. El asunto es que no me fue fácil dilucidarlo.

Si bien me quedaba bastante claro que Arquitectura no había sido una buena elección de carrera… ¿cual entonces si hubiera sido? No lo sabía. De hecho, esa es la razón por la que me decidí perseverar en dicha licenciatura, aunque supiera que de cualquier forma no encontraría respuestas claras ahí.

Hoy, que dedico gran parte de mi tiempo a asesorar a jóvenes en materia de orientación vocacional y que ya cuento con una trayectoria profesional mucho más rica en experiencia que hace 15 años cuando  tuve que elegir una carrera, me vuelve a surgir la misma pregunta… ¿que debí de haber estudiado?

Tomándolo como un ejercicio que me ayuda a clarificar lo que debió ser en su momento (ahora que he descubierto mi verdadera vocación) y sin querer asumir que me arrepiento de mi pasado, sino más bien entendiendo que este me ha ayudado a crecer a cada instante, hoy tengo la siguiente lista de posibles carreras que hubiera elegido en vez de Arquitectura (no necesariamente en orden de preferencia):

1.- Psicología

2.- Filosofía

3.- Ciencias religiosas

4.- Antropología

5.- Sociología

6.- Psiquiatría

7.- Desarrollo humano (no se si exista una licenciatura con este nombre, más yo la elegiría)

Lo que se puede observar de esta lista es que tengo una clara tendencia hacia las ciencias humanas más que a las artísticas, tecnológicas o económicas. Siempre lo supe, esa es mi vocación, la de humanista.

Habiendo descubierto eso tampoco estoy tan descontento de haber estudiado la carrera que elegí ya que la Arquitectura es una disciplina con una gran carga humana y social. Sin embargo hoy estoy consciente que no era necesario haber tenido que pasar por el estudio de la edificación de casas, si más bien me pude haber ido directamente a estudiar a profundidad  todo lo referente a la edificación de hombres.

Igualmente soy consciente que a la edad que un joven tiene que elegir carrera, no suele contar en su interior con los recursos suficientes para defender su llamado vocacional, y se deja influir por demasiado ruido externo que en muchas ocasiones solo crea frustraciones y desánimos futuros. Eso fue lo que ocurrió en mi caso. Yo me creí que en verdad era más importante optar por una carrera de las típicas, que ofreciera cierta seguridad económica, más que por hacer caso de lo que en verdad me dictaba mi corazón.

Sin embargo, el haber sido partícipes de una decisión apresurada o incompleta en el ámbito profesional, no significa en lo absoluto que todo se haya perdido. En mi caso, el haberme dado cuenta de esta cuestión es lo que me llevó a dejar mis dudas de lado, y junto con ellas una posible carrera como arquitecto, y optar años más tarde por mejor seguir mi vocación.

Al día de hoy, mi biblioteca y mi escritorio, se encuentran repletos por obras, trabajos y textos en cada una de las disciplinas que anteriormente enlisté como posibles opciones profesionales. Si, es verdad que no tengo un título académico que me avale como psicólogo, como filósofo o como humanista, pero eso no significa que no pueda valerme por mi propia cuenta de dichas disciplinas, estudiarlas y usarlas para crear valor en el mundo.

Hoy, vivo de ellas, mi profesión es la de coach y formador. Mis trabajos, todos, han estado siempre relacionados con la industria educativa y el desarrollo de talento. No tengo un título académico que lo avale, pero si cientos de resultados en clientes que me han buscado para ayudarlos a crecer como personas y a desarrollar recursos internos para conseguir resultados.

Con esta publicación, lo único que pretendo tratar de decir es que la vocación siempre se puede vivir, sin importar si se tiene credenciales formales provenientes de una una escuela o universidad. Si se trabaja en discernir la propia vocación previo a ingresar a la universidad, mucho mejor, pero si este ejercicio se tiene que realizar después de haber concluido la etapa escolar, no importa, siempre ofrece luces importantes de lo que se ha de hacer.

Como suelo exponerles a los jóvenes que participan de mis asesorías vocacionales…

“La vocación es aquello que ha de suceder en tu vida, con universidad, sin universidad o a pesar de la universidad…”

La vocación, una vez descubierta, no te dejará en paz, hasta que le hagas caso, hasta que seas sincero con ella y, por ende, contigo mismo.


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