Semana Santa

1 abril 2012

Ha llegado ya la semana más importante del año para los católicos.

En lo personal, siempre en esta semana procuro acercarme especialmente al sacramento de la confesión… ¡Vaya que lo necesito¡ Ser católico no implica ser perfecto, más si ser perseverante.

Debo reconocer que mi vida espiritual suele estar llena de rachas. Existen momentos en que mi actividad espiritual está corriendo a cientos de kilómetros por hora y también hay ocasiones en que mi alma pareciera estar atorada en un fango denso y profundo.

Pero, es justo en está última situación, que el riquísimo sacramento de la reconciliación me saca una y otra vez del atasco espiritual.

Es como si cada vez que acudiera al confesionario mi ser literalmente cargara nueva gasolina. Sentir que en verdad Cristo no se atora en mi pasado sino que me valora por mi futuro es una motivación maravillosa.

Por eso, en la Semana Santa reflexiono especialmente en mis errores (graves y no tan graves) y se los presento a Cristo. Él los toma y los traslada a su cruz en donde habrá de llevar no solo mis faltas sino las de toda la humanidad.

Esta idea, la de un Jesucristo no juzgador sino redentor, es probablemente la que más me conmueve en esta temporada. A Él no le importa que tanto peso le pongan mis faltas a la Cruz que está a punto de cargar. Al contrario, pareciera que me pide que no deje nada en mi interior.

“¡Dámelos todos! Yo me encargo…” es lo que me dice.

Si la humanidad en verdad supiera lo que Dios hizo por nosotros en su crucifixión, creo que de manera inmediata nos volcaríamos a los pies del Salvador y le diríamos:

“¡Gracias mi Señor! En verdad… ¡Gracias!”


La cruz

24 agosto 2011

Aprovechando que en ocasiones anteriores les he compartido mi gusto apasionado por las cruces, les transcribo este comentario del Papa Benedicto XVI sobre el significado de la cruz:

“La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo”

Me encanta esta idea de la cruz como el símbolo supremo del amor de Dios hacia los hombres.

Así, cada vez que portemos este símbolo, el el cuello, en la billetera, en una pulsera, estamos reflejando nuestra creencia por esta afirmación.

En estos tiempos de terror y desgracia, la cruz es la imagen que le devuelve la esperanza al mundo.


Encontrarse a Dios en tu camino

24 junio 2011

Ayer emprendí a pie la trayectoria desde mi casa hasta mi oficina, caminata que me lleva aproximadamente 50 minutos. Por lo menos una o dos veces a la semana, dejo el coche estacionado en mi hogar  y decido trasladarme a pie hasta mi oficina pues me encanta caminar.

Haciéndolo, me doy tiempo de buscar y acomodar nuevas ideas, respirar aire fresco, hacer un poco de ejercicio e incluso pasar a saludar al gran Jefe en uno u otra Iglesia que me queda de paso.

Pues bien… ayer me encontraba inmerso en mi caminata cuando de pronto me percaté que en el piso yacía tendido un pedazo de alambre. Nada especial como para haber llamado mi atención en otro momento, pero justo ayer, durante mi caminata venía meditando especialmente en un proyecto que estoy vislumbrando y que gira en torno al signo de la cruz. Y fue justo lo que vi en ese pedazo de alambre que se interpuso en mi camino… la posibilidad  de hacer una cruz con él.

Así que tomé el pedazo de fierro con mis manos y mientras proseguía mi caminata, torcí con mis dedos por un lado y por otro las secciones del metal hasta formar con este la imagen que vislumbré en un inicio… una cruz.

Al finalizar mi pequeña obra de arte pensé lo siguiente…. “¿Quien hubiera visto en este pedazo de alambre tirado en el piso el potencial de ser una cruz?” a lo que yo mismo me contesté al instante… “seguramente solo aquel que busca encontrarse en cualquier momento con la ella”.

Y es que para encontrar algo hace falta estarlo buscando y de igual manera, valga la redundancia a la inversa, es muy difícil que hallemos aquello que no buscamos.

Para mi el símbolo de la cruz es el más bello que existe en el universo…

Es el emblema más sencillo y al mismo tiempo, el más fuerte y poderoso de todos.

Me encantan las cruces, pienso en ellas, las colecciono, las admiro, e incluso las diseño… para mi una cruz representa mi fe y mi persona por completo… Amo las cruces y siento que ellas, al recibir los brazos extendidos de Jesús en sus aristas, me aman a mi..

Aquí una foto de la cruz que fabriqué mientras caminaba con el pedazo de alambre…


Mi cruz favorita

30 junio 2010

Ayer publiqué un post sobre mi fascinación por las cruces.

Pues bien hoy les quiero compartir la foto de mi cruz favorita.

Se trata ni más ni menos que una pequeña cruz de madera (unos 15 cm de alto) que mis hijos me pintaron una tarde en que su mamá  les puso a trabajar manualidades.

¿No es acaso una de las cruces más bella del mundo?

La técnica es “plumín de agua sobre madera” y aunque los artistas (mis hijos)  no se tardaron mucho en pintarla es, para su papá,  una gran pieza de arte. (Un poco abstracto tal vez)

La tengo puesta en el escritorio de mi oficina encima de mi evangelio. Cuando la veo me viene a la mente el amor de mi familia. Así que he decidido nombrarla justamente así “La cruz de mi familia”.

Lo que más me gusta de ella es que tiene impregnada los trazos de mis dos pequeños que, aunque aún empiezan en el camino del arte, ya se esmeran por lograr trabajos llenos de color y armonía.

No puedo recibir mejor regalo que este.. ¡en verdad!


La cruz

29 junio 2010

Si hay algo que me encanta son las cruces.

No puedo encontrar en el mundo un símbolo más perfecto, profundo y elemental que una cruz.

¡Vaya que si Cristo nos dejó un gran legado a los hombres al morir en una cruz!

Para mi, el cruce de una línea vertical con una horizontal lo representa todo. Dos rectas que al interceptarse una con la otra engloban dos mil años de historia moderna. Al ver la cruz, veo fe, veo amor y veo esperanza.

Me la paso dibujando cruces, decorándolas, garabateándolas, imaginándolas, coleccionándolas, comprándolas… todo esto mientras pienso en lo que todas ellas representan en mi vida.

Para mi la cruz es la imagen simbólica más potente. Ningún logotipo, foto o slogan me pueden expresar tanto como lo hace una sencilla cruz. Saber que cientos de miles de personas en la historia han muerto por ella, me hace sentir vibraciones en el corazón cada vez que veo una.

Con la imagen de nuestro señor Jesucristo clavado en ella o no, una cruz me puede hacer llorar. El mensaje del amor, no tiene mejor vehículo para llegar al pecho de los hombres que en la figura de una cruz colgante.

Una cruz es la síntesis del cristianismo.

Una cruz te recibe en el bautismo y una cruz te acompaña en la muerte.

Puedes no entender mucha de la iconografía del arte cristiano, puedes no comprender el significado de los ornamentos que componen una liturgia, incluso puedes no saber leer la palabra del evangelio, puedes no entender ni saber muchas cosas, pero cuando una cruz entra en escena, inmediatamente sabes lo que es, y lo que representa.

La cruz no es otra cosa que el símbolo del amor más puro y verdadero que el universo jamás haya conocido jamás.

¡La cruz es Jesús y Jesús es la cruz!


Viernes Santo

2 abril 2010

Hoy, viernes santo, los católicos acompañamos a Cristo en la vía de su calvario.

El acto de amor más grande de la historia está a punto de ser consumado. No hay marcha atrás, la profecía tiene que ser cumplida si queremos que las puertas del cielo se abran nuevamente.

¿Tuvo que morir Cristo en la cruz?

Ciertamente no… pudo haber decido no morir y continuar con su predicación. Pudo haber optado por escapar de la muerte y salvar su vida, pero ¿que sentido tiene la palabra sin el actuar? El Maestro no lo es sólo porque lo que habla sino por lo que hace, pone el ejemplo y ama a sus discípulos.

Cristo aceptó morir en la cruz por que sabía que, haciéndolo, estaría sellando de manera definitiva el mensaje del amor. El líder se tiene que apartar, se tiene que ir, tiene que morir para que su verdadero legado sea implantado. Mientras vive sólo es una posibilidad, pero cuando muere se vuelve toda una realidad.

La muerte es la gran confirmadora de la historia. Si mueres por lo que predicas, tu mensaje quedará sellado para siempre. Por eso Cristo quiso la muerte en Cruz, para que no nos quedara duda de la verdad de sus palabras.

Créanme… como formador que soy, lo más fácil es hablar de lo que se debe hacer, pero lo más difícil es comprometerse a muerte con lo que uno enseña. Yo puedo predicar el perdón, pero si no perdono nada logro, puedo hablar del amor, pero ni no amo, poco consigo.

Si Jesús no hubiera muerto en la cruz, la enseñanza no hubiera sido tan contundente. La muerte del Maestro es necesaria si se quiere que el alumno en verdad le siga de corazón.


Oye papá… (II)

21 agosto 2009

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Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas  alsiguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Por qué se usa tanto la palabra “amor” en la Iglesia?

Papá: Querido hijo, que bueno que me lo preguntas, ya que desde hace tiempo que he querido hablar contigo de este tema. Principalmente la palabra amor se utiliza tanto en el la Iglesia Católica por que, junto con la palabra “Dios” es la más importante. Es más, se puede decir que “Dios” y “amor” son lo mismo.

Hijo: ¿Qué quieres decir con eso de que Dios y amor son lo mismo?

Papá: Hijo, la relación que existe entre Dios y el amor es tan importante que el Papa Benedicto XVI quiso dedicar toda una encíclica a profundizar en el tema. En este texto de título  “Deus  Caritas est, el sumo pontífice nos explica por qué se puede decir que Dios es amor. Así, al ser el amor prácticamente un sinónimo de Dios, entonces podemos decir que si entendemos el amor, entendemos en gran medida a Dios. Yo lo veo así, Dios es tan grande que es imposible que su concepción completa pueda ingresar en la mente humana. Sin embargo, el amor es la parte concreta y asequible que si nos es dado conocer de Dios. Dios quiere que le conozcamos por el amor.

Hijo: Pero entonces… ¿Qué exactamente es el amor?

Padre: El amor no es otra cosa que un acto de voluntad en el que se busca el bien y la verdad del ser amado. Es decir, antes que nada es importante entender que el amor es un acto de voluntad, no un sentimiento. A diferencia de lo que se suele creer, decir que amas a alguien no implica sentir algo bonito por ese alguien. Se requiere de una acción concreta y libre de tu parte en beneficio de ese alguien, independientemente de si esta acción viene acompañada de un sentimiento o no. De hecho, esta es el gran error de la gran mayoría de las personas al hablar del amor. Piensan que el amor es un sentimiento y no es así.

Hijo: O sea que amar significa actuar y no solo sentir.

Padre: Exacto. Por ejemplo, yo amo a tu madre porque quiero hacer cosas que le hagan bien a ella y la lleven a la verdad. Independientemente de que un día pueda yo amanecer cansado o enojado (sentimiento) quiero seguir amando a mi esposa al darle un beso cada mañana y al sentarme a escuchar sus problemas en vez de centrarme solo en los míos. La ama cuando la llevo a cenar dejando de lado el partido de futbol que tenía ganas de ver en la TV. Así también, por ejemplo,  se que tu mamá me ama por que estuvo conmigo atendiendo mi salud en el hospital cuando fui operado, y creeme hijo, estar en un hospital no conlleva sentimientos bonitos y placenteros…

Hijo: Que interesante papá, pero ¿que tiene que ver todo esto con Dios?

Padre: Ah,  pues muy sencillo. Dios nos creó para con una misión en la vida, que es la de volver a Él, o lo que es lo mismo, vivir una vida de cara a su persona. Para esto Dios nos dio un mandato muy concreto… “Si quieres de verdad cumplir con tu misión de vida, ama a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.

Hijo: Esa frase me suena muy familiar papá ¿Es famosa verdad?

Padre: Es famosa por que es cierta. Se conoce como la regla de oro. ¿Por qué? Por qué es la formula más clara y directa de alcanzar el cielo y la eternidad. Si todo hombre tiene como misión llegar a Dios, entonces el camino es el amor. No hay más. Lo que en el fondo Dios nos quiere decir es lo siguiente: “Si me amas, ama a tu prójimo. Si amas a tu prójimo, me amas a mi.” Es el circulo perfecto. Pero Dios no sólo quiso decirlo y ya, Él mismo puso el ejemplo de lo que es el amor más grande y verdadero.

Hijo: ¿Muriendo en la cruz verdad?

Papá: ¡Exacto! Dios se hizo hombre y puso el ejemplo. Dejó fuera todo sentimentalismo y placer para morir por nosotros. ¿Cómo sabemos que Jesús murió por amor? Pues porque como te dije al principio, su crucifixión fue un acto voluntariamente aceptado  para el bien y la verdad de la humanidad. Se que dios me ama pues, haciéndose hombre, se humilló por nosotros y, como te podrás imaginar, no conllevó ningún sentimiento bonito.

Hijo: Por eso me dicen en la clase de catecismo que nadie ama tanto como quien da la vida por sus amigos.

Papá: Si. Cuando mueres por alguien, estas renunciando a lo más valioso que tienes en esta tierra: tu propia vida. Y al ser esta la condición última para tu existencia, entonces cuando mueres por alguien, queda completamente claro que ese acto fue el más desinterezado de todos. Nadie puede obtener ningún beneficio terrenal propio de morirse. Al morir por alguien le estás diciendo “No importo yo, importas tú”. Y eso, mi querido hijo, es la clave del amor.

Hijo: Oye papá… ¿Tu amas a mamá verdad?

Papá: Claro…

Hijo: ¿O sea que tu estarías dispuesto a morir por ella?

Papá: Ruego a Dios para que me ayude a decir que si, si es que Él así lo dispone. Pero no solo por tu mamá, sino por ti también.

Hijo: ¡En serio! ¿Serías capaz de dar la vida por mí?

Papá: Hijo mío, sería capaz de hacer lo que Dios disponga con tal de llevarte a ti y a tu mamá al bien y a la verdad.

Hijo: No te preocupes papá. Intentaré llegar sin que tengas que hacer tal sacrificio.

Papá: Lo se, y cuentas con mi apoyo total.

Hijo: Regresemos a casa para decirle a mamá lo mucho que  la amamos. ¿Sale?

Papá: Me parece estupenda la idea. Pero que te parece si también se lo decimos ayudándole a lavar los platos y a tender tu cama.

Hijo: Pero papá… ¡Tenía planeado llegar a jugar mi videojuego nuevo! Pero…. ahora que lo pienso bien, creo que mejor me olvido un poco de lo que yo quiero y que me hace sentir placentero, y mejor hago lo correcto… Aunque me cueste voy a ayudar a mamá en lo que necesite para demostrarle que la amo.

Papá: Y de paso, hijo querido, le estarás demostrando tu amor a Dios.


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