Ser el evangelio vivo

28 agosto 2012

Sin duda la frase que muestra esta imagen me cautivó.

Es una clara invitación a vivir el evangelio en primera persona.

Un católico siempre estará llamado a actuar de tal forma que cuando se encuentre con su prójimo, este pueda leer en su “ser” el mismísimo mensaje de Cristo.

Que mejor manera de acercar a alguien a las sagradas escrituras que por medio del vivo ejemplo de las mismas.

En su paso por este mundo, Jesús tan solo “hizo” sin necesidad de escribir absolutamente nada. Su puro actuar le valió para transformar la faz de la tierra.

Si un católico tiene como misión llevar almas al cielo, lo hará arrastrándolas con su ejemplo. No le busquemos más.

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Ser católico

26 julio 2012

Me intriga la siguiente afirmación que escuche por ahí…

“Anteriormente, atreverse a decir que uno no era católico podía ser causa de muchas críticas y hasta enojos. Hoy, en la época moderna, decir que uno lo es es lo que causa dichas reacciones…”

Que cierto puede resultar esto.

Yo puedo ir por mi país preguntándole a las personas en qué creen y poca son las que me dirán con convicción firme “En Jesucristo y su Iglesia católica”. 

Yo mismo lo noto en mi persona.

Cuando ante un nuevo grupo social, principalmente de negocios, me declaro abiertamente católico las reacciones suelen ir desde la indiferencia hasta la extrañeza.

Hoy, encontrarte a una persona que hable de su fe y de su creencia en público es bastante raro. Los temas que inundan nuestras conversaciones suelen ser políticos, económicos e incluso deportivos y de espectáculos. No solemos hablar mucho de religión y valores de forma abierta.

En un mundo que cada vez abraza más el relativismo moral, en donde cada quien es el dueño y señor de su propia verdad, los que vamos por el mundo promulgando que la verdad no está en nosotros sino en Dios, desde luego que pasamos como entes raros y anticuados.

Pero eso definitivamente le da más valor a quienes se abren a Cristo en medio de la adversidad. “No tengáis miedo a Cristo” fueron las primeras palabras de Benedicto XVI al iniciar su pontificado y como tal habrá quienes le hagamos caso y otros que prefieran seguir nadando en la corriente de la indefinición.


En donde estaría Cristo…

14 octubre 2011

Me pregunto….

Si Cristo decidiera que vuelve a la tierra a hacer lo mismo que hizo hace más de 2,000 años… ¿En donde lo haría?

¿Lo veríamos en África aliviando y curando la desnutrición?

¿Lo veríamos en Asia aliviando a las masas?

¿Lo veríamos en Europa reconquistando  sus pueblos?

¿Lo veríamos en Amércia Latina reconciliando a sus pueblos?

¿Lo veríamos en Estado Unidos explicando la verdadera riqueza?

¿En donde estaría llevando su labor misionera?

Pensemos que esta no es una idea de una posibilidad lejana ya que, de hecho, Cristo ya lo está haciendo.

De la mano de millones de católicos en todo el mundo, misioneros, sacerdotes, laicos, obispos, Jesucristo está recorriendo el mundo entero volviendo a predicar el mismo mensaje que nos trajo hace 2,000 años.

Cristo no estaría estar en algún lugar en especial, por que de hecho, ya lo está en estos precisos momentos.

Ahí en donde estás tú, actuando según sus enseñanzas, ahí mismo está Dios en el mundo.


Llevar a Cristo en el corazón

13 octubre 2011

Hace unos días una persona me hacia el siguiente comentario…

“No hay nada más rico que llevar a Cristo en el corazón”

¡Que hermosa manera de expresarlo!

Me agradó en especial el adjetivo “rico“. Llevar a Cristo se siente… “rico“.

Y no me dejarán mentir…

Quienes hemos vivido a lo largo de nuestras vidas la experiencia de Cristo en nuestros corazones, bien podríamos decir que esta se siente así… “rico“.

Rico de sabernos protegidos y acariciados por Dios.

Rico de creer que el futuro que viene es esperanzador.

Rico por no poder dejar de sonreír cada vez que hablamos de lo mucho que Cristo nos ama.

Rico de sentir la experiencia de transmitir ese mismo amor que recibimos.

Si… yo también pienso lo mismo. Llevar a Cristo en el corazón se siente… “muy rico”.


La promesa

12 septiembre 2011

¿Alguna vez has prometido algo con el suficiente compromiso de jamás, pero verdaderamente jamás, faltar a esa promesa?

¿Lo has logrado?

Resulta que Dios si lo hizo. Le ha prometido algo al ser humano y jamás ha faltado en el cumplimiento fiel e irrestricto a dicha promesa.

Se trata de un juramento que Él mismo promulgó para sí mismo y que posteriormente hizo extensivo a toda la raza humana.

En efecto, Dios le ha prometido algo incondicionalmente a todo ser que habita en este planeta.

Pero…

¡Cómo le convendría romper dicho pacto! El mundo sería perfecto si lo hiciera. Los hombres, sin falta alguna regresaríamos uno a uno hacia Él sin dudar. De no ser por dicha promesa el mal, el vicio y el pecado no estorbarían en el camino de nuestra salvación.

Ojalá no hubiera existido esa promesa. ¿Por que lo hizo? ¿Qué sentido tuvo haber jurado algo así? En verdad, el mundo no lo sabe, y muy pocos de hecho lo intuyen.

¿De que promesa se trata? ¿Qué podría haber comprometido a tal grado a Dios que en realidad le ata de manos ante la posibilidad de lograr la sociedad perfecta, la civilización del amor que tanto anhela?

Esta es dicha promesa hecha por Dios a los hombres:

“Jamás me interpondré entre ti y tu decisión. Eres libre”

Así es. Dios promete jamás intervenir entre lo que somos y lo que decidamos ser. Lo ha prometido y Él nunca, pero en verdad nunca, rompe una promesa. Ni siquiera si nosotros ante su persona si lo hagamos.

Nosotros a Él le podremos fallar, somos libres de hacerlo, pero Él jamás lo hará con nosotros. Se ha comprometido hasta el final.


Ser cristiano…

6 septiembre 2011

Recuerdo que hace tiempo un amigo me comentaba lo siguiente:

“¿Por que los católicos hemos dejado que se nos quite el título de cristianos. Hoy en día parece que existe una distinción clara entre quienes son católicos y quienes se dicen ser cristianos? ¿Que acaso no está mal permitir dicha separación del término?”

Desde luego que está mal.

Con el surgimiento de sectas e ideologías separatistas a la Iglesia Católica, se han proliferado movimientos que se hacen llamar “cristianos” y muchos católicos hemos cometido el error de permitir que dicha separación sea aceptada.

Todos los católicos somos cristianos, pero parecería que no todos los que se dicen cristianos suelen ser católicos. Nuestra Iglesia Católica apostólica y Romana pertenece a la persona de Cristo… luego… ¡los católicos somos Cristianos!

Así, los que hemos decidido pertenecer a la Iglesia que Jesucristo instauró en la persona de Pedro y sus sucesores, debemos de recuperar el empuje por denominarnos a nosotros mismos Cristianos, sin excepción y separación alguna.


Los jóvenes

25 agosto 2011

Pues bien, recién terminó la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid.

Una pregunta nos debe de atender a quienes presenciamos y seguimos de cerca los pasos del Papa Benedicto XVI durante este encuentro:

¿Por qué la Iglesia convoca a los jóvenes?

Juan Pablo II lo llegó a expresar de esta bella manera en una de estas jornadas:

“Jóvenes, en ustedes está la esperanza del mundo; porque ustedes pertenecen al futuro y el futuro les pertenece a ustedes”

Esta es la razón por la que la Iglesia llama cada dos años a los jóvenes a reunirse en torno al Papa, para refrendarles el llamado a construir el mundo que queremos, el mundo que Dios quiere para sus hijos.

Cada dos años los jóvenes católicos del mundo renovamos nuestros votos de adhesión a la Iglesia y a la guía del Papa. Laicos, seminaristas, consagrados, futuros matrimonios, todas las vocaciones se renuevan en estas jornadas.

Personalmente este encuentro, el cual seguí por Internet,  me deja mucho de positivo, pues actualmente paso por una etapa de discernimiento profesional importante y las palabras de Benedicto XVI me ofrecen una luz imprescindible para encontrar las respuestas que busco.

Hoy confirmo mi vocación…“soy joven, soy católico y sobre todo… ¡Soy fiel seguidor de Cristo!”

 


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