Confiar en Dios

24 junio 2013

A los católicos se nos solicita constantemente que confiemos.

Confía en Dios…
Confía en la Virgen…
Confía en la voluntad del Creador…

Sin embargo, valdría la pena analizar qué exactamente significa esta acción de confiar la cual, dicho sea de paso, pareciera mucho más fácil de decir que de encarnar.

Confiar, desde mi personal punto de vista, significa “creer que puedes“, haciendo énfasis en el “puedes” como forma estricta de decir que “tú puedes”.

Confiar no quiere decir que Dios se hará cargo de tu vida y suerte mientras te sientas a observar cómo esto se lleva a cabo como por arte de magia. No implica que uno deba quitar las manos de su futuro en la espera que Dios meta las suyas.

Más bien, confiar en Dios significa confiar en ti mismo. Confiar en que el Creador, en su infinita sabiduría, te ha dotado ya con todos los recursos necesarios para ser feliz y para lograr la grandeza.

Por eso creo que es más conveniente decir “Confía en Dios, pues Él ya confía en ti…”

Si en verdad crees que eres el hijo de un grandioso y perfecto Dios, entonces también acepta que dentro de ti ya posees los recursos y las herramientas para triunfar.

Dios quiere que seas tú el que triunfe, no Él en tu lugar. Así que confía en que eres una creatura con la fuerza y la inteligencia suficiente para cumplir tu misión en la tierra.

Si confías en Dios, entonces confía en ti.

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Nadie como tú…

21 junio 2012

Aquí una reflexión corta que me parece tiene mucho, muchísimo, fondo:

“Jamás ha existido, ni jamás volverá a existir en la historia de todo el universo, alguien como tú… Eres una pieza única, especial, singular, inequívoca e irrepetible en el conjunto eterno de la historia del tiempo.”

Es crucial que lo entendamos a cabalidad…

¡Dios se tomó todo el tiempo del mundo para crearte especialmente a ti, así tal y como eres!
(y jamás te volverá a repetir)


La creación…

21 mayo 2011


Humus

4 septiembre 2010

En la homilía del domingo pasado el sacerdote habló sobre la humildad, ya que el evangelio en turno (Lc 14, 7-14) nos invitó a procurar no enaltecernos sino dejar que sea Dios quien lo haga.

Lo que más me gustó de las palabras del padre (tanto que me hizo tener que sacar mi celular durante el sermón para apuntar la nota de su comentario), fue cuando reflexionó sobre el término etimológico de “Humildad”.

-La palabra “Humildad”-, nos comentó – al igual que la palabra “Hombre”, provienen del latín “humus” que significa “tierra”.

Wow!!! ¿No les parece llena de luz esta verdad?

¿Por qué?

Recordemos que cuando Dios creó al hombre, lo hizo juntando un poco de arcilla (tierra) para darle forma y luego con su toque divino le infundió la vida (el alma).

Por lo tanto, la tierra, el elemento más simple y elemental de nuestra naturaleza es, en el fondo, la escencia de nuestra humanidad.

Recordemos que el miércoles de ceniza, cuando el sacerdote nos graba la señal de la cruz en la frente, las palabras que nos dice suelen ser: “Polvo eres y en polvo te convertirás”. En pocas palabras, el miércoles de ceniza nos rememora nuestro origen, lo que somos en realidad.

Por eso también el termino “Humildad” viene del mismo vocablo “humus”(tierra).

Quien es humilde nunca olvida lo verdaderamente valioso del ser humano: el alma. El cuerpo (materia) proviene de la misma tierra que pisamos y una vez que este muere, a esa misa tierra regresa. Pero el alma no, ya que esa es dada por Dios, y es eterna.

Para mi, reflexionar en esto  el domingo pasado fue maravilloso, incluso reconozco que la mitad del la homilía del sacerdote me la pasé con la mente enfocada en esta idea.

La tierra es simple, vacía, sucia y tiene poco valor, pero cuando Dios le pone su especial toque, la diviniza y crea de esta misma materia inerte la creatura más importante y valiosa del universo ante los ojos del Creador: El ser humano.

Poder convertir  lo simple en algo maravilloso y  lo impuro en algo  lo glorioso, es la muestra del gran poder de Dios.

La humildad es asumir una actitud de vida en la que, tengas los triunfos que tengas, seas tan exitoso como tu capacidad te lleva a ser, siempre te acuordes que todo lo que has logrado y todo lo que lograrás, solo es posible por que Dios te quiso en este mundo. ¡Pequeño detalle! ¿no lo creen?


La libertad

19 abril 2010

Imagina que Dios, todo poderoso, crea de la nada la piedra más pesada del mundo. Es tan grande y pesada que, luego de crearla, ni siquiera Él mismo puede moverla. ¿Pero cómo? ¿Pues que no habíamos quedado que Dios es todo poderoso? Pues si, pero es justamente que Dios decidió crear una piedra tan grande y tan pesada que ni él mismo la puede mover, y le puso de nombre: libertad.

Dios creó la libertad y la diseñó tan pesada y tan grande que no puede moverla. Además, si pudiera no querría hacerlo. ¿Por qué?  Por que la libertad es el campo de acción sobre el cual el amor cobra sentido.

Me explico… Si yo obligo a una persona a que me de un regalo y esta accede a regañadientes y me lo da, el acto que esta persona tuvo hacia mi no tendría el mismo sentido que si por iniciativa propia esta decidiera dármelo. Yo valoro más su acto de generosidad si este viene dado en un entorno de libertad.

Así que Dios creo la libertad pues sabía a la perfección que esta era necesaria para prepararle el campo a su todavía más grande y perfecta creación:el amor. Dios te hace libre, te regala la libertad, a pesar de que tu decidas mal usarla. No importa, igualmente te la da. No la puede mover.

Cuando me encuentro con estas pequeñas verdades que me ayudan a entender un poco más del mundo en que vivimos, es que me admiro más y más de cada detalle de la creación del gran artista del universo. Todo esta perfectamente planeado, todo embona, todo es perfecto.


Libertad y prosperidad

30 octubre 2009

Recién acabo de leer un reporte por más revelador.

Se trata del “Reporte 2009 del índice de prosperidad” que elabora la fundación Legatum que tiene sede en Inglaterra (Les recomiendo que lo descarguen)

Este reporte que se publica anualmente considera distintos factores para generar un ranking de los países más prósperos del planeta. Así, el ranking 2009 de los 20 países más prósperos es el siguiente:

1) Finlandia

2) Suiza

3) Suecia

4) Dinamarca

5) Noruega

6) Australia

7) Canada

8) Holanda

9) Estados Unidos

10) Nueva Zelanda

11) Irlanda

12) Reino Unido

13) Bélgica

14) Alemania

15) Austria

16) Japón

17) Francia

18) Hong-Kong

19) España

20)Eslovenia

Pero fuera del análisis que podríamos hacer de la manera en que se realiza este reporte o los factores que conllevan a que un país sea más o menos próspero, me gustaría centrarme en la manera en cómo este Instituto entiende la prosperidad, ya que el reporte considera en por lo menos un tercio de sus variables un factor común para llegar a sus conclusiones: la libertad de poder hacer.

Es decir, este reporte asume que entre más libertad tengan los ciudadanos de un país para poder elegir y decidir su propio destino, entonces más prospero este será. ¡Estoy de acuerdo!

La libertad, es el valor que más hemos defendido los seres humanos a lo largo de toda nuestra historia. Libertad física, libertad de expresión, libertad de culto, libertad de crecer, libertad de amar…

Cuando Dios creó al hombre le hizo libre aún a sabiendas de que este regalo podía implicar que el ser creado se alejara por decisión propia de su Creador. ¿Paradójico? No, brillante.

Creer por convicción en libertad tiene más sentido que creer por obligación. Igualmente, decidir no creer por convicción, tiene más implicaciones personales que ser obligado a no creer. Pero al final Dios nos hizo libres.

Por eso me gusta la perspectiva presentada en este reporte de prosperidad, entendiendo el fomento de la libertad como el detonante principal para elevar la calidad de vida en un país.


Oye papá…

4 agosto 2009

father-and-son

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas  al siguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá ¿Por qué creó Dios al hombre si es que este es capaz de hacer tanto mal?

Papá: Mi estimado hijo, recordemos, antes que nada, que Dios tiene una naturaleza infinitamente buena. Es decir, de Dios emana solo bien. Así, la creación del hombre por parte de Dios es un acto de completa bondad y amor. Dios creo al hombre para dejar que este participe de toda la bondad que de Él es posible obtener. Dios, no pudo no haber creado al hombre, dado que al crearlo esta cumpliendo con su naturaleza creacionista de lo bueno.

Hijo: Entonces ¿ El hombre es bueno por naturaleza?

Papá: Yo creo que si. La creación del hombre es buena por sí misma y toda la idea de él. Es decir, el proyecto del hombre que Dios creó es perfecto, incluso con la posibilidad de que, como parte de este proyecto de creación humana, se le concediera a esta creatura la oportunidad de elegir el mal.

Hijo: Eso es contradictorio papá. ¿Cómo es posible que sea bueno que el hombre pueda decidir hacer el mal?

Papá: Mmmm… pues en cierto sentido, si. Déjame tratar de explicarme un poco más.  Lo bueno es la capacidad de elegir, no el mal elegido en sí. Dios nos hizo libres (bueno) aunque esto implique que podamos elegir lo contrario a su voluntad (malo). Esto nos lleva al amor…

Hijo: ¿El amor? ¿Que tiene que ver el amor en todo esto?

Papá: Ah, muy sencillo. Escucha con atención pues es la parte medular de la respuesta que buscabas originalmente mi querido hijo.

En el amor más perfecto que existe, Dios nos quiso libres, y la libertad es el regalo más grande que por amor se puede dar al ser amado, aún conociendo que este regalo puede resultar en algo no conveniente para  quien lo da (que a quien amo, al darle la libertad ,no me corresponda como yo quisiera). Qué fuerte ¿no crees?. Así que aunque Dios supiera que al hacernos libres nos estaba dando la oportunidad de optar por no elegirlo a Él (hacer el mal), aún así nos quiso crear con la ya mencionada  libertad. Así de grande es el amor desinteresado y perfecto de nuestro Creador. Dios nos dice: “Te hago libre por que te amo y, por lo tanto, te doy la oportunidad de que seas tu quien decida si me amas o no”

Hijo: ¿Dios se equivocó entonces al hacernos libres? ¿No hubiera sido mejor que nos hiciera buenos a todos por naturaleza y que no nos hubiera dado la posibilidad de obrar mal? Suena como que Dios se equivocó al crear al hombre así ¿No lo crees?

Papá: Así pareciera, pero no lo es, ya que Dios, como estratega magistral lo pensó todo a la perfección. Y he aquí lo más hermoso de todo…

Así como Dios sabía que con la libertad nos estaba concediendo la posibilidad de actuar mal y no elegirlo a Él, también estuvo consciente al crearnos que, con esa misma libertad de elección, las acciones buenas y en dirección a Él, adquieren un mayor valor. Tiene más valor actuar bien por que así lo decidimos, que hacerlo por que me están obligando a hacerlo. La libertad enriquece el acto bueno. Cuando alguien te da un regalo, este es más valioso si la persona que te lo dio tuvo la verdadera intensión de darle. Si hubo alguien detrás que lo obligó a hacerlo, entonces el regalo pierde mucho sentido.  Es la elección persona y consciente de hacer el bien lo que Dios busca del ser que Él creo. Y es en este punto, en donde podemos entender la perfección del proyecto creacionista de nuestro Señor.

Hijo: Gracias papá, ahora entiendo un poco más…

Papá: No te canses en preguntar hijo. Te aseguro que aprendemos juntos. Ahora ya vamos de regreso a casa pues la cena ya debe de estar lista.

Hijo: Ojalá mamá nos haya cocinado puré de manzana y pollo. Me encanta.

Papá: Tu mamá es libre de decidirlo… así que agradeceremos cualquier cosa que nos haya preparado ya que lo hizo con amor.

Hijo: No lo dudo, pero… por favor Diocito lindo que mi mamá haya decidido hacer puré y pollo…

Papá: Hijo….

Hijo: Ok… ok… ya entendí… lo que mamá haya decidido en libertad… je je.


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