La tarjetita blanca

30 marzo 2015

Acabo de dictar una conferencia en una escuela de nivel preparatoria. Esta charla llevó como título “Mi proyecto de vida”.

Mientras preparaba la conferencia meditaba sobre todas los elementos que podría yo transmitir a estos jóvenes sobre lo que he aprendido en relación al desarrollo de proyectos de vida y orientación vocacional

Sin embargo dado que nada más contaba con 45 minutos para impartir esta conferencia decidí que me concentraría en hablar sobre mi experiencia con un simple y sencillo objeto, pero que es al mismo tiempo el artículo más importante que yo poseo en relación a este tema y que, de hecho, significó para mi un cambio radical en mi vida: una tarjetita de papel blanca.

Me explico.

Resulta que en mi juventud, cuando me encontraba inmerso en una profunda crisis vocacional (no tenía ni idea que carrera tenía que elegir ni a que profesión me tenía que dedicar en mi vida), un profesor al que me acerqué para consultar sobre mi situación me comentó lo siguiente:

“José Luis, no puedes pensar en términos de profesiones ni carrera si antes no decides primero un destino de vida”

Acto seguido, me invitó a su oficina y sacó de un cajón una tarjetita blanca de 10×15 cm y me le entregó diciéndome:

“Escribe en este papel qué eliges ser”

Sorprendido, recibí la tarjeta en mis manos y le pedí que fuera un poco más explícito en la tarea que me estaba asignando.

“Escribe en esta tarjetita blanca la meta que deseas lograr en tu vida, la misión que crees estás llamado a conseguir. Tu vocación”

Me pidió que me tomara algunos minutos para escribirlo.

El asunto es que no pude escribir nada. No tenía ni idea de que poner en ella.

Al ver que dicha tarea implicaba para mi un trabuco, me dijo nuevamente:

“Ese es el problema José Luis. Mientras no puedas poner en esa tarjeta cual es tu misión de vida, no pueden pensar en resolver nada más relacionado con tu profesión ni tu trabajo”

Ahí fue donde descubrí por primera vez el término vocación y la importancia que tiene el descubrirla para poder dar luz al camino de la propia vida.

Por momentos creía que debía de poner ciertas metas y objetivos en ella, pero estas luego me parecían poco atractivas e inmediatamente después las borraba y me veía obligado a volver a empezar.

No miento cuando digo que tardé más de 5 años en poder decidir que habría de poner en la tarjetita.

Más cuando encontré la frase definitiva, todo cambió. Mi vida tuvo sentido, los caminos se me iluminaron y mi crisis vocacional se disolvió.

¿Que puse en la tarjeta?

Aquí una foto de la misma

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¿Maestro? ¿El mejor del planeta? Pues si, muchas cosas tuvieron que suceder para que yo me percatara que mi vocación de vida era la de ser formador.

Más cuando puse esa frase en el esa tarjeta verdaderamente sabía que era mi vocación y debía de destinar mi futuro a tratar que esa misión se lograra.

Hoy en día, si bien no puedo decir que soy el mejor maestro del planeta, me gusta creer que estoy trabajando para llegar algún día a serlo. Doy clases, he trabajado como directivo universitario, soy mentor de jóvenes, imparto conferencias, actividades que cada día confirman que yo nací para formar (Y si, resulta que lo hago bastante bien).

Ese es el poder que tiene una visión y una meta en la vida de una persona. Una vez que descubres el destino, el camino se ilumina por sí solo.

Así que en la conferencia que acabo de dictar a estos jóvenes de último año de preparatoria, no hice otra cosa que narrarles mi propia historia de la trajetita y al final concluí entregándoles a cada uno una tarjeta blanca exactamente igual que algún día cambió mi vida.

Lo que más me impresiona de esta anécdota, es que me resulta impresionante como un simple pedazo de papel que económicamente no lave ni un centavo, puede convertirse en el objeto más valioso en la vida de una ser humano.

¿Su tarjeta que diría?


Una experiencia muy peculiar…

26 diciembre 2012

Esta publicación será un poco extensa, pero me veo en la necesidad de compartir detalladamente una experiencia personal de gran relevancia.

Hace una semana fui invitado a impartir una conferencia ante un público muy especial. Se trataba de un grupo de reos que están reclusos en un centro de readaptación regional a las afueras de la ciudad.

La verdad es que en cuanto recibí la invitación de parte de una misionera que lleva varios años dedicada a evangelizar a ese sector de la sociedad, no me pude negar a tratar de vivir esa experiencia.

Debo reconocer que desde que se ingresa al penal, aun en calidad de visita, la sensación que se presenta en el corazón es bastante estrujante. Por un lado se respira la dureza en el corazón y cuerpos de quienes ahí viven, pero al mismo tiempo se puede percibir la debilidad en las almas de quienes se saben caídos y señalados por el mundo (justa o injustamente).

El motivo de la invitación que me hizo la Cofraternidad Carcelaria de México (movimiento de la Iglesia Católica para evangelizar en las cárceles) para charlar con ellos, tuvo como objetivo llevarles un mensaje de esperanza y transformación a estos duros pero angustiados seres que en tales circunstancias suelen ser relegados y olvidados.

Para ingresar, los que asistimos tuvimos que acatar ciertas normas de vestimenta como no llevar prendas blancas, azules ni negras, no usar zapatos con plataformas elevadas, ni llevar absolutamente ningún accesorio como teléfono celular, cartera, monedas ni otros objeto que no hubieran sido previamente avisados por los organizadores de la visita.

Para poder llegar hasta el lugar en donde se llevaría a cabo el encuentro con los reos, tuvimos que pasar por tres revisiones en distintos puntos de control.

Una vez dentro del reclusorio, la conferencia tuvo lugar en el interior de la capilla del centro, misma que estaba siendo rehabilitada y reparada por los mismos presos durante esos días. Un olor a pintura fresca se respiraba por todos lados. Era una capilla sencilla y muy bien cuidada.

Ahora bien… ¿Qué le puedes decir a un público tan peculiar?  ¿Qué mensaje les podría llegar verdaderamente al corazón a estos hombres que son más bien juzgados por no tenerlo?

Juro que no pude preparar mi conferencia previo a la visita por no tener ninguna pizca de inspiración al respecto. Las frases y mensajes que suelo exponer en otros foros parecían  no tener cabida ahí, en ese ambiente de prisión y poca esperanza (hay presos que tienen sentencias de hasta 200 años).

Llegué al reclusorio con apenas unas cuantas ideas de lo que podría decir, más bastante desorientado en cómo hacerlo por espacio de una hora y media que se me había asignado.

Como siempre lo hago antes de comenzar cualquier conferencia, busqué un pequeño espacio previo a la charla para encomendarme al Espíritu Santo y pedirle a Dios que me diera la sabiduría para hablar en su nombre.

“Señor, utilízame para decir lo que tu quieras que les sea dicho”

Y así fue que empecé…

Inicié mi conferencia ante los casi 6o reos que me escucharon esa tarde, agradeciéndoles y felicitándoles por  tener el entusiasmo  de tener la capilla, la casa de nuestro Señor, tan bien cuidada. Ante lo cual respondieron bastante entusiastas y orgullosos, pues se notaba de inmediato que dicho recinto les significaba respeto.

Pero después de dicha introducción, no recuerdo del todo bien exactamente qué palabras usé ni de que frases me valí para dialogar con ellos. Creo que les hablé un poco sobre  talento, vocación o algún tema similar. En serio, no recuerdo bien que palabras usé.

Más si tengo muy presente que las miradas de estos hombres jamás dejaron de dirigirse atentamente hacia mi muy ansiosos de recibir algo que nadie las había dado hace mucho tiempo: atención especial.

De hecho, lo que más recuerdo de mi charla es que, para concluirla, tomé la decisión de subirme al altar que se situaba a mis espaldas, me tomé unos cuantos segundos de silencio para mirar directamente a los ojos al mayor número de asistentes en el foro  y posteriormente les dije con voz fuerte y directa:

“¡¡Los quiero, los quiero mucho!!”

Y esto se los dije muy en serio, no como una frase más dentro de una charla de motivación, sino como una necesidad interior por expresárselos de manera especial a ellos, los rechazados del mundo. Mientras se los decía, el corazón se me exprimía de angustia por tratar de sentir lo que esos hombres llevaban en cada una de sus historias personales de vida.

Ese “los quiero” estaba cargado de todas las muestras de cariño que nadie les ofreció en su pasado  y que pudieron haber evitado que sus vidas llegaran al punto en donde creyeron que no había otra opción que el rencor y el odio para salir adelante.

Tras decirles estas últimas palabras, inmediatamente pude notar en la mirada de muchos de ellos lágrimas y conmoción. Era notorio que les había tocado muchas fibras sensibles. Algunos de ellos, con los ojos un poco humedecidos por las lágrimas, bajaron la mirada para no permitir que se notara su humana debilidad.

Es un hecho, pude haberles hablado de cualquier cosa o no haberles tocado ningún tema en particular, con esas cinco sencillas palabras hubieran bastado para que mi visita les valiera para algo.

Sin tener el ánimo de presumir nada en lo absoluto, puedo decir que esa ha sido una de las mejores conferencias que he dado en toda mi vida. Al terminar me sentí desbordado de energía y muy satisfecho por los resultados obtenidos.

Al concluir la  conferencia tuve la oportunidad de dialogar personalmente con varios de estos reos y conocer de primera mano sus historias. Pude ofrecerles algunos consejos y animarlos para que aprovecharan el tiempo que les correspondiera estar ahí para fortalecer su espíritu principalmente ayudando al prójimo.

Al salir del reclusorio muchas reflexiones me vinieron de inmediato a la mente. Sin duda aprecié el sencillo detalle de atravesar una puerta que me diera acceso a la libertad de poder dirigirme a donde yo quisiera, aprecié la posibilidad de tener acceso a una comida bien servida en casa, también valoré como nunca el baño con agua caliente que cómodamente me pude dar esa noche, pero sobre todo, valoré la posibilidad de tener el abrazo permanente de mi familia a quien llegué a disfrutar como hace mucho tiempo no lo hacía.

Le he contado esta experiencia a varias personas y las reacciones han sido muy variadas. Desde quienes se muestran interesados por conocer los detalles de esta experiencia hasta quienes me cuestionan el que le haya puesto atención a un sector de la sociedad que no tendría por que merecer aprecio alguno.

En fin, el tema es que yo tuve la oportunidad de vivir por una tarde lo que miles de personas vivirá por muchos años de su vida. No soy absolutamente nadie para juzgar el merecimiento que alguien pueda tener para perder su libertad por haber cometido un crimen. Se que la ley humana es imperfecta más necesaria. Más también sé que si Dios decidiera regresar nuevamente al mundo encarnado en Jesucristo, pasaría gran parte de su tiempo predicando en lugares como esos y a personas como dichos reos, pues quienes necesitan al doctor son los enfermos no los sanos.

Para conocer más sobre la labor evangelizadora que nuestra Iglesia Católica lleva a cabo en las cárceles en el mundo y en México pueden visitar el sitio de la Cofraternidad Carcelaria de México.


Conferencia…

15 noviembre 2012

Hoy tendré una nueva oportunidad para hablar ante un público de jóvenes y sus papás. Una importante universidad de mi país me ha pedido que le ayude en un foro que están organizando.

¡Dios, cómo me apasiona hacerlo!

Sin importar de que se trate el tema que se ofrezca por medio de mi oratoria, siempre sentiré que cada conferencia es una nueva posibilidad de permitir que Jesús hable a través de un servidor.

Les pido sus oraciones para que Cristo pueda tocar muchos corazones por la vía de mi voz.

¡Probando uno… dos… tres…!

 


Preparando una conferencia

19 julio 2012

Me fascina hablar en público, me siento bastante a gusto encontrando  oportunidades para predicar sobre gran variedad de temas encima de un escenario.

Se que para mucho hacer esto puede resultar aterrador o paralizante, pero en mi caso es todo lo contrario. Es cuando más cómodo me suelo sentir y en donde siento que puedo aportar más y mejor a mi vocación.

En estos momento, de hecho, estoy preparando una conferencia que impartiré en un par de horas sobre el tema de Orientación Vocacional en una universidad importante de mi país.

Para hacerlo, además de planear, diseñar y revisar las correspondientes diapositivas en la computadora, me doy un tiempo para rezar y ofrecerle la ponencia a Dios.

Para hacer esto último suelo repetir esta oración una y otra vez:

“Señor, que mi voz sea la tuya”

Además, minutos antes de ingresar al escenario me encomiendo al Espíritu Santo de la siguiente forma:

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tu fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu creador y renovarás la faz de la tierra…”

Hasta el momento mis conferencias han resultado bastante exitosas (me las siguen solicitando) y yo lo atribuyo a que Dios ahí me quiere trabajando, además de que es el foro desde el que siento que puedo responder mejor al llamado que me ha dado como formador.

Así que esperando que la conferencia que en unas cuantas horas estaré impartiendo sea del total agrado y productiva para Dios, les dejo pues tengo que seguir preparándola.


Conferencia ante grupo Rotario

10 noviembre 2011

Recién tuve la oportunidad de ser invitado por el grupo Rotary International a impartir una conferencia sobre “Vocación” (uno de los temas que más he estudiado) y me alegro decirles que la respuesta de los asistentes fue más que maravillosa.

La verdad es que el público para mi conferencia era más que ideal pues para ser Rotario, de hecho, debes de haber tenido un descubrimiento vocacional importante en tu vida… El de amar al prójimo.

Los Rotarios son probablemente la agrupación social más grande del mundo en términos de filantropía y ayuda social y en México sus programas tienen una fuerte presencia.

Me complace haber podido pasar un par de horas con un grupo de ellos charlando sobre la idea de hacer el bien y crear valor en el mundo.


¡¡¡Se buscan testimonios de fe!!!

12 junio 2010

¿Eres católico? ¿Tienes un gran testimonio de lo que significa ser católico? ¿Te has encontrado con alguien que por su testimonio te hizo amar a Dios y a su iglesia? ¿Quieres predicar el amor de Dios a través de tu experiencia personal como miembro de la Iglesia Católica? ¿Te has encontrado con un santo en vida cuyo testimonio valga la pena difundirse?

Te pido que me dejes conocerte… ¡Anímate a escribir tu testimonio, experiencia o lo que quieras compartirle al mundo sobre tu fe católica!

Con los testimonios que reciba enriqueceré el contenido de este blog y el de mi conferencia “The Catholic Way”. Creéme, los testimonios son la mejor manera de transmitir el evangelio.

No dudes en escribirme el tuyo al correo diariodeuncatolico@gmail.com


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