¿Dios existe?

4 junio 2014

Esta pregunta vuelve a formar parte de mis inquietudes filosóficas en este periodo de mi vida, y no por que me encuentre dudando de mi fe (lo cual reconozco que si sucede en ocasiones) sino más bien por que me siento ansioso por encontrar formas de explicar a Dios de formas simples y asequibles.

Y es que recién terminé de ofrecer un curso universitario en donde pedí a mis alumnos que debatieran y dialogaran sobre la existencia de Dios. Los resultados en materia de consturcción de argumentos fueron por demás extraordinarios.

Sin que yo les pidiera explícitamente que lo hicieran, ellos mismo se acercaron a los argumentos de Santo Tomás para estudiarlos y tratar de encontrar en ellos luz a sus dudas.

El curso terminó ya y la inquietud por buscar respuesta a esta pregunta fue sembrada totalmente en mis alumnos, así que puedo decir que mi objetivo académico fue cumplido.

Sin embargo para mi la cuestíón no termina una vez que se cierran la aulas y los alumnos salen de vacaciones. Cada vez que hablo de Dios ante mis alumnos más crece en mi la necesidad de saber más de Él (O tal vez podría decirse que cada vez que conozco más sobre Dios, más necesida tengo de hablar acerca de Él a mis alumnos)

La inquietdu por entender y, de ser posible, demostrar la existencia de Dios siempre me ha parecido fascinante.

Desde luego que he analizado y estudiado las vías Tomistas que hacen referencia a esta cuestión, he leído lo que autores como Benedicto XVI han escrito sobre la fe, y desde luego que también he atendido a los argumentos que muchos ateos proponen para demostrar la no posibilidad de la existencia de un Creador inteligente.

A estas alturas de mi vida, tego suficientes respuestas en el sentido afirmativo de la existencia de Dios, eso es claro, más siempre tengo la necesidad de tener mejores medios y formas de explicarlo a los demás.

Soy maestro de vocación y no puedo dejar de pensar en términos de transmisión de conocimientos hacia los demás.

Yo he conocido a Dios en mi vida y me encantaría poder transmitir con más efectividad lo que se de Él a los demás.


Los frutos de una pequeña visita…

24 marzo 2009

Hoy, antes de iniciar mi clase, tuve la oportunidad de pasar a visitar al Maestro en la capilla de la universidad de donde soy docente y encomendé especialmente  la clase que estaba a punto de impartir. “Señór, que seas tú quien hable y no yo…” 

Bastará con decir que, tras hora y media que duró la sesión,  sentí que de alguna manera hoy mis alumnos mostraron al finalizar  una sensación especial de reflexión, justo lo que deseo lograr en ellos  cada clase. Es como si hoy hubiera sentido que el mensaje que les quise transmitir tuvo un impacto especial en ellos. 

Basta con acudir a Cristo un momentito antes de iniciar cada actividad para que Él también trabaje mano a mano con nosotros.


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