Oración sobre el acto de amor…

12 julio 2011

Famosa es esta hermosísima oración atribuida al poeta Fray Miguel de Guevara (1558-1646) que me encontré pintada en las paredes de una iglesia.

Creo que es uno de los sonetos más ricos en contenido que podemos encontrar en la literatura religiosa.

No me mueve mi Dios para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
 
Tú me mueves Señor;
muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.
No tienes que darme por que te quiera,
porque aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Escribir de esta manera para Dios es trascender con el alma… ¿no lo creen?

La misión esponsal…

11 julio 2011

El fin de semana pasado asistí a la boda de un amigo y me dio gusto escuchar las palabras del sacerdote que les casó, quien les recordó cual es la misión de cada uno de los esposos dentro del matrimonio…

“Facilitar la santidad de su pareja”

En mi boda (hace ya casi siete años) el sacerdote nos dijo algo similar a mi y a mi preciosa esposa…

“La misión es que lleguen juntos al cielo. No se vale que lleguen separados o que solo llegue uno”

Que cierto es todo eso. El matrimonio es el primer gran encuentro de los seres humanos con la responsabilidad de lograr llevar al cielo a alguien con nombre y apellido. No se trata de apoyarte en el otro para llegar tú, sino de ayudar al otro a que llegue también.

Lamentablemente muchas parejas apenas y logran captar esta misión esponsal una vez que contraen matrimonio, pues jamás logran deshacerse de su propio egoísmo y olvidan que el matrimonio es una sociedad de entrega y no de petición.

Dios bendiga a las parejas nuevas y les conceda la fuerza para sostener su fidelidad y amor por toda la vida, pero para esto habrá que recordar que, en el matrimonio, así como en cualquier ámbito de la vida… ¡Con Dios se puede todo, sin Él no se puede nada!


Lo que verdaderamente importa… (I)

22 octubre 2010

Amigo lector, quiero que te imagines por un instante cómo será el momento de tu juicio final…

Imagina que estás de frente a Dios y alrededor de Él se ubica toda su corte celestial (ángeles, arcángeles, querubines, santos,etc…)

El análisis de tu vida… de toooooda tu vida está a punto de comenzar.

De la decisión que se dictamine en esta corte dependerá si tu destino eterno es disfrutar del amor pleno, total y sublime de Dios o, por el contrario, quedar marginado de esta dicha.

Muy bien… ahí estás, de frente y expectativo a tu momento de inflexión eterno.

Piensa por un instante…

¿Qué crees que se te preguntará?

¿Qué es lo que más peso tendrá a la hora de ponderar las acciones de tu vida?

Es en este momento cuando los hombres hablarán por sí. Tendrán la oportunidad de expresar y dialogar sus razones para la eternidad.

Muchos apelarán a su riqueza material.

“Señor, dime cuanto cuesta el cielo y con gusto pagaré el precio… tan solo dime la cantidad”

Otros tratarán de apelar sus talentos personales para abrirse una posibilidad.

“¡Vamos Dios!… Tú sabes lo mucho que valgo. Sería un error no tomarme en cuenta ¿estás de acuerdo?”

Habrá quienes por primera vez se encuentren en la necesidad  de pensar en Dios…

“Pero…. ¿en serio existías? Que esto de la religión… ¿no era un invento?”

Muchos se verán en la necesidad de usar argumentos tardíamente terrenales…

“Dios… déjame hacer unas llamadas, contactar a unos amigos para ver si puedo arreglar algo…”

Ante todos estos argumentos, Dios y los seres espirituales que ya le acompañan en el cielo se quedarán escuchando… Con toda la atención de su misericordia te dejarán hablar y argumentar todo lo que tu creas conveniente.

Pero al final, una vez que hayas terminado tu exposición humana, te harán una sola  pregunta…

“Ya has hablado… ahora la única cuestión que verdaderamente importa… ¿Cuanto has amado?”

No existe otro parámetro. No hay más variables en la ecuación… Todo dependerá de este único y simple elemento: el amor.

Todos pasaremos por esta pregunta. Esa es la llave del cielo.

De lo que seamos capaces de contestar en ese momento sobre esa pregunta, dependerá nuestro destino eterno.


Las pinceladas de Dios…

8 octubre 2010

Dios es una gran artista y si no me creen, aquí les dejo unas imágenes que me han llegado vía correo electrónico de una  de sus mejores obras de arte.

Título: La aurora boreal”.

Técnica: “Magia sobre cielo”

Autor: “Dios”



Sobreviviendo al mar

27 julio 2009

Seguramente ya muchos se habrán enterado de la experiencia tan trágica que vivieron los pasajeros del buque de la armada “El Maya”.

La noche del 2 de julio, 79 familiares de presos de las Islas Marías, 10 misioneros católicos y 30 marinos que tripulaban la nave se percataron que, 4 horas antes de llegar a su destino final (sarparon del puerto de Mazatlán con destino a las Islas Marías), el barco se empezó a incendiar. Obligados por este siniestro, y coordinados de manera ejemplar por el grupo de marinos, todos saltaron al mar y se subieron a las lanchas salvavidas.

Afortunadamente, unas horas después, y gracias  a que una avioneta particular pasó por la ruta, fueron rescatados con vida y llevados a su destino final. Habiendo pasado por esta experiencia tan aterradora (que incluyó algunos tiburones merodeando las balsas salvavidas) cualquiera hubiera decidido desistir de la misión original y regresar a casa. Sin embargo, los misioneros, comandados por el padre Bernardo Skertchly decidieron no dar marcha atrás y llegar a cumplir su objetivo final: misionar a los presos y sus familiares de las Islas Marías.

La historia completa puede leerse en el diario Reforma en la edición del 25 de julio, así como también pueden encontrarse (aún)  los videos del testimonio del padre Bernardo junto con una chica misionera que vivió igualmente la experiencia en la versión en línea del periódico.

Vale la pena recalcar la templanza mostrada por el padre en el momento en que todos los tripulantes, creyendo que iban a morir, le piden que los confiese. El padre Bernardo, ante la multitud de 40 personas exclamó: “Para todos los que estén arrepentidos, ésta es una absolución general, los absuelvo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y… ¡nos vemos en el cielo”

Afortunadamente, Dios permitió un final feliz  y nos dio una muestra más de cómo se hace presente en medio de cualquier tragedia.

Sin duda alguna, para mi esta expresión de “¡Nos vemos en el cielo!” es un nuevo himno de esperanza y fe.


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