La educación de un católico

21 mayo 2010

Recuerdo que hace tiempo  dialogaba con un vecino sobre su fe.

Este amigo decía que aunque él decía ser católico, la verdad es que no era practicante de dicha religión en lo absoluto.

Al indagar en sus razones para expresar tal posición me contestó:

“La verdad es que a mi me enseñaron a ser católico un poco a la fuerza, ya que tanto en mi familia como en mi escuela era la norma más usual, pero cuando tuve la oportunidad de elegir por mi mismo pues ya no le vi tanto caso seguir con dicha imposición”

Después de dialogar otra rato  más con este amigo, caí en cuenta de que su afirmación describía claramente lo que actualmente sucede con millones de personas en el mundo que, aunque dicen ser católicos, en la realidad y en la práctica no lo son.

¿Que pasa? ¿Qué estamos haciendo mal para que esto suceda así?

Si bien, la libertad del ser humano es la principal fuente de responsabilidad de nuestros actos, no podemos dejar de lado que los hombres también somos el resultado del contexto y el ambiente en que fuimos formados.

Por lo mismo, a mi parecer la respuesta a esta cuestión de incoherencia espiritual pasa en gran medida por la siguiente vía: La educación católica en el mundo.

Si algo definitivamente podríamos hacer mejor los católicos es educar, justamente, a nuestros  mismos católicos.

¿Cuantos de ustedes no quisieran haber sido enseñados y capacitados mucho mejor en su fe? Eso considerando que tuvieron acceso a dicha educación, pues la mayoría de personas en el mundo jamás escucharon hablar de Dios en sus escuelas ¿Cuantos de ustedes, al igual que mi vecino, sintieron que la religión les fue impuesta más que enseñada?

Muchos de los católicos que fuimos educados precisamente en escuelas católicas, supimos lo que es aprender catecismo y religión por la vía tradicional de enseñanza. Un profesor  (catequista) te expone verbalmente todo lo que debes saber sobre tu religión entregándote libros y decenas de hojas con dicha información. Te pide que te aprendas todos los conceptos recién explicados de memoria para luego, en una evaluación, preguntarte si te pudiste aprender dicha información correctamente. Si pasas el examen contestando en tiempo y forma a las preguntas que se te hicieron, entonces se asume que ya estás preparado para ser un gran católico en el mundo.

¡Nada más falso! ¿Quien se ha enamorado de su pareja leyendo un libro sobre ella? ¿Quien aprendió a andar en bicicleta sentado en una banca escuchando a un experto leer cientos de diapositivas de Power Point sobre  “cómo manejar en bicicleta sin caerse”? ¡Nadie!

Nuestro sistema educativo tiene muchos vicios y errores de por sí (algún día platicaré de esto), por lo que no podemos confiarle solo a este sistema la formación y el desarrollo de nuestros niños y jóvenes católicos.

Además de aquel vecino, en mi vida he conocido a muchas personas que piensan igual que él. La imposición de la educación católica y el método de enseñanza que se utilizó para inducirlos a la fe los alejo más que de lo que los debió de haber acercado a conocer y practicar profundamente su religión.

¿El resultado? Un montón de personas desencantadas con la práctica de su espiritualidad pues… ¡No la comprenden!

Por eso mismo, me atrevo a decir nuevamente que parte de la culpa de dicho catolicismo ligero la tiene la manera en que hemos educado a nuestros católicos en el mundo.

Pero si no es así ¿entonces cómo debemos hacerlo?

Para mi todo se centra en educar y enseñar primero el principio rector de nuestra fe: el amor.

No puedes pretender entender a Jesús, a María, los hechos de los apóstoles, la Biblia, la pasión del calvario, la resurrección, los sacramentos, el sacerdocio, la doctrina, la vida de los santos, la posición de la iglesia, los milagros del Maestro ni ninguna de las palabras de ningún catecismo católico, si primero no comprendes  cabalmente lo que dio lugar a todo esto: el amor.

“El eje rector y fundamental del catolicismo es el amor”. Punto.

Por el amor fuimos creados y por el amor deberemos de morir.

Enseña a amar y en automático estarás enseñando la mejor y más fundamental de las doctrinas católicas. Así de sencillo.

Pero… ¿cómo se enseña a amar? ¿En que curso o institución educativa se aprende “Amorología” ?

A amar se aprende amando. No hay más.

¿Quieres que un niño entienda el amor de Dios? Enséñalo primero a amar a su hermano.

¿Quieres que un joven comprenda el sentido de los sacramentos? Llévalo primero a sacramentar su vida en el prójimo.

¿Quieres que una jovencita haga suyo el valor de la oración? Llévala primero a rezar con sus acciones.

¿Quieres que tu vecino capte la doctrina del catolicismo? Pídele primero que te ayude a sacar adelante el problema de tu otro vecino más necesitado.

¿Quieres que aquel director de empresa que se dice ser católico actúe como tal? Amalo escuchándole como persona y luego pídele que lo haga con su gente por igual.

¡Es el amor! ¡El catolicismo se enseña por la vía del amor!

Si al igual que yo, eres formador de personas, y te toca capacitar a los futuros católicos del mundo te propongo una cosa: ¡Deja de enseñar hablando y comienza a formar actuando!

Lleva a tus alumnos, hijos, aprendices o pupilos primero a acercarse al prójimo antes de hablarles de Jesús. Explícales que la primer lección que un católico debe de aprender es que, por sobre todas las cosas, el amor al prójimo es lo más importante.

Amigo catequista… lleva a tus alumnos a hacer labor social, a recolectar víveres para los más necesitados, propónles que levanten la basura de la colonia, indícales que de tarea deben de pedir perdón a un familiar o amigo, llévalos a un comedor público para indigentes, diles que organicen una actividad económica para ayudar a pagar la operación de un enfermo, inscríbelos en una organización altruista, organiza un concurso para premiar al que más ayuda. En pocas palabras, invítales a practicar el amor desinteresado. Una y otra vez.

No necesitas de un salón de clases, cuadernos, lápices ni Power Point. Mientras tengas acceso a un “prójimo” puedes enseñar a amar.

Una vez que estos chicos tengan en su corazón bien clavada la espina del amor como fuente de vida, entonces si, podrás proceder a explicarles quién ha sido la persona que más ha amado en la historia de la humanidad, quien es ese Dios del que emana ese amor que tanta felicidad les produce, quien es María la maestra del amor maternal, por qué los sacerdotes viven en celibato, por qué no estamos de acuerdo en la despenalización del aborto ni de la anticoncepción, etc…

Una vez que le has enseñado a un hombre a amar, entonces si… podrás  hablarle todo lo que quieras de Jesús y de su amada Iglesia, que estoy seguro que lo entenderán en su totalidad.

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Oye papá… (IX)

9 mayo 2010

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Qué es una secta?

Papá: Una secta, hijo, es un grupo de personas que deciden separarse de una religión para seguir de una manera diferente, y generalmente contraria, los principios de dicha religión.

Hijo: O sea que es gente que se separa de la Iglesia

Papá: Lamentablemente si. Pero lo hacen por un desconocimiento real y comprometido de la misma Iglesia de la que se separan. Nadie puede amar lo que no conoce.

Hijo: Pero… ¿y que diferencia existe entonces entre una religión y una secta?

Papá: La segunda es una división pequeña de la primera y tiene como característica que son fundadas por hombres, mientras que las religiones fueron fundadas por Dios mismo.

Hijo: Pero si están fundadas por personas ¿deben de tener muchos defectos?

Papá: Desde luego. Dado que el hombre mismo es falible, nada que sea fundado por él puede ser perfecto. Por ejemplo, una de las sectas más famosas es la de los Testigos de Jehová que fue fundada por un americano llamado Charles Taze Russel, quien tras mal entender las escrituras bíblicas, propuso ideologías contrarias al cristianismo.

Hijo: ¿Cómo qué ideologías papá?

Papá: Por ejemplo, los integrantes de esta secta argumentan que  Cristo vendrá una vez más a poner paz en el mundo.

Hijo: ¿Y según ellos cuando será esto?

Papá: Pues ya han ajustado la fecha varias veces. Al inicio decían que esto iba a suceder en 1843, pero una vez que esto no sucedió, entonces cambiaron la fecha a 1874. No habiendo acertado nuevamente pospusieron la fecha para 1914. Pero tampoco volvió a suceder nada. Esto prueba que todo se trata de una construcción ficticia de hombres que se han equivocado en el camino y que buscan engañar.

Hijo: Pero, si ya se demostró que están mal… ¿Por qué siguen existiendo?

Papá: En gran parte porque les representa un gran negocio. Mucha gente se aprovecha de la inocencia de los más necesitados y lucra con su fe. La mayoría de las personas que se separan de la madre Iglesia par irse a estas sectas es por que no tenían bien cimentada en roca firme su espiritualidad. De hecho, tiempo después de haber fundado esta secta, Russel fue denunciado por haber intentado vender “trigo milagroso” y “frijoles milenarios”. Tenía, a todas luces, intenciones económicas oscuras que lo llevaban a estafar a la gente.

Hijo: ¿Y que hace la Iglesia Católica para evitar esto papá?

Papá: La respuesta está más bien en lo que hacen “los católicos”. Primero, cada católico debe de comprometerse a profundizar en el estudio de su fe. Para eso sirve el catecismo. El catecismo de la Iglesia católica es un libro que explica claramente cómo se debe de interpretar la Biblia correctamente. Es la mejor fuente de aprendizaje. Y por otro lado, una vez que hemos fortalecido nuestra fe, es nuestro deber  ir a predicar la verdad. Por eso existen cientos de miles de misioneros que viajan por todo el mundo, especialmente a las comunidades más desprovistas del planeta, para llevar la verdadera palabra de Dios.

Hijo: Eso me hace recordar que la otra vez tocaron a la puerta de nuestra casa unas personas que querían hablar sobre una nueva manera de leer la Biblia. Mamá me dijo que eran justamente Testigo de Jehova ¿Que debemos hacer en estos casos?

Papá: Lo que debes de hacer es, con toda la cordialidad del mundo, indicarles que tu casa y la familia que vive ahí es Católica y que no desean recibir propaganda de otras sectas.

Hijo: Eso es justamente lo que hizo mamá… pero ellos insistieron mucho.

Papá: Nuestro deber es también insistir en defender nuestra fe. Lo que estas personas buscan es intentar tener una oportunidad para hacerte dudar. De hecho, lo primero que van a procurar a hacer, si les dejas entrar, es poner en duda tus actuales creencias. Diciéndote que lo que siempre has creído está mal y que ellos te pueden demostrar, con Biblia en mano, la verdad (Vale la pena mencionar que su versión de la Biblia está completamente distorsionada). Pegándole a las bases de la columna es más fácil derrumbar el edificio.

Hijo: Mamá no les permitió entrar… de hecho, a partir de ese día, puso una estampa en la parte exterior de la puerta que dice “Esta casa es católica y no acepta propaganda de otras sectas”. La imagen tiene una virgen de Guadalupe.

Papá: Si, lo se. Eso decidimos hacer en casa para dejar en claro cual es nuestra posición.  A raíz de eso ya no han vuelto a regresar. La Virgen, como siempre, nos protege.

Hijo: O sea que lo importante es no dejarse enredar por sus argumentos.

Papá: Si tienes la preparación suficiente para resistir sus embates puede ser que logres convencerlos, pero la verdad no tiene caso dialogar con quien no quiere oír. Además, nuestra fe católica tiene como fundamento el amor y este se enseña mucho mejor con el ejemplo más que con las palabras.

Hijo: Pero si podemos rezar por ellos y por su re conversión.

Papá: Desde luego que si. Nuestro deber es respetarlos al mismo tiempo que pedirles respeto y poner el medio de la oración para pedirle a Dios que les ayude a volver a encontrar la luz.

Hijo: No me gusta que se metan con mi fe.

Papá: No, ni a mi tampoco.

Hijo: Vayamos a casa a agradecerle a mamá por haber protegido la fe de nuestra familia.

Papá: Es lo menos que podríamos espera de la mujer que más nos ama en el mundo ¿No lo crees?


¿Tienes tiempo para Dios?

9 septiembre 2009

Hace uno días dejaron en la puerta de mi casa un volante de promoción de la escuela pastoral de la Iglesia. Me pareció una manera creativa de hacernos pensar acerca de la manera en que manejamos el tiempo de Dios en nuestras vidas.


Oye papá…

4 agosto 2009

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Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas  al siguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá ¿Por qué creó Dios al hombre si es que este es capaz de hacer tanto mal?

Papá: Mi estimado hijo, recordemos, antes que nada, que Dios tiene una naturaleza infinitamente buena. Es decir, de Dios emana solo bien. Así, la creación del hombre por parte de Dios es un acto de completa bondad y amor. Dios creo al hombre para dejar que este participe de toda la bondad que de Él es posible obtener. Dios, no pudo no haber creado al hombre, dado que al crearlo esta cumpliendo con su naturaleza creacionista de lo bueno.

Hijo: Entonces ¿ El hombre es bueno por naturaleza?

Papá: Yo creo que si. La creación del hombre es buena por sí misma y toda la idea de él. Es decir, el proyecto del hombre que Dios creó es perfecto, incluso con la posibilidad de que, como parte de este proyecto de creación humana, se le concediera a esta creatura la oportunidad de elegir el mal.

Hijo: Eso es contradictorio papá. ¿Cómo es posible que sea bueno que el hombre pueda decidir hacer el mal?

Papá: Mmmm… pues en cierto sentido, si. Déjame tratar de explicarme un poco más.  Lo bueno es la capacidad de elegir, no el mal elegido en sí. Dios nos hizo libres (bueno) aunque esto implique que podamos elegir lo contrario a su voluntad (malo). Esto nos lleva al amor…

Hijo: ¿El amor? ¿Que tiene que ver el amor en todo esto?

Papá: Ah, muy sencillo. Escucha con atención pues es la parte medular de la respuesta que buscabas originalmente mi querido hijo.

En el amor más perfecto que existe, Dios nos quiso libres, y la libertad es el regalo más grande que por amor se puede dar al ser amado, aún conociendo que este regalo puede resultar en algo no conveniente para  quien lo da (que a quien amo, al darle la libertad ,no me corresponda como yo quisiera). Qué fuerte ¿no crees?. Así que aunque Dios supiera que al hacernos libres nos estaba dando la oportunidad de optar por no elegirlo a Él (hacer el mal), aún así nos quiso crear con la ya mencionada  libertad. Así de grande es el amor desinteresado y perfecto de nuestro Creador. Dios nos dice: “Te hago libre por que te amo y, por lo tanto, te doy la oportunidad de que seas tu quien decida si me amas o no”

Hijo: ¿Dios se equivocó entonces al hacernos libres? ¿No hubiera sido mejor que nos hiciera buenos a todos por naturaleza y que no nos hubiera dado la posibilidad de obrar mal? Suena como que Dios se equivocó al crear al hombre así ¿No lo crees?

Papá: Así pareciera, pero no lo es, ya que Dios, como estratega magistral lo pensó todo a la perfección. Y he aquí lo más hermoso de todo…

Así como Dios sabía que con la libertad nos estaba concediendo la posibilidad de actuar mal y no elegirlo a Él, también estuvo consciente al crearnos que, con esa misma libertad de elección, las acciones buenas y en dirección a Él, adquieren un mayor valor. Tiene más valor actuar bien por que así lo decidimos, que hacerlo por que me están obligando a hacerlo. La libertad enriquece el acto bueno. Cuando alguien te da un regalo, este es más valioso si la persona que te lo dio tuvo la verdadera intensión de darle. Si hubo alguien detrás que lo obligó a hacerlo, entonces el regalo pierde mucho sentido.  Es la elección persona y consciente de hacer el bien lo que Dios busca del ser que Él creo. Y es en este punto, en donde podemos entender la perfección del proyecto creacionista de nuestro Señor.

Hijo: Gracias papá, ahora entiendo un poco más…

Papá: No te canses en preguntar hijo. Te aseguro que aprendemos juntos. Ahora ya vamos de regreso a casa pues la cena ya debe de estar lista.

Hijo: Ojalá mamá nos haya cocinado puré de manzana y pollo. Me encanta.

Papá: Tu mamá es libre de decidirlo… así que agradeceremos cualquier cosa que nos haya preparado ya que lo hizo con amor.

Hijo: No lo dudo, pero… por favor Diocito lindo que mi mamá haya decidido hacer puré y pollo…

Papá: Hijo….

Hijo: Ok… ok… ya entendí… lo que mamá haya decidido en libertad… je je.


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