Mujeres… ¿desarrollo profesional o familiar?

10 septiembre 2012

El mundo cambia. Esa es la única constante.

Y con los cambios nos vienen nuevas costumbres y perspectivas. Y me atrevo a decir que son las mujeres quienes han visto revolucionado su ámbito femenino más que cualquier otro en los último años.

Antes, unos 30 o 40 años atrás, era muy común que las mujeres optaran por quedarse en casa para dedicarse a su familia, principalmente al cuidado de los hijos. Hoy, la tendencia ha cambiado por completo.

Las mayoría de las mujeres está decidiendo que también es posible desarrollar una carrera profesional de manera paralela a sus compromisos familiares, y esto les ha exigido a ellas mismas replantearse de nuevas y diferentes maneras. Y esto no siempre ha sido fácil.

Recién descubrí una estadística que menciona que en nuestro país por primera vez el porcentaje de mujeres que se matriculan en la universidad es mayor que el de hombres.

También a nivel mundial, el número de empresarias aumenta año con año, y no se diga el de mujeres que ocupan puestos de alta dirección en compañías multinacionales.

Es una realidad, la mujer es el agente emergente económico del siglo XXI. Su participación en la productividad de las naciones le ha dado un nuevo tinte al desarrollo económico global. A mi parecer favorable.

Pero… ¿y el tiempo y la dedicación al ámbito familiar?

Una encuesta entre empresarios hombres a quienes se les preguntó ¿cual había sido la mayor dificultad que enfrentaron al iniciar su propio negocio? reveló que en primer lugar se encontraba el miedo a fracasar y el segundo el financiamiento para iniciar. Esta misma pregunta se le hizo a mujeres empresarias y respondieron que la primer dificultad que tenían era la de poder armonizar sus distintos roles como empresaria, madre de familia y  esposa.

¿Que opinión tengo yo al respecto?

La resumo en esta frase…

“Una mujer tiene toda la libertad de decidir cuanto tiempo destina para estar  en casa o no (trabajar o no), pero a lo que jamás  debe renunciar, como pilar de una familia,  es a construir un hogar…”

Y es que casa y hogar no son sinónimos. Casa es un lugar físico, mientras que hogar es un valor universal.

En efecto, si una mujer decide trabajar o no, montar una empresa o no, ser ejecutiva o no, es una decisión a la que nadie debe atreverse a etiquetar como buena o mala. La circunstancias, el temperamento y el ámbito social y familiar en el que se desenvuelve cada mujer hará de esta una elección muy personal y singular.

Sin embargo si una mujer ha decidido que, como parte de su plan de vida, está el formar una familia entonces, trabaje o no, jamás podrá desprenderse de la obligación de construir y aportar todos los elementos necesarios para que dicha familia posea un hogar, entendiendo como tal, el núcleo de valores y sentimientos que toda persona requiere para poder sentirse amado por los suyos en un ámbito muy especial pensado por Dios.

Toda mujer, madre de familia y esposa, tiene la alta responsabilidad de ofrecer el ambiente idóneo para que los valores y las virtudes de quienes integran su núcleo familiar se puedan forjar. El orden, el respeto, la amistad, el servicio al prójimo, la tolerancia, la templanza, la justicia, la fe y todo lo que hace que un ser humano se dirija a Dios, son elementos que no pueden verse sustituidos por un mejor ingreso económico, por mejores escuelas de paga, mejores coches, viajes y todo el tipo de cosas que vienen como consecuencia del éxito laboral.

Por eso el criterio siempre deberá ser: primero un mejor hogar y luego una mejor casa.

Personalmente admiro a una mujer que en estas circunstancias decide hacer a un lado su desarrollo profesional y dedicarse a tiempo completo a construir su hogar. Creo que este es uno de los actos de amor más grandes de una mujer para con los de su sangre y los resultados suelen ser siempre muy favorables a largo plazo.

Pero también existen numerosos ejemplos de mujeres que, habiéndose incorporado de manera exitosa al ámbito laboral, también nos han demostrado que es posible tener hogares bien edificados. Tomar la decisión de tener un pie en ambos mundos, el familiar y el profesional, exige una gran disciplina y orden, pero no es imposible.

Ser mamá y esposa no es antagónico con ser empresaria o trabajadora. Muchas mujeres hoy lo saben bien.

Así que, siendo esta una decisión sumamente personal, yo solo me limito a volverles a ofrecer mi consejo: primero un mejor hogar y luego una mejor casa. Sin que esto signifique, vuelvo a insistir, que solo dejando de trabajar se pueda conseguir lo primero.

Pareciera pues que edificar un proyecto profesional exitoso, una familia llena de valores y además velar por la propia santidad es el nuevo reto del siglo XXI para nuestras queridas mujeres.

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Valorar lo que no tenemos

24 julio 2012

Mi esposa y mis hijos están de vacaciones. Yo también estuve con ellos un tiempo hace una semana pero me regresé antes por temas laborales.

Los extraño mucho.

Uno puede quejarse y desesperarse del ruido que causan tres pequeños que buscan sacar su energía a como de lugar en medio de la sala de su casa o en el cuarto de sus papás, pero es aún más agobiante estar en casa sin escuchar nada de nada.

De igual forma uno suele acostumbrarse a que al llegar a casa todos los días una hermosa mujer le recibirá con todo el hogar preparado para sentirse en el cielo. Pero cuando uno se encuentra que eso no sucede por un tiempo valora de sobremanera esos momentos.

En verdad, cómo se puede llegar a valorar el ruido que en su momento parecía abrumador. Si así sucede es por que en realidad nunca fue así, más bien era uno el que no se daba cuenta lo hermoso que siempre ha sido.


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