¡¡¡No hay imposibles!!!

1 diciembre 2009

Este próximo 4 y 5 de diciembre… ¡¡¡No hay imposibles!!!


Teletón

1 diciembre 2009

En México, si hay un proyecto que ha cambiado radicalmente la manera en que concebimos nuestra capacidad de donar, es el Teletón.

Soy un convencido de que si en nuestro planeta existieran más esfuerzos como los que esta organización está realizando en nuestro país, habríamos implantando, desde hace tiempo la civilización del amor.

Por eso, creo conveniente difundir este video que promueve la transparencia de esta noble labor.

Yo, por mi parte, doy fe de que he visto las maravillas que este movimiento hace por los niños con discapacidad. Yo he cargado con mis mano a niños que, de no haberse emprendido este proyecto hace 11 años, hoy no podrían caminar, hablar o valerse por sí mismos.

¡Dios nos brinde más proyectos como estos!

¡Todos a donar!  Teletón


Oye papá… (II)

21 agosto 2009

father-and-son

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas  alsiguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Por qué se usa tanto la palabra “amor” en la Iglesia?

Papá: Querido hijo, que bueno que me lo preguntas, ya que desde hace tiempo que he querido hablar contigo de este tema. Principalmente la palabra amor se utiliza tanto en el la Iglesia Católica por que, junto con la palabra “Dios” es la más importante. Es más, se puede decir que “Dios” y “amor” son lo mismo.

Hijo: ¿Qué quieres decir con eso de que Dios y amor son lo mismo?

Papá: Hijo, la relación que existe entre Dios y el amor es tan importante que el Papa Benedicto XVI quiso dedicar toda una encíclica a profundizar en el tema. En este texto de título  “Deus  Caritas est, el sumo pontífice nos explica por qué se puede decir que Dios es amor. Así, al ser el amor prácticamente un sinónimo de Dios, entonces podemos decir que si entendemos el amor, entendemos en gran medida a Dios. Yo lo veo así, Dios es tan grande que es imposible que su concepción completa pueda ingresar en la mente humana. Sin embargo, el amor es la parte concreta y asequible que si nos es dado conocer de Dios. Dios quiere que le conozcamos por el amor.

Hijo: Pero entonces… ¿Qué exactamente es el amor?

Padre: El amor no es otra cosa que un acto de voluntad en el que se busca el bien y la verdad del ser amado. Es decir, antes que nada es importante entender que el amor es un acto de voluntad, no un sentimiento. A diferencia de lo que se suele creer, decir que amas a alguien no implica sentir algo bonito por ese alguien. Se requiere de una acción concreta y libre de tu parte en beneficio de ese alguien, independientemente de si esta acción viene acompañada de un sentimiento o no. De hecho, esta es el gran error de la gran mayoría de las personas al hablar del amor. Piensan que el amor es un sentimiento y no es así.

Hijo: O sea que amar significa actuar y no solo sentir.

Padre: Exacto. Por ejemplo, yo amo a tu madre porque quiero hacer cosas que le hagan bien a ella y la lleven a la verdad. Independientemente de que un día pueda yo amanecer cansado o enojado (sentimiento) quiero seguir amando a mi esposa al darle un beso cada mañana y al sentarme a escuchar sus problemas en vez de centrarme solo en los míos. La ama cuando la llevo a cenar dejando de lado el partido de futbol que tenía ganas de ver en la TV. Así también, por ejemplo,  se que tu mamá me ama por que estuvo conmigo atendiendo mi salud en el hospital cuando fui operado, y creeme hijo, estar en un hospital no conlleva sentimientos bonitos y placenteros…

Hijo: Que interesante papá, pero ¿que tiene que ver todo esto con Dios?

Padre: Ah,  pues muy sencillo. Dios nos creó para con una misión en la vida, que es la de volver a Él, o lo que es lo mismo, vivir una vida de cara a su persona. Para esto Dios nos dio un mandato muy concreto… “Si quieres de verdad cumplir con tu misión de vida, ama a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.

Hijo: Esa frase me suena muy familiar papá ¿Es famosa verdad?

Padre: Es famosa por que es cierta. Se conoce como la regla de oro. ¿Por qué? Por qué es la formula más clara y directa de alcanzar el cielo y la eternidad. Si todo hombre tiene como misión llegar a Dios, entonces el camino es el amor. No hay más. Lo que en el fondo Dios nos quiere decir es lo siguiente: “Si me amas, ama a tu prójimo. Si amas a tu prójimo, me amas a mi.” Es el circulo perfecto. Pero Dios no sólo quiso decirlo y ya, Él mismo puso el ejemplo de lo que es el amor más grande y verdadero.

Hijo: ¿Muriendo en la cruz verdad?

Papá: ¡Exacto! Dios se hizo hombre y puso el ejemplo. Dejó fuera todo sentimentalismo y placer para morir por nosotros. ¿Cómo sabemos que Jesús murió por amor? Pues porque como te dije al principio, su crucifixión fue un acto voluntariamente aceptado  para el bien y la verdad de la humanidad. Se que dios me ama pues, haciéndose hombre, se humilló por nosotros y, como te podrás imaginar, no conllevó ningún sentimiento bonito.

Hijo: Por eso me dicen en la clase de catecismo que nadie ama tanto como quien da la vida por sus amigos.

Papá: Si. Cuando mueres por alguien, estas renunciando a lo más valioso que tienes en esta tierra: tu propia vida. Y al ser esta la condición última para tu existencia, entonces cuando mueres por alguien, queda completamente claro que ese acto fue el más desinterezado de todos. Nadie puede obtener ningún beneficio terrenal propio de morirse. Al morir por alguien le estás diciendo “No importo yo, importas tú”. Y eso, mi querido hijo, es la clave del amor.

Hijo: Oye papá… ¿Tu amas a mamá verdad?

Papá: Claro…

Hijo: ¿O sea que tu estarías dispuesto a morir por ella?

Papá: Ruego a Dios para que me ayude a decir que si, si es que Él así lo dispone. Pero no solo por tu mamá, sino por ti también.

Hijo: ¡En serio! ¿Serías capaz de dar la vida por mí?

Papá: Hijo mío, sería capaz de hacer lo que Dios disponga con tal de llevarte a ti y a tu mamá al bien y a la verdad.

Hijo: No te preocupes papá. Intentaré llegar sin que tengas que hacer tal sacrificio.

Papá: Lo se, y cuentas con mi apoyo total.

Hijo: Regresemos a casa para decirle a mamá lo mucho que  la amamos. ¿Sale?

Papá: Me parece estupenda la idea. Pero que te parece si también se lo decimos ayudándole a lavar los platos y a tender tu cama.

Hijo: Pero papá… ¡Tenía planeado llegar a jugar mi videojuego nuevo! Pero…. ahora que lo pienso bien, creo que mejor me olvido un poco de lo que yo quiero y que me hace sentir placentero, y mejor hago lo correcto… Aunque me cueste voy a ayudar a mamá en lo que necesite para demostrarle que la amo.

Papá: Y de paso, hijo querido, le estarás demostrando tu amor a Dios.


Philosophing

29 julio 2009

¿A quién has ayudado el día de hoy?


¿Dios existe?

21 julio 2009

Hace poco publiqué un comentario que creo que vale la pena recuperar.

“Nosotros, los hijos de Dios somos los encargados de demostrar su existencia, y no viceversa”

Esto sale a la luz debido a que siento la necesidad de dejar en claro la idea de que cada vez que actuamos conforme a su voluntad, Dios se muestra (y se demuestra) en nosotros mismos.
Cada vez que le extiendo la mano a mi prójimo, estoy demostrando que Dios existe.

Dejémos de pedirle a Dios que se nos revele y que nos compruebe su existencia. Funciona al revés, empecemos nosotros por mostrarle al mundo que, viviendo la caridad, el Señor del amor es completamente real.


Nueva Encíclica

8 julio 2009

Recién acabo de bajar de Internet la nueva encíclica del papa Benedicto XVI. Lleva como título “Caritas in Veritate”.

Aún no la comienzo a leer pero ya me resalta el hecho de que el sumo pontífice ha dedicado dos de sus primeras tres encíclicas al tema de la caridad.

El encabezado de la misma dice mucho del contenido de la misma…

“CARTA ENCÍCLICA
CARITAS IN VERITATE
DEL SUMO  PONTÍFICE 
BENEDICTO  XVI
A LOS OBISPOS
A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS
A TODOS LOS FIELES LAICOS
Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD
SOBRE EL DESARROLLO 
HUMANO  INTEGRAL
EN LA CARIDAD Y EN LA VERDAD”

¿Cuanto nos tardaremos como humanidad en entender que un mundo regido por la caridad no necesitaríamos más de leyes que las naturales dictadas por Dios? En fin… prometo comentarla en cuanto termine de leerla.


Benedicencia

9 mayo 2009

Entre la congregación de los Legionarios de Cristo existe un término que es de gran trascendencia para el correcto seguimiento de una vida santa, y que he optado por incorporar a cabalidad en mi vida. Se trata del término “Benedicencia”.

Cuando tecleo esta palabra en mi computadora, invariablemente sucederá que el corrector ortográfico automático de mi editor de textos no reconocerá el término y lo marcará como erróneo. ¿Por qué? Porque de hecho, no es una palabra ni siquiera existente en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Consultando el diccionario se puede encontrar el término “maledicencia: acción o hábito de maldecir“, pero, insisto, no así el de “benedicencia”. ¿A que viene esto? Procedo a explicarlo…

La benedicencia, al contrario de la maledicencia, se definiría como la acción o hábito de bien decir (o bien hablar…). A mi me gusta definirla mas como: acción o hábito de utilizar la palabra para hacer el bien.

No es extraño que nuestra lengua solo contenga una definición para definir la acción de maldecir, ya que esta es una actividad que genera más escándalo y solemos centrarnos en el mal que se hace y poco en el bien que se deja de hacer.

Maldecir con nuestras palabras, asi sea para referirnos a alguien en forma bromista o amena (como es usual en la cultura occidental latinoamericana) es, a mi consideración, uno de los grandes males ocultos de nuestra sociedad. No nos damos cuenta pero la manera en que nos referimos al prójimo, habla de nuestra actitud ante él. Dice una frase muy famosa que “la boca habla de lo que está lleno el corazón” y es muy cierta. Criticar, maldecir, malhablar, perjuriar son algunos de los daños que hacemos al mal usar nuestro lenguaje y esto solo es el reflejo del descuido que hemos hecho al alimentar nuestro espíritu de cosas buenas.

Pero fiel a la premisa paulina de “vencer al mal con el bien” surge la benedicencia. Esta implica hacer el mejor uso de nuestro hablar en pos de nuestra santidad y la de  nuestros semejantes.

Como ya lo he expresado en anteriores ocasiones, soy un fiel convencido de que la palabra puede construir o destruir reinos. Y dado que es el Reino de Cristo el que queremos instaurar sobre la tierra, no existe mejor medio que la palabra para lograrlo. 

Así, la benedicencia implica:

– No solo no hablar mal de los demás, sino esforzarnos por hablar bien constantemente de cualquier persona.

– Alejarnos del hábito de la crítica destructiva y procurar siempre construir en el amor.

– Evitar entablar o involucrarnos en conversaciones que destruyan la dignidad de cualquier persona y proponer, en su lugar, los temas que humanizan.

– Hablar siempre bien de los demás. ¡SIEMPRE!

– Evitar la mentira y hablar con la verdad.

– Predicar el bien y el amor con nuestras palabras.

– Cuidar la formación de nuestro lenguaje.

– Rezar por el bien que debe ser hecho.

– Hablar con optimismo y esperanza.

En concreto, la benedicencia significa reconocer el poder de nuestras palabras  como medio de humanización y santidad en la tierra. Que cada palabra que salga de nuestra boca sea una prueba de la caridad y sabiduría que Dios le concede a quien está cerca de Él.

O lo que es lo mismo, hablar como hablaría Cristo…


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