Caminar…

30 julio 2012

Hace más o menos un año me entró la loca idea de dejar de usar tanto el automóvil para dirigirme, en su lugar, caminando desde mi casa hasta mi oficina.

Y digo que es una idea loca pues no es normal que en mi ciudad alguien camine alrededor de 12 kilómetros todos los días (6 de ida y 6 de regreso) para trasladarse de un lugar a otro.

Si, mucha gente se puede ver caminando en las calles de la ciudad de México, pero la mayoría lo hacen para dirigirse a una estación de transporte público que los acercará a su destino.

Yo no, yo llego hasta mi destino… ¡caminando!

Me fascina caminar. Yo creo que en parte es porque, haciéndolo, libero mucha de la ansiedad que siempre he mostrado desde joven. Mi esposa me dice que voy a acabar haciéndole hoyos al piso de tanto que muevo el pie cuando estoy sentado.

Pero, bueno… ¡así soy!

Y es que eso de caminar toda la distancia que separa a mi casa de mi oficina, al principio me parecía muy descabellado y retador. Hoy, un años después ya no lo es en absoluto. No siento que la hora que paso caminando me pese como antes. Es más, hasta he llegado a creer que muchos de los automovilistas que me ven pasar enfrente de sus coches cuando esperan avanzar en medio del horrible tráfico, me han de envidiar. Podría apostar que puedo llegar a alcanzar en ocasiones una velocidad promedio más rápida que la de ellos.

Y pues si, en mi familia ya saben que yo soy… ¡El que camina!

Mi esposa ya no se extraña cuando encuentra mi auto aparcado en el mismo lugar de siempre en el garage por varios días. Ya sabe que si eso sucede es por que yo ando a pie en algún lugar de la ciudad.

Y es que me resulta increíble que lo anormal hoy en día sea caminar, siendo que hace apenas unos 120 años aproximadamente lo extraño era justo lo contrario, tener un vehículo personal para poderse mover dentro de un rango relativamente grande en una comunidad. (Bueno, tampoco es que me extrañe por igual que ya no andemos en caballos. ¡Viva la tecnología!)

Pero lo más maravilloso de todo es que el tiempo que me doy para caminar lo aprovecho enormemente para  meditar, reflexionar e incluso rezar uno que otro rosario.

Me encanta ver la cara que ponen muchos peatones cuando ven a una persona común y corriente con un rosario en la mano y hablando consigo mismo a lo largo del camino. Si fuera alguien vestido de sacerdote se podría entender, pero… ¿Un hombre de traje y camisa con un rosario en la mano en medio de una ciudad moderna? ¡Vaya que eso si es raro!

Y entonces resulta que he descubierto que  provocando esta pequeña perturbación en la gente en medio de su actuar cotidiano, puedo evangelizar también. Alguno que otro seguro se cuestionará su propio actuar al verme actuar a mi, por lo tanto, lo seguiré haciendo. En algo aprovechará Dios esa situación.

Caminar es una de mis grandes pasiones y doy gracias a Dios todas la mañanas que me permita tener ese tiempo especial con Él de esa preciosa forma.


Encontrarse a Dios en tu camino

24 junio 2011

Ayer emprendí a pie la trayectoria desde mi casa hasta mi oficina, caminata que me lleva aproximadamente 50 minutos. Por lo menos una o dos veces a la semana, dejo el coche estacionado en mi hogar  y decido trasladarme a pie hasta mi oficina pues me encanta caminar.

Haciéndolo, me doy tiempo de buscar y acomodar nuevas ideas, respirar aire fresco, hacer un poco de ejercicio e incluso pasar a saludar al gran Jefe en uno u otra Iglesia que me queda de paso.

Pues bien… ayer me encontraba inmerso en mi caminata cuando de pronto me percaté que en el piso yacía tendido un pedazo de alambre. Nada especial como para haber llamado mi atención en otro momento, pero justo ayer, durante mi caminata venía meditando especialmente en un proyecto que estoy vislumbrando y que gira en torno al signo de la cruz. Y fue justo lo que vi en ese pedazo de alambre que se interpuso en mi camino… la posibilidad  de hacer una cruz con él.

Así que tomé el pedazo de fierro con mis manos y mientras proseguía mi caminata, torcí con mis dedos por un lado y por otro las secciones del metal hasta formar con este la imagen que vislumbré en un inicio… una cruz.

Al finalizar mi pequeña obra de arte pensé lo siguiente…. “¿Quien hubiera visto en este pedazo de alambre tirado en el piso el potencial de ser una cruz?” a lo que yo mismo me contesté al instante… “seguramente solo aquel que busca encontrarse en cualquier momento con la ella”.

Y es que para encontrar algo hace falta estarlo buscando y de igual manera, valga la redundancia a la inversa, es muy difícil que hallemos aquello que no buscamos.

Para mi el símbolo de la cruz es el más bello que existe en el universo…

Es el emblema más sencillo y al mismo tiempo, el más fuerte y poderoso de todos.

Me encantan las cruces, pienso en ellas, las colecciono, las admiro, e incluso las diseño… para mi una cruz representa mi fe y mi persona por completo… Amo las cruces y siento que ellas, al recibir los brazos extendidos de Jesús en sus aristas, me aman a mi..

Aquí una foto de la cruz que fabriqué mientras caminaba con el pedazo de alambre…


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