Tu peor enemigo

8 julio 2013

Hola:
Permíteme presentarme: Soy tu peor enemigo.

Lo digo en virtud de que tengo enorme poder sobre ti, soy capaz de dominarte, influirte, destrozarte y, lo peor para ti, paralizarte.

Mi dominio sobre tu persona obedece en gran parte a que eres tú mismo quien me ha permitido someterte. Conscientemente o no, todos los días me abres las puertas y me dejas revolver tu interior a placer. Y es justo esta acción la que más control me da sobre ti.

No te confundas, cuando no has podido lograr una meta, he sido yo quien te lo ha impedido. Cuando te has sentido deprimido y desesperanzado, soy yo quien está provocando dichos sentimientos. Igualmente cuando has truncado una dieta, un proyecto o una relación amorosa, soy yo quien se adjudica tu fracaso. Si, siempre soy yo, tu peor enemigo.

Tus dudas de fe, tu falta de perseverancia, tu mal humor, tu egoísmo, ira y pereza yo las ocasiono en ti. Y eso es justo una muestra de mi poder sobre tu persona. Te domino y te controlo a placer.

Es más, me atrevo a decir que si no piensas hacer nada al respecto con mi presencia en tu vida, si tan solo te limitas a seguir omitiéndome, yo no pienso cesar mi fuerza sobre ti. Si tú no me lo impides, como no lo has hecho hasta hoy, seguiré manejándote a mi placer.

Soy tu peor enemigo y sabes que así es pues durante años me has tenido junto a ti y no has hecho nada por controlarme.

Así que, si no tienes inconveniente, seguiré actuando contra ti, mientras no estés dispuesto a permitirme lo contrario.

Atentamente: Tú mismo.


¿Lo dice la Biblia?

2 agosto 2012

Es muy común escuchar comentarios del tipo “En ninguna parte de la Biblia dice que eso está mal…” para tratar de justificar que ciertos comportamientos pueden ser aceptados como correctos.

Quisiera profundizar un poco al respecto.

Empecemos por decir que la Biblia no debe ser entendida como un “manual de comportamiento”. Los textos que ahí aparecen, y que los creyentes afirmamos que fueron escritos por  distintos hombres inspirados por Dios a través del Espíritu Santo, no tienen como objetivo declarar o estipular reglas morales, sino más bien ejemplificarlas.

Esto es, que la Biblia no es un libro de reglas buenas, sino de ejemplos buenos.

Lo que encontramos en las sagradas escrituras son cientos y cientos de ejemplos de lo que miles de hombres a lo largo de muchos años de historia de la humanidad, han realizado para amar a Dios amando al prójimo haciendo el bien y evitando el mal. Por lo mismo, los católicos leemos la Biblia para inspirarnos a través de los hechos de vida de los personajes que  ahí se describen.

Los hombres sabemos lo que es moralmente bueno, no por que lo hayamos aprendido de la Biblia, sino por que Dios nos lo ha infundido en nuestra propia naturaleza humana. Esto quiere decir, que nuestra percepción del bien y del mal viene dictada en nuestra naturaleza humana y se descubre a través de nuestra consciencia.

Así, decimos que la Biblia tan solo ejemplifica, a través  del relato de sus personajes, lo que el hombre ya percibía por sí mismo, a través de su propia consciencia humana.

Entonces, la afimación correcta debería ser así:

“Algo es moralmente bueno o malo, no por que la Biblia lo dice sino, más bien, la Biblia lo dice por que en sí mismo es moralmente bueno o malo…”

De igual forma nos podríamos preguntar:

“Si la Biblia jamás hubiera existido… ¿entonces no existirían normas de conducta éticas?”

La respuesta es bastante obvia. Desde luego que si existirían. Y la manera de saberlo radica en saber que no todos los seres humanos han leído la Biblia (es más antes de ser compilada esta no existía como tal), más todos los seres humanos tienen la noción del bien y del mal a pesar de esto.

Por esta razón, temas modernos que empiezan a requerir un análisis ético como “la genética”, “la inseminación artificial”, “el desarrollo económico”, “los medios de comunicación”,”las redes sociales” entre otros que seguramente estarán por surgir, no pueden ser juzgados bajo la óptica estricta de “lo que diga la Biblia” (Jamás encontraremos ejemplos éticos específicos en este libro sagrado sobre Twitter o sobre investigación genética). 

Más bien el criterio debe ser (y seguirá siendo por los siglos de los siglos):

“Qué es lo que nos dice nuestra Consciencia…”

El bien y el mal lo son en sí mismos, no por que lo diga alguien o un libro.

Los católicos nos acercaos a la Biblia y principalmente a los evangelios, por que estos nos inspiran a actuar como lo hicieron los grandes hombres santos de la humanidad que, por cierto, jamás tuvieron un libro o manual como punto de referencia…


Reflexión

19 junio 2012

En las redes sociales me ha llegado la siguiente reflexión que me gustaría compartirles…

Un antiguo indio Cheroke dijo a su nieto: “Hijo mío, dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno es malvado. Es la ira, la envidia, el resentimiento, la inferioridad, las mentoras y el ego. El otro es benévolo. Es la dicha, la paz, el amor, la esperanza, la humildad, la bondad, la empatía, la verdad…” El niño pensó un poco y luego preguntó: “Abuelo…¿y qué lobo gana?” a lo que el anciano contesto: “El que alimentas más”


Amar a alguien..

31 octubre 2011

Amar a alguien significa, en última instancia…

“Llevarle al bien y la verdad…Llevarle de regreso a Dios”

Punto.


Los efectos de la libertad

20 mayo 2011

Ayer  platicaba con un líder empresarial de mi ciudad quien me decía que pareciera que existen ciertos males como la pobreza, las adicciones y la corrupción que son imposibles de erradicar completamente en el mundo.

Yo le comentaba lo siguiente..

“Me parece que mientras el ser humano sea libre, siempre existirán, en menor o mayor medida, males que deberemos combatir” 

Lamentablemente esto es cierto…

Dios nos dio la libertad, y durante siglos defenderla ha sido la bandera de lucha de la sociedad, pero pareciera que una vez que esta se ha conseguido una nueva tarea no es propuesta…

Saber cómo usar dicha libertad ganada”.

Desafortunadamente siempre existirán personas en el mundo que utilizaran dicha libertada para hacer el mal y evitar el bien, pero afortunadamente serán más la personas que, haciendo uso de esa misma libertad, optarán por promover el bien y desechar el mal.

Así pues… la mala noticia es que el mal siempre existirá mientras exista libertad humana y la buena nueva es que el bien, que también es una elección el libertad, también nos acompañará hasta el final de los tiempos.


Una cosa lleva a la otra…

24 septiembre 2010

El pecado “per se” es algo digno de estudiarse.

Si los hombres comprendiéramos más a consciencia por qué y cómo caemos en el pecado, seguramente estaríamos mejor preparados para evitarlo más seguido.

Podríamos profundizar “teológicamente” o muy “filosóficamente” sobre el mal y su implicación en el actuar humano pero prefiero, para efectos de lo que pretendo en este blog, hacer simplemente una breve reflexión que nos de un poco de luz de cómo es que el ser humano llega a pecar de manera grave.

Ningún ser humano nace pecando, esto lo podemos afirmar y demostrar todos sin lugar a dudas. Pero, por otro lado, resulta imposible llevar esta misma afirmación hacia el extremo opuesto del ciclo de vida del mismo ser humano, “la muerte”, ya que, lamentablemente, no podemos asegurar que “ningún hombre muere pecando”.

Así pues me pregunto: ¿qué lleva a un ser humano, que nace naturalmente bueno, a llenar su vida de lo evidentemente malo? El secuestrador, el asesino, el ladrón… ¡No nace así! entonces… ¿Qué pasa en su vida que le hace perder esa vocación universal hacia el bien?

La respuesta más sencilla que puedo encontrar (repito, sin tratar de acudir demasiado a temas de axiología, ética, filosofía o teología) es esta:

“El ser humano, quien nace con una natural vocación (llamado de Dios) hacia el bien, también nace dotado con una poderosa herramienta llamada libertad, que le hace poder deambular, si así se le permite, en los terrenos del mal y aunque al inicio esto lo hace de manera muy residual (poco a poquito), si no se le orienta y se le detiene de esta posibilidad negativa a tiempo, acaba perdiendo la perspectiva objetiva del propio mal con respecto al bien…”

Me explico.

Cuando dejamos que nuestros hijos, sobre todo a una edad muy temprana, decidan por sí mismos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal (falta de límites claros por parte de los padres), entonces estamos dejando a la suerte del destino la formación moral de dicho ser.

Si desde muy temprana edad nosotros, sus formadores, no le enseñamos a nuestros niños (hijos, nietos, ahijados,  alumnos, miembros de un equipo de fútbol infantil, integrantes de una muestra teatral, exploradores, etc…)   que existen cosas buenas y cosas malas  y dejamos que ellos puedan ir experimentando el mal sin ninguna orientación, entonces ellos irán asumiendo que moverse en terrenos peligrosos y poco bondadosos es algo posible. Si además esta práctica se permite de manera indefinida a lo largo de la infancia y la juventud, las consecuencias de formación humana del adulto serán desastrosas.

Como ejemplo, pongamos al secuestrador que ha matado a una víctima. Esto es claramente un pecado de gravedad mortal. Pues bien, estos personajes con una evidente deformación moral, no empezaron secuestrando desde sus primeros años de vida. Algo tuvo que pasar en una muy temprana edad de este ser humano, que le hizo creer que el mal que se le presentaba objetivamente “no era tan malo” después de todo y así se le permitió vivir.

Así, uno puede encontrar que detrás de todo criminal, hubo primero un narcotraficante. Detrás de este narcotraficante hubo primero un ladrón. Detrás de este ladrón, hubo primero un golpeador. Detrás de este golpeador, hubo primero un infiel. Detrás de este infiel , nos encontraremos primero a un traidor. Detrás de este traidor, seguramente hubo primero un mentiroso. Detrás de este mentiroso hubo una caricatura o película no adecuada que se le permitió ver sin límite. Y así… podemos seguir hasta encontrar que en el fondo, a este ser humano nunca se le enseñó que hay cosas que nos son correctas, y que hacerlas trae consecuencias negativas.

De esto deriva la importancia de no dejar que nuestros hijos se eduquen solos.  No dejar que ellos aprendan de ética, moral y valores por ellos mismos. Los padres deben ser las figuras que tengan como modelos y como mentores de dichas asignaturas.

Concluyendo…

Digamos que detrás de un gran pecado seguramente existen una gran cantidad de pequeños pecados no corregidos a tiempo.

Aunque entendemos que el ser humano nace débil (también por naturaleza), también debemos de entender por igual que es su obligación buscar fortalecer su inteligencia, su voluntad y por sobre todo, su carácter para poder afrontar a las tentaciones que siempre irá encontrando a lo largo de todo su camino.

Y ahí, justo en ese punto clave, es donde los padres tienen toda la responsabilidad del mundo.


Contra argumento

22 mayo 2010

En estos precisos momentos estoy viendo una entrevista que le hacen en televisión a un novelista e historiador de mi país que dice lo siguiente:

“La iglesia siempre ha sido una institución retrograda pues se opone a lo que ya todo el mundo hace…el aborto, la homosexualidad, las relaciones prematrimoniales, los anticonceptivos…”

Este argumento es uno bastante popular entre quienes se dedican casi por profesión a tratar de buscarle manchas a la Iglesia en todo cuanto hace.

Me quiero permitir plantear un contra argumento a esta falsa afirmación:

La Iglesia no defiende actitudes populares o de moda ya que, precisamente por ser simple moda, no pueden contener argumentos universales. Si todos los seres humanos nos volviéramos locos y de repente empezáramos a matarnos entre nosotros, esto no significa que por que tooooodos lo hacemos esto esta correcto.

Lo Iglesia defiende lo correcto no lo popular. Así, el argumento “todo el mundo lo hace” no vuelve correcto dicha actividad popular.

Si nosotros como sociedad decidimos no apegarnos a lo correcto, por la razón que sea, no haremos que esto deje de  serlo. Simplemente lo estaremos evitando.

Como ya he escrito en otras publicaciones en este blog:

“Es facultad del ser humano decidir si opta por hacer el bien o hacer el mal, pero nunca la de decidir qué está bien y qué está mal”

Ojalá y nuestros intelectuales pensaran más en este sentido.


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