Las palabras de poder de Barney

7 junio 2010

Anoche mi hijo de dos años de edad se despertó llorando a las 4:00 am aclamando por su leche. (La mamila que mi esposa y yo le acostumbramos dejar a un costado de su cama para que se la tome si se despierta con sed en las noches, aparentemente no le resultó suficiente).

En un verdadero acto de proeza sobrenatural, su papá (o sea yo) se levantó de la cama para apresurarse a atender el llamado de hidratación del menor en cuestión. (¡Vaya que es difícil hacer que tus extremidades te respondan correctamente a esa hora de la madrugada!)

Así que con toda la pesadez del mundo me dirigí a la cocina, abrí como pude las latas de leche, busqué el contenedor correspondiente, puse agua en su interior y preparé la solución láctea.  Una vez hecho, creo que medio volví a guardar todo en su lugar y me dirigí de nueva cuenta al piso superior para hacer entrega del líquido solicitado.

Como podrán imaginar, mi estado de humor no era precisamente el de un dulce caramelo. Tener que abrir los ojos a las cuatro de la madrugada para preparar una leche no estaba precisamente en mis planes de descanso placentero cuando me acosté por primera vez.

Pero algo sucedió en el inter de esta actividad que hizo que mi estado de ánimo se transformara positivamente en un segundo. Una vez que mi hijo recibió en sus manos la botella de plástico y calmó su llanto, me volteo a ver y me dijo: “¡Gracias!” y empezó a injerir el líquido.

Me retiré de su habitación sonriendo y claramente emocionado. La pesadez que me pudo haber causado el llanto de mi hijo en un inicio, se transformó súbitamente en alegría y complacencia al escuchar salir esta simple palabra de su boca. Mi alma se llenó del mismo sentimiento que produce haber recibido el pago justo por un trabajo completado.

El “Gracias” de mi hijo hizo toda la diferencia para sentir que el esfuerzo valió la pena.

A mis hijos les encanta ver Barney en la TV y a mi, como padre de familia, me encanta que lo vean.

Dudo mucho que alguien no pueda estar familiarizado con la existencia de este dinosaurio morado que, capítulo tras capítulo, enseña valores universales a los niños de todo el mundo.

Barney enseña muchas cosas muy positivas, pero en especial me encanta un capítulo en que promueve que los niños aprendan lo que él llama las dos “palabras de poder”. En este episodio, rodeado de niños y siempre haciendo uso del poder da la imaginación, Barney le dice a las cámaras de televisión “Existen dos palabras de poder que abren todas las puertas del mundo: Por favor y graciasy acto seguido procede a cantar una canción cuya letra no hace otra cosa más que reforzar una y otra vez dicho mensaje.

¡Caramba ahora lo entiendo todo!

Mi hijo abrió las puertas de mi corazón cansado cuando me dijo “gracias” al recibir su leche. ¡Utilizó una de las palabras de poder que Barney le enseñó y vaya que funcionó!

Si bien yo me desperté molesto en la madrugada para atender a mi pequeño hijo, hoy caigo en cuenta que él también lo había hecho para atender a su sed. Así, ambos tuvimos los motivos suficientes para enojarnos con la situación y actuar de mala gana.

Pero fue él, mi pequeño súper héroe, quien utilizó la palabra de poder  que Barney y sus papás le han enseñado y eso, a las cuatro de la mañana de hoy, en mi mundo, marcó toda la diferencia.

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