La persona (II)

25 junio 2010

Hace un par de días escribí sobre la afectación de uno de nuestros trabajadores por parte de una decisión mal tomada en nuestra empresa. Lamentablemente poco se puede hacer para revertir el asunto.

Hoy en la mañana, gracias a Dios, me entrevisté con él y parece que todo quedó arreglado. El amigo me comentó que aunque si sigue molesto por la situación que se le provocó por parte de la dirección, sigue con el ánimo para seguir sacando su chamba adelante. Además, quiere tomar esto como una lección de madurez.

¡Gracias Dios!

¿Qué hice yo para ayudar?

Pues la verdad, aunque la decisión que le afectó no fue tomada por mi, le pedí una disculpa a nombre de toda la empresa. Si uno de nuestros trabajadores es afectado, yo me siento afectado. Las personas son el elementos más importante que tienen las organizaciones.

Aquí la reflexión que saco a relucir es la de tratar de entender lo necesario que se vuelve salir al encuentro del prójimo afectado. No siempre con la intención de arreglarle el problema que le afecta (no siempre está en nuestras manos lograrlo) pero si con la idea de hacerle sentir que estamos ahí para él.

Es como cuando vamos a un velorio a dar el pésame. A lo mucho, lo que podemos hacer es acompañar en el dolor al ser afectado, más no podemos resucitar al muerto. Pero hacer esto, lo de acompañar en el dolor, de hecho es todo lo que se necesita efectuar en esos momentos.

No siempre debemos de actuar como resuelve problemas, sería insensato intentar hacerlo, pero nada nos impide prestar un oído para escuchar y permitir el desahogo del ser afectado.

Un buen católico ayuda hasta con su silencio, el cual le sirve para escuchar.


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