Ofrezco una disculpa

29 mayo 2013

Este blog lleva como título “Diario de un Católico” ¿cierto?

Esto es así, pues en él he querido plasmar mi experiencia diaria de lo que voy viviendo como católico y no solo ofrecer lecciones teóricas de lo que se supone debería ser un católico perfecto (dicho ser no existe).

Esto lo escribo pues tengo que ofrecer una rectificación, acompañada con unas disculpas.

He decidido continuar con el blog y dar macha atrás a la idea de concluirlo  (como lo  había anunciado hace unas cuantas semanas)

Pido disculpas si esta rectificaión afecta la imagen que de un servidor puedan tener  mis queridos lectores, pero esto solo demuestra que quien está detrás de estas palabras es un ser humano común y corriente, lleno de dudas, cambios, ideas y emociones.

¿Por que me aventuré a ser tan tajante en mi decisión?

Lo digo con todas su letras:

La decisión que manifesté de terminar con este  blog obedeció a una crisis de fe.

Por un momento de mi vida me sentí abrumado, confundido y hasta decepcionado de mi mismo y de Dios (Si, es muy fuerte, pero cierto). Esto obedece a que estoy viviendo un momento personal difícil del que me ha costado trabajo salir (Pero ya lo estoy logrando)

Así, quise terminar con el blog pues creí necesario quitarme peso de encima para poder aclarar ideas.

Al inició, intenté leer algunos textos espirituales, meditar y rezar pero la crisis fue bastante fuerte. Lo suficiente como para incluso detener mis actividades espirituales por un tiempo.

Mi desesperación fue tal que pedí asesoría profesional de un tercero, pues el nivel de confusión fue tal que me estaba resultando imposible resolverlo solo.

Con su ayuda y orientación pude entender que mi crisis obedecía a cuestiones que no había resuelto desde hace tiempo y que, hasta que no les hiciera frente, no podría seguir ofreciendo amor.

Así, gracias a personas que me brindaron toda su ayuda y apoyo, terminé entendiendo que mi coraje no era contra Dios, sino contra mi mismo.

Reconocí que necesitaba recuperar mi interior urgentemente para poder continuar con mi servicio a mi familia, a Dios y a la Iglesia.

Así lo hice (y lo sigo haciendo) y me siento rescatado.

Por lo mismo, pido una disculpa si a través de este blog manifesté mi crisis, pero lejos de ocultarla es mi deseo compartirla pues creo que termina siendo una prueba más que en el camino de la salvación y la santidad lo que cuenta no es la perfección sino la perseverancia.

Ahora bien, lo que más me conmueve de esta experiencia es lo siguiente.

Como ya lo mencioné previamente, cuando empecé a sentirme colérico y miedoso, tomé la decisión (con plena conciencia) de dirigir dichas emociones hacia Dios. Así que sentado en una Iglesia le dije “Quiero enojarme contigo pues probablemente no existes…” (¡Muy fuerte! pero así fue) 

Hoy, que reconozco que dicho coraje tenía otra fuente que yo estaba evadiendo, me estremezco al saber que ante aquel resentimiento de mi parte, Dios pareció decirme:

“Adelante, si lo necesitas hazlo. Enójate conmigo y niégame…”

De una manera sorprendentemente maravillosa y paciente, Dios me permitió y me enseñó a sentir. Y no solo  eso, sino que habiéndose puesto de frente ante mi coraje, también me puso los medios para que mi crisis se fuera resolviendo.

¡He ahí la prueba máximo en mi vida de su figura paternal! 

En estos momentos, aún con algunas cicatrices internas por resolver, puedo decir que esta crisis de fe ha sido una de las experiencias más fuertes, y agudas de mi vida,  pero al mismo tiempo de las más edificadoras.

Te pido perdón Dios y sobre todo, gracias por no haberme dejado.

Perdón y gracias también a mis queridos lectores de “Diario de un católico”. Debo reconocer que antes que escritor, conferencistas, coach y promotor del cristianismo, soy hombre y eso me obliga  a tener raspones en el cuerpo y en el alma. Ser católico no significa evitar la adversidad, sino más bien tener el alma lo suficientemente entrenada para levantarse cuando se nos presente.

Así, Diario de un Católico sigue y, si ustedes me lo permiten y confías en un servidor, aquí nos seguiremos encontrando por muchos años más.

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Lo juro por Dios

9 enero 2013

Este post es producto de varios días de profunda reflexión personal.

Estamos empezando el año 2013 y es un buen momento para hablar de resoluciones y propósitos nuevos.

Como cada año, estuve tentado a escribir mis propósitos, mismos que incluirían algo relacionado con mi trabajo, otros relacionados con mi vida espiritual y, desde luego, la típica intensión de bajar de peso.

Más después de meditarlo bien, he decidido que este año no haré ningún propósito como tal, sino que más bien elaboraré… ¡un juramento!

Me parece que un propósito es una buena intensión de lograr algo y nada más. No lleva implícito ninguna especie de compromiso personal más allá del simple hecho de declararlo y desearlo, pero nada que provoqué un verdadero movimiento interior.

En cambio, un juramento implica algo mucho más profundo y comprometedor. Jurar  significa que la propia valía personal (la reputación) va amarrada a dicha declaración. Cuando alguien jura que logrará algo, más vale que tenga todas las de ganar pues de lo contrario pone en riesgo el pilar más elemental del convivir humano: la confianza.

Por eso este año que inicia, he decido dejar de lado los típicos propósitos de siempre que difícilmente se cumplen, y cambiarlo por un solo juramento que implicará poner todas mis fuerzas, ganas y energías en hacer que se produzca.

Adicionalmente, a mi juramento le voy a agregar un componente que lo hará todavía más relevante y estricto para mi: lo juraré por Dios.

Para mi, jurar por Dios, es la oración más sagrada que pueda salir de mi boca. Nada que yo ponga en nombre del Creador puede contener un ápice de mentira o duda. El segundo mandamiento estipula claramente que jamás se podrá usar el nombre de Dios en vano, así que cualquier juramento que se haga por Él, debe de tener la siguiente cláusula anexada obligatoriamente.

“Si juras por Dios que algo pasó, entonces es verdad. Si juras por Dios que algo va a pasar, entonces da la vida por ello…”

En este caso, al jurar por Dios que cumpliré algo implica que no diseñaré un plan B o una alternativa en caso de fallo. Jurar por Dios significa “si” o “si”.

Si en verdad creo que Dios existe, si en verdad he predicado durante años que Dios puede transformar la vida de los hombres, ha llegado la hora de poner lo dicho y lo escrito en práctica y ofrecer una prueba de fe.

Habiendo dicho lo anterior, procedo a explicar mi juramento:

Actualmente peso 110 kg y mido 1.83 metros de altura. Esto da como resultado que mi índice de masa corporal (32.8) me sitúe en un rango de obesidad casi extrema. Esto quiere decir que, dada mi edad (33 años) y altura, mi sobrepeso ya me pone en riesgo de sufrir alguna enfermedad o afectación corporal severa y provocar en mi vida las consecuencias personales y familiares atroces que esto suele conllevar.

Cientos de veces he intentado perder peso por múltiples medios. He ido con nutriólogos y variatras, me he inscrito al gimnasio, he intentado dietas individualmente, he tomado medicamentos y no he logrado generar (o sostener) los resultados deseados. Desde luego que el problema no han sido los medios que he elegido, sino mi poca perseverancia para seguirlos.

Pero esta vez voy a intentar un enfoque diferente. Voy a valerme de la herramienta que más me ha sostenido a lo largo de mi vida: mi fe en Dios. 

Con esto no quiero decir que me voy a dar a la tarea de rezar para adelgazar, no, claro que no. Lo que haré, como ya lo mencioné anteriormente, es obligarme a cumplir, pues mi meta no se sostendrá por buenas intensiones y mi mera fuerza de voluntad, esta vez un juramento a Dios viene de por medio. El enfoque que asumiré ahora es el de no permitirme fallar.

Jurar por Dios que voy a adelgazar me va implicar tatuarme el compromiso. No se trata de implorar para que Dios haga la chamba por mi (como otras veces lo he hecho), sino más bien yo ofrecerle mi resultado a Él. Esto quiere decir que mi juramento es un regalo de mi para Dios y a través del cual estoy seguro Él obrará cosas buenas. (De hecho así es como creo que debemos de entender en concepto de la voluntad de Dios)

Así, esta vez mi palabra y mi fe van de por medio.

Desde luego ya se lo que tengo que hacer para lograr dar el resultado que estaré jurando (investigación, nutrición, ejercicio y, desde luego, mucha oración), así que ahora dependerá de mi palabra dada a Dios para llevar a cabo la tarea.

Si las estadísticas de Worpress.com (plataforma en la que gestiono este blog) no mienten, unas 500 personas aproximadamente estarán leyendo y siendo testigos de este juramento que hoy realizo, lo cual me obliga aún más a cumplir.

Reconozco que siento miedo y dudas mientras escribo estas palabras (no dejo de ser humano), las cientos de veces que he fallado en el pasado me indican que tengo muchas probabilidades de volver a caer, más creo que ya llegó la hora de demostrar que la fe es un tema perfectamente aplicable al mundo real, a nuestro actuar diario y que en verdad Dios quiere que seamos mejores no solo espiritualmente sino física, mental y profesionalmente.

La fecha límite que me he propuesto es el 9 de junio del presente año (mi cumpleaños), día en el que deberé de estar pesando 80 kg de peso. Esto implica que deberé de perder peso a un ritmo promedio de 1.5 kg por semana aproximadamente.

A partir de ahora, semanalmente estaré reportando por este medio mis avances en relación a este juramento, lo que seguramente convertirá a este blog en un sitio apto para quienes busquen también tener una mejor calidad de vida física y nutricional, será algo así como  “Fitness y nutrición para católicos”.

Se de antemano que no será fácil, pero desde hace varios meses me ronda en la cabeza una idea que estoy seguro viene inspirada desde arriba:

Si cambio yo, cambia el mundo.

Estimados lectores, no les pido que me deseen suerte pues el juramento por Dios me obliga a cumplir si o si sin permitirme fallar, en su lugar mejor les solicito sus oraciones para que el Señor obre cosas buenas a través de esta aventura personal.


Dios prospera lo que hacemos

16 febrero 2011

Una estimada lectora de este blog me comentó en una entrada que en un curso le habían enseñado que “Dios prospera lo que hacemos“, así que si no hacemos nada para resolver nuestros problemas… Dios no podrá prosperar nada!

Es una excelente reflexión de como actúa el Creador.

Quedarse sentado esperando un milagro es la peor forma de obtenerlo. Dios necesita de nuestras manos para actuar, de nuestros pies para caminar, de nuestra boca para hablar… Si ponemos manos a la obra, entonces nosotros mismos provocaremos ese milagro.

Hacer la voluntad de Dios no se refiere a tratar de adivinar que es lo que Él quiere de nosotros para entonces hacerlo… es más bien,  tomar una decisión razonable y dejar que a través de ella Dios actúe. Es como si Dios nos dijera en cada momento: “Actúa tú primero y luego yo de secundo en tu decisión”

Dios es el gran arquitecto en la construcción de su Reino, pero sin los obreros que ponemos cada ladrillo… nada podría ser levantado.


Ofrécelo… (II)

4 febrero 2011

Con respecto a la publicación de ayer en que te incitaba a “ofrecer un esfuerzo” en vez de “pedir una solución” a Dios, esta tiene su origen en el comentario que  escuché de un compañero:

” La diferencia entre el mexicano (latinoamericano) y el japonés no tiene que ver en su nivel de espiritualidad. De hecho, ambas culturas son bastante religiosas. Lo que hace la diferencia entre el éxito de la japonesa con respecto a la mexicana es que, mientras que el mexicano acude al templo a pedirle a su Dios que le resuelva algún problema, el japonés lo hace para ofrecerle al suyo el esfuerzo que hará (o ya hizo) por tratar de resolverlo él mismo. Y esto es lo que hace la gran diferencia”

¿Cierto no lo creen?  Cuan profundamente arraigada tenemos en la mente la idea de que Dios es un “resuelve todo” empedernido que, al ser “todo poderoso” solo tiene que quererlo para resolver por completo todos nuestros problemas.

A veces se nos olvida que nuestra participación es absolutamente necesaria en la consecución de los milagros.

Dios ayuda a quien ya trabaja para ayudarse a sí mismo.


No se puede llevar solo

5 agosto 2010

El Papa Benedicto XVI, a quien el tiempo me ha permitido ir admirando más y más, recién mencionó que… “El servicio petrino (ser Papa) es algo que nadie podría llevar por sí mismo solo con sus fuerzas, sino que se puede llevar solo por que el Señor lo lleva y me lleva”.

Esto lo comentó en Castel Gandolfo, la casa donde los Papas suelen pasar el verano de cada año, cuando recién terminó de presenciar un documental en el que se narran los primeros cinco años de su pontificado.

¡Caray! ¡Que manera de ver su misión! ¡Con que humildad!

¿Se imaginan a una estrella de Hollywood diciendo “Este premio Oscar que hoy me gané, no hubiera sido posible sin la ayuda de Dios, quien me indicó en cada momento cómo y donde actuar”? Ja ja… ¡Ya parece!

Solo los grandes corazones saben que dicha grandeza proviene de una fuerza superior, nunca del interior de ellos mimos.

Es Dios quien quiere y permite que seas tan grande como puedas llegar a ser. En Él están puestas todas las esperanzas de salir adelante con la misión que Él mismo nos invita a seguir en la vida.

En verdad, no dejo de aprender cada día de este gran Papa.


Números para una emergencia

26 marzo 2009

Hoy vi la siguiente lista de números de emergencia publicadas afuera de una iglesia.

Espero que contar con esta información pueda ayudarle a todo aquel que lo necesite.

Para cuando te sientes…                      Marcar…

Triste                                                             Juan 14

Pecador                                                        Salmo 51

En peligro inminente                               Salmo 91

Que la gente te ha fallado                       Salmo 27

Que Dios está lejos de ti                          Salmo 139

Necesidad de estimular tu fe                   Hebreos 11

Solo y temeroso                                          Salmo 23

Preocupado                                                Mateo 8: 19-34

Herido y criticado                                    1 Corintios 13

Con dudas de la cristiandad                  2 Corintios 5: 15-18

Fuera de lugar                                           Romanos 8:  31-39

Necesitado de paz                                     Mateo 11: 25-30

A Dios más pequeño que el mundo      Salmo 90

Necesitado de Cristo como seguro        Romanos 8: 1-30

Si sales de viaje                                          Salmo  121

Falta de valor para una tarea                 Josué 1

Abrumado por tus inversiones               Marcos 10: 17-31

Deprimido                                                    Salmo 27

Tus cuentas bancarias en cero               Salmo 37

Perdida de tu fe en la humanidad          2 Corintios 13

Que las personas no son amigables     Juan 15: 12-27

Perdida tu esperanza                                 Salmo 126

Que no hay justicia                                    Salmo 19

Sin frutos en tu vida                                   Juan 15

Necesitado del secreto de la felicidad    Colosenses  3: 12-17

Con una gran oportunidad o haz descubierto algo            Isaías  55

Sin saber cómo actuar                                  Romanos 12

Que tu salario es bajo                                   Mateo 20: 1-16

Para enfrentar el miedo                               Salmo 3

Para seguridad                                               Salmo 121, 3

Para certidumbre                                            Marcos 8: 5-36

Para reafirmarte                                            Salmo  145, 8

El cartel concluye con una nota al pié del mismo  con la siguiente aclaración:

“Todos estos número son directos. No se requiere  asistencia de la operadora. Todas las líneas están disponibles las 24 horas del día los 365 días del año”


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