Los jóvenes

25 marzo 2015

Puedo decir con toda certeza que los jóvenes son mi vocación.

Cuando hace ya tiempo Dios despertó en mi la pasión por la enseñanza, lo hizo en parte por el llamado que me encomendó hacia el trabajo con los jóvenes del mundo, y desde el día en que entendí esto en mi vida, no he dejado de trabajar para esta causa.

Desde luego que reconozco que fui influido por muchos personajes que despertaron esta vocación en mi. Pero de entre todos ellos, destaco la figura de San Juan Pablo II, un papa que en muchísimas ocasiones declaró abiertamente que los jóvenes eran el foco esencial de su labor pastoral.

Es más, se dice que en su lecho de muerte, mientras escuchaba dentro de su cuarto las voces de miles de jóvenes que se encontraban reunidos en la plaza de san Pedro para rezar por su salud así como también para lanzarle ánimos y porras hacia su ventana, una de las última frases que el santo papa dijo fue: “Jóvenes, siempre me acompañaron y se que no podían faltar tampoco en estos momentos”.

Por eso reitero que los jóvenes son mi vocación.

A raíz de esto, he trabajo en universidades, escuelas y distintas organizaciones que tienen como elemento de misión la juventud del mundo.

Actualmente gran parte de mi labor profesional la dedico a asesor y coachear  jóvenes, pues al igual que Juan Pablo II yo también creo que cualquier esfuerzo y apostolado que se haga con ellos y por ellos será altamente redituable en el mundo.

A la fecha que escribo esto puedo decir con orgullo que he trabajado en la formación directa de cerca de 1,000 jóvenes en mi país (México). Ya sea ayudándolos a decidir una carrera universitaria, reclutándolos para proyectos de apostolado, impartiéndoles clases, dictando conferencias, así como también fungiendo como mentor, muchas veces a petición de sus propios padres, en temas de desarrollo espiritual y humano.

Los jóvenes son mi vocación y dedicar mi vida a su formación y crecimiento es lo que deseo hacer por el resto de mi vida.

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12 hombres…

1 junio 2010

Piensa por un momento en lo siguiente…

Israel, la tierra donde hace dos mil años Jesús predicó el evangelio, es apenas un pequeño pedazo de tierra que suma a lo mucho un área de 22,145 km 2.

Esto quiere decir que, comparado con la superficie total de la tierra 510, 000, 000, 000 de km2, el área de terreno que Cristo recorrió durante su vida pública en que predicó su mensaje no fue más del 0.000004 % del total del planeta. Esto podría sonar obvio, pero para una persona que vivió en una época en que la gran mayoría de las personas pasaban su vida entera en una sola región, recorrer tal territorio era toda una proeza.

Sin embargo, dicha superficie no deja de ser una región minúscula del planeta.

Lo mismo nos lleva a pensar que las personas que pudieron haber escuchado de viva voz el mensaje del Maestro, aunque si fueron numerosas, seguramente no representaron significativamente mucho al número total de habitantes que en aquel momento vivían en el planta.

Se piensa que en el año cero de nuestra era, la población mundial alcanzaba unos  350,000,0000 de habitantes en todo el planeta. Así, suponiendo que Jesús logró hablar y predicar  a unos 3,000 personas durante sus tres años de vida pública (suposición completamente mía) entonces esto daría como resultado que Jesús llevó su mensaje a solo el 0.0008 % de la población mundial de esa época.

¿A donde voy con todo esto?

Verán…

Si bien en vida Jesús tuvo un rango de acción bastante acotado para poder predicar, el día de hoy su mensaje, además de haber perdurado la prueba del tiempo, es probablemente el concepto más difundido en el planeta. Independientemente de si una persona es o no es cristiana, el nombre de Jesús Cristo es por mucho uno de los más conocidos a nivel mundial.

¿Qué logró que el nombre de Jesús saliera de unos cuantos Km 2 a la redonda de Israel y se esparciera por todo el mundo a lo largo de 2,000 años de historia?

¿Cómo pasó dicha verdad de ser predicada en tan solo una pequeña porción de tierra a prácticamente casi cubrir toda la superficie del planeta?

La respuesta está en la labor que hicieron 12 hombres: los apóstoles.

Estos 12 hombres, que fueron elegidos por Cristo mismo, fueron los responsables de multiplicar exponencialmente el mensaje.

Y para muestra de esta proeza de comunicación solo falta acercarse a leer lo que el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra en cada línea de su contenido. En él podemos ver a doce hombres recorriendo  cientos de regiones del mundo, movidos por una pasión inconmensurable y llenos de pasión por su labor, y quienes fueron los encargados de replicar la voz original de su Maestro.

Fueron precisamente los doce apóstoles de Jesús, quienes contagiaron a otros cientos de discípulos en otros lugares del mundo y quienes a su vez, movidos por la misma fiebre de amor, contagiaron a otros tantos. Y así sucedió esto sucesivamente en el tiempo hasta que hoy, ese mismo mensaje llegó a nosotros.

Así de fuerte e impactante debió de haber sido ver morir y resucitar a Jesús, como para que sus discípulos decidieran aventarse a emprender tal empresa misionera. Pero también así de fuerte debió de haber sido dicha labor misionera de parte de ellos como para que el movimiento que iniciaron hace 2,000 años  haya llegado intacto hasta nuestros días.

Tan fuerte que permitió que Jesús sea hoy la figura más conocida del planeta.


¿Yo puedo trabajar por Cristo?

5 marzo 2010


Uno de los grandes errores que cometemos es pensar que Dios elige a los más aptos y capaces para hacer sus obras y esto no es así. Como me dijo un sacerdote amigo “Dios no elige a los capacitados, más bien capacita a los elegidos”.

Cuando Cristo salió en busca de sus apóstoles, no les pidió que le presentaran un curriculum por escrito en donde estos pudieran demostrar su amplia experiencia en vida de apostolado, o un profundo conocimiento de la ley y las escrituras o donde pudieran enumerar todas las actividades que estos habían ya realizado previamente para demostrar que merecían pertenecer al grupo de los elegidos por el Maestro.

No señor, así no trabaja Jesús.

Para pertenecer al grupo de trabajo del Señor, sólo un requisito es indispensable: disponibilidad. Punto. Lo demás no es necesario.

¿Eres un teólogo doctorado en ciencias de la religión? Perfecto, eres bienvenido…. ¿Eres un trabajador de la construcción que no acabó la primaria? Excelente, eres bienvenido… ¿Eres un joven que no sabe rezar pero tiene disposición de aprender? Contratado por igual.

Dios no quiere perfección, quiere disposición. Esto fue lo que Él mismo vio en María para elegirla como su madre terrenal. Una mujer que tal vez no sería la más ilustrada, pero que tuvo la capacidad de decir el “si” más importante de la historia. Eso es exactamente lo que quiere Dios de ti…. tu “si”, de lo demás Él se encarga.

¿No te sientes capaz de ser apóstol de la Iglesia? no te preocupes, Pedro y los otros once apóstoles tampoco lo hicieron. Pero si alguna vez has sentido que quieres decir que “si” a la verdad independientemente si la conoces o no, o practicar el amor aunque no lo hayas recibido nunca, con eso basta…. ¡Ven y sígueme!


Oye papá… (VIII)

4 marzo 2010

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Qué significa hacer apostolado?

Papá: Apostolado, hijo, viene de la palabra apóstol lo que implica que quien hace un apostolado se convierte en apóstol de una causa. Esto implica que trabajas por lo que amas sin esperar nada a cambio. Trabajas por amor.

Hijo: ¿Osea que el apostolado es un trabajo?

Papá: Se podría decir que si… pero más que un trabajo es una manera de construir el reino de Dios en la tierra.

Hijo: ¿A que te refieres con construir el reino de Dios en la tierra papá?

Papá: Pues verás… un apóstol es una persona que decide de manera voluntaria dar su tiempo y esfuerzo para predicar el mensaje de salvación de Cristo en la tierra. Todas y cada una de las obras creadas por los hombres que dan fe del amor de Cristo se puede decir que son “obras de apostolado” pues tienen como objetivo final ser un medio para que Cristo actúe en la tierra. Obras de caridad, centros de beneficencia, escuelas de catecismo, proyectos de voluntariado, movimientos católicos juveniles, congregaciones religiosas, grupos de familias y empresas católicas y muchas otras iniciativas como estas que buscan servir a Dios  sirviendo al prójimo, son consideradas obras de apostolado.

Hijo: ¿Son obras que le ayudan a Cristo a actuar en la tierra?

Papá: Totalmente. Un apostolado ayuda a que la salvación que Dios nos prometió se lleve a cabo aquí, hoy en la tierra. El mundo no es un lugar donde uno espera a ser salvado por Dios después de la muerte, esta tiene que suceder aquí mismo, en este instante y con nosotros como participantes. Por eso es tan importante hacer obras de apostolado, por que predicar el amor a Cristo en la tierra es lo más importante que podemos hacer. Un apostolado es un instrumento de Dios en la tierra.

Hijo: Y los que llevan a cabo dichas obras son apóstoles ¿verdad?

Papá: Exacto… toda persona que predica de una manera u otra el mensaje de Cristo se convierte en su apóstol.

Hijo: ¿Osea que yo puedo hacer apostolado?

Papá: Como católico comprometido, no solo puedes, sino que debes” hacerlo. No por que te obliguen sino por que es algo que tú mismo sientes la necesidad de hacer. El amor entre más se comparte más frutos da. Y al final el apóstol lo que hace es amar.

Hijo: Que bien papá… me dan ganas de platicarle esto a mi mamá. Decirle que soy un apóstol de Cristo.

Papá: La mejor manera de ser una apóstol es amando, así que si tu amas a tu mamá, estarás construyendo el Reino de Dios.

Hijo: Me gusta la idea de saber que yo también contribuyo a edificar el Reino de Dios.

Papá: A mi también… y eso es lo que me mantiene de pie y motivado trabajando por la iglesia Católica.

Hijo: Vayamos con mamá y platiquémosle durante la cena lo que hoy hemos aprendido.

Papá: Me parece una estupenda idea hijo…


¡¡¡No hay imposibles!!!

1 diciembre 2009

Este próximo 4 y 5 de diciembre… ¡¡¡No hay imposibles!!!


Teletón

1 diciembre 2009

En México, si hay un proyecto que ha cambiado radicalmente la manera en que concebimos nuestra capacidad de donar, es el Teletón.

Soy un convencido de que si en nuestro planeta existieran más esfuerzos como los que esta organización está realizando en nuestro país, habríamos implantando, desde hace tiempo la civilización del amor.

Por eso, creo conveniente difundir este video que promueve la transparencia de esta noble labor.

Yo, por mi parte, doy fe de que he visto las maravillas que este movimiento hace por los niños con discapacidad. Yo he cargado con mis mano a niños que, de no haberse emprendido este proyecto hace 11 años, hoy no podrían caminar, hablar o valerse por sí mismos.

¡Dios nos brinde más proyectos como estos!

¡Todos a donar!  Teletón


¿Capacitados o disponibles?

12 octubre 2009

pescadorHace tiempo escuché una de las frases que más me ha movido el corazón en lo referente a mi fe. La frase dice así:

“Dios no llama a los capacitados, sino que capacita a los llamados”

Estas palabras tuvieron mucho impacto en mi vida ya que solía creer que para poder hablar de Cristo, misionar, evangelizar y ser santo, requería de una gran capacidad intelectual en la materia. En pocas palabras, yo creía que me hacían falta horas enteras del estudio de Teología, Metafísica, Cristología y otras ciencias complejas para poder tener la capacidad suficiente de hablar de Cristo. ¡Nada más equivocado!

Lo que Cristo pide de sus apóstoles no es capacidad sino disponibilidad. Es decir, sólo te pide que digas “Si” y ¡ya está! Él se encargará del resto.

Uno de los pretextos que más escucho de quienes no se quieren acercar a la Iglesia es que dicen “no sentirse capacitados o preparados para pertenecer” (¿Quien si lo está por completo?) Personas muy valiosas no se animan a ir de Misiones en Semana Santa pues dicen que hace mucho tiempo que no entran a una Iglesia y que ya casi no se acuerdan ni cómo rezar el Padre Nuestro ¿Y eso qué?

¿Acaso fue un impedimento para entrar a la escuela el no saber lo que precisamente ahí se nos iba a enseñar? Pues para eso está la Iglesia, para enseñarnos y capacitarnos en nuestra fe. Repito, no hace falta saber, tan solo hace falta acceder.

María no se ganó la confianza de Dios para traer a su hijo al mundo porque fuera precisamente una especialista en teología y doctrina sino  simplemente por que fue capaz de darle a Dios la respuesta que abre todas las puertas del cielo: “Si”.

¿A quién buscó Jesús? ¿A los escribas o los pescadores? Qué tanto puede saber un pescador de ciencia o de filosofía. Nada. Pero un pescador, más que en ninguna otro personaje, trabaja usando la fe. Fe de que pescará hoy más que ayer, fe de que el cielo y el clima estarán a su favor, fe en que los peces estarán ahí en donde él avienta sus redes, fe en que la naturaleza le bendecirá en la jornada de hoy, fe en que regresará en la tarde al mismo puerto del que zarpó en la madrugada.

Si quieres pero no sabes… no es pretexto. Acércate a la Iglesia y la capacitación vendrá por añadidura.


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