Las personas son las violentas, no las religiones

28 enero 2015

Reza Aslan, un profesor de la Universidad de California es entrevistado en un noticiero de la cadena de televisión CNN.

Su manera de responder a la simple pregunta ¿El Islam promueve la violencia? me parece por demás acertada.

La violencia proviene de las personas no de las religiones.

Una persona que, haciendo uso de un argumento teológico, mutila o mata a otra persona, encuentra la fuente de ese mal en él mimo, no en la religión.

Somos los seres humanos y nuestras barreras emocionales, psicológicas e intelecutales los que nos mostramos impedidos para comprender la verdad de las cosas. Quien intenta cambiar al mundo por la vía de la violencia no está defendiendo una religión, se está defendiendo él mismo y su inseguridad.

El día que la humanidad entienda que la mejor forma de acercarse a una persona es partiendo desde la comprensión y no desde la imposición, el mundo será otro. Y aunque esta publicación tiene como eje central al Islam, los cristianos también estamos obligados a revisar nuestras propias acciones.

Así, coincido con la idea de Reza Aslan cuando argumenta que no existen religiones volentas, solo personas que lo son.

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Creer en ti

1 octubre 2014

Hoy, una simple pero muy breve reflexión.

“Creer en ti, es creer en Dios. Creer en Dios es creer en ti. 

Dios no se equivoca, Dios te hizo así, tal cual eres.

No eres un error de Dios, al contrario, eres lo más grande y perfecto de su creación.

Tan solo basta que te permitas verlo y aceptarlo.

Ojalá todos nos pudiéramos ver como Dios mismo nos ve.”

 


No es fanatismo, es biología…

7 mayo 2013

La razón por la que la Iglesia católica se opone tanto a la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo, tiene un fundamento biológico no fanático.

Este video me parece que explica bastante bien lo que se quiere decir con lo anterior.

Interesante.


En la salud y en la enfermedad

9 febrero 2013

Un bicho desastroso ha entrado en mi cuerpo desde hace un par de días y me ha tumbado en cama.

Tos, mucho escurrimiento nasal, dolor de cabeza y temperatura son algunos de los molestos síntomas que me aquejan.

Sin embargo, dentro del caos que es mi cuerpo, mi mente se mantiene al tanto de lo que sucede a mi alrededor cuando me veo obligado a detener mi rutina laboral.

Y de entre todo lo que observo, lo que siempre me ha llamado la atención en este tipo de situaciones es el gran amor y cariño que recibo de mi amada esposa.

No es precisamente que me guste enfermarme, pero con una mujer como la mía, resulta muy confortante y apacible estar convaleciente.

Resulta que como siempre, ella hace honor a nuestra promesa matrimonial de estar juntos en todo momento, en la salud y en la enfermedad.

Ella sigue con su ajetreada jornada maternal (llevar niños a uno y otro lado de la ciudad según la actividad académica o deportiva que corresponda) más no por eso deja de chiquiarme y consentirme.

Es fácil estar junto a alguien cuando las cosas marchan bien, pero el verdadero amor resulta de acompañar al ser amado justo en lo opuesto, en la dificultad.

Durante la noche de ayer no pude dejar de toser por varios momentos y seguro esto provocó que ella interrumpiera su sueño en más de una ocasión por mi culpa, más nunca me lo hizo saber y en ningún momento se quejó.

Ese pequeño detalle significó mucho para mi pues se lo difícil que le resulta a ella conciliar el sueño y seguramente mis ataques de tos la mantuvieron en vela.

Hoy, durante todo el día, se llevó a mis hijos para que me dejaran descansar y hasta optó por cancelar un compromiso mañana por preferir que yo me siga recuperando.

Repito, son detalles simples, pero yo los veo extraordinarios pues viene de la mujer que amo.

Es en estos momentos de enfermedad cuando ella vivifica la promesa que hace más de ocho años le hicimos a Dios de estar juntos hasta el final, en los momentos buenos y malos,
en la salud y en la enfermedad.

¡Y todo esto me ayuda más que cualquier medicina!


La libertad es perfecta

2 febrero 2013

De entre todas las creaciones de Dios, la idea de la libertad humana es impecablemente perfecta.

Es más, es tan exacta y buena que ni su mismo Creador, Dios, se permite trastocarla.

Muchos son los que se cuestionan por qué Dios no impide el mal en el mundo, siendo que al ser Él todopoderoso no tendría problema alguno en intervenir a cada instante que un hombre estuviera por cometer un acto ilícito.

El asunto es que Dios si tiene un problema con esto.

Por sobre todos los valores que Él mismo ha creado, el de la libertad humana es el que más se ha jurado no tocar, ni cambiar ni mucho menos abolir.

Pero… ¿Por qué?

Sucede que Dios sabe que la libertad es la condición humana indispensable para que el amor florezca. Sin libertad no hay voluntad y sin voluntad es imposible el amor, ya que este se define justamente así, como un acto de voluntad.

El amor obligado no lo es en realidad.

Por lo mismo, el amor requiere de la libertad y, dado que Dios es amor, Dios mismo está anclado a la libertad.

Así que Dios sabe que aunque esta condición en múltiples ocasiones le juega en contra cuando el ser humano le da la espalda por propia voluntad, lo prefiere así antes que de otra manera, pues es en esta misma libertad de actuar como le plazca que el hombre puede decidir igualmente amar a plenitud.

Si, definitivamente es tentador pensar en exigirle a Dios que debería de intervenir para evitar el mal cada vez que este se presente, pero al igual que un padre desea la independencia y la libertad de su hijo para que este llegue por su propia cuenta al bien y la verdad, así también Dios respeta la voluntad que cada creatura tenga para él y su prójimo.

En serio, que el hombre sea libre (de insultar o amar a Dios) es perfecto, aunque sea difícil de comprender.


Un plumón y mi matrimonio

25 enero 2013

Como buen profesor que soy, tengo la costumbre de siempre cargar con un plumón de agua (marcador) en mi mochila. Es de esos que  se utilizan en las salas de juntas o en los salones de clases y que se borran fácilmente.

Pues bien, me he dado cuenta que tener este plumón puede ser una gran herramienta matrimonial, pues lo he empezado a utilizar par llenar todas las superficies de cristal de mi casa con mensajes de amor para mi esposa.

Hoy se me ha ocurrido utilizar en plumón para dejarle un mensaje pintado en los cristales de su coche antes de salir rumbo a la oficina.

Hace un par de minutos ella me ha llamado felizmente por teléfono para agradecer el detalle… (Lo hizo jugándome una broma en donde reportaba simpáticamente un acto de vandalismo)

Y es que en los detalles matrimoniales no tiene nada que ver el costo que se haya invertido en crearlos (ok..ok… las joyas a veces ayudan).

Con este mismo plumón marqué igualmente la tapa metálica de un recipiente de comida para que cuando mi esposa sacara el mismo del refrigerador se encontrara con un muñequito que le saluda y le dice “Te amo”.

Un plumón, un simple plumón es más que suficiente para expresarle a tu esposa lo mucho que piensas en ella por toda la casa.

Son justamente esos detalles los que me permiten cultivar la semilla de mi amor hacia ella. Amo a mi esposa y todo el tiempo estoy pensado en formas de sorprenderla…

¿Alguna otra idea?


Hijo, te amo por que eres tú.

28 diciembre 2012

Soy padre de tres hermosos hijos que día con día me enseñan algo nuevo del mundo. Podría pensarse que mi labor como su papá es la de mostrarles el mundo  y educarlos para que se puedan desenvolver en él, pero la verdad es que quienes han tomado el papel de instructores son ellos y el alumno soy yo.

Es maravilloso lo mucho que disfruto cada paso, ocurrencia, aprendizaje e incluso cada caída de mis pequeños. Su mamá y yo podríamos pasar horas enteras admirándoles, no esperando que hagan algo en particular sino simplemente observándoles ser, pues para que un padre quiera a su hijo no hace basta que este último haga algo en especial, tan solo que “sea” quien “es”.

Quienes son padres como yo , no me dejarán mentir. No se necesita de su parte acciones extraordinarias para que se les ame. Así como son, o más bien, como van siendo está bien. No hace falta que acumulen fracasos ni éxitos para demostrarme nada. El amor de un padre por sus hijos encuentra su mayor profundidad justo en dicha simpleza.

Es más, personalmente puedo decir que uno de los momentos en que más gozo contemplando a mis hijos es cuando entro a sus cuartos por las noches y los veo dormir. Justo ahí, en ese espacio de quietud y paz es cuando más puedo corroborar que los amo por el simple hecho de ser quienes son, no por que estén haciendo algo en particular.

El amor verdadero es incondicional y es por eso que la familia es el núcleo central del amor pues es, por mucho, el único lugar del mundo en donde se te quiere por que si.


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