La voluntad de Dios

15 agosto 2013

Ayer me di a la tarea de retomar mi faceta de filósofo callejero y, tras un largo periodo de reflexión, esta meditación fue la que me vino a la mente:

(Espero no confundirlos con mis viajes y desvaríos mentales)

Rezar para seguir la voluntad de Dios es, en un sentido estricto, pedir fuerzas para aceptar pacientemente lo que ya es.

Así, la voluntad de Dios es sinónimo de realidad y por lo tanto, de verdad.

Seguir la voluntad del Creador implica apegarnos a la realidad que se nos presenta día a día. Luchar contra ella, contra lo que ya es, tratando de que esta sea remplazada por lo que quisiéramos que fuera, es ir en contra de lo que Dios quiere.

La realidad es justo la verdad que Dios nos propone. Como son las cosas, es como Dios desea que sean.

Pero aquí vale la pena establecer una diferenciación de términos importante.

Aceptación no es lo mismo que resignación.

Aceptar algo implica conceder, por vía de nuestra inteligencia, que las cosas son como son, y no como quisiéramos que fueran, mientras que resignación significaría que ante la verdad descubierta, desechemos la esperanza de que esta pueda mejorar. Aceptar es  ganar entendiendo la realidad, resignar es perder sufriendo la misma.

Así, es aceptando primeramente la realidad que vivimos, que damos el primer paso para llegar a transformarnos. Somos nosotros los que debemos de transformarnos primero antes de intentar pedir a Dios que nos cambie la realidad.

Una vez más, esta reflexión no quiere en lo absoluto decir que no podemos cambiar nada y que el movimiento y el trabajo creador en aras de construir un mundo mejor es inservible. No, eso no es aceptar la voluntad de Dios.

Pero si intento decir que, según mi experiencia, la esencia del éxito y la excelencia radica justamente en comenzar diagnosticando lo que si tenemos, lo que si podemos y, sobre todo, lo que si somos.

Comenzar cualquier aventura ocupando nuestra energía en lo que no tenemos, lo que no podemos y lo que no somos, es improductivo y desgastante.

Por lo mismo, ante la voluntad de Dios lo que resta por hacer únicamente es aceptarla, no lamentarse y mucho menos encapricharse.

Dios nos dice invariablemente… “Mi voluntad es lo que ya es. Acéptala primero, y de ahí empezamos a movernos hacia nuevos rumbos…”

La realidad es la voluntad de Dios. Realidad, verdad y voluntad de Dios son sinónimo.

 

(Si algún filósofo o teólogo profesional, o cualquiera que, como un servidor, tenga anhelos frustrados de serlo, está leyendo esto, me gustaría escuchar su retroalimentación al respecto)

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Sobre el amor…

30 octubre 2010

Estaba leyendo un libro de frases célebres y me encontré con una que especialmente llamó mi atención…

“Ama a los demás por lo que son, no por lo que quisieras que fueran”

Estas palabras tienen mucho poder en cuanto a que hacen referencia a lo que es el amor verdadero.

Si tu medida del amor eres tú mismo, corres el riesgo de querer que todo ser humano, para merecer tu amor, se tengan que adaptar a cómo tu quieres que sean.

“Para que te ame debes de ser lo que yo quiero que seas”

Esto por todos lados es incorrecto.

Nada más en contra del amor que la imposición.

El amor, por el contrario, es el término más sublime de la aceptación del otro tal y como él es.

“Te amo… seas como seas”

Esto definitivamente es más fácil de decir que de hacer. Pero los grandes santos nos dieron muestras de que esto es más que posible.

Quiero que piensen por ejemplo en Santa Teresa de Calcuta. De todos es conocida su gran labor altruista en todo el mundo, pero lo que no reflexionamos muy a menudo es que esta santa no destinaba su amor y cariño únicamente a las personas que se ajustaban a su modelo particular de ver la vida. Aunque ella era ferviente amante de Jesucristo y de su Iglesia, nunca pidió que las personas que recibían su ayuda humanitaria también lo fueran.

Es más… basta este dato  para decirlo todo.

Si bien la tradición cristiana propone una manera particular de enterrar a los muertos, cuando una persona moría en alguna de sus casas de asistencia alrededor del mundo, la madre Teresa le daba sepultura no según su propia concepción católica de la vida, sino respetando las creencias particulares que la persona que había fallecido tuvo durante en su vida. Hacía que se les enterrara bao los ritos de su propia religión. ¡Esto es amor!

Nunca una imposición ideológica será muestra de amor. ¡¡¡¡N U N C A!!!!

Nunca decirle a una persona: “Debes de ser como yo quiero que seas” será muestra de amor.

El amor nos invita a reconocer el valor de una persona por el simple hecho de serlo, no por lo que hace o deja de hacer. Y más aún, aunque lo que hagan vaya en contra de lo que yo haría en una misma situación.

Dicho lo anterior te pregunto…

¿Eres capaz de amar a un asesino? ¿Amas a la persona que te traicionó? ¿Puedes ver el valor de una persona que se droga? ¿Te permites amar a la amistad incómoda de tu hijo? ¿Ese colaborador tuyo que tanto te desespera… recibe tu rechazo o tu cariño? ¿Cual es tu actitud ante los que no creen en lo que tu crees?

Y por último pregúntate…

¿Podrías amar a quienes te van a dar muerte en la cruz?


¿Yo puedo trabajar por Cristo?

5 marzo 2010


Uno de los grandes errores que cometemos es pensar que Dios elige a los más aptos y capaces para hacer sus obras y esto no es así. Como me dijo un sacerdote amigo “Dios no elige a los capacitados, más bien capacita a los elegidos”.

Cuando Cristo salió en busca de sus apóstoles, no les pidió que le presentaran un curriculum por escrito en donde estos pudieran demostrar su amplia experiencia en vida de apostolado, o un profundo conocimiento de la ley y las escrituras o donde pudieran enumerar todas las actividades que estos habían ya realizado previamente para demostrar que merecían pertenecer al grupo de los elegidos por el Maestro.

No señor, así no trabaja Jesús.

Para pertenecer al grupo de trabajo del Señor, sólo un requisito es indispensable: disponibilidad. Punto. Lo demás no es necesario.

¿Eres un teólogo doctorado en ciencias de la religión? Perfecto, eres bienvenido…. ¿Eres un trabajador de la construcción que no acabó la primaria? Excelente, eres bienvenido… ¿Eres un joven que no sabe rezar pero tiene disposición de aprender? Contratado por igual.

Dios no quiere perfección, quiere disposición. Esto fue lo que Él mismo vio en María para elegirla como su madre terrenal. Una mujer que tal vez no sería la más ilustrada, pero que tuvo la capacidad de decir el “si” más importante de la historia. Eso es exactamente lo que quiere Dios de ti…. tu “si”, de lo demás Él se encarga.

¿No te sientes capaz de ser apóstol de la Iglesia? no te preocupes, Pedro y los otros once apóstoles tampoco lo hicieron. Pero si alguna vez has sentido que quieres decir que “si” a la verdad independientemente si la conoces o no, o practicar el amor aunque no lo hayas recibido nunca, con eso basta…. ¡Ven y sígueme!


Testimonio de grandeza espiritual

13 julio 2009

Hoy quiero transmitirles un testimonio que conozco de primera mano y que considero una de las experiencias más conmovedoras y vivificantes que me ha tocado presenciar. De igual manera busco ofrecerlo como una muestra de que somos nosotros los encargados de demostrar que Dios existe y no viceversa…  

Luis y Adriana son esposos y padres de unos hijo maravillosos. Como pareja son ejemplares y desde hace ya casi 10 años he tenido la oportunidad de estar ligado a ellos vía una amistad de principio profesional (Luis fue uno de mis mentores en la Universidad) y posteriormente espiritual.

Lo que caracteriza a la familia Alverde, a mi parecer, es su disponibilidad por dejarse llevar por lo que Dios les va presentando como pruebas en la vida. Y esto no lo digo por que sí, ya que basta entablar un dialogo con cualquiera de los dos para darse cuenta de que Dios los eligió bien para ponerlos en el camino de la fe.

Sin embargo lo inspirador de su testimonio es lo  que a continuación narro:

En septiembre del 2004, a la edad de 3 años, Alejandro, el segundo de tres hijos del matrimonio Alverde Castro fue ingresado al hospital para una operación programada de anginas y adenoides, misma que el doctor había recomendado realizarse en orden de ayudarle al pequeño a oxigenarse bien.  Tras esta intervención quirúrgica en la que todo parecía haber salido normal, Ale fue dado de alta para proseguir a sus respectivos cuidados y curaciones en casa.

Unos días más tarde, Luis y Adriana tienen que regresar de urgencias al hospital tras encontrar que Ale estaba teniendo una hemorragia bastante severa. Aunque en el hospital lograron estabilizarlo por unas horas, Ale no aguantó por mucho tiempo y unas horas después, producto de varios paros cardiacos, fue declarado con muerte cerebral. Aquel pequeñito que días antes había ingresado al hospital para una operación de rutina, como muchas que se practican en infantes de su edad, había regresado al mismo lugar para entregar su vida a Dios de manera definitiva.

Inmediatamente después de que Ale fue declarado con muerte cerebral, y con el dolor en el alma a todo lo que da, sus padres optaron por tomar la decisión que cambiaría el sentido de toda su vida a partir de ese momento. Un sacerdote, consejero espiritual de la familia, les acercó información sobre la donación de órganos y de cómo Alejandro, en su estado, era candidato ideal para ser donante.

Luis y Adriana, pidiendo a Dios toda la resignación que humanamente es posible,  aceptaron donar los órganos de su hijo despidiéndose de él  pues ya no volverían e ver nunca más, al menos físicamente.

En palabras de Adriana: “Realmente no se cuando dije va, por Dios que no sé, pero bendito Dios que lo dije, ahora lo reflexiono y estoy segura que Dios estaba ahí con nosotros y el me dijo que lo hiciera, era lo que él quería de mí”

Ya estando en la funeraria, en medio del máximo dolor que solo la pérdida de un hijo ocasiona, recibieron una llamada telefónica que les confirmó el plan magistral de Dios al respecto: “Felicidades Adriana, ya tienes seis hijos más”, y es que la donación de órganos de Ale trajo como consecuencia el que se pudiera salvar la vida de seis pequeños más. 

“Fue una vida por seis vidas, así de sencillo, y si hubiera sido mi hijo quien necesitaba ese órgano, yo lo hubiera agradecido siempre. La verdad, duele y duele mucho, la muerte de mi chaparro no se me va a quitar jamás porque lo extraño, pero le dio sentido a mi vida y ese dolor está haciendo que trate de ser una mejor madre, una mejor esposa y un mejor ser humano” declara Adriana.

Dice un conocido dicho: “Cuando pierdes a una madre o a un padre, te llaman huérfano, cuando pierdes a un esposo o esposa, te vuelves viudo, pero cuando pierdes a un hijo, eso…. eso no tiene nombre”. Lo que Adriana y Luis sintieron al entregar a su hijo a Dios, solo ellos y el mismo Dios lo conocen, sin embargo  la respuesta de vida que le ofrecieron al mundo tras esta experiencia es de muchos admirada y reconocida.

A raíz de la muerte del pequeño Ale, Adriana pudo darse cuenta de lo carente y mal organizado que es el sistema de donación de órganos en nuestro país. Las personas necesitadas de un transplante en México alcanzan la cifra de  9,500  contrastando con el ínfimo número de donante que igualmente existen: 317. Es decir que una persona que en México es diagnosticada con una enfermedad que se cura únicamente con la asistencia de un transplante de órgano, está siendo, prácticamente, condenada a perder toda esperanza.

Es justo aquí, en donde Adriana y Luis encontraron el llamado de Dios y entendieron el por qué de lo sucedido con su hijo Ale. En Octubre de 2004, un mes después del fallecimiento de su pequeño, constituyen la Fundación Ale institución que se encargaría de promover la cultura de la donación de órganos en nuestro país así como de buscar apoyar al sistema médico nacional en la adquisición de herramientas y capacitación especializada necesaria en la materia.

Así, Fundación Ale en 2007 logró apoyar de manera satisfactoria 445 casos de pacientes que requerían de donación de órganos. Para lograr lo anterior, la fundación ha recaudado  7 millones de pesos de empresas patrocinadoras, organizaciones civiles y gobierno, mismo que ha destinado a su misión institucional de salvar vidas.

Mucho podría seguir escribiendo sobre los logros de la fundación, así como de los reconocimientos que Adriana ha recibido por su loable labor, pero yo quiero centrarme en el testimonio epsiritual de Luis y Adriana ya que, para que una gran obra suceda es indispensable que un emprendedor acepte llevarla a cabo. 

Dios actúa de maneras muy misteriosas, lo que para Él puede ser un paso más en su implantación de su reino en la tierra para nosotros puede ser un evento confuso e incomprensible. Así es y así será. No está en nosotros tratarlo de entender a cabalidad, ni mucho menos cambiarlo. Ante las aparentes desventuras de la vida sólo nos queda una posibilidad: aceptación y escucha. Aceptación pues es de Dios dejar que las cosas sucedan y escucha por que en cada evento Él nos quiere pedir algo. No podemos evitar el mal o la tragedia, pero si podemos decidir cómo reaccionamos ante estas y me queda claro que los espíritus fuertes y bien formados son los más capaces de salir adelante. 

San Pablo, en una de sus cartas a los romanos nos incita a vencer al mal con el bien. La respuesta del hombre ante el mal sólo puede ser el bien, ese mismo bien que Cristo nos enseñó a practicar hasta el extremo de la muerte. 

Hoy Luis y Adriana, ya no tienen a su hermoso Alejandro físicamente, sin embargo, saben que está presente con ellos en una manera mucho más trascendental y reveladora: Ale, al entregar su vida por ellas, está en cada una de las personas que, recibiendo un transplante de órganos, tendrán una segunda oportunidad de seguir amando en la tierra a Dios y al prójimo como a ella mismas.

(El siguiente video es el cortometraje “Por siempre” que narra la historia de lo que aquí les conté. Aunque el papel de Adriana es interpretado por Bárbara Mori, quien sale al final del filme es la verdadera Adriana Castro de Alverde, fundadora y directora de la fundación Ale)




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