Crisis de fe

Las crisis en el ser humano son algo perfectamente entendibles y previsibles.

Fuera de evitarlas, lo que hay que hacer es preparar el alma (y el cuerpo) para resistir cuando estas se presenten.

Todos, absolutamente todos los seres vivos, hemos pasado más de una crisis severa en nuestras vidas, espiritual, física o intelectual.

Si usted piensa lo contrario, entonces es usted un recién nacido o más bien un personaje de ciencia ficción, ante lo cual dudo mucho que se encuentre posibilitado de leer este blog.

Lo anterior me viene a la mente después de que recibí una convocatoria vía Facebook para unirme a una pequeña cadena de oración para pedir por aquellas personas que en estos momentos se encuentren pasando por alguna crisis de fe. Tal invitación se me ha hecho de lo más significativa.

El hecho de que yo sea un autor y pensador católico, no me hace exento de tales crisis. De hecho, me atrevo a decir que me son más comunes de lo que yo pensaría. Las crisis de fe son momentos que todo católico experimenta en varios momentos de su vida.

Defino como una crisis de fe a ese estado en el que uno empieza a dudar de la existencia de Dios y de todo lo relacionado con él. En el católico estas crisis suelen venir acompañadas de serios sentimientos de culpa y remordimientos pues se puede llegar a pensar que la duda es una ofensa severa al Creador.

Sin embargo, permítaseme argumentar en el sentido opuesto.

Dudar y permitirse pensar en sentido opuesto a lo que uno cree no necesariamente es malo ni destructivo. De hecho, muchos filósofos argumentan que este es un ejercicio reforzador de la propia creencia fundamental.

Claro, habrá que estar preparado para la duda ya que si no se tiene la suficiente fuerza mental para resolverla, puede generar estragos en la solidez personal.

De ahí el valor de siempre contar con el apoyo de un guía. Una persona que pueda ser capaz de regresarte al centro, a ese lugar en donde el piso es firme y el horizonte es más claro. Le prójimo se vuelve relevante.

Por esa razón la fe es un tema que se vive mejor en comunidad, en equipo, pues la debilidad que se llega a vivir en determinados momentos se ve compensada con la fortaleza que en esos mismos instantes puede estar experimentando otro compañero. Y así, por medio del apoyo y el acompañamiento, la fe se protege de las situaciones inevitables de crisis.

Así, me uno a esa campaña de oración por las personas que están experimentando crisis en su fe. Adicionalmente, pido por mi alma y por mi propia  capacidad para salir adelante de las mismas cuando estas se presenten.

Soy católico, si, pero también soy hombre y, como tal, la falla es mi constante. Afortunadamente Dios lo sabe y de esta situación sabrá hacernos más fuertes.

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