Una asignatura apasionante

11 abril 2013

Este video que ha continuación les comparto me toca profundamente el alma.

Pareciera que fue hecho con dedicatoria especial a mi persona.

Si yo me pudiera describir personalmente, utilizaría en muchos sentidos al personaje principal de este video como referencia casi idéntica.

Es fascinante cuando menciona:

“Un compañero me ha preguntado extrañado si de verdad me sigo dedicando a esto, y yo le he dicho que no lo cambiaría por nada…”

Enseñar religión debería ser la asignatura relevante de todo plan de estudios. Nótese que estoy diciendo “religión” y no necesariamente “religión católica”. Y es que desde luego que la historia de la humanidad abarca muchas perspectivas religiosas mismas que, a mi parecer, deberían de ser analizadas y enseñadas todas.

La clase que con más cariño recuerdo en mi paso por la universidad llevaba por nombre “Teoría de las religiones” y en ella estudiamos la evolución histórica y la situación actual de las cuatro religiones más importantes del mundo: budismo, judaísmo, cristianismo e islam. Fue un curso maravilloso, lleno de discusiones constructivas y aprendizajes altamente enriquecedores.

Recuerdo que la clase fue dictada por cuatro profesores distintos, cada uno especialista en una religión en particular. Aprendí mucho.

Al final para poder acreditar la materia, los alumnos tuvimos que elaborar un ensayo sobre alguna de las cuatro religiones que ahí se habían estudiado. Yo elegí el  cristianismo por ser la más cercana a mi fe, pero lo que pude aprender de las otras tres religiones judaísmo, budismo e islam fue muy valioso para mi personal perspectiva de vida.

Entendí sobretodo que acercarte a entender la visión espiritual de quienes profesan religiones distintas a las tuya, si se hace con ánimo de cordialidad y respeto, termina fortaleciendo tu propia posición religiosa.

Adicional a esto, el personaje del video se hace llamar Lucas, lo cual me trae a la mente el nombre de uno de los autores que más ha influido en mi formación como católico: el sacerdote Ramón Lucas Lucas. Su libro “El hombre, espíritu encarnado” es de una joya espiritual invaluable.

Por todo lo publicado anteriormente, declaro que he visto este video una y otra vez sin dejar de emocionarme en cada intento.

Eso no puede significar otra cosa que la confirmación del fuego de mi vocación particular. Si, soy maestro y formador católico de vocación.


Dudas y respuestas de nuestra fe

10 abril 2013

Recién me ha llegado el siguiente correo:

“Hola soy una joven española que sigue la palabra de Dios, soy católica. En España muchos jóvenes, por desgracia, no creen en el camino de la verdad de Jesús. Muchos de ellos me hacen cuestiones que a veces me cuesta contestar debido a que mis respuestas, según ellos, se basan en la fe y no en razonamientos lógicos. Por lo mismo, quisiera externarle algunas de estas cuestiones para que me oriente en cómo contestar. Por ejemplo dicen que si Jesús lo puede todo ¿por qué permite que niños pequeños enfermen o mueran por alguna enfermedad o muerte causada? o ¿ por qué un católico enfermo utiliza la ciencia contra la cura del cáncer y no un rosario?. Espero vuestra respuesta, me serviría de gran ayuda, mil gracias. Que Dios os bendiga!!”

¿Por qué Dios permite que niños se enfermen o mueran?

Antes que nada habrá que responder diciendo que ni la enfermedad ni la muerte son males del todo y mucho menos causados por una razón espiritual.

Cuando Dios creó al hombre le hizo bajo unas reglas naturales buenas, así si un ser humano se enferma no es por que Dios así lo quiera, deseando con esto el sufrimiento de la persona, sino más bien por que la debilidad física, mental y espiritual del hombre es completamente natural. Y esto, aunque parezca contrasentido, es bueno y perfecto en el plan de Dios.

La enfermedad, al ser un proceso natural también suele traer consigo muchos bienes a quienes la padecen. Por ejemplo, cada vez que nuestro cuerpo es puesto a prueba por una enfermedad, este se vuelve más fuerte y se prepara para resistir mejor otras contingencias vitales.

También existen muchos casos en donde alrededor de una enfermedad grave como el cáncer o el sida, las familias se unen de sobremanera para acompañar al enfermo en su calvario. Es decir, Dios permite la enfermedad (más no la provoca) pues esta es parte del proceso natural de la existencia y el crecimiento humano y a través de ella pueden venir grandes bienes a quienes están espiritualmente preparados para provocar dichas gracias.

El mismo Jesucristo sufrió en carne propia una agonía corpórea similar, y me atrevería a decir mucho mayor, que la que experimentan enfermos terminales. Es más, valdría decir que su dolor y sufrimiento fueron tales que le llevaron a morir. Pero justo ahí, en donde los hombres solo vemos dolor, angustia y muerte, Jesús nos enseñó que su estas tan solo eran pasos necesarios para un bien mucho mayor: nuestra salvación.

En resumen, Dios no enferma ni mata a la gente. Tanto la enfermedad como la mortalidad son dos procesos naturales en la vida de todo ser humano que, vistos desde una perspectiva cristiana, pueden ser generadoras de grandes beneficios físicos y espirituales para quienes las enfrentan.

Hace una semana mi abuelo falleció producto de una larga y dolorosa convalecencia y hoy puedo decir que sus familiares, quienes no pudimos hacer humanamente ni médicamente nada más que acompañarle en su agonía con oración y presencia, nos unimos y nos abrazamos más que nunca.

Como católico estoy convencido que la enfermedad de mi abuelo que le llevó a la muerte fue un proceso necesario y natural para que él hoy ya se encuentre en presencia de Dios.

¿Por qué los católicos confiamos en los doctores y la ciencia y no en el rosario y la oración para curarnos?

Pues, de hecho, confiamos en ambos.

Si bien la oración no es una herramienta destinada a curar, pues su fin principal es la de ponernos en contacto con Dios ejercitando nuestra voluntad para ajustarse a la de Él y no viceversa, si se sabe que esta puede crear beneficios físicos interesantes.

Ahora, si bien podemos pedir a Dios a través de la oración que nos asista con gracias especiales para sobrellevar una determinada enfermedad, no necesariamente eso significa que nos curaremos solo con esta acción.

La ciencia y la medicina son el medio que Dios mismo ha dispuesto para que la salud llegue a los hombres. Dios creo las leyes naturales que rigen el universo y el cuerpo humano, los hombres a través de la ciencia médica tan solo vamos descubriendo poco a poco dichas leyes, lo cual nos permite actuar en favor de la salud.

Por esto mismo, dado que el entendimiento del ser humano es limitado, limitada también es su capacidad para curar todo mal físico. Y es justamente en estas situaciones en donde acudir a la ayuda de Dios suele ser muy valioso.

Ciencia y fe no son cuestiones opuestas. Muchos médicos y científicos dicen que entre más investigan y descubren las leyes que rigen el universo, más convencidos están que estas fueron creadas por una inteligencia superior.

Así, cuando nos enfermamos, los católicos, como cualquier ser humano, acudimos al doctor pues es a través del conocimiento que ellos tienen de las leyes naturales (creadas por Dios) que nos podemos curar de la mayoría de las enfermedades que nos acontecen. Más también acudimos a la oración pues esta se complementa con la primera para brindarnos luz, entendimiento y fuerzas especiales para sobreponernos en situaciones en las que la capacidad humana es limitada.

Así, concluiría diciendo que los avances de la ciencia médica son maravillosos y muy deseables, pero si además complementamos esta evolución técnica con un correcto desarrollo espiritual, estaremos preparados para llegar al cielo en el momento en que esto acontezca (sea por enfermedad, muerte natural o accidente).

Manda tus dudas de fe y vida a diariodeuncatolico@gmail.com para que juntos, lectores y un humilde servidor, podamos tratar de conocer la verdad de nuestra fe católica.


Tu Facebook espiritual

9 abril 2013

Alguien me estaba haciendo ver la siguiente reflexión:

“Solemos tener abierto todo el día, en nuestros teléfonos y en nuestras computadoras, el Facebook para revisar a cada instante si tenemos algún mensaje nuevo que debamos de revisar. Sin embargo, la Bliblia que está llena de mensajes nuevos y relevantes para nosotros, apenas y la solemos revisar una que otra vez…”

Caray, que cierto es esto.

Pareciera que hoy en día es imposible vivir sin el móvil pegado a uno pues la vida social se nos revela ahí, vía el teléfono, el Facebook, el Twitter o cualquier otra aplicación que nos mantenga en “onda” con el mundo.

Sin embargo, nada de lo que ahí se escriba y suceda podría ser tan relevante para nuestra vida como lo que de hecho ya está dicho y revelado a través del “dispositivo” espiritual más valioso: la palabra de Dios.

Me encantaría que las personas pusieran el mismo interés para cargar en su bolso o mochila un evangelio y un rosario, como si lo suelen hacer con sus móviles.

¿No sería genial escuchar frases así como…

“¡Detén el coche mi vida! He olvidado mi Rosario en casa…regresemos por el”
“¿Alguien sabe en dónde quedó mi Biblia? La dejé aquí hace apenas unos momentos…?”
“¿Papá me prestas tu evangelio para usarlo un poco?”?

Poniéndolo en un lenguaje moderno podría decirse que la Biblia es la “aplicación” por la que Dios nos contacta más, al igual que el Facebook, esta vía de comunicación sólo funciona sí nosotros la mantenemos abierta permanentemente.


Lo juro por Dios (XIV)

8 abril 2013

Estoy saliendo de un periodo oscuro.

Lo reconozco… Los últimos días han sido de un descuido total en la materia de esta juramento.

Por diversos motivos que no vale la pena listar, he retrocedido en mi objetivo de adelgazar.

Lo siento como una dura caída de la que me ha costado reponerme.

Más siempre supe (pues así lo he sostenido a lo largo de este blog) que evitar las caídas es imposible, por lo que el éxito radica, más que en no tropezar, en levantarse las veces que sean necesarias para llegar a donde se quiere a como de lugar.

Hoy en mi mente resuenan las palabras más sabías que mi padre me ha dicho jamás: “Es mucho más importante la constancia que la inteligencia“. Por eso hoy me levanto nuevamente y sigo adelante.

Resulta que he ganado dos kilos de peso (104 kg) lo que implica un retroceso de la inercia que había logrado. Dejé por completo de hacer ejercicio y descuidé casi por completo mi disciplina calórica.

Afortunadamente mi iniciativa de dejar por completo el refresco durante la Cuaresma fue todo un éxito y esto me ayudó a no deprimiré del todo.

Ya me queda claro que a mi el diablo me tienta por la boca y es ahí en donde le tengo que vencer.

No voy a claudicar, llegaré a la meta y le demostraré que con un hijo de Dios no se debe meter.

Bien, pues así es el andar humano, con alzas y bajas. Nadie, ni el Papa, es plenamente perfecto las 24 horas del día en su fe. Los múltiples correos y mensajes que recibo de parte de los lectores de este blog lo confirman una y otra vez. La vida de un católico es una eterna lucha en donde el enemigo principal suele ser uno mismo y en esta guerra, a veces ganamos y a veces perdemos.

Ok… Basta de palabras y sigamos adelante. Aún tengo dos meses por delante para demostrarme a mi mismo que sí puedo cumplir mi promesa.


La pantalla de mi IPAD

3 abril 2013

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Les comparto la imagen que aparece en mi pantalla del IPad cada vez que enciendo mi dispositivo.

Es la famosa “oración de la serenidad”.

No me canso de admirar y reconocer la paz que me produce en el alma invocar las palabras de este hermoso texto.

La invitación a aceptar este mundo tal cual es y no como yo quisiera que fuera es todo un suceso en mi vida.

Dios es el artista, no yo.


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