Confiésate (no esperes)

Aquí un consejo extremadamente útil para lograr sostener una vida de gracia viva y estable:

Cuando cometas un pecado grave, confiésate lo más pronto posible.

Es decir, no dejes pasar mucho tiempo entre tu error y tu visita al sacramento de la confesión.

Esto tiene como objetivo dos puntos:

1) Restaurar tu confianza en ti mismo y en tu fe (eliminar la culpa)

2) Evitar que el pecado atraiga más pecado (evitar el efecto bola de nieve)

Cuando pecamos las consecuencias negativas de este actuar no suelen presentarse de manera inmediata, sino también en días o semanas posteriores al mismo, claro, sino hacemos algo al respecto por evitarlo.

¿Has sentido alguna vez la ligereza moral que se produce cuando te permites fallar por que previamente ya lo haz hecho?
¿Te has permitido pecar argumentando que una falta más es irrelevante?

Esto sucede pues el pecado suele atraer más pecado.

Por eso mi primer recomendación cuando se ha caído en un hoyo es, de hecho, dejar de cavar para evitar que el problema se vuelva mayor.

Ante el pecado, confiésate pronto, no dejes pasar ni un día sin recuperar la gracia de Dios.

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