Castel Gandolfo

Cuando hace aproximadamente unos 10 años tuve la oportunidad de visitar Italia con mi familia, fui llevado por mi prima (quien al casarse con un Italiano se fue a radicar a aquel país) a visitar el hermoso y pintoresco pueblo de Castel Gandolfo.

En ese momento yo no tenía mayor referencia de aquel lugar más que este se encontraba a unos 30 km del sur de Roma.

Al llegar me llamó de atención de inmediato la necesidad que se tiene de subir y subir esforzadamente por las calles para poder llegar a cualquier lugar. Pareciera que cuando se construyó aquel singular pueblo en alguna época muy antigua, jamás se consideró que algún día los hombres nos transportaríamos en auto por lo que Castel Gandolofo se recorre mejor a pie más que en automóvil. Pero dicha situación, de hecho, se agradece pues así se puede disfrutar mucho mejor del folclor típico de una provincia italiana.

Mi prima, quien desde luego ya se movía como toda una Italiana por aquel país, me explicó que ese pueblo era muy famoso no tanto por lo pintoresco y alegre del lugar sino más bien por que ahí, en la cima del valle en que termina toda subida del pueblo, estaba construida la residencia de verano que todos los Papas utilizaban para descansar y retirarse periódicamente de sus ajetreadas jornadas episcopales.

Mi prima me llevó a mi y a mi familia a que conociéramos dicha residencia por fuera. Era un construcción muy hermosa y que reflejaba mucho la paz que se respira en la comunidad.  No era imponente sino más bien de una arquitectura sencilla y muy conservadora, además se situaba en la cima de la montaña y alejada de todo ruido urbano, lo que la hacía perfecta para lo que se usaba, el retiro.

Igualmente resalta de inmediato una enorme plazuela que contornea la fachada de la residencia de verano y pude imaginar que esta servía para albergar a los fieles que acudían en masa a recibir la bendición de los pontífices quienes, aun en sus momentos de descanso, se dan tiempo para salir a convivir y charlar con quienes le ansían ver a cada instante.

En aquel momento en que visité Castelgandolfo no tuve la suerte de poder ver a Juan Pablo II en dicha residencia, pues por aquellos momentos se encontraba en el Vaticano, lugar que desde luego fue visita obligada para mi y mi familia en aquel viaje europeo. Ahí, en la plaza de San Pedro, pudimos verle en distintas ocasiones en sus acostumbradas liturgias del Ángelus de medio día.

Hoy, que Castelgandolfo se ha puesto de moda pues albergará por unos meses el retiro de Benedicto XVI, vuelvo evocar aquel momento en que me enteré que  este lugar es especial para los pontífices pues les proporciona un espacio ideal para orar y meditar.

Habiendo conocido dicho recinto (aunque sea solo por fuera) entiendo  perfectamente bien por que fue elegido por Benedcito XVI para retirarse a orar por su amada Iglesia…

¡Yo, en su lugar, habría hecho lo mismo!

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