Adios amigo

28 febrero 2013

Hoy es el último día de Benedicto XVI al frente de la Iglesia.

Los católicos para estos momentos ya hemos digerido y entendido mucho mejor su decisión personal de dejar en vida su lugar a quien próximamente será elegido como su sucesor.

Hemos de decirle adiós con todo cariño a este hombre que nos enseñó a ser firme ante la adversidad y ante el embate de quienes se alegrarían de lastimar a la Iglesia.

Benedicto XVI fue un hombre recio y muy fuerte de pensamiento. La presión que se ejerció durante su pontificado para supuestamente “liberalizar” a la Iglesia fue fielmente contenida gracias a su enorme temple.

Adiós querido Papa, adiós querido obispo de Roma, adiós siervo de Jesucristo, adiós hombre amigo, sin duda alguna…

¡Te vamos a extrañar!

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Lo juro por Dios (X)

26 febrero 2013

Me da gusto saber que no estoy dejando de perder peso. La báscula esta semana ha indicado 105 kg lo que me indica una pérdida de aproximadamente 30 gramos de la semana pasada…. (poco avance)

Si algo he aprendido en esta experiencia es el arte de rectificar y aprender sobre la marcha.

Ya me aproximo al primer tercio de este proyecto y aunque los resultados no han sido del todo optimistas, no pierdo el ánimo de saber que estoy poco a poco descubriendo qué cosas si funcionan y cuales no.

Durante las primeras semanas pensé que usando mi propio criterio para regular  las comidas podría perder un kilo por semana, más me veo en la necesidad de hacer más estricto dicha autorregulación.

Mi investigación me llevó a entender que dicha regulación alimentaria debe de obedecer una regla muy simple: equilibrio calórico. Es decir, no basta que yo consuma alimentos que yo crea que son sanos para bajar de peso, sino que estos deben de contribuir equilibradamente a un desgaste adecuado de calorías.

Ya entendí que la clave está en las calorías consumidas y gastadas durante el día y que el control de las mismas es el elemento más relevante de una dieta efectiva.

Por lo mismo, esta semana voy a limitarme a una dieta de 1500 calorías por día (no había estado contándolas).

Todo esto significa que voy a tomar medidas completamente estrictas sobre lo que consumo en cada momento, ya que ahora si necesito acelerar el proceso de pérdida de peso.

Si quiero llegar a mi objetivo debo de recuperar el tiempo que me demoró mi propia curva de aprendizaje.

Con respecto al ejercicio ya llevo una semana en la que he realizado, sin falta, una rutina bastante completa.

Ahora si, ejercicio y nutrición sumamente controlada.

¡Seguimos informando!


La encomienda de Jesucristo

22 febrero 2013

La misión que Jesucristo nos envío fue a predicar el evangelio a todo el mundo, no a inscribir a su Iglesia al mayor número de personas posibles.

Lo anterior lo escribo pues he notado últimamente en algunos medios de comunicación ciertos comentarios sobre si la Iglesia, ahora que será guiada por un nuevo pontífice, debería de actualizar y liberalizar sus posturas de cara a ganar más fieles y adeptos o, visto desde una perspectiva más pesimista, dejar de perderlos.

Así como una verdad no se vuelve más o menos cierta por que más o menos personas la crean, una religión tampoco se vuelve más o menos creíble por que tenga muchos o pocos seguidores.

La misión última de un Papa no es atraer más adeptos a la Iglesia Católica, sino velar por la santidad de los fieles que le pertenecemos. Si para hacer esto debe de exigirnos moralidad y rectitud a la altura que los tiempos modernos lo piden, pues entonces que así sea. Si haciéndolo resulta que muchos se sienten inconformes e incómodos con estas exigencias y optan por cambiarse a una doctrina más cómoda, pues que así sea.

Vuelvo a repetir que la encomienda de Jesús hacia sus apóstoles fue la de “predicar la buena nueva” o lo que es lo mismo, la verdad que Él nos vino a revelar, más jamás quiso con esto decir que esta iba a ser perfectamente aceptada por todos quienes la escucharan.

Si en el extremo de los casos, la Iglesia Católica se viera reducida a solo un puñado de fieles que siguen la doctrina de Jesucristo, esto no le quitaría validez ni veracidad alguna. Si por el contrario, esta creciera doblando o triplicando su número de integrantes, tampoco sería indicio de que esta es mejor que otras.

Sabemos que la Iglesia Católica es la verdadera Iglesia de Dios por que Él así nos lo dijo, nada más. Si Dios nos dice que algo es verdad, entonces irrefutablemente lo es. Si el mundo lo cree o no es punto y aparte.

Dirigir una Iglesia no es un asunto de popularidad ni de carisma, sino de firmeza en el resguardo de los principios universales diseñados por Dios para el bien de la humanidad.


El protagonista

20 febrero 2013

Ayer leía en las redes sociales una frase que me parece oportuno compartirles en estos tiempos de renovación papal.

La frase decía más o menos así:

“La retirada del Papa Benedicto XVI del trono de San Pedro nos enseña una cosa: ¡que Dios es el único protagonista!”

Creo que esta frase resume todo lo que se podría decir son respecto a si un Papa se puede o no retirar de su puesto. La historia de la salvación tiene uno y solo un protagonista indispensable: Jesucristo. Todo lo que suceda fuera de Él, es perfectamente revocable y prescindible.

Que el Papa haya optado por hacerse a un lado para dedicar sus último años de vida a la oración y el estudio, no significa otra cosa que su deseo plenamente humano de devolver lo que en realidad le había sido prestado y conferido por Dios.

Hombres nacen y hombre mueren, gobernantes llegan y gobernante se van, más Dios y su Iglesia perseveran para siempre.


Lo juro por Dios (IX)

19 febrero 2013

Sigo bajando de peso… ¡Pero no al ritmo que debería!

Este lunes la báscula me ha indicado que peso 105 kg, pero según mi plan proyectado para estas alturas ya debería estar tocando los 100 kg.

El tema de la alimentación ya lo tengo bastante controlado. Mi dieta de licuado, proteínas y ensaladas ya empieza a ser parte de mi día a a día. Incluso la ausencia de refresco como parte de propósito de cuaresma también va acorde a lo pensado.

De hecho, a decir verdad, que se me haya cruzado la cuaresma en mi juramento, me vino a beneficiar pues espiritualmente estoy mucho más templado, pues estoy en una actitud de ayuno y penitencia que va muy de acuerdo a lo que necesito.

Lo que me viene a continuación es un plan de ejercicio mucho más intenso y planeado, pues ha sido la parte que he dejado de lado.

Aún así, cinco kilos menos fuera de mi ya son una ganancia importante, pero esto es apenas el comienzo de lo que deseo como plan de vida para mi futuro.


Lo juro por Dios (VIII)

14 febrero 2013

Ha llegado la cuaresma y con ella el tiempos de reflexión y arrepentimiento personal.

Para los católicos los próximos 40 días representan un periodo en que nos sumergimos en el interior de nuestras almas y meditamos sobre nuestros pecados y la fortaleza espiritual para evitarlos en el futuro.

Para hacer esto, la Iglesia nos propone que utilicemos el ayuno y la abstinencia como medio de templanza espiritual. Recordemos que Jesús utilizó dichas herramientas al ser llevado al desierto por el Espíritu Santo para preparar su alma previo al inicio de su vida pública.

Pues bien, como parte del proyecto de transformación personal que he emprendido desde hace un tiempo en el que he realizado a Dios la promesa de perder peso, voy a aprovechar esta cuaresma para, además de seguir la vigilia guardando los días de ayuno y reflexión, también ofrecer un sacrificio personal adicional.

Como parte de mi plan nutricional he estado intentando controlar mi ingesta calórica, por lo que no me he preocupado mucho por controlar los refrescos de dieta (una caloría), más en estos 40 días voy a ofrecerle a Dios no ingerir ninguna bebida gaseosa.

Algunos podrían pensar que es una ofrenda simple y vana, pero dado que estas bebidas me han acompañado durante toda mi vida, dejarlas me implicará hacer un gran esfuerzo personal y es justo eso lo que quiero lograr.

Mi intensión al ofrecer no tomar sodas, no es tanto seguir contribuyendo a mi pérdida de peso (la cual ya empiezo a notar en mi ropa), sino la de recordarme en cada abstención de los mismos que estoy viviendo un tiempo de renuncia y expiación.

La cuaresma es un perfecto momento para ofrecer sacrificios personales a Dios pues, un vez que esta termine, Él estará ofreciendo el mayor sacrificio por la humanidad: su propia vida.


Gracias Benedicto XVI (2a parte)

13 febrero 2013

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Continuando con la reflexión que nos dio pie el día de ayer el sorpresivo anuncio del Papa Benedicto XVI acerca de su dimisión, me quiero permitir profundizar en la siguiente estrofa contenida en su mencionado discurso.

El Papa mencionó lo siguiente:

“Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria…”

¿Que quiere decir esto?

¡Que Dios le ha concedido al mundo la enorme bendición de tener a un ex Papa vivo orando de tiempo completo por él!

Esto será un lujo invaluable.

¿Quien mejor puede conocer la iglesia y sus necesidades que quien ya ocupó el puesto más alto de dirección en la misma? ¿Quien sabe mejor que un Papa cuales son las prioridades por las que hay que elevar oraciones a Dios para velar por la santidad de los católicos?

Que una cosa quede clara…

El Papá Benedicto XVI no está claudicando de su vocación.

Lo que sucede es que él ha tomado la decisión de ayudar desde otra perspectiva: la oración. Él cree que en este momento de su vida, puede aportar más valor a la historia de la salvación orando que dirigiendo. Y esta decisión, la de reconocer la propia capacidad según las propias fortalezas, es un acto tremendo de humildad (entendiendo humildad como la virtud poder de ver el mundo tal y como es y no como quisiéramos que sea)

Quienes nos tomamos en serio el poder de la oración, sabemos que esta actividad a la que se dedicará ahora Benedicto XVI de tiempo completo tiene igual o mayor relevancia para el futuro de la Iglesia que el estar dirigiendo los esfuerzos episcopales desde Roma.

Es muy importante que esto quede claro entre los católicos: no perdimos un Papa, sino más bien ganamos un hombre intelectualmente excepcional dedicado profundamente a la oración plena.

Cuentan que Santo Tomás de Aquino, una vez que terminó de escribir lo que es  considerado uno de los tratados teológicos más importantes de la historia (La Suma Teológica) tuvo una revelación mística al celebrar una misa, tras la que mencionó no querer volver a escribir nunca más pues lo que Dios le había permitido conocer en dicha experiencia hacía que sus escritos fueran paja. Santo Tomás a partir de ese momento se dedicó a orar a plenitud por el resto de su vida y no volvió a escribir más.

Así que cada vez que elevemos nuestras plegarias al cielo, tendremos acompañándonos la oración de un hombre cuya voz valió la pene leer, escuchar y por siempre estudiar.


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