Lo juro por Dios (III)

Ya han pasado cinco días desde que inicié mi juramento y ya enfrenté las primeras adversidades típicas en el camino de quienes deseamos controlar nuestra alimentación de una manera estricta.

Resulta que el fin de semana pasado han venido a visitarnos unos familiares de mi esposa y ella ha preparado una suculenta comida para recibirles (desde luego que en ningún momento me opuse a esto pues nada de culpa tienen los demás de mi desproporcionado peso)

Así que sabiendo que durante la comida iba a querer probar un poco de todo lo que se serviría, decidí desayunar muy ligero para permitirme comer sin mucha restricción. (Dicha planeación me parece que es la actitud que debería de tener cada vez que se presente una situación similar)

La comida ha estado tan deliciosa que me ha resultado un tanto difícil poder controlar mi apetito. Comí generosamente… (Reconozco que sintiendo un poco de culpa)

A pesar de eso, al día siguiente (ayer) volví sin muchos problemas a mi régimen balanceado y me sentí muy bien.

Hoy muy temprano me subí a las báscula y resulta que peso 107.9 (¡dos kilos menos!), lo que me ha puesto muy contento y me ha motivado.

He recibido un comentario en el blog de un lector argentino que me ha inyectado mucho ánimo. Me dice que él es un testimonio viviente de que Dios transforma.

En fin, las dificultades siguen más mi ánimo sigue intacto.

¡Seguimos adelante!

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