Lo juro por Dios

Este post es producto de varios días de profunda reflexión personal.

Estamos empezando el año 2013 y es un buen momento para hablar de resoluciones y propósitos nuevos.

Como cada año, estuve tentado a escribir mis propósitos, mismos que incluirían algo relacionado con mi trabajo, otros relacionados con mi vida espiritual y, desde luego, la típica intensión de bajar de peso.

Más después de meditarlo bien, he decidido que este año no haré ningún propósito como tal, sino que más bien elaboraré… ¡un juramento!

Me parece que un propósito es una buena intensión de lograr algo y nada más. No lleva implícito ninguna especie de compromiso personal más allá del simple hecho de declararlo y desearlo, pero nada que provoqué un verdadero movimiento interior.

En cambio, un juramento implica algo mucho más profundo y comprometedor. Jurar  significa que la propia valía personal (la reputación) va amarrada a dicha declaración. Cuando alguien jura que logrará algo, más vale que tenga todas las de ganar pues de lo contrario pone en riesgo el pilar más elemental del convivir humano: la confianza.

Por eso este año que inicia, he decido dejar de lado los típicos propósitos de siempre que difícilmente se cumplen, y cambiarlo por un solo juramento que implicará poner todas mis fuerzas, ganas y energías en hacer que se produzca.

Adicionalmente, a mi juramento le voy a agregar un componente que lo hará todavía más relevante y estricto para mi: lo juraré por Dios.

Para mi, jurar por Dios, es la oración más sagrada que pueda salir de mi boca. Nada que yo ponga en nombre del Creador puede contener un ápice de mentira o duda. El segundo mandamiento estipula claramente que jamás se podrá usar el nombre de Dios en vano, así que cualquier juramento que se haga por Él, debe de tener la siguiente cláusula anexada obligatoriamente.

“Si juras por Dios que algo pasó, entonces es verdad. Si juras por Dios que algo va a pasar, entonces da la vida por ello…”

En este caso, al jurar por Dios que cumpliré algo implica que no diseñaré un plan B o una alternativa en caso de fallo. Jurar por Dios significa “si” o “si”.

Si en verdad creo que Dios existe, si en verdad he predicado durante años que Dios puede transformar la vida de los hombres, ha llegado la hora de poner lo dicho y lo escrito en práctica y ofrecer una prueba de fe.

Habiendo dicho lo anterior, procedo a explicar mi juramento:

Actualmente peso 110 kg y mido 1.83 metros de altura. Esto da como resultado que mi índice de masa corporal (32.8) me sitúe en un rango de obesidad casi extrema. Esto quiere decir que, dada mi edad (33 años) y altura, mi sobrepeso ya me pone en riesgo de sufrir alguna enfermedad o afectación corporal severa y provocar en mi vida las consecuencias personales y familiares atroces que esto suele conllevar.

Cientos de veces he intentado perder peso por múltiples medios. He ido con nutriólogos y variatras, me he inscrito al gimnasio, he intentado dietas individualmente, he tomado medicamentos y no he logrado generar (o sostener) los resultados deseados. Desde luego que el problema no han sido los medios que he elegido, sino mi poca perseverancia para seguirlos.

Pero esta vez voy a intentar un enfoque diferente. Voy a valerme de la herramienta que más me ha sostenido a lo largo de mi vida: mi fe en Dios. 

Con esto no quiero decir que me voy a dar a la tarea de rezar para adelgazar, no, claro que no. Lo que haré, como ya lo mencioné anteriormente, es obligarme a cumplir, pues mi meta no se sostendrá por buenas intensiones y mi mera fuerza de voluntad, esta vez un juramento a Dios viene de por medio. El enfoque que asumiré ahora es el de no permitirme fallar.

Jurar por Dios que voy a adelgazar me va implicar tatuarme el compromiso. No se trata de implorar para que Dios haga la chamba por mi (como otras veces lo he hecho), sino más bien yo ofrecerle mi resultado a Él. Esto quiere decir que mi juramento es un regalo de mi para Dios y a través del cual estoy seguro Él obrará cosas buenas. (De hecho así es como creo que debemos de entender en concepto de la voluntad de Dios)

Así, esta vez mi palabra y mi fe van de por medio.

Desde luego ya se lo que tengo que hacer para lograr dar el resultado que estaré jurando (investigación, nutrición, ejercicio y, desde luego, mucha oración), así que ahora dependerá de mi palabra dada a Dios para llevar a cabo la tarea.

Si las estadísticas de Worpress.com (plataforma en la que gestiono este blog) no mienten, unas 500 personas aproximadamente estarán leyendo y siendo testigos de este juramento que hoy realizo, lo cual me obliga aún más a cumplir.

Reconozco que siento miedo y dudas mientras escribo estas palabras (no dejo de ser humano), las cientos de veces que he fallado en el pasado me indican que tengo muchas probabilidades de volver a caer, más creo que ya llegó la hora de demostrar que la fe es un tema perfectamente aplicable al mundo real, a nuestro actuar diario y que en verdad Dios quiere que seamos mejores no solo espiritualmente sino física, mental y profesionalmente.

La fecha límite que me he propuesto es el 9 de junio del presente año (mi cumpleaños), día en el que deberé de estar pesando 80 kg de peso. Esto implica que deberé de perder peso a un ritmo promedio de 1.5 kg por semana aproximadamente.

A partir de ahora, semanalmente estaré reportando por este medio mis avances en relación a este juramento, lo que seguramente convertirá a este blog en un sitio apto para quienes busquen también tener una mejor calidad de vida física y nutricional, será algo así como  “Fitness y nutrición para católicos”.

Se de antemano que no será fácil, pero desde hace varios meses me ronda en la cabeza una idea que estoy seguro viene inspirada desde arriba:

Si cambio yo, cambia el mundo.

Estimados lectores, no les pido que me deseen suerte pues el juramento por Dios me obliga a cumplir si o si sin permitirme fallar, en su lugar mejor les solicito sus oraciones para que el Señor obre cosas buenas a través de esta aventura personal.

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