La tentación

¿Qué es la tentación?

Podría recurrir a un definición rebuscada para explicarla, sin embargo he decidido optar por explicarla de la siguiente manera.

La tentación es una… oferta.

Una oferta que en cierto momento de nuestras vidas se nos presenta para acceder a un cierto beneficio momentáneo a cambio de renunciar a otro mayor y más perdurable.

Y es que en el camino de la gracia todo parece ser fácil y asequible mientras no exista una oferta que nos haga tambalear nuestras consideraciones.

Nuestra santidad nos llama a ser fieles en el matrimonio, más tarde o temprano se nos presenta la oferta del placer inmoral. De igual manera la santidad nos invita a vivir el ayuno edificador del temple y esto resultaría relativamente sencillo a no ser por a la oferta de la dejadez, esa que nos pretende intercambiar un carácter sólido y bien formado por el placer llevadero.

Todos los seres humanos recibimos oferta de este tipo. El mismo Jesús recibió, en su estancia en el desierto, tres ofertas de parte del demonio muy atractivas que hubieran derrumbado a más de uno.

Más el pecado no proviene de la oferta en si, pues esta puede resultar en muchos sentidos inevitable. La debacle del alma resulta de la aceptación y el consentimiento de dicha oferta.  Y ahí es donde entra en juego nuestra libertad… Dios jamás se interpondrá en nuestro poder de decisión pues nos quiso libres.

Así, ante la tentación tenemos dos alternativas. Destruirla o evitarla y francamente opto por la segunda ya que mi condición humana me ha enseñado que tratar de enfrentarla directamente solo produce un debilitamiento que suele dejarnos a merced de esta misma.

La tentación es la gran piedra del zapato y la vida de oración es la mejor herramienta para prepararnos ante ella.

Una persona que es capaz de salir airoso de una oferta por demás suculenta y atractiva, pero destructiva, lo que demuestra es su poder espiritual, su gran capacidad de autogobierno.

Jamás podría prometer que existe un medio eficaz para dejar de recibir ofertas por nuestra vida de gracia… la condición humana no lo puede evitar. Más si puedo asegurar que mantenerse cerca de Dios por medio de la oración es la contraoferta de negociación más efectiva que puede existir.

Fue justamente así como Jesús anuló las tentaciones que el demonio le ofertó. Utilizó versículos del viejo testamento para contraponer los ofrecimientos de la tentación. Haciéndolo, nos mostró el camino para actuar nosotros en consecuencia.

One Response to La tentación

  1. Estrella dice:

    Una gran reflexión! Las tentaciones del enemigo siempre se revisten de compensación abundante, de felicidad prometedora, pero muy bien dices, temporal ¡y tanto! Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó también que el ayuno es una base fuerte para estar alerta y no dejar ninguna rendija abierta a las proposiciones enemigas.. De todos modos, estoy muy de acuerdo contigo que lo mejor es evitarla en tanto se pueda.
    El enemigo es tan astuto que incluso pretende convencer de que la oferta es buena porque ya ha conseguido que en la misma Iglesia se le dé por inexistente o cuando menos no importante. Oremos, si… oremos constantemente!
    DTB!!

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