Rezar los salmos…

22 octubre 2012

En voz del Papá Benedicto XVI se nos explica la importancia de acudir a los salmos par elevar nuestras oraciones al creador…

Buen video.

“En los salmos, el Cristiano reza al Padre en Cristo y con Cristo”

Anuncios

Defender a los demás…

17 octubre 2012

Es muy natural que como parte de nuestra educación como buenos católicos se nos invite a “no criticar” a las demás personas.

Me parece, en definitiva, un acto muy loable.

Sin embargo considero que, adicional a esta buena conducta, existe una aún más digna y edificante: “defender a los demás”.

Todos nos hemos visto envueltos de manera directa o indirecta en pláticas en las que se comienza a juzgar las acciones de una persona que no está presente. Mi postura personal ante estas situaciones ha sido la de no participar en dichas conversaciones. ¿Cómo lo hago? Provocando que se cambie de tema hacia un punto más productivo o simplemente guardando silencio.

Pero pienso que con un silencio o una esquiva del tema, si bien se corta de tajo la maledicencia (mal decir), no llega a ser suficiente, pues bien se podría hacer más por construir hacia la beneficencia (el bien decir).

Así que me he propuesto que,  cada vez que escuche que una persona está siendo sujeta de críticas, yo contestaré utilizando el siguiente argumento: “Detrás de cada acción siempre hay una historia que no conocemos…” y listo.

Hablar de quienes no están presentes es muy fácil, pues sabemos que las consecuencias de nuestras palabras no tendrán un impacto inmediato (aparentemente), más salir a la defensa de quienes no están no resulta igualmente sencillo. Esta acción, como todas las virtudes humanas, requiere de un esfuerzo y un don especial que solo las almas nobles pueden conseguir.

Recordemos que nuestro llamado es a construir hombres y mujeres para el Reino de Dios… jamás para destruirlos.


La tentación

10 octubre 2012

¿Qué es la tentación?

Podría recurrir a un definición rebuscada para explicarla, sin embargo he decidido optar por explicarla de la siguiente manera.

La tentación es una… oferta.

Una oferta que en cierto momento de nuestras vidas se nos presenta para acceder a un cierto beneficio momentáneo a cambio de renunciar a otro mayor y más perdurable.

Y es que en el camino de la gracia todo parece ser fácil y asequible mientras no exista una oferta que nos haga tambalear nuestras consideraciones.

Nuestra santidad nos llama a ser fieles en el matrimonio, más tarde o temprano se nos presenta la oferta del placer inmoral. De igual manera la santidad nos invita a vivir el ayuno edificador del temple y esto resultaría relativamente sencillo a no ser por a la oferta de la dejadez, esa que nos pretende intercambiar un carácter sólido y bien formado por el placer llevadero.

Todos los seres humanos recibimos oferta de este tipo. El mismo Jesús recibió, en su estancia en el desierto, tres ofertas de parte del demonio muy atractivas que hubieran derrumbado a más de uno.

Más el pecado no proviene de la oferta en si, pues esta puede resultar en muchos sentidos inevitable. La debacle del alma resulta de la aceptación y el consentimiento de dicha oferta.  Y ahí es donde entra en juego nuestra libertad… Dios jamás se interpondrá en nuestro poder de decisión pues nos quiso libres.

Así, ante la tentación tenemos dos alternativas. Destruirla o evitarla y francamente opto por la segunda ya que mi condición humana me ha enseñado que tratar de enfrentarla directamente solo produce un debilitamiento que suele dejarnos a merced de esta misma.

La tentación es la gran piedra del zapato y la vida de oración es la mejor herramienta para prepararnos ante ella.

Una persona que es capaz de salir airoso de una oferta por demás suculenta y atractiva, pero destructiva, lo que demuestra es su poder espiritual, su gran capacidad de autogobierno.

Jamás podría prometer que existe un medio eficaz para dejar de recibir ofertas por nuestra vida de gracia… la condición humana no lo puede evitar. Más si puedo asegurar que mantenerse cerca de Dios por medio de la oración es la contraoferta de negociación más efectiva que puede existir.

Fue justamente así como Jesús anuló las tentaciones que el demonio le ofertó. Utilizó versículos del viejo testamento para contraponer los ofrecimientos de la tentación. Haciéndolo, nos mostró el camino para actuar nosotros en consecuencia.


¿Por qué Jesús no se defendió?

9 octubre 2012
Producto de una lectura bastante interesante sobre el liderazgo de Jesús, reflexioné sobre la siguiente cuestión:
¿Por que Jesús no se defendió enérgicamente al ser acusado de traidor por el  pueblo de Israel?
Es raro que , aquel hombre que durante todo el evangelio aparece dialogando, hablando y predicando una y otra vez  sin parar, a partir del momento de su aprehensión y durante su pasión se le nota extrañamente callado y parco. Analizándolo al detalle, resulta que son pocas las frases que conocemos salieron de la boca de Jesús cuando este se encontraba hecho preso por sus acusadores.
¿Por que fue así? Si para defenderse tan solo hubiera bastado que Jesús volviera a argumentar tan magistralmente como ya lo había venido haciendo desde hacía varios años cada vez que le ponían a prueba los escribas y fariseos.
Mi conclusión es la siguiente: estaba ahorrando energía.
Es decir…
Si, efectivamente el hijo del hombre tenía toda la capacidad de oratoria argumental para defender su vida y con ello conseguir su libertad. Habiendo hecho esto Jesús hubiera ganado tiempo para seguir predicando a más hombres en el mundo de manera personal ¡Que maravilloso hubiera resultado!
Si, eso hubiera sido un plan lógico bajo la perspectiva de cualquier hombre en su posición. Más Cristo, Dios hecho hombre, va mucho más allá que una perspectiva humana.
Más Jesús necesitaba guardar sus energías para la parte más importante del su misión: morir.
Veamos…
¿Cual era la misión última de Jesús en la tierra? Es decir…¿Para que fue enviado por Dios entre los hombres?
¿Para vivir muchos años? ¿Para crear una congregación? ¿Para curar enfermos? ¿Para enseñar? Todo esto suena muy bien, más no es lo correcto.
Jesús tenía una misión última y única al venir a este mundo: Salvar a los hombres. Todo lo demás resulta añadidura.
Nada más importaba, nada más era relevante. Sanar, predicar, dialogar, reclutar apóstoles, debatir e incluso vivir era secundario.
Por eso Jesús no se entretuvo en argumentar su defensa.
Y es que… ya todo estaba dicho. Lo que restaba en pos de la misión salvadora de hombres ya no era hablar sino aguardar.
¿Qué aportaban más palabras a la misión? Nada.
¿Que hubieran agregado más años de vida al evangelio? Solo más hojas.
Más lo verdaderamente importante era morir. Ese era el requisito último para abrir las puertas del cielo. No había que distraerse en nada que no apuntara en esa dirección.
Esta es la gran cuidad de Jesús como líder, apegarse a la misión a rajatabla. No evitarla, no olvidarla, no posponerla, no nada… Tan solo cumplirla.
Si después de predicar solo restaba morir para sellar la obra, pues venga… ¡A hacerlo! Con todo lo que eso implique.
¿Cuantos de nosotros tenemos clara nuestra misión en la tierra con tal claridad? ¿Cuantos de nosotros tenemos la disciplina necesaria para apegarnos a nuestra vocación? ¿Cuantas oportunidades se nos presentan en la vida para posponer lo verdaderamente importante? ¿Cuando fue la última vez que dedicamos tiempo a hacer lo prioritario y no solo lo urgente?
Definitivamente es mucho lo que cada día aprendo de mi Señor… ¡El líder de líderes!

Georges Lemaître

4 octubre 2012

¿Ciencia y religión están peleadas? No lo creo.

Así lo demostró el físico y astrónomo Georges Lamaítre quien, adicionalmente, tenía otra profesión: sacerdote.

En la comunidad científica se considera la obra de Lamaítre como una de las aportaciones más enriquecedoras para tratar de entender el origen del universo. De hecho, si usted en algún momento de su paso por la escuela llegó a escuchar acerca de la teoría del Big Bang, es decir que el origen del universo se explica remitiéndonos en el pasado al momento de una mega explosión cósmica, se lo debe a este sacerdote belga.

Tal fue la aportación de Georges Lamaítre a la ciencia que el mismo Albert Einstein llegó a a firmar que era, sin lugar a dudas, la persona que más había comprendido sus teorías sobre la relatividad.

Sin embargo esta cordialidad de parte del gran físico alemán para con nuestro amigo sacerdote no siempre fue así, ya que al mismo Albert Einstein le tomaron varios años aceptar los postulados científicos del Lamaitre. Especialmente el que argumenta que el origen del universo se remite a un “átomo primitivo” de densidad infinita del que explotó la materia, el tiempo y el espacio que hoy conocemos. A pesar de esto, mucho tiempo después de que Georges Lamaítre debatiera con él sus postulados, Einstein y la comunidad científica terminaron por aceptar que estos tenían razón.

En alguna entrevista concedida para el periódico New York Times, Lamaitre comentó: “Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad, y decidí seguir ambos. Nada en mi vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha inducido jamás a cambiar de opinión”

Lo anterior demuestra su profunda convicción de que ciencia y religión eran dos caminos complementarios para llegar a un mismo destino: la verdad.

Así, acercándonos a la biografía y obra de este gran astrónomo y sacerdote, no encontramos que el encuentro entre fe y razón, entre religión y ciencia, es factible y deseable.

Les comparto este video que Eduardo Riaza, profesor de física, comparte en su canal de Youtube.


Ser hombre (VII)

3 octubre 2012

A raíz de las recientes publicaciones, me han solicitado si es que puedo proporcionarles ejemplos prácticos de cómo formar las virtudes de la templanza y la mansedumbre en los niños y jóvenes.

A continuación les ofrezco algunas alternativas.

Para forjar la templanza…

1) Procure, primeramente, liberarse de toda culpa emocional que pueda estar sintiendo como padre y que le impida “negar” cosas a sus hijos. Es decir, prepárese para decirle “no” a su hijo muchas veces y sostenerse a toda costa. Si usted tiene una justificación del tipo “yo educo en la libertad” o “no lo limito pues lo quiero hacer independiente” le advierto que puede estar sentado sobre una bomba de tiempo.

2) Acostumbre a su hijo a que la comida es un asunto e horarios, no de antojos. Acostúmbrelo a que solo se come cuando el momento oportuno de hacerlo llega y no cada vez que el apetito aparece. Bien dicen que al hombre se le conquista por la boca, pues bien, esto el diablo lo sabe muy bien.

3) Ofrézcale constantemente a su hijo la oportunidad de renunciar a un beneficio inmediato por uno mayor y mejor posterior. Ejemplo: “Si decides no comer un dulce hoy, te ofrezco dos mañana”.

4) No le ofrezca dinero sin regular su uso. Es preferible pecar de austero en su educación que de derrochador.

5) Permítase negarle permisos y peticiones varias por el simple hecho de hacerlo (si… así como suena). Un hombre debe de entender que la autoridad moral (en este caso representada por sus padres) es suficiente motivo para imponer una orden. Dios no siempre nos explica por que actúa como actúa…. ¿o si?.

7) Aunque su situación económica sea de abundancia, no lo eduque en la misma sintonía. Explíquele en qué ocasiones se utiliza el dinero en su familia (educación, salud, reuniones familiares) y para que definitivamente no. Si su situación es más bien precaria, permítale que su hijo viva y se forje en esta realidad (créame, lo escaso en educación es un plus)

9) Si el niño está inscrito en una actividad extra escolar como la practica de algún deporte o disciplina artística, sea perseverante y no lo saque de la misma solo por que él lo pida en algún momento (seguro lo hará). Lo maravilloso de practicar una disciplina es justamente eso… ¡la disciplina que provoca!

8) Desde luego ¡Llevelo a misa! Mi padre, sin ser católico, lo hizo conmigo solo por que sabía que era bueno. No había más explicación.

9) Un pasaje evangélico especialmente educativo para entender la forja de la templanza es el que narra las tentaciones de Jesús en el desierto (Mt IV,1-11 / Mc I,12-13 / Lc IV:1-13). Para un hombre, este pasaje es por demás espectacular en todo lo que tiene que ver con la forja de la masculinidad y el carácter.

10) En resumen: eduque en la austeridad y el sacrificio. (no importa cuan incomodo pueda resultarle esto a usted como papá. Con el tiempo verá los grandes resultados) La templanza se forja, al igual que el hierro, en el fuego ardiente que le quema pero le da forma..

Para forjar la mansedumbre…

1) Por sobre todas las cosas propóngase como objetivo formativo hacer de su hijo un caballero en toda la extensión de la palabra. Incorpore modales de usos y costumbres aunque los demás le digan que estos están pasadas de moda.

2) Inscríbalo o, mejor aún llévelo personalmente, a labores sociales y altruistas desde temprana edad. El servicio al prójimo deberá de estar grabado como tatuaje en su alma.

3) Enséñele que mujer y hombre son distintos y que es su misión proteger y procurar el bien de toda dama que se encuentre en su camino. Prepárelo para su futura esposa, ella lo agradecerá.

4) No le deje tomarse a la ligera sus noviazgos. Impida que evite el compromiso en sus relaciones amorosas. El joven deberá de tratar a toda novia con el mismo esfuerzo y dedicación de quien desea construir un gran proyecto de vida junto a alguien más. Asociar noviazgo solo con diversión es degradar el sentido de este ámbito.

5) Jamás permita que la autoridad de su hijo esté por encima de la de su madre (la primer mujer a la que un hombre aprende a respetar es a su propia progenitora). Dicen que como un hombre trata a su mamá, tratará a toda mujer en el mundo.

6) De ser posible, haga que su hijo conviva lo más que pueda con sus abuelos. El contacto con las tradiciones y el pasado ayuda a equilibrar los desajustes modernos causados por el relativismo moral.

7) Un pasaje evangélico útil para entender la mansedumbre es el que nos cuenta el actuar de Jesús ante la mujer adúltera (Jn VIII,1-11). En este texto los hombres aprendemos, en la persona de Jesús, a ver a las personas por su alma y no por sus pecados.

8) Regule su lenguaje. Este es una muestra de la consideración que él tiene para con sus semejantes. Se dice que la boca habla de lo que está lleno el corazón.

9) En este mismo sentido, tres palabras jamás deberá de faltar en su lenguaje (y si puede usarlas en exceso, mejor): por favor, gracias y perdón.

10) Vida de oración… apreciar la presencia de un ente divino muy superior a uno es primordial para comprender la hermosura de la propia pequeñez.

Como notarán estos consejos suelen poner a los padres en una posición francamente contraria y opuesta a muchas ideas supuestamente “modernas” de educación. Pero recordemos que se trata de educar, no de imitar. Lo que está en juego es el futuro de los hombres que serán los brazos de Dios en el futuro. El nos regaló la bendición de ser padres, correspondamos entregándole verdaderos hombres constructores de su Reino.


A %d blogueros les gusta esto: