Ser mejores personas

22 julio 2012

Mi esposa y yo recién terminamos un pequeño diplomado titulado “Persona y familia” que tuvo como objetivo darnos bases para poder desempeñarnos mejor en nuestro ámbito matrimonial y, por supuesto, familiar.

La verdad es que el curso estuvo bastante bueno, todos los matrimonios que acudimos a él (aproximadamente unas 20 parejas) nos quedamos con la impresión de que si tenemos ahora más herramientas para llevar a aplicarlas a casa.

En concreto, por ejemplo, mi esposa reflexionó mucho sobre su capacidad de respuesta individual ante las presiones de su pasado. Yo por mi cuenta, profundicé en mi postura hacia mis padres y las decisiones que en conjunto nos corresponde tomar (yo me entiendo).

Pero… aunque tomar un curso para poder ser mejor esposo, hijo o padre es útil, una cosa siempre me ha quedado clara. En temas relacionados con la formación humana, es poco lo que se puede enseñar pero mucho lo que se puede aprender.

Con lo anterior quiero decir que uno no se converte en mejor esposo, padre o hijo porque asistió a un curso, diplomado o conferencia, no señor. El desarrollo humano no es una ciencia exacta que pueda concentrarse en metodologías  y patrones repetibles y fácilmente transmisibles. Si así fuera, bastaría con que un profesor que conociera bien esta metodología nos la transmitiera y listo. Pero no es así.

Como un estudioso del tema, créanme cuando les digo que en el ámbito del desarrollo humano es poco lo que se le puede enseñar a alguien si primero este alguien no está dispuesto a aprender. De hecho, resulta que aprende más quien tiene disposición de hacerlo aunque no tome ningún curso ni asista a ningún diplomado, por el simple hecho de querer, que alguien que pueda ir a cientos de seminarios por obligación o por imposición.

Puede sonar paradójico, pero repetidamente nos decían los profesores del diplomado a los participantes del mismo lo siguiente:

“Por el mero hecho de querer estar aquí, en este diplomado, preparándose para ser mejores personas, ya es un síntoma de que los son…”

Lo que te convierte en mejor padre o esposo no es el hecho de que leíste un libro buenísimo que por arte de magia te volvió mejor ser. Desde luego que no. Lo que te vuelve mejor persona es el hecho mismo de querer serlo. Punto.


Preparando una conferencia

19 julio 2012

Me fascina hablar en público, me siento bastante a gusto encontrando  oportunidades para predicar sobre gran variedad de temas encima de un escenario.

Se que para mucho hacer esto puede resultar aterrador o paralizante, pero en mi caso es todo lo contrario. Es cuando más cómodo me suelo sentir y en donde siento que puedo aportar más y mejor a mi vocación.

En estos momento, de hecho, estoy preparando una conferencia que impartiré en un par de horas sobre el tema de Orientación Vocacional en una universidad importante de mi país.

Para hacerlo, además de planear, diseñar y revisar las correspondientes diapositivas en la computadora, me doy un tiempo para rezar y ofrecerle la ponencia a Dios.

Para hacer esto último suelo repetir esta oración una y otra vez:

“Señor, que mi voz sea la tuya”

Además, minutos antes de ingresar al escenario me encomiendo al Espíritu Santo de la siguiente forma:

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tu fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu creador y renovarás la faz de la tierra…”

Hasta el momento mis conferencias han resultado bastante exitosas (me las siguen solicitando) y yo lo atribuyo a que Dios ahí me quiere trabajando, además de que es el foro desde el que siento que puedo responder mejor al llamado que me ha dado como formador.

Así que esperando que la conferencia que en unas cuantas horas estaré impartiendo sea del total agrado y productiva para Dios, les dejo pues tengo que seguir preparándola.


Este hogar es Católico

19 julio 2012

En México suele ser común encontrar en muchas comunidades imágenes como esta que pretenden dejar bien claro la postura de fe católica de la familia que habita dicha casa.

Yo, personalmente, la muestro en las afuera de la ventana que da a mi calle.

Les invito a que puedan descargarla o crear una propia en la que puedan demostrarle al mundo lo mucho que abrazan su fe.


¡No!

10 julio 2012

¿Cuantos “no’s” te impones a ti mismo?

Recuerda cuando eras muy pequeño y tus padres eran los encargados de imponerte los “no’s” que ellos creían más convenientes para procurar tu buena formación.

Ahora que has crecido y seguramente tus padres ya no tienen más esa tarea sobre tu persona, estos “no’s” ahora dependen de ti.

No es que porque hayas crecido los “no’s” dejen de existir. Lo único que cambió es que ahora eres tú el responsable de gestionarlos, de regularlos e, incluso, de aumentarlos cuando esto sea necesario.

La habilidad para decir “no” es, probablemente, el mayor signo de madurez, pues requiere que todo el ser humano por completo se comprometa con las implicaciones que esto conlleva.

En Jesús vemos que la tentación es inevitable en la naturaleza humana. Él mismo fue tentado en el desierto y seguramente estos coqueteos del mal hubieron de ser muy potentes y apremiantes para un hombre que llevaba 40 días de ayuno en medio de la nada.

Más la grandeza de Jesús se demuestra justo en decir “¡no!” a dicha tentación. Un “no” que jamás constriñe, que no impide ni tampoco reprime. Todo lo contrario, Jesús nos enseña que un “no” fuertemente asumido es, de hecho, la piedra sobre la que se construye el templo de la voluntad.

Como guerrero que defiende a muerte su palacio de la embestida del enemigo, el “no” de Cristo a la tentación fue la piedra angular que concluyó su preparación hacia su nueva vida… (recordemos que una vez que Jesús terminó su estancia en el desierto, comenzó su actividad pública).

Por eso hoy les invito a reflexionar en los “no’s” que te estás imponiendo a tí mismo. Esos que si se convirtieran en “si’s” seguramente traerían placer, alivio y satisfacción inmediata, pero solo eso… ¡Inmediata y no permanente!

El “no” que le sirve al alma es aquel que te será canjeado por un “si” mejor y más digno después, un “si” bueno y eternamente perdurable.


Cinco grandes arrepentimiento antes de morir…

4 julio 2012

Recién hoy en la mañana me encontré con un artículo de internet que comenta sobre la experiencia de Bronnie Ware, una enfermera australiana quien durante muchos años tuvo la oportunidad de trabajar con personas en etapa terminal y quien se dio a la tarea de meditar sobre cuales han sido los cinco grandes arrepentimientos que estas personas constantemente sienten ante su inevitable lecho de muerte.

Según palabras de la autora del libro al que puso como titulo “los cinco arrepentimientos de los moribundos”, la visión que el trabajo con estas personas le dio sobre la muerte le permitió cambiar radicalmente su propia vida.

“La gente madura muchísimo cuando debe de enfrentar su propia mortandad…” explica la misma autora “Cada persona experimenta una variedad de emociones, como se espera, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación. Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir”

Así, la lista de las cinco cosas que la gente que está a punto de morir hubiera querido hacer más o mejor es:

1.  Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera…

2.  Ojalá no hubiera trabajado tanto…

3.  Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía…

4.  Habría querido volver a tener contacto con mis amigos…

5.  Me hubiera gustado ser más feliz…

Definitivamente estas reflexiones me ponen  pensar mucho en lo que verdaderamente es valioso en la vida ¿Cuanto de lo que hoy hacemos tiene importancia y valor de cara a entregar las cuentas correctas al Creador?

Siempre he dicho que hay dos preguntas que debemos de resolver a la luz de poder darle un pleno sentido a nuestra existencia.

1) ¿Que es lo que debemos hacer? 

2) ¿Cómo hacerlo más y mejor?

Girando el pensamiento sobre estas reflexiones nos daremos cuenta si nuestro tiempo se pierde en cosas banales y que a la larga no tendrán impacto en lo que verdaderamente nos producirá plenitud y trascendencia.

Lectores de “Diario de un Católico”, piénsenlo profundamente…

Si en verdad estuviéramos a punto de morir… (lo cual siempre es una posibilidad latente)

¿Que nos pondríamos a hacer en este mismo instante?

Creo que la respuesta es más que obvia… ¿no lo creen?


Dios juez

2 julio 2012

Una de las imágenes más recurrentes en la espiritualidad cristiana es la de “Dios juez”.

Incluso, una de las pinturas más famosas de Miguel ángel durante el renacimiento lleva como temática justamente este concepto: El juicio final.

Por lo mismo, la idea de que Dios está al ojo de nuestras acciones para criticar o juzgar es muy fuerte y recurrente entre los creyentes.

Fuerte en cuanto a que pareciera que provoca un enorme peso en la consciencia de muchas personas  y recurrente por que nos viene acompañando desde el inicio de los tiempos.

Y si bien Dios efectivamente es el gran juez del universo, no creo en lo absoluto que su criterio para hacerlo sea en algo parecido a la forma de juzgar de los humanos. Esto, para mi, es fundamental y revelador, pues solemos creer que Dios nos acecha, califica y observa en la misma manera que nosotros lo hacemos con Él o con nuestro prójimo.

Está claro que el ser humano es un ser juicioso y crítico por naturaleza pues, como dice Carlos Llano, no vemos el mundo como es, sino como somos. Nuestra historia, nuestro contexto, nuestras experiencias, provocan que jamás podamos ser cien por ciento imparciales a la hora de afrontar la realidad. Por esto, nuestros juicios suelen ser muy falibles y erráticos y esto suscita que nos equivocamos más de lo que quisiéramos.

Pero en el caso de Dios esto no es ni será así…

Me gusta decir que no estamos ni cerca de verdaderamente comprender cómo es el juicio de Dios. No tenemos ni una cercana idea de cómo le hará Dios para emitir su juicio sobre nuestro actuar en el momento final de los tiempos. Si sabemos que el amor es un gran marco de referencia y Él mismo se encargó de hacérnoslo saber cuando se encarnó en la figura de Jesucristo. Sin embargo, aún sabiéndolo, no hemos logrado asumirlo del todo.

Por obvias razones pues, me resultaría imposible tratar de explicar cómo es que juzga Dios (no lo se). Pero si puedo invitarles a que no nos equivoquemos en creer que sea tal y como nosotros lo hacemos, y esto nos debe de quitar un gran peso de encima pues, como ya mencioné anteriormente, Dios no nos ve con lo mismos ojos con que nosotros le vemos a Él.

En conclusión, si bien el amor es el gran marco de referencia para entender la perspectiva de Dios, los seres humanos aún estamos muy lejos de poder entender y mucho menos sentir este amor que Dios tiene hacia sus creaturas.

Es por eso que verdaderamente podemos creer que Dios nos ama como jamás nadie podrá amar en la historia universal.


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