Caminar…

Hace más o menos un año me entró la loca idea de dejar de usar tanto el automóvil para dirigirme, en su lugar, caminando desde mi casa hasta mi oficina.

Y digo que es una idea loca pues no es normal que en mi ciudad alguien camine alrededor de 12 kilómetros todos los días (6 de ida y 6 de regreso) para trasladarse de un lugar a otro.

Si, mucha gente se puede ver caminando en las calles de la ciudad de México, pero la mayoría lo hacen para dirigirse a una estación de transporte público que los acercará a su destino.

Yo no, yo llego hasta mi destino… ¡caminando!

Me fascina caminar. Yo creo que en parte es porque, haciéndolo, libero mucha de la ansiedad que siempre he mostrado desde joven. Mi esposa me dice que voy a acabar haciéndole hoyos al piso de tanto que muevo el pie cuando estoy sentado.

Pero, bueno… ¡así soy!

Y es que eso de caminar toda la distancia que separa a mi casa de mi oficina, al principio me parecía muy descabellado y retador. Hoy, un años después ya no lo es en absoluto. No siento que la hora que paso caminando me pese como antes. Es más, hasta he llegado a creer que muchos de los automovilistas que me ven pasar enfrente de sus coches cuando esperan avanzar en medio del horrible tráfico, me han de envidiar. Podría apostar que puedo llegar a alcanzar en ocasiones una velocidad promedio más rápida que la de ellos.

Y pues si, en mi familia ya saben que yo soy… ¡El que camina!

Mi esposa ya no se extraña cuando encuentra mi auto aparcado en el mismo lugar de siempre en el garage por varios días. Ya sabe que si eso sucede es por que yo ando a pie en algún lugar de la ciudad.

Y es que me resulta increíble que lo anormal hoy en día sea caminar, siendo que hace apenas unos 120 años aproximadamente lo extraño era justo lo contrario, tener un vehículo personal para poderse mover dentro de un rango relativamente grande en una comunidad. (Bueno, tampoco es que me extrañe por igual que ya no andemos en caballos. ¡Viva la tecnología!)

Pero lo más maravilloso de todo es que el tiempo que me doy para caminar lo aprovecho enormemente para  meditar, reflexionar e incluso rezar uno que otro rosario.

Me encanta ver la cara que ponen muchos peatones cuando ven a una persona común y corriente con un rosario en la mano y hablando consigo mismo a lo largo del camino. Si fuera alguien vestido de sacerdote se podría entender, pero… ¿Un hombre de traje y camisa con un rosario en la mano en medio de una ciudad moderna? ¡Vaya que eso si es raro!

Y entonces resulta que he descubierto que  provocando esta pequeña perturbación en la gente en medio de su actuar cotidiano, puedo evangelizar también. Alguno que otro seguro se cuestionará su propio actuar al verme actuar a mi, por lo tanto, lo seguiré haciendo. En algo aprovechará Dios esa situación.

Caminar es una de mis grandes pasiones y doy gracias a Dios todas la mañanas que me permita tener ese tiempo especial con Él de esa preciosa forma.

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One Response to Caminar…

  1. Qué bueno José Luis, ya somos 2 que rezamos cuando vamos de camino, yo no camino tanto pero si me alcanza para hacer algunas devociones que tengo, dejo el rosario para rezarlo en compañía de mi esposo, yo tengo 12 años de rezarlo todos los dìas, la devociòn junto a mi esposo la tenemos desde hace 4 años. Quiera Dios que en el mundo pronto aparezcan más personas que quieran rezar, meditar u orar mientras caminan. Muchas gracias , espero seguir entrando en ” Diario de un católico” me gustó mucho. Bendiciones

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