Jesús, Business Coach (lección 4)

Lecciones empresariales de Jesús, el CEO más exitoso de la historia y de la Iglesia Católica, el caso de exito organizacional más antiguo y relevante del planeta.

Hace un par de días me pidieron que dictara una conferencia ante un grupo de colaboradores de una empresa.

Dicha conferencia llevaba como título “Rentabilidad y Valores”.

¿Pero cómo? ¿En verdad son compatibles la rentabilidad y los valores? ¿Que acaso no hay que ser corrupto y deshonesto para poder ganar dinero?

A continuación un pequeño extracto de lo que me permití exponer en dicha conferencia.

– El objetivo de toda organización no es la rentabilidad per se. La meta última que toda empresa tiene es la de perdurar en el tiempo. Desde luego la rentabilidad económica es una condición más que imprescindible para lograr esto… más no la única.

– Si estudiamos las empresas que han logrado esa meta es decir, perdurar en el tiempo, encontraremos que no todo el tiempo la rentabilidad fue máxima y óptima. Muchas de ellas incluso han tenido épocas de terribles crisis financieras. Aun así hoy siguen vivas.

– Jim Collins en su libro “Empresas que perduran” muestra su estudio de 18 empresas que han perdurado por lo menos 50 años  y que además, son altamente reconocidas en el mundo: Walt Disney, 3M, Marriot, Phillip Morris, Hewlet Packard, Sony, American Express, Merck, Ford, entre otras.

– Jim Collins llega a la conclusión de que perseguir la mera maximización de las utilidades no es el motor principal que inspira a estas compañías visionarias y perdurables. Logran muy buenos resultados económicos, desde luego, pero como medio para lograr un fin superior.

– Lo que si las mueve, explica Collins, es poseer una cultura organizacional casi obsesiva de apego a ciertos valores y creencias que las transforma en culto para quienes laboran en ellas.

– Si bien la rentabilidad es una necesidad para sobrevivir en el corto plazo, el apego a una ideología central marcada por unos valores concretos es lo que fundamenta la viabilidad de la empresa en el largo plazo.

– Collins concluye en su libro, que los grandes líderes empresariales son aquellos cuyo legado más importante no es otro que el diseño de la empresa misma, más allá del resultado económico que obtuvieron.

– Dirigir una empresa es, en muchos sentidos, muy similar a educar a tus hijos. Nadie puede predecir cual será la rentabilidad económica que tanto la empresa como tus hijos serán capaces de generar en los próximos cincuenta años, pero sin lugar a dudas si puedes asumir cuales serán los valores que guiarán su propia existencia.

– Educar hijos y construir organizaciones para el futuro es trabajar bajo la siguiente premisa: Formar hoy para lograr independencia mañana. Por esta razón, suelo decir que la variable crítica  del liderazgo es preparar la propia retirada. Un líder que es consciente de que tarde o temprano se tendrá que hace a un lado para dar lugar a un sucesor o sucesores, asumirá una postura de formador y maestro desde el primer momento de su responsabilidad.

– Construir en valores (una empresa, una organización o una familia) es la única manera de posibilitar la preservación de dicha construcción en el futuro. Lograr rentabilidad es el  oxigeno para respirar, los valores son el sentido para qué seguir haciéndolo.

Ahora, en este mismo sentido,  me permito hablar de la organización más perdurable de la historia: nuestra Iglesia Católica.

¿Por qué, generación tras generación, esta organización religiosa sigue viva? ¿Es acaso un tema de rentabilidad?

Yo opto por pensar que más bien es por un tema de valores y cultura.

La Iglesia sigue y seguirá en el tiempo pues nosotros, los católicos (sus colaboradores y trabajadores),  la mantenemos viva. Y es que esta institución ha conseguido fomentar en nosotros hacia ella, el valor más importante de todos: el amor.

El amor es el valor por excelencia. Cualquier organización que cuente con trabajadores que estén perdidamente enamorados de ella, podrá presumir de solidez y futuro.

¿Qué organización tiene colaboradores dispuestos a dar la vida por ella y por su subsistencia? Yo solo conozco dos: la religión y la familia. Nadie, por muy buen ingreso que reciba de su empresa, moriría por ella. Sin embargo, sin necesidad de recibir un solo peso de tu esposa, hijos o Dios estoy seguro que bien valdría la pena hacerse a un lado de este mundo por su causa.

Jesús no nos pidió a los católicos… “hagan de mi Iglesia un asunto sustentable y rentable”. Él tan solo nos puso el ejemplo de los valores que, quienes le habríamos de seguir, deberíamos de procurar y vivir, siendo el amor el principal de todos (¡Y es que cómo no dar la vida por quien si la dio por nosotros!)

Así, esta es la importancia de los valores en las organizaciones. Son los que las mantienen vivas en el tiempo, principalmente en épocas de crisis. Una empresa con valores sólidos y bien arraigados en la mente de su gente, estará mejor preparada para sortear dificultades pues, de hecho, pareciera que los valores son herramientas diseñadas por Dios especialmente para esos momentos… los difíciles.

Por esto mismo, la rentabilidad y los valores no son mutuamente excluyentes. De hecho, ambos se complementan bastante bien en las organizaciones más emblemáticas del planeta, esas que admiramos no solo por ser altamente productivas y redituables para sus inversionistas, sino también por que contribuyen a hacer de este un mejor lugar para vivir.

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