Jesús, Business Coach (lección 2)

Lecciones empresariales de Jesús, el CEO más exitoso de la historia y de la Iglesia Católica, el caso de exito organizacional más antiguo y relevante del planeta.

¿Qué tienen en común los emprendedores exitosos y los santos de nuestra Iglesia?

Solemos prestar mucha atención a las biografías de los hombres que han logrado influir de manera significativa en su ámbito de trabajo.

Las librerías están llenas de textos que resumen las supuestas claves del éxito de estos hombres, principalmente de quienes han triunfado en el mundo empresarial.

Yo, habiendo estudiado la vida y obra de ambos tipos de seres, empresarios y santos, me declaro no poseedor ni conocedor de ninguna clave secreta que asegure poder imitar los logros de estos hombres y mujeres. Todos muestran personalidades muy diferentes y divergentes entre sí. Los hay carismáticos, introvertidos, idealistas, pragmáticos, duros, flexibles, prácticos, creativos, dudosos, firmes, jóvenes, experimentados, en fin… pareciera que el éxito no reconoce género ni personalidad.

Sin embargo, si me atrevo a decir que en ambos perfiles, el del empresario y el del Santo, he descubierto una motivación común.

Es decir, tanto en emprendedores de éxito como en Santos de la Iglesia Católica, pude identificar un elemento prácticamente idéntico que tal vez podría darnos luz sobre lo que originó su actuar determinado.

Aquí mi dezcubrimiento:

En ambos casos, existe una idea de la que están loca y obsesivamente enamorados.

Y cuando digo “enamorados” quiero decir que están hipnotizados por dicha idea al nivel de estar dispuestos a llegar a las últimas consecuencias con tal de perseguirla, ejecutarlas, predicarla.

En los empresarios más exitosos del planeta es fácil identificar este hecho.

Steve Jobs, el llamado “emprendedor del siglo XX“, siempre se mostró obsesionado con la idea de revolucionar al mundo a través del diseño de productos excepcionales. El resultado de dicho enamoramiento de Steve por esa idea, produjo lo que hoy es la compañía más valiosa en el mundo (Apple).

¿Que idea movió a los emprendedores que dieron origen a Google, Sergei Bryn y Larry Page? Ellos han mencionado que les fascinó la posibilidad de hacer universal el conocimiento humano. Hoy, dicha pasión llevada al mercado vale doscientos mil millones de dólares.

Una idea, una simple idea, es la que mueve al emprendedor a romper contra la inercia de la comodidad y el comfort.

Muchos emprendedores incluso dejan puestos altos en empresas multinacionales con el propósito de seguir dicha idea de la que se han enamorado. De hecho, la propia idea de emprender es, incluso, poderosa en sí misma.

¿Y los santos de la Iglesia Católica?

Siguiendo este mismo hilo conductor, resulta fácil ahora ligarlo con el estudio de la vida y obra de cada uno de los santos de nuestra religión.

A los Santos, al igual que a los empresarios de éxito, también los motiva una idea encontrada.

Todos los héroes del catolicismo lo han sido por que se enamoraron de la idea más fundamental de esta religión: “Jesús, Dios hecho hombre, nos amó hasta la muerte”

Tanto se ha clavado esta idea en los corazones de miles de hombres conocedores de Cristo, que también han estado dispuestos a salir de sus áreas de comfort y volcarse a llevar al límite en carne propia el compromiso con esta verdad.

Así, la idea de que Dios murió por nosotros ha sido tan cautivante y provocadora, que ha llevado a cientos de personas a morir igualmente por Dios y por el prójimo.

San Pedro y San Pablo… dos de los más grandes referentes del catolicismo, son una muestra clara de esta idea que expongo.

Ambos fueron “hipnotizados” por el mensaje de Jesús. El primero siendo enamorado por el “amor encarnado” en persona, y el segundo siendo “exigido e impactado” por la verdad del mensaje recibido después de la muerte del Maestro.

Solo se puede entender la transformación de un pescador rural e ignorante (Pedro) y un militar perseguidor de cristianos (Pablo) en apóstoles férreos y comprometidos, aceptando la premisa de que una idea se les clavó en el corazón en algún momento dado de su vida. Una idea que fue tan fuerte e impactante que bien valía la pena morir por ella… Y así lo hicieron.

Así, dado que resulta demasiado atrevido y osado decir que existen ciertas claves para asegurar el éxito, yo prefiero mejor decir que, si se ha caído perdidamente enamorado de una idea… de una sola idea, sea esta empresarial o trascendental, los medios para comprometerse con dicha idea acabarán surgiendo por sí solos.

Quien ha encontrado un “para qué“, acabará encontrando sin lugar a dudas los “cómos“.

Así, resumiendo, el éxito no es el resultado de técnicas y secretos que se puedan estudiar en libros y seminarios de liderazgo. No.

De lo que se trata más bien es dejarse seducir por una verdad, una verdad que solo llega a quienes están dispuestos a encontrarla.

En el fondo, la idea más seductora de todas, es la posibilidad de conocer y predicar la verdad.

Un empresario se enamora de una hipótesis comercial, misma que lleva a corroborar al mercado. Si dicha hipótesis se confirma… ¡Bingo! Habrá surgido una verdad llamada negocio.

Por su parte, un Católico, se enamora de una hipótesis de amor, misma que sale a corroborar al mundo. Al ver que dicha hipótesis ¡Siempre se cumple en Dios!, entonces… ¡Bingo! Habrá surgido un posible Santo.

Así, concluyo con la siguiente reflexión:

El éxito es directamente proporcional al esfuerzo y el esfuerzo es directamente proporcional al amor…”

Pues, sin lugar a dudas…

Quien ama… Logra.

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