Ayudar…. si pero ¿cómo?

Ayudar al próximo está en la escénica del catolicismo. El prestar servicio a los demás es, podríamos decir, lo que caracteriza a un católico… (o por lo menos así debería de ser)

Pero ante esta premisa, se me viene una interrogante… ¿Cual es la mejor manera de ayudar?

De principio, me atrevería a decir que no debemos de confundir “ayudar” con “relevar“.

El primero implica participar en el problema del otro para tratar de aportar a la solución, mientras que en el segundo (relevar) lo que se hace es desplazar por completo al otro de cara a resolver el problema en cuestión.

Esta distinción de términos es importante pues muchas veces ante un problema que se presenta en la vida del prójimo y en el que tenemos la posibilidad de participar para solucionarle, lo hacemos poniendo el foco de atención en “el problema” en sí y no en el “actor que lo resuelve“. Es decir, muchas veces pensamos que ayudar significa quitarle por completo el problema al prójimo poniéndolo sobre nuestras propias espaldas.

Pero esta perspectiva omite un punto importantísimo… “Que en el proceso mismo de resolver un problema, el ser humano madura y crece“, por lo que si le quitamos por completo al prójimo la oportunidad de afrontar su propio problema (relevándolo), le estamos quitando de igual manera la oportunidad de madurar y evolucionar en la adversidad.

Por eso, me atrevo a decir que la mejor manera de brindar ayuda al prójimo no es resolviéndoles directamente sus propios problemas de tal forma que este ya no les tenga que afrontar, sino más bien aportándole solo el soporte estrictamente necesario para que la persona salga adelante aún por sí misma.

Para ejemplificar esto les comparto una breve experiencia familiar.

Hace un par de días mi hija, por estar distraída, omitió apuntar la tarea que la maestra les había dejado como asignatura para realizar en casa. Al llegar de la escuela, su madre (mi esposa) notó está omisión y se dispuso a tratar de ayudarla a resolver este asunto.

¿Qué pudo haber hecho mi mujer al respecto?

a) Regañar a mi hija por la omisión y dejar que se sacara cero en esa asignatura… (No ayudar)

b) Resolverle el problema a mi hija hablándole a la mamá de una de sus compañeras para que pasara la tarea… (Relevar)

c) Apoyar a mi hija para que fuera ella quien resolviera el problema y de paso madurara en el proceso…(Aportar)

Pues bien, si mi esposa se hubiera centrado únicamente en tratar resolver el problema sin fijarse en el efecto que esto tuviera en la persona que lo afrontaba (mi hija), seguramente la opción b) hubiera sido lo suficientemente aceptable y pronta.

Pero mi esposa sabía que “relevando” ella misma a mi hija de su responsabilidad, si bien lograría resolver el dilema, no le ayudaría en nada a mi hija en su crecimiento personal.

Así que decidió que, aunque la solución tomaría un poco más de tiempo, dicha situación era una excelente oportunidad para “aportar” a la maduración de mi hija.

Mi esposa fue a donde tenía guardados varios documentos de la escuela de mi hija, tomó la lista de teléfonos de todos los compañeritos de escuela de mi hija y le entregó el teléfono a mi hija para que fuera ella quien realizara la llamada necesaria.

Mi hija, sorprendida por la acción de su madre, se paralizó por un instante pues jamás había hecho una llamada telefónica por cuenta propia, pero ante la insistencia de mi esposa comenzó a marcar el número de una de sus amigas.

¿Mi esposa pudo haber realzado la llamada? Desde luego que si!! Pero, una vez más, no se trata de “desplazar” a los demás en la solución de sus problemas, sino de ayudarles a crecer en el proceso de solución de los mismos.

Mi hija, concluyó la llamada de manera exitosa. Al finalizar la misma, ya tenía recuperada la asignatura que había olvidad en la escuela y mi esposa estaba orgullosa de haber contribuido a que su niña diera un paso más en su crecimiento. La cara de mi hija por haberse demostrado que ella misma fue la que actuó para resolver su problema fue maravillosa… ¡Se sentía orgullosa! ( Y su mamá todavía más de haber aportado a este logro personal)

Este ejemplo es una pequeña muestra de cómo debemos de ayudar…

Cuando prestemos un servicio a alguien que necesite de nuestro apoyo, no busquemos inmediatamente desplazar a la persona en cuestión aún teniendo nosotros la posibilidad absoluta de resolver el dilema. Mejor pensemos que la adversidad es una excelente oportunidad para crecer y aprovechémosla como tal.”

Así que respondiendo a la pregunta que da título a este post…

¿Cómo ayudar?

Recomiendo lo siguiente…

“Ayuda centrando tu servicio en el crecimiento y maduración de la persona ayudada, no en su problema en particular…”

Cuando el católico ayuda al prójimo lo hace a sabiendas de que este crecerá y será mejor con la ayudad recibida, aunque esto implique no resolver ningún problema de inmediato.

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2 Responses to Ayudar…. si pero ¿cómo?

  1. Me encanto este post!! Muy bueno para todas las madres pues a veces nosotros “ayudamos” y terminamos haciendo algo que deberían hacer nuestros hijos.

  2. monica dice:

    me encanto! para todas nosotras que somos madres!!! me hace recordar una pagina de facebook sobre un movimiento que se llama Edificados en Cristo http://www.facebook.com/edifEnCristo
    los invito a darle LIKE creo que les va a gustar

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